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Negociar con un Patriot en la sien: cómo EEUU puede desnudar militarmente a Ucrania
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Negociar con un Patriot en la sien: cómo EEUU puede desnudar militarmente a Ucrania

Zelenski negocia con un arma en la sien: si Washington le retira el apoyo militar, la resistencia ucraniana podría quedar desnuda y Kiev, perder mucho más que la mitad del país

Foto: Pieza de artillería ucraniana 2S1 haciendo fuego. (Reuters)
Pieza de artillería ucraniana 2S1 haciendo fuego. (Reuters)
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Paz a cualquier precio. Esa parece ser la consigna desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero. Y la vía más fácil para conseguir algún tipo de cese de hostilidades es ceder a las exigencias de Moscú. El momento ha dejado a Ucrania en el punto más crítico desde el inicio de la invasión en febrero de 2022. El presidente Volodímir Zelenski negocia con un arma en la sien: si Washington le retira su apoyo militar, la resistencia ucraniana podría quedar desnuda y Kiev, perder mucho más que la mitad del país.

En contraste con la administración del presidente Joe Biden, previsible y alineada con la causa de Ucrania, una de las primeras medidas del nuevo inquilino del Despacho Oval fue establecer una "pausa" de 90 días para revisar ciertos envíos militares. La medida, revertida poco después, encendió muchas alarmas en Ucrania y Europa. Estados Unidos continuó con la ayuda militar e intentó luego amedrentar a Vladímir Putin amenazando con facilitar a Kiev nuevas armas, como misiles de crucero de largo alcance, si no se avenía a un acuerdo de paz. Tampoco logró avances.

Ahora, Trump vuelve a utilizar el peso de la asistencia estadounidense como palanca para forzar a Zelenski a aceptar un acuerdo de paz. Kiev ha recibido dos tipos de ayuda diferente, una en forma de material militar, que es la más visible, y otra mediante transferencias de dinero. Ambas son clave, porque la asistencia financiera (parte donada y parte en préstamos) es utilizada por Ucrania para financiar su estado y sostener el esfuerzo de la guerra comprando armas.

Vectores de ataque y defensa

En 2025, y desde una perspectiva exclusivamente militar, el apoyo del Pentágono se puede dividir en dos grandes pilares que hay que tratar por separado: el de sistemas de armas y el de inteligencia. Desde un punto de vista cualitativo, es decir, armamento cuya tecnología marca una diferencia y es vital, hay dos casos muy claros.

Por un lado, estaría el suministro de los cohetes guiados GMLRS M270. Se trata de los que se utilizan con los famosos Himars, que resultaron tan importantes en el primer año de guerra y que siguen siéndolo, incluso con la irrupción de los drones a tan gran escala. Los GMLRS son cohetes de largo alcance y gran precisión que permiten a Ucrania atacar objetivos de alto valor, como centros de mandos, nudos de comunicaciones, depósitos logísticos, etc. También les permite hacer fuego de contrabatería y mantener a raya a la artillería enemiga. Cortar (o reducir) el suministro de estos cohetes, limitaría estas capacidades de forma drástica y automática.

placeholder Lanzador de misiles Patriot. (US Army)
Lanzador de misiles Patriot. (US Army)

El otro sistema clave es el de los misiles antiaéreos de largo alcance. Hablamos de las baterías Patriot. Para este conocido sistema, Estados Unidos ha estado suministrando misiles de las versiones avanzadas, los denominados PAC-2 y, sobre todo, los PAC-3. Los Patriot son la verdadera amenaza para la aviación rusa y lo que limita su capacidad de ataque. Los rusos saben de su precisión y alcance, y es uno de los motivos del más que discreto papel de su fuerza aérea. Un piloto ruso sabe que si se acerca al frente y lo hace en altura (necesario para lanzar algunas de sus armas) uno de estos misiles le caerá encima.

