Dos semanas con la mejor tableta que se puede comprar: no es más de lo mismo
Un año más, Apple consigue dejar al iPad Pro más cerca que nunca de un portátil. Lo que marca la diferencia no es su nuevo procesador ni su conectividad renovada. Es el software. Y eso tiene letra pequeña
Este año no ha sucedido, pero en los últimos tiempos, cuando Apple presentaba un iPhone, se enfrentaba, en muchos casos, al mismo comentario: "Esto es más de lo mismo". La queja solía surgir al coger el nuevo móvil y compararlo con el de hace doce meses, esperando encontrar diferencias y novedades sustanciales en la experiencia. Spoiler: no lo esperen. Porque el concepto de teléfono es algo tan maduro que ya cuesta mucho ver cambios mayúsculos como los que veíamos a principios de la pasada década.
Pero este no es un síndrome que afecte únicamente al iPhone. También le suele pasar al iPad, especialmente al modelo Pro. El iPad Pro que acaba de estrenar Apple es la mejor tableta que se puede comprar a día de hoy. No se admite discusión. El problema en este caso es que también lo era el año pasado. Y el anterior también. Y un año, dos y tres antes. Con el añadido de que las tabletas son un producto con una presencia mucho menor en nuestro día a día que un móvil y con menos posibilidades, por tanto, de introducir algún cambio que realmente sintamos que altera la experiencia diaria del usuario.
Llevo dos semanas utilizando el iPad Pro M5, que es como se ha bautizado este nuevo modelo, como equipo principal de trabajo. Y esta vez no se siente estrictamente como más de lo mismo. La propuesta de este año se parece bastante a la anterior, que a su vez tenía varios elementos en común con su predecesora. Entonces, ¿cómo es posible que la misma receta deje un sabor tan diferente? La respuesta está en los cambios que han introducido en iPadOS 26. Un software que ha dado pasos decididos para que este iPad Pro se sienta más como un verdadero sustituto del ordenador y no como un complemento o un equipo secundario.
Vayamos al factor de forma del iPad Pro. Vuelve en dos tamaños de 11 y 13 pulgadas. Este último es el que hemos estado usando para nuestro análisis. Las medidas siguen siendo las mismas.
A destacar dos en concreto: los cerca de 580 gramos de peso y el medio centímetro de grosor. Cuando abrí la caja y saqué el dispositivo, volví a sorprenderme de lo ligera y liviana que resultaba. Volví a pensar cómo la manzana había sido capaz de meter en un espacio tan estrecho un músculo equivalente al de un portátil de varios quilates. Del diseño poco más que decir: aluminio para los marcos y la parte trasera, cristal templado para el frontal. No hay jack para auriculares. La lista de elementos físicos se compone de botones de volumen, de bloqueo y puerto USB. La biometría y seguridad depende de Face ID.
Misma fórmula
La pantalla tampoco ha sufrido cambios. Volvemos a tener un panel OLED con tasa de refresco adaptativa entre 1 y 120Hz, compatible por supuesto con tecnologías de imagen como HDR 10 o Dolby Vision. Qué decir a estas alturas sobre esto. El brillo estándar es de 1000 nits, un nivel más que aceptable. Alcanza un pico de 1600 nits. Igual podría redondearse la cifra y aproximarse a lo que tienen en el iPhone. La gracia del iPad Pro es poder trabajar en cualquier lugar y, vete a saber, si eso te pilla en exteriores. La respuesta es excelente y es compatible tanto con el Apple Pencil como con el Apple Pencil Pro.
Quizá la mayor queja que pueda tener es sobre el vidrio nanotexturizado. Solo es una opción disponible, previo paso por caja, para la versión de 1 o 2 teras de capacidad. Los iPad Pro de 256 y de 512 GB no tienen opción de elegir. Particularmente pude disfrutar de esta pantalla mate en los MacBook Pro del año pasado y me encantó. Absorbía los destellos y reflejos como una esponja, sin renunciar a colores brillantes o definición. Muchas personas a mi alrededor han comprado pegatinas en Amazon para hacer esta función tanto para sus ordenadores como para sus tabletas.
