La Flecha-35 china ¿de quinta generación? El caza con el que Pekín desafía al poderoso F-35
Desde hace semanas, analistas y expertos examinan las potenciales capacidades del nuevo caza de quinta generación chino: el J-35. Un aparato con el que Pekín pretende retar al todopoderoso F-35 en el Pacífico
El J-35 en el ensayo del desfile del Ejército Popular de Liberación. (Reuters)
China acaba de presentar su nuevo caza de quinta generación chino: el J-35. Un aparato con el que pretende retar al todopoderoso F-35 estadounidense en el Pacífico. Desarrollado a partir del FC-31 Gyrfalcon, el modelo fue uno de los principales protagonistas del Ejército Popular de Liberación el pasado septiembre. Desde entonces, expertos y analistas tratan de calibrar el potencial operativo de un avión con el que Pekín sigue estrechando la brecha tecnológica y militar con el Pentágono.
En un hipotético conflicto, el J-35 podría ser operado tanto desde tierra como desde la cubierta de vuelo del portaaviones CV-18 Fujian. Este último se encuentra en sus últimos compases de desarrollo, antes de su entrada en servicio, previsiblemente, antes de que acabe el año.
De esta manera, la superpotencia asiática introduce un nuevo jugador tanto en su fuerza aérea, en la que ya había un avión de baja observabilidad -el gigantesco Chengdu J-20, con rol de interceptor pesado-, como en su aviación naval, donde cuentan sólo con el Shenyang J-15.
Historia de la Flecha-35
Según diversas fuentes de información, el desarrollo del aparato chino se remonta a los 2000, cuando el fabricante de aeronaves militares y civiles Shenyang Aircraft Corporation perdió contra Chengdu Aircraft Corporation (CAC) (ambas subsidiarias del conglomerado militar estatal AVIC) el programa J-XX. Este proyecto pretendía dotar a la fuerza aérea del Ejército Popular de Liberación (FA-EPL) de un nuevo avión de quinta generación.
De esta manera, Shenyang decidió invertir en un desarrollo propio, dando lugar al caza furtivo polivalente FC-31 Gyrfalcon. En 2011, se presentó un modelo a escala denominado F-60 y, al año siguiente, el FC-31 surcó los cielos por primera vez. En noviembre de 2012, el FC-31 fue presentado en el Festival Aéreo Internacional de Zhuhai, el lugar donde se suelen revelar las novedades militares chinas.
Un breve apunte: la denominación de la aeronave en aquel entonces era la que se asignaba a los modelos de exportación, ya que no era un programa de la propia fuerza aérea. Las aeronaves desarrolladas directamente para los militares emplean la letra J, que significa jian (que en español podría traducirse como espada o flecha).
Ya en 2015, el jefe de diseño del J-35 sugirió que el FC-31 podría ser el sucesor del Shenyang J-15, avión embarcable en servicio con la aviación naval. Sin embargo, no fue hasta finales de la década de 2010 cuando el Ejército Popular de Liberación expresó su interés en este aparato.
Así, el avión recibió su nueva denominación, esta vez sí, con la J: J-35. En concreto, esta versión corresponde a la variante embarcada en servicio con la aviación naval y que cuenta con barra para despegue asistido por catapulta. Mientras que, la versión basada en tierra y en servicio con la fuerza aérea se conoce como J-35A.
Ambas versiones fueron confirmadas en la parada militar del pasado 3 de septiembre, en la que se conmemoró el aniversario de la victoria de China contra Japón en la Segunda Guerra Mundial. En el desfile también se mostraron los aviones KJ-600 e Y-9Q. El primero es el avión de alerta temprana embarcado y el segundo es la segunda generación de aparatos antisubmarinos.
35 vs 35
El objetivo detrás del J-35 es claro. Retar la superioridad tecnológica y el dominio aéreo estadounidense. Entonces, la primera pregunta que surge es: ¿qué caza de quinta generación es mejor? Desconfíen de una respuesta fácil a esta pregunta, dado que la mayoría de las características de ambos aparatos son confidenciales. Pero tratemos de ver algunas comparaciones con la información disponible.
En primer lugar, el J-35 cuenta con dos versiones -una basada en tierra y otra embarcable-, mientras que el F-35 estadounidense cuenta con tres -una basada en tierra, una de despegue corto y aterrizaje vertical; y una última embarcable-.