El problema adicional es que tanto los GMLRS como los misiles del sistema Patriot son de fabricación norteamericana. Para los primeros (de momento) no hay un equivalente europeo que los pueda reemplazar. De los segundos tan solo se podrían suministrar unidades limitadas a expensas de reducir las reservas de misiles que tienen los países europeos, como es el caso de España. Una medida que puede ser puntual, pero no sostenible en el tiempo.

El número también importa

Hay otro tipo de armamento, menos sofisticado, pero que hace falta en grandes cantidades: la munición. Si por algo se ha caracterizado este conflicto es por el desmesurado consumo de munición, sobre todo de artillería. En los primeros meses de guerra, las estimaciones hablaban de que Rusia llegó a consumir unos 40.000 proyectiles diarios de artillería de grueso calibre. Una cifra que antes de la guerra hubiera sonado irreal incluso para los expertos.

Ucrania, por su parte, llegó a disparar entre 8.000 y 10.000 proyectiles diarios en los momentos álgidos de aquellos primeros meses. Ahora, a pocos meses del cuarto aniversario de la guerra, los volúmenes de fuego de artillería han descendido de manera sustancial. Difícil hacer una estimación, pero aunque las cifras estuvieran muy por debajo de aquella capacidad de fuego inicial, para Kiev significaría demasiado consumo. Esta falta de munición es algo que Europa en cierta medida podría paliar, pero difícil que al ritmo y cantidades que Estados Unidos estaba enviando.

placeholder Sistema de guerra electrónica Tactical Electronic Warfare System (TEWS) sobre vehículo Stryker. (US Army)
Sistema de guerra electrónica Tactical Electronic Warfare System (TEWS) sobre vehículo Stryker. (US Army)

Además de la munición, hay otras armas importantes de las que Ucrania se podría ver privada. Son, por ejemplo, misiles aire–tierra de precisión, como los Hellfire, y misiles tierra–aire como los Stinger. Los primeros son armas contracarro muy precisas que se utilizan sobre todo con los cazas F-16 suministrados por Europa. Los segundos son misiles antiaéreos de corto alcance, que están resultando muy importantes para el derribo de drones rusos. En ambos casos, Europa podría paliar esta carestía con otros sistemas propios, pero en cantidades más limitadas.

Inteligencia: la clave de la guerra

A estas alturas no hace falta insistir en la trascendencia que la inteligencia tiene en la guerra. Las armas son las que causan la destrucción, pero de nada servirían si no se supiese contra qué dirigirlas. Esa es una de las facetas de la inteligencia y quizás la más evidente: localizar objetivos para que sean atacados. Pero hay muchas otras, como alertar de movimientos enemigos con antelación, detectar incursiones o predecir acciones enemigas a partir de datos recogidos sobre el terreno.

No hay que confundir la inteligencia con los sensores. Estos, sean del tipo que sean – y cada vez son más y más variados – aportan datos. Los datos deben ser procesados, digeridos, para poder sacar conclusiones. Esa es la labor de inteligencia y en eso consiste el gran aporte norteamericano al esfuerzo militar ucraniano.

placeholder RC-135 Rivet Joint. (USAF)
RC-135 Rivet Joint. (USAF)

Estados Unidos utiliza sus sofisticados sistemas de obtención de información que, simplificando, podríamos diferenciar en dos grupos. El primero sería el basado en medios satelitales. Se trata de satélites que suelen operar en las denominadas órbitas LEO o Low Earth Orbit (órbitas bajas), entre 160 y 2.000 km de altura, idóneas para uso militar. Con estos se obtienen imágenes ópticas o de radar con las que se pueden detectar movimientos o concentraciones de tropas, blindados, actividad en determinadas instalaciones, lanzamientos de misiles, etc. Además de los satélites militares, también colaboran empresas como Maxar, Planet Labs, etc.