Estoy convencido de que, en algún momento, más pronto que tarde, Apple acabará poniendo esta opción a disposición de todos los modelos y, supongo, también sin coste adicional.
Antes de entrar en lo que encontramos debajo del capó, hablemos del sonido del iPad Pro. Siempre recuerdo una cosa: el iPad quedó al principio como un dispositivo entre el portátil y el móvil, bastante propicio para el consumo de contenido. Y ahí tanto la imagen como el audio son muy importantes. Los altavoces estéreo del iPad Pro son súper equilibrados. Dudo que haya un equipo que pueda ser tu equipo principal de trabajo con un sonido tan potente y capaz en un cuerpo tan fino. Al César lo que es del César y al iPad lo que es del iPad.
En el apartado de cámaras, al final la frontal es la que más termina importando en un dispositivo que pretende ser tu equipo principal de trabajo. En mi caso, paso buena parte del día en videollamadas, y la del iPad Pro cumple con creces: los 12 megapíxeles del sensor ultra gran angular ofrecen una imagen nítida y natural, incluso en entornos con poca luz. La función Center Stage es uno de esos detalles que parecen menores hasta que los pruebas: la inteligencia artificial te mantiene siempre centrado en la imagen, incluso si te mueves o cambias de postura durante una reunión. Es una de esas características que realmente marcan la diferencia cuando trabajas en remoto o viajas constantemente; no se trata solo de verte bien, sino de proyectar profesionalismo sin tener que preocuparte por el encuadre.
La cámara trasera del iPad Pro M5 cumple un papel más secundario en mi día a día, pero no deja de ser impresionante. El sensor principal de 12 megapíxeles con apertura f/1.8 ofrece una calidad más que suficiente para capturar documentos, detalles de proyectos o incluso hacer fotografías rápidas en viajes de trabajo. Lo que realmente destaca es el sensor LiDAR, que añade una capa extra de utilidad en tareas de diseño, arquitectura o realidad aumentada: medir espacios, visualizar modelos 3D o planificar entornos se vuelve una experiencia fluida y precisa. Además, puede grabar vídeo en 4K hasta 60 fps, con una estabilización automática que mantiene todo estable incluso cuando grabas sobre la marcha. No es una cámara pensada para sustituir a la de un smartphone, pero sí una herramienta profesional muy capaz cuando la necesitas.
El M5, una cabeza para mañana
La gran novedad del iPad Pro es su cerebro. Junto con el nuevo MacBook Pro, este dispositivo ha estrenado el chip M5, un procesador diseñado por Apple y fabricado por TSMC. Esta pieza se ha llevado gran parte de las ovaciones que ha recibido esta renovación. Las diferentes pruebas sitúan la ganancia de rendimiento de CPU y GPU entre un 10 y un 30 por ciento frente al M4. La RAM es de 12 GB en el caso de los modelos de 256 y 512 GB de almacenamiento. Los 16 GB quedan reservados, como la pantalla nanotexturizada, para los modelos superiores.
El iPad Pro, como ya se vio con el M4, es una bestia parda cuando se habla de edición de multimedia así como para trabajar con programas 3D. Son varios conocidos en el mundillo del vídeo y la foto que lo han convertido en la piedra angular de su trabajo. Puede soportar programas como Autocad, DaVinci o Final Cut sin problemas. Si eres un usuario de a pie con ganas de darle un buen viaje a la tarjeta de crédito… pues sobran las palabras. Va a poder hacer cualquier tarea que tengas en la cabeza.
Eso, también hay que decirlo, también es pan comido para el iPad Pro con versión M4. Me atrevo a decir sin temor a dudas que también para el iPad Pro equipado con el M2, más de lo mismo. Pero cuando uno va a comprar un equipo de estas características no solo tiene que pensar en lo que puede hacer a día de hoy, sino en lo que va a poder hacer en los próximos dos, tres, cuatro y hasta seis años.
Por eso el M5 puede ser interesante, en el sentido de que su arquitectura y su diseño están más preparados para la inteligencia artificial que lo que estuvo el M4 y, por supuesto, sus predecesores. Es probable que, a pesar de que en Cupertino andan retrasados en todo lo que tiene que ver con la IA, en el próximo año y el siguiente se pongan las pilas y lancen funcionalidades que corran en local y funcionen de manera bastante más fluida cuanto más fresco sea el procesador. No solo hay que tener en cuenta una eventual mejora en la IA de Apple, también en la de terceros.
