Aunque Alexa te parezca aún tontísima, este altavoz de Amazon para casa vale la pena
Es probable que los altavoces inteligentes, dado que todavía no son tan listos como prometieron hace años, no siempre te llamen la atención. Pero merece la pena pararse a escuchar el último Echo Studio
Entre las muchas promesas que ha traído la inteligencia artificial, hay dos que están dando mucho que hablar. La primera es la de los agentes inteligentes, que prometen convertir tu día a día en la oficina en un vergel de la productividad al poder ejecutar acciones más complejas de las que hacían cosas como ChatGPT con el fin de completar tareas que le has pedido introduciendo unas pocas palabras en una caja blanca. La segunda, y la que nos atañe hoy parcialmente, es la de convertir a Siri y sus amigas en las chicas listas de la clase. Los asistentes de voz son una de esas promesas incumplidas de la pasada década. Llegaron para ser unos serviciales compañeros que respondiesen a nuestras peticiones habladas.
Pero su rendimiento dejó mucho que desear.
Había que hablarles como si les faltasen un par de luces, porque si te salías de unas fórmulas establecidas ya entraban en barrena y no te entendían. Y eso, por supuesto, afectó a los altavoces que se habían creado para darles cobijo. En mi círculo hay de todo. Quien sigue utilizándolo para apagar las luces y activar la Roomba, quien lo usa para poner algo de música y quien lo ha desenchufado, guardado en un cajón o ni siquiera eso y lo tienen acumulando polvo en una esquina de la estantería. Todos los implicados andan intentando poner remedio.
Google liberó hace poco Gemini for Home. Apple, a la que se le está poniendo cuesta arriba el asunto, es probable que pague a los de Mountain View 1.000 millones al año para que le apañen un modelo de Gemini personalizado para Siri. Y Amazon presentó hace más de un año Alexa Plus, que por ahora solo está disponible en Estados Unidos y en inglés. En algún momento de los próximos meses llegará a España y funcionará en español. Y quién sabe si empiezas a sacar provecho de verdad a ese altavoz que tienes en el salón o te animas a comprarte uno.
Pero aunque Alexa te pueda parecer tontísima y lo que ofrezca como asistente sea más simple que el mecanismo de un chupete (ojo, que probablemente de lo que hay a día de hoy disponible, sea lo más potable desde el punto de vista de funcionalidades), Amazon tiene un nuevo altavoz al que merece la pena echar un vistazo. O mejor dicho escucharlo. Se trata del nuevo Echo Studio de 2025 o de segunda generación. Detrás de la palabra Studio, se esconde el mejor aparato que tienen la compañía en su portfolio de hardware.
Fórmula distinta, pero mejorada
El anterior había dejado el listón muy alto y, la verdad, que su sucesor, particularmente, creo que ha dado en el clavo. A lo largo del año pruebo muchísimos altavoces y este va directo, en mi opinión, al top 5 de relación calidad precio. Si lo que buscas es un buen aparato para llenar tu salón de música y que no se limite a escupir el sonido para que retumbe, sigue leyendo porque te va a interesar. Lo primero que ha cambiado en el Echo Studio de 2025 es el factor de forma. El anterior tiene un cuerpo cilíndrico. Era como si uno de los Echo originales (esos tubos tan estilizados) hubiese sido versionado por Botero. Ahora, el nuevo dispositivo comparte las formas que ya se han visto en los altavoces más asequibles de la marca. Una esfera con acabado de tela en diferentes colores que tiene dos ‘mordiscos’. Uno para la base, como es obvio por otro lado; y otro en la parte frontal donde se colocan tantos los controles como el anillo de luz que indica que el asistente de voz está escuchando o no.
Lo cierto es que es un diseño elegante y bastante premium, que puede encajar perfectamente en la decoración de casa, bien en una estantería, en una esquina del escritorio o en una mesa. Si lo que te preocupa es la malla textil que recubre el altavoz cabe recordar que este no es un altavoz bluetooth que vayas a andar moviendo constantemente de un lado para otro y manoseándolo cada dos por tres para cambiarlo de sitio, sacarlo a la terraza o a la piscina.