El otro gran grupo sería lo que se denomina de forma genérica "inteligencia de señales", que comprende los medios SIGINT (Signals Intelligence). Con ellos se analizan las señales del espectro electromagnético producidas por la actividad del enemigo y comprenden varias ramas. Una de ellas es el análisis de comunicaciones (COMINT), que analiza las transmisiones del enemigo, desde emisiones de radio a llamadas de teléfono; también ELINT o inteligencia electrónica, que monitoriza señales radioeléctricas e identifica emisores, aunque hay otras más específicas y especializadas.

Con esta inteligencia de señales se pueden localizar radares, centros de mando por su flujo de comunicaciones, estaciones de guerra electrónica (por ejemplo, emisores de perturbación de GPS) e incluso áreas donde no hay este tipo de actividad enemiga, que también puede ser muy relevante. Para este tipo de recopilación de datos se utilizan plataformas muy especializadas. Pueden ser terrestres, pero son las aéreas las que obtienen mejores resultados. Tenemos, por ejemplo, el avión RC-135 Rivet Joint, basado en el C-135, que no es más que la versión militar del veterano Boeing 707 reconvertido para SIGINT/ELINT. Vuela en los límites de espacios aéreos internacionales y recopila todo tipo de actividad electrónica enemiga.

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RQ-4 Global Hawk. (USAF)

Algo parecido hace el UAV de gran tamaño RQ-4 Global Hawk. Es un dron muy grande y caro, con un coste de entre 150-200 millones de dólares, más o menos lo que un avión de combate. Vuela a gran altura y tiene la enorme ventaja de poder sobrevolar los límites del espacio enemigo durante más de 34 horas. También han participado en estas tareas varios Boeing P-8 Poseidon, el avión de patrulla marítima que, gracias a sus enormes capacidades de sistemas electrónicos, también se ha convertido en un habitual espía sobre el mar Negro.

Los acuerdos de paz

¿Qué concesiones están dispuestos a hacer Zelenski y Putin? La paz de Ucrania puede acabar con la humillación de alguno de los contendientes. Evitarlo será un difícil equilibrio que, de no conseguirse, supondrá abonar el terreno para un futuro enfrentamiento. La historia está llena de ejemplos de cómo a veces una mala paz acaba generando luego un conflicto peor. La paz impuesta en 1917 sembró el conflicto que estallaría en 1939.

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Lo segundo es que esa paz no debería basarse en una cesión territorial unilateral, pues se estaría aprobando de facto que cualquier nación con reclamaciones territoriales –y hay ejemplos de sobra conocidos, muy lejos y también muy cerca– busque una solución militar a la disputa. Trump, por lo que se conoce de los acuerdos, ansía su foto como conseguidor de la paz y un beneficio económico para su país. No parece estar actuando como un gran estadista, sino más bien como un comerciante de Wall Street. Ya saben eso de que "si vuela como un pato y anda como un pato…".

Por último, coinciden analistas y observadores de todo tipo, es triste ver el lamentable, casi patético, papel de Europa en esta negociación, mendigando un hueco en la historia y reclamando un espacio que nadie le cede. Es la consecuencia de los últimos 30 años en los que el Viejo Continente ha vivido de las rentas de un pasado glorioso; hemos dejado la defensa de lado, más preocupados por iniciativas grandilocuentes de escasa o nula utilidad práctica. Vivimos en una mansión heredada, dando fiestas que no nos podemos permitir, con camareros de uniforme e invitados de gala; pero con las cercas rotas, las puertas reventadas y goteras en todo el edificio.

Paz a cualquier precio. Esa parece ser la consigna desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero. Y la vía más fácil para conseguir algún tipo de cese de hostilidades es ceder a las exigencias de Moscú. El momento ha dejado a Ucrania en el punto más crítico desde el inicio de la invasión en febrero de 2022. El presidente Volodímir Zelenski negocia con un arma en la sien: si Washington le retira su apoyo militar, la resistencia ucraniana podría quedar desnuda y Kiev, perder mucho más que la mitad del país.

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