Visualmente, ambos aviones son parecidos, siendo el chino algo más estilizado. Comparten ala trapezoidal de muy bajo alargamiento y estabilizadores verticales inclinados hacia afuera, colocados para reducir el eco radar. Además, los chinos han tomado prestado alguna solución de diseño del F-35, como la apertura de la carlinga, que se abate hacia el morro del avión. Los dos aparatos disponen de un sistema electroóptico justo debajo de la nariz. La diferencia más notable es que el asiático dispone de dos motores en lugar de uno.
Tal es su parecido que, prácticamente desde la primera vez que apareció en imágenes, se rumoreó la posible copia por parte de los ingenieros chinos. En 2015, el digital The Diplomatconfirmó que hackers chinos habían obtenido datos del programa Joint Strike Fighter, encargado del F-35.
Sin embargo, ese parecido externo no se refleja en las mismas capacidades tecnológicas. Algunos expertos apuntan a que, a diferencia del F-35, el J-35 chino no es completamente furtivo. Esto se debería, en primer lugar, a la tecnología de fabricación china que no ha solventado el problema de los remaches ni tampoco la salida de gases de los motores, los cuales siguen siendo convencionales. Además, hay otros extremos que también suscitan suspicacias, como la capacidad de fusión de información, pero de los que no hay datos suficientes.
Asimismo, en el apartado técnico, el J-35 cuenta con una longitud de 17,5 m, una envergadura de 13,5 m y una altura de 4,8 m. Por su parte, el F-35A -versión convencional- presenta una longitud de 15,7 m, una envergadura de 10,7 m y una altura de 4,8 m. Por tanto, algo más pequeño que el chino. Cabe mencionar que el F-35C -variante capaz de operar desde portaaviones- tiene una envergadura de 13,1 m, más similar a la del aparato asiático.
Con respecto a la planta propulsora, el J-35 dispone de dos motores WS-19 de producción local -los aviones de preproducción estaban propulsados por motores WS-21-, que le permiten alcanzar una velocidad Mach 1,8. A diferencia del chino, el F-35 cuenta con un único motor Pratt & Whitney F135-PW-100, que lo impulsa hasta velocidad Mach 1.6 a gran altitud. Aunque es difícil saberlo a ciencia cierta, es probable que China no cuente con la capacidad industrial necesaria para desarrollar un motor tan grande como el F135.
Relativo al armamento, el aparato chino está dotado con seis anclajes en su bodega interna y otros seis bajo las alas. En total, 8.000 kg de armamento, incluyendo misiles aire-aire, aire-tierra y bombas. Mientras, el F-35 tiene cuatro estaciones internasy seis externas, que le permiten transportar hasta 8.200 kg de armamento. Igualmente, puede disparar misiles aire-aire, aire-tierra y bombas. En este aspecto, pueden transportar una cantidad similar de material bélico, pero el J-35 tiene mayor flexibilidad al contar con dos puntos duros más en su bodega interior.
Por otro lado, ambos aparatos son aviones de baja observabilidad. Por ello, en la mayoría de vuelos cuentan con unos dispositivos, conocidos como lentes de Luneburg, que distorsionan la firma radar. En el aparato estadounidense este equipo es fijo, mientras que en los chinos es escamoteable, según se ha podido ver en fotografías difundidas en redes sociales chinas.
China ha dado verdaderos pasos de gigante en los últimos años en construcción aeroespacial, adelantando de manera clara a la Federación Rusa que todavía está trabajando en el desarrollo de su primer avión de quinta generación. Aunque la diferencia con Estados Unidos sigue siendo notable, el gap tecnológico e industrial se va estrechando.
China acaba de presentar su nuevo caza de quinta generación chino: el J-35. Un aparato con el que pretende retar al todopoderoso F-35 estadounidense en el Pacífico. Desarrollado a partir del FC-31 Gyrfalcon, el modelo fue uno de los principales protagonistas del Ejército Popular de Liberación el pasado septiembre. Desde entonces, expertos y analistas tratan de calibrar el potencial operativo de un avión con el que Pekín sigue estrechando la brecha tecnológica y militar con el Pentágono.