En la pelea de la IA, este es el hilo al que se aferra Europa para no caer en la irrelevancia de nuevo
En la medio de la revolución de los agentes de IA, Europa busca su sitio. Mucho talento y regulación, poca inversión y una esperanza: ser la tercera vía en la pugna EEUU-China. Así lo ven los que viven esta carrera en primera persona
Arranque del Foro de IA de El Confidencial, presentado por Manuel Ángel Méndez, redactor jefe de la sección de tecnología, Teknautas.
Lo que prometía la inteligencia artificial cuando ChatGPT entró en escena hace tres años y lo que promete a día de hoy es radicalmente diferente. Ya no hablamos de asistentes que nos ayuden a resumir un texto o redactar un correo, hablamos de agentes a los que les dan una misión y se las apañan por sí solas, consultan a otras inteligencias artificiales, consultan bases de datos o utilizan aplicaciones para lograr lo que se les ha encargado.
Un cambio de paradigma que muchos ya consideran una revolución que acabará siendo tan transformadora como lo fue en su día la electricidad, el teléfono o, más recientemente, internet. Los protagonistas de esta carrera son más que conocidos. Por un lado está Estados Unidos, donde empresas como Nvidia, OpenAI, Google, Meta o Microsoft están compitiendo y tirando del carro. Por el otro, China ha acabado consolidándose como contrapeso y la gran alternativa, algo que quedó patente con la revolución DeepSeek. Y como ha ocurrido otras tantas veces con la industria tecnológica, muchos se preguntan qué papel jugará Europa. ¿Será capaz la UE de convertirse en la tercera vía? ¿Seguirá condenada a ser un actor de reparto en esta película y tratando de influir a través de la regulación?
“Necesitamos ganar tiempo al mismo tiempo que hacemos cosas para avanzar. Talento hay a espuertas”, argumentaba Claudio F. González, catedrático español y uno de los mayores expertos en el sector tecnológico chino, ya que ha pasado muchos años trabajando en el ecosistema de startups de aquel país. El académico hizo esa valoración en la apertura de la segunda edición del Foro “De los agentes a la AGI: qué nos espera de verdad en IA”, un encuentro editorial organizado por El Confidencial con el impulso de Quirónsalud, Moeve, Santader, Bidafarma, KPMG y la colaboración de Grupo Oesia y NTT Data en Zénit The Studio.
Claudio F. González, durante su intervención en el foro 'De los agentes a la AGI: ¿qué nos espera realmente con la IA?'.
Una de las cosas que González puso sobre la mesa es el dilema de si realmente España y el resto de Europa tienen la necesidad de entrar a la pelea de los grandes modelos fundacionales que dan vida a la inteligencia artificial. A día de hoy, el protagonismo en este sentido recae en la startup francesa Mistral. Pero ganar peso en este ámbito supone un enorme gasto en infraestructura y recursos de todo tipo. “¿Necesitamos modelos propios? La respuesta es sí, porque no puedes generar esas dependencias completas. Pero hay que tener cuidado con las narrativas de que vamos por detrás y no podemos hacer nada hasta que no logremos eso. DeepSeek fue un buen ejemplo de ello”. Una de las soluciones en la que puso el acento fue en la utilización y reeducación de “modelos abiertos” con los datos propios. En este sentido, destacó el trabajo hecho por startups como la donostiarra Multiverse Computing, que ha desarrollado un sistema que comprime el peso de los modelos, reduciendo las necesidades de hardware para ejecutarlos, pudiendo utilizarlos localmente en portátiles o móviles.
Cuando se abordan estas tensiones y las ambiciones europeas en la industria tecnológica, rápidamente se ponen sobre la mesa dos asuntos calientes: la financiación y la regulación. “Europa tiene ciencia, talento y tecnología, pero falla en convertir eso en grandes empresas”, afirmó Hendrik Brandis, cofundador y socio de Earlybird, una de las principales firmas de capital riesgo en etapas tempranas. “Se debe aspirar a crear no solo unicornios, sino centacorns, empresas valoradas en más de 100.000 millones”, apostilló Brandis, también miembro de administración de la Escuela de Gestión de la Universidad Técnica de Múnich.
Su receta: “ambición y capital de crecimiento” y cambios regulatorios que igualen el terreno de juego con Estados Unidos. “La regulación europea, por ejemplo, impide que aseguradoras inviertan en capital riesgo o empresas sin historial, exigiéndoles respaldar esa inversión con capital propio. Es algo absurdo, porque el riesgo diversificado es mucho menor”.
De derecha a izquierda: Enrique Andrés Pretel, editor de Defensa de El Confidencial, modera la conversación entre Salvador Álvarez-Pascual, Raquel Jorge Ricard y Hendrik Brandis.
Brandis compartió escenario con Raquel Jorge, investigadora del Real Instituto Elcano y directora de Asuntos Europeos de Adigital. Esta experta recordó que en la lista de tecnologías críticas elaborada por la Comisión Europea “la IA fue la primera”, por delante de semiconductores, la cuántica y la biotecnología. A pesar de esa urgencia estratégica, Jorge subrayó que no hay un “campeón europeo” en la IA como lo tiene con ASML en el sector de los chips.
