La iniciativa, planteada como un mecanismo para reorganizar el aparato federal, terminó provocando un profundo trastorno laboral. Según Reuters, más de 200.000 empleados públicos fueron despedidos y cerca de 75.000 aceptaron indemnizaciones para abandonar su puesto. A pesar de que el equipo de Musk presumía de haber generado ahorros multimillonarios, la ausencia de auditorías independientes impidió validar esas cifras con precisión, lo que generó críticas entre expertos en política pública.
Impacto en sus compañías
Durante una conversación con Katie Miller, antigua asesora del proyecto y presentadora del pódcast donde Musk intervino, el directivo calificó el proyecto de DOGE como “solo un poco exitoso”. Añadió que habría sido preferible concentrar sus esfuerzos en Tesla, SpaceX y la red social X. Afirmó que, de haberlo hecho, sus compañías “habrían estado mejor”, especialmente tras varios episodios de vandalismo, ataques a concesionarios y tensiones bursátiles que afectaron severamente a su reputación corporativa.
Absolutely surreal to interview one of the greatest minds of our time, a friend, and boss.
El contexto político intensificó las críticas. Diversos sectores progresistas denunciaron que DOGE se inspiraba en las directrices ideológicas del controvertido Project 2025, lo que situó al equipo en una posición abiertamente contraria a determinados programas sociales. Musk reconoció que su grupo frenó partidas presupuestarias “que realmente no tenían ningún sentido”, alineándose con una agenda que priorizaba la eficiencia sobre la dimensión social.
Conflictos públicos y retirada
A pesar de que Musk afirmó no sentirse “superilusionado” desde el inicio, sí admitió que su salida del proyecto desencadenó un enfrentamiento público con Trump, seguido de una escalada de tensión en redes sociales. Tras su renuncia a finales de mayo, DOGE fue decayendo hasta quedar oficialmente disuelto meses antes de completar su mandato federal, un desenlace que evidenció la pérdida de apoyo interno.
Musk subrayó que la iniciativa permitió detener gastos que consideraba “totalmente ineficientes”, aunque evitó atribuirse logros concretos. La experiencia, según detalló, confirmó que las dinámicas del sector público distan significativamente de la gestión empresarial y que su papel como funcionario especial carecía del margen operativo al que está acostumbrado en sus compañías.