Por dentro, el Echo Studio es un bloque compacto lleno de altavoces apuntando en todas direcciones. Tiene un woofer grande mirando hacia abajo, tres de rango medio repartidos alrededor y un tweeter al frente para que las voces no se pierdan. Todo está encajado en una estructura cerrada que controla el aire y las vibraciones, lo que da ese sonido potente y envolvente del que presume. Es un diseño más funcional que elegante, más preocupado por la presión acústica que por la sutileza. Las cámaras internas están selladas con precisión para exprimir cada frecuencia baja, los conductos de aire están pensados para que nada se descontrole y las paredes internas funcionan casi como un amortiguador de sonido, al igual que el material gomoso de la parte inferior.
Además, el sistema se calibra solo usando micrófonos internos que ‘escuchan’ la habitación . ¿Qué significa esto? Que ajustan las frecuencias según cómo rebota el sonido en las paredes. En teoría es un truco brillante. En la práctica, a veces, pocas, se nota esa corrección automática, como si el altavoz estuviera más pendiente de sí mismo que de lo que estás escuchando. Esto es algo que no lo sufre únicamente este modelo, sino que se puede detectar en otras marcas que también utilizan esa corrección.
Quizá mirando la ficha técnica parezca un paso atrás. Pero el sonido es más redondo
El Echo Studio 2025 suena bien. Me atrevería a darle un notable alto, una nota destacada para un altavoz que cuesta poco más de 200 euros. El sonido es equilibrado, limpio, sin ese exceso de graves que suelen usar los dispositivos para impresionar al primer minuto. Los bajos están ahí, profundos y controlados, pero sin tragarse al resto, que era algo de lo que pecaba. Las voces se entienden sin esfuerzo y los instrumentos no se atropellan, incluso cuando subes el volumen más de lo razonable. Es el típico altavoz que no necesita gritar para demostrar fuerza.
La precisión tonal sorprende: los medios suenan cálidos, los agudos se mantienen definidos y nada parece forzado. Puedes pasar de un tema acústico a uno electrónico sin que el altavoz pierda el rumbo. El truco está en el trabajo interno (Dolby Atmos, Sony 360 Reality Audio y toda esa parafernalia espacial), que a veces consigue que las canciones parezcan más grandes de lo que realmente son. En una habitación mediana, el sonido flota con bastante gracia; en una grande, empieza a quedarse corto, pero mantiene la compostura. La sensación tridimensional es real, y hay momentos en los que el sonido literalmente te rodea sin saber muy bien de dónde viene.
Ahora bien, no todo es gloria. Amazon ha recortado la potencia respecto al modelo anterior, y eso se nota si lo empujas al límite. Los 50 vatios se defienden bien en pisos o salones normales, pero si esperas montar una rave doméstica, te quedarás con ganas. Los graves, aunque más limpios, han perdido algo de pegada, y la posición del altavoz influye demasiado: cerca de una pared puede sonar algo confuso. Y, cómo no, seguimos dependiendo de la aplicación de Alexa, que sigue siendo tan poco intuitiva como siempre; ajustar algo tan simple como el ecualizador requiere más paciencia que oír un anuncio de Audible entero.
También se echa en falta algo de libertad. Sin AirPlay ni Google Cast, dependes por completo del ecosistema de Amazon. Es como si el altavoz te recordara constantemente que está ahí para servirte… pero bajo sus condiciones. La idea de conectarlo a un Fire TV y crear un "cine en casa" suena prometedora, pero aún es una promesa: llegará en una futura actualización. Mientras tanto, el diseño cumple su cometido: compacto, robusto y con materiales que no interfieren en el sonido. Nada llamativo, pero eficiente.