“Debemos invertir estratégicamente en la parte de la cadena de valor donde podemos ser más competitivos, para generar un equilibrio entre oferta y demanda dentro de la UE, buscando socios confiables en terceros países”, reflexionó durante el evento. “En los últimos años, EE UU ha invertido diez veces más que Europa en IA, y China cuatro veces más. Europa ha anunciado una inversión de 200.000 millones de euros, pero la pregunta es si será suficiente”, concluyó.
"Europa debe aspirar no solo a crear unicornios, sino 'centacorns', empresas de más de 100.000M"
El debate de quedarse descolgado en la carrera de la IA suele centrarse en los efectos económicos o en el impacto que puede tener para la productividad de las empresas. Pero Salvador Álvarez-Pascual recordó que esta tecnología también es clave desde el punto de vista de la seguridad y la defensa, “como lo fueron el espacio o la energía nuclear en su momento”. “La seguridad ya no solo es militar. Afecta a la salud, el transporte, las comunicaciones o las finanzas. Hace poco vimos cómo aeropuertos europeos quedaron paralizados por ciberataques”, recordó el director de estrategia del grupo OESIA y ex general de la División del Aire y el Espacio del Ejército Español. Las tareas pendientes según su punto de vista son la inversión en tres frentes: procesamiento y comunicación en tiempo real; edge computing, sin depender de datos sensibles alojados fuera de control nacional; y talento. “Ese es nuestro mayor activo”.
Manuel Ángel Méndez, de El Confidencial, en un momento de la presentación del Foro de IA.
Un buen ejemplo del talento patrio es el de Freepik, empresa malagueña fundada hace quince años por Joaquín Cuenca, el primer español en vender una startup a Google, concretamente Panoramio en 2007. El suyo es un caso de éxito en el sentido de que su empresa, que nació como un banco de imágenes, era una que corría el riesgo de ser devorada por el auge de la inteligencia artificial generativa. “A día de hoy, uno de cada dos nuevos euros que entran en la empresa es gracias a la IA”, comentó el directivo, que participó en el foro de El Confidencial por videoconferencia, como muestra del proceso de transformación del negocio que están ejecutando y que les ha colocado como un actor destacado en lo que tiene que ver con la inteligencia artificial a este lado del Atlántico.
Bautizados por algunos como el Adobe de la IA,Cuenca comenta que su enfoque ha sido el de “aportar valor” por encima de los modelos fundacionales. “Detectamos la necesidad de tomar una imagen generada por un modelo, pasarla a otro para mejorar y combinar varios modelos en una secuencia de acciones”, explicó, a la par que detalló que muchos de sus clientes son equipos de marketing o equipos creativos de Hollywood, entre ellos Amazon Prime.
Joaquin Cuenca, CEO de Freepik; durante su entrevista con Manuel Ángel Méndez, redactor jefe de la sección de Tecnología de El Confidencial.
Cuenca se mostró crítico con la regulación europea. “En general, no veo sentido a la estrategia de inteligencia artificial que está siguiendo Europa”, afirmó. Señaló que hace un año, la UE estaba “subregulada” y que ahora se está “regulando”. “Hay partes positivas, como la armonización a nivel europeo. Pero hay muchas otras que no van a tener impacto real. Y sí, hay mucho de postureo: medidas supuestamente para proteger al ciudadano ante un mal teórico que no existe o herramientas que no son eficaces”.
Pelear desde la especialización
Pese a las críticas a la estrategia comunitaria, muchos emprendedores han demostrado que aún hay margen para que Europa trace su propio camino en el desarrollo de inteligencia artificial. Desde distintas trincheras, un nuevo grupo de startups españolas ha apostado por no competir desde el tamaño, sino desde la especialización y la fiabilidad. “Estamos en una fase similar a los inicios del cloud”, apunta Elisenda Bou-Balust, fundadora de Cala AI, una firma que construye un repositorio de conocimiento curado para que los agentes de IA accedan a información verificada y libre de sesgos. “Aparecen muchas empresas y servicios, pero hacer agentes no es trivial. Necesitamos construir un stack completo, con razonamiento, datos, interfaz, fiabilidad. Con el tiempo se consolidarán los grandes actores, pero ahora el ecosistema está creciendo”.
Esa diversidad, más que un obstáculo, puede ser una oportunidad para que Europa encuentre su espacio propio en la cadena de valor. En este contexto, algunos distinguen entre la llamada IA fast food, los grandes modelos fundacionales como ChatGPT o Claude, pensados para el gran público y producidos a escala industrial, como un McDonald’s tecnológico; y la IA gourmet, más precisa, especializada y adaptada a sectores concretos. “Estados Unidos lidera todo, tanto el fast food como el gourmet, pero aún hay mucho por hacer aquí”, reconoce Ion Cuervas-Mon, CEO de Rauda AI, compañía que desarrolla agentes de voz capaces de atender clientes o resolver incidencias de forma autónoma. “La oportunidad detrás de los agentes es enorme. Cuando un proceso pasa de costar cinco euros a 0,70, la productividad aumenta un 400 %. Eso no se había visto desde la llegada del cloud”. Cuervas-Mon admite que habrá una burbuja, “como siempre ocurre con las grandes disrupciones, pero después vendrá la consolidación real”.