Después de varias jornadas intensas entre vuelos y horas de trabajo en aeropuertos, puedo decir que el nuevo iPad Pro M5 me ha acompañado mejor de lo que esperaba. En mis días más largos, de esos que empiezan con una conexión temprana y terminan viendo un capítulo de Slow Horses o The Morning Show, la autonomía ronda las 12 o 13 horas con el brillo medio y Wi-Fi activo. Si le exijo al máximo brillo (algo inevitable cuando la luz del avión o la sala de espera es demasiado fuerte), baja a unas 9 horas, pero sigue siendo suficiente para sobrevivir a un día completo de trabajo y desplazamientos sin depender de enchufes. La carga rápida también marca la diferencia: con el cargador adecuado, recupera el 50 % en apenas media hora, lo que me ha salvado más de una vez entre escalas.
El iPad Pro M5 trae algunos cambios en conectividad que no se notan a simple vista, pero que sí se perciben al usarlo. Tiene el chip inalámbrico N1, con soporte para Wi‑Fi 7, Bluetooth 6 y la tecnología Thread, así que la conexión con routers, accesorios inteligentes y otros dispositivos es más estable. Los modelos Wi‑Fi + Cellular incluyen el módem C1X, que ofrece más velocidad en 5G y consume menos energía que el del M4. También se ha ampliado el ancho de banda de memoria a más de 150 GB/s, lo que ayuda a mover archivos pesados o abrir aplicaciones grandes un poco más rápido.
En la práctica, esto significa que las transferencias por AirDrop o las cargas en iCloud se notan más rápidas si el router soporta Wi‑Fi 7, y la navegación o descargas pueden superar fácilmente 1 Gbps. En viajes o jornadas de trabajo largas, la combinación de Wi‑Fi 7, Bluetooth 6 y el módem avanzado hace que el iPad se pueda usar casi como un equipo independiente: descargar documentos, enviar presentaciones o conectar accesorios sin depender tanto de otra red o del teléfono, y sin que la batería se agote demasiado rápido.
Lo que realmente marca la diferencia este año es el software. Con iPadOS 26, el sistema de ventanas me permite trabajar de forma mucho más fluida: puedo tener mi procesador de textos abierto mientras reviso hojas de cálculo, y a la vez mantener un evento en directo corriendo en segundo plano sin que nada se quede colgado. Cambiar entre tareas es rápido y natural, casi como si tuviera un ordenador completo, pero con la ligereza de un iPad.
La barra de menús interactiva y las carpetas en el Dock son pequeños detalles que se notan cada día. Mientras redacto un artículo, puedo arrastrar documentos desde el Dock a mi app de notas o abrir rápidamente una imagen de referencia desde Descargas. La app Archivos mejorada facilita conectar un disco externo y mover proyectos pesados sin complicaciones. Y cuando necesito revisar un PDF o tomar anotaciones con el Apple Pencil, la Vista Previa centralizada me permite hacerlo sin cerrar nada más, así que puedo marcar un documento mientras sigo trabajando en otras tareas.
En mi rutina diaria, estas mejoras en multitarea y gestión de memoria se sienten en cada momento. Puedo descargar un vídeo en alta resolución mientras redacto notas, reviso emails y planifico la agenda del día, y todo sigue funcionando sin retrasos. Tener varias apps abiertas y proyectos pesados en paralelo no se traduce en lentitud ni en estrés por la memoria: el iPad Pro M5 gestiona todo de manera fluida. Al final, es el software lo que hace que este iPad no se sienta "más de lo mismo".
Pero que sea el software lo que da ese punto diferencial al iPad Pro significa que muchas de estas mejoras también se pueden aprovechar en un iPad Air o incluso en un iPad estándar. La multitarea avanzada, las ventanas más eficientes, la barra de menús interactiva o la Vista Previa centralizada no dependen del hardware más potente, sino de iPadOS 26.
Por eso el iPad Pro sigue siendo un producto