Para ponerlo a prueba, lo hicimos sudar con una mezcla de temas viejos y nuevos. Con Los Ángeles de Aitana, el sonido fue suave y espacioso, dejando que la voz respirara; Yamaguchi de Amaia sonó íntimo y cálido, casi como si estuviera cantando desde el sofá. Cuando pasamos a Nora de Niña Polaca, el Echo Studio se soltó y mostró músculo, manteniendo los graves controlados sin embarrar la mezcla. En el plano internacional, Believer de Imagine Dragons demostró su pegada y la precisión de los medios, mientras Halo de Beyoncé y Rain on Me de Lady Gaga confirmaron su capacidad para llenar el espacio con una sensación envolvente de concierto doméstico. El Echo Studio puede con casi todo con lo que se le debería pedir un altavoz doméstico con ínfulas, siempre que no le pidas que se convierta en una discoteca portátil.
El Echo Studio 2025 mantiene los grandes nombres del sonido espacial: Dolby Atmos, Sony 360 Reality Audio y soporte para formatos como FLAC o Dolby Digital Plus.
El sonido espacial se deja notar. Cuando das con una pista en uno de los formatos indicados, el sonido y lo lanza en todas direcciones, creando una sensación envolvente que a veces roza lo teatral. En ciertos temas gana profundidad y claridad, como si la música respirara mejor. En otros, el efecto se siente algo impostado, más pendiente de impresionar que de sonar natural. Pero eso suele ser más veces problema de la mezcla que del equipo. El resultado es potente, sí, pero también irregular: cuando el Atmos encaja, el altavoz luce; cuando no, parece que los elementos que deberían rodearte son puros accidentes acústicos. También cabe señalar que con un altavoz no se puede hacer milagros. Cosas como Dolby Atmos se han diseñado para brillar cuando se tienen altavoces hasta en el techo. Y si se van quitando elementos al conjunto, pues la experiencia se debilita. La virtualización va mejorando, pero por supuesto tiene sus limitaciones.
En streaming por WiFi rinde de maravilla, con un audio claro, profundo y envolvente. Pero más allá del despliegue técnico, se nota que Amazon ha cerrado filas en torno a su propio ecosistema. Todo suena bien, sí, pero solo cuando lo haces a su manera. La compatibilidad es amplia en papel, aunque menos flexible de lo que aparenta.
La parte Bluetooth, en cambio, es un paso atrás. Han desaparecido los códecs de alta calidad como aptX y aptX HD que tenía el modelo anterior, y eso se nota si prefieres conectar el móvil sin pasar por WiFi. No rompe la experiencia, pero sí recorta opciones.
Ganando peso en casa
El Echo Studio 2025, al igual que otros altavoces de la gama, no se conforma con ser un altavoz que responde a órdenes. Pero ahora se entromete un poco más en la casa. El nuevo chip AZ3 Pro, preparado para la llegada de Alexa Plus, le da más velocidad y una sensación de inmediatez que, a veces, roza lo impaciente. Todo se ejecuta al instante: las luces se encienden con menos lag que antes, las rutinas saltan sin dudar y Alexa parece entender mejor los comandos. Los sensores Omnisense añaden otro nivel de presencia: detectan movimiento, temperatura y hasta gestos, lo que permite cosas tan prácticas (o inquietantes) como que las luces se apaguen cuando sales del cuarto o que puedas subir el volumen moviendo la mano.
Como centro domótico, el dispositivo ha mejorado su compatibilidad. Ahora soporta Zigbee, Matter y Thread, lo que simplifica bastante la conexión de otros aparatos inteligentes sin depender de hubs externos. En teoría, esto hace la vida más fácil; en la práctica, sigue habiendo momentos en que distintos ecosistemas no se entienden del todo. Aun así, el Echo Studio actúa como un nodo estable: no necesita protagonismo, pero acaba siendo el punto por donde pasa todo.
El Amazon Echo Studio incluye novedades de domótica: sensores de presencia o temperatura
También hay pequeños detalles físicos que marcan diferencia. Los nuevos controles táctiles y botones son más útiles de lo que parece: puedes posponer alarmas, aceptar o colgar llamadas y pausar música sin tener que hablarle, algo que se agradece cuando tienes la voz hecha polvo o simplemente no quieres gritarle a una esfera. Los gestos y toques convierten la interacción en algo más natural, menos "orden a la máquina" y más "convivencia silenciosa".
En conjunto, el Echo Studio intenta caminar hacia ese asistente prometido. Está ahí, atento, esperando el siguiente movimiento o la siguiente instrucción. Es exagerado hablar de automatización avanzada y la realidad es más sencilla: hace que ciertas rutinas diarias se vuelvan automáticas, y otras, un poco más impersonales. El resultado es un hogar que reacciona sin que tengas que pedirlo… lo cual tiene tanto de cómodo como de inquietante.
El Echo Studio 2025 no es un altavoz perfecto, pero sí uno que ha sabido tocar las teclas adecuadas para mejorar su relación calidad-precio y convertirse en una opción más convincente para un público más amplio. Aunque Amazon ha hecho ciertas renuncias respecto a la edición anterior (como la pérdida de códecs Bluetooth de alta calidad o una ligera reducción en la pegada de los graves), la compañía ha logrado compensarlas con un sonido más equilibrado, una gestión más precisa del espacio y un diseño más compacto y estético. El salto técnico se nota sobre todo en la optimización del audio espacial, que ahora resulta más natural y menos artificioso, y en la integración del nuevo chip AZ3 Pro, que mejora tanto la respuesta del asistente como la fluidez en la automatización del hogar. El resultado es un altavoz más maduro, que suena con criterio y se siente más redondo como producto, capaz de satisfacer tanto a quienes buscan buena música como a los que valoran una experiencia domótica estable y moderna.
En cuanto a las alternativas, el mercado ofrece propuestas muy distintas en filosofía y precio. El Sonos Era 100, por ejemplo, brilla en fidelidad y en la naturalidad de su sonido: es más preciso, con una separación estéreo impecable y unos graves más refinados, aunque renuncia al audio espacial y cuesta sensiblemente más. Su punto fuerte es la versatilidad de conexión (con Bluetooth, AirPlay 2 y calibración Trueplay), lo que lo hace ideal para quienes priorizan la calidad sonora pura sobre la inteligencia integrada.
En el extremo opuesto, el Apple HomePod 2 se mantiene como la opción más elegante y premium dentro del ecosistema de Cupertino: ofrece un sonido envolvente y un Dolby Atmos impresionante, pero su utilidad cae en picado fuera del mundo Apple. Si lo que se busca es portabilidad, el JBL Link Portable 2 o el Harman Kardon Onyx Studio 9 aportan movilidad y buena calidad, aunque sacrifican potencia y la riqueza del audio espacial. Y para presupuestos más ajustados, el Echo Dot Max sigue siendo la puerta de entrada al universo Alexa con un rendimiento sorprendente por su tamaño, pero sin las pretensiones ni la amplitud del Studio. Frente a todos ellos, el Echo Studio 2025 logra situarse en un punto de equilibrio difícil: un altavoz con un sonido por encima de la media, un diseño cuidado y una inteligencia cada vez más pulida, que sin alcanzar la perfección, consigue ser el modelo más sensato y redondo de Amazon hasta la fecha.
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Entre las muchas promesas que ha traído la inteligencia artificial, hay dos que están dando mucho que hablar. La primera es la de los agentes inteligentes, que prometen convertir tu día a día en la oficina en un vergel de la productividad al poder ejecutar acciones más complejas de las que hacían cosas como ChatGPT con el fin de completar tareas que le has pedido introduciendo unas pocas palabras en una caja blanca. La segunda, y la que nos atañe hoy parcialmente, es la de convertir a Siri y sus amigas en las chicas listas de la clase. Los asistentes de voz son una de esas promesas incumplidas de la pasada década. Llegaron para ser unos serviciales compañeros que respondiesen a nuestras peticiones habladas.