"Las grandes compañías tienen un coste de oportunidad alto. No pueden atender todos los nichos. Ahí entramos las 'startups' europeas"
También Javier Sánchez, cofundador de Revolve, ve un hueco claro para las startups europeas. Su compañía, que participó en el programa de Y Combinator y está a caballo entre Madrid y San Francisco, permite a empleados sin formación técnica construir aplicaciones internas o automatizar procesos con solo conversar con un asistente de IA. “Estados Unidos domina tecnológicamente, eso es evidente, pero también deja muchos huecos. Las grandes compañías tienen un coste de oportunidad alto y no pueden atender todos los nichos. Ahí es donde entramos las startups europeas”, explicó Sánchez.
Jochen Doppelhammer, CCO de Maiza AI, con sede en Valencia, desarrolla una plataforma para crear agentes fiables y auditables en sectores regulados. Coincidió con el diagnóstico hecho por sus colegas, pero advirtió: “La IA europea no es necesariamente ‘gourmet’. Hay mucho dinero quemado en proyectos mal enfocados. La clave no es ajustar modelos existentes, sino crear fiabilidad y escalabilidad reales”.
De izquierda a derecha: Manuel Ángel Méndez modera la conversación entre Laura González, Ion Cuervas-Mons, Elisenda Bou-Balust, Javier Sánchez y Jochen Doppelhammer.
En esa línea, Laura González Florez, Chief of Staff de Synthesia, una de las compañías de IA de voz más potentes del Reino Unido, defendió que la ventaja europea puede residir precisamente en ese enfoque más pragmático: “No necesitamos efectos espectaculares, sino soluciones que funcionen, que sean seguras y que respondan a las necesidades reales de las empresas”. En esa búsqueda de confianza, pragmatismo, especialización y valor añadido podría residir el margen que le queda a Europa para no quedarse atrás en la carrera global por la inteligencia artificial.
"Es más fácil parecer inteligente que serlo"
El encargado de cerrar el foro fue Ricardo Baeza-Yates, uno de los grandes nombres de la informática a nivel mundial. Profesor visitante en Northeastern University en Silicon Valley y catedrático en el KTH Royal Institute of Technology de Suecia, fue miembro del Consejo Asesor de IA del Gobierno de España y es Premio Nacional de Informática de la Fundación BBVA. Su intervención sirvió de contrapunto a la euforia general del sector, un baño de realismo en medio del vértigo tecnológico.
Baeza-Yates pasó revista al estado actual de la IA, pero también a algunas de las grandes promesas de la industria, como la inteligencia artificial general, esa que iguale o supere a la inteligencia humana. Un objetivo que ha llevado a OpenAI, por cierto, a comprometer 1,4 billones de dólares (trillones estadounidenses) en inversiones de infraestructuras. Este experto no dudó en alinearse con las tesis de Yann LeCun, director científico de Meta, que defiende que el paradigma actual de la inteligencia artificial está cerca de llegar al tope de sus posibilidades, y recordó que lo que hoy llamamos IA no razona, “sino que imita”. “La superinteligencia no está a la vuelta de la esquina”, advirtió. “No hay razonamiento lógico, ni conocimiento real, ni sentido común”. A su juicio, la industria confunde predicción con comprensión y rendimiento con inteligencia. “Es más fácil parecer inteligente que serlo”, ironizó, recordando que muchos de los sistemas actuales son como un loro que repite sin entender.
Ricardo Baeza-Yates, durante su intervención.
Su advertencia fue también ética. “El problema no es que la IA nos reemplace, sino que nos convenza de que ya lo ha hecho”, dijo. Baeza-Yates criticó la carrera por crear una inteligencia superior que, en su opinión, distrae de los desafíos verdaderos: los efectos sobre el empleo, la salud mental, el impacto ambiental y la falta de regulación global. La narrativa de la superinteligencia, apuntó, funciona como un espejismo que desvía la atención de los problemas actuales para justificar una expansión sin límites.
Y pese a todo, su mensaje final dejó un resquicio de esperanza. Europa, sostuvo, aún puede construir una “IA distinta, más humana, razonada y ética”. Una tecnología que libere tiempo y energía para lo que de verdad nos define como especie: crear, pensar, imaginar. “La IA debería quitarnos el trabajo aburrido, no el pensamiento”, concluyó. Quizá esa sea la verdadera carrera: no por crear la inteligencia más potente, sino la más sabia. En ese equilibrio entre ambición y prudencia, entre automatización y propósito, podría residir la única superinteligencia que merezca la pena perseguir.
Lo que prometía la inteligencia artificial cuando ChatGPT entró en escena hace tres años y lo que promete a día de hoy es radicalmente diferente. Ya no hablamos de asistentes que nos ayuden a resumir un texto o redactar un correo, hablamos de agentes a los que les dan una misión y se las apañan por sí solas, consultan a otras inteligencias artificiales, consultan bases de datos o utilizan aplicaciones para lograr lo que se les ha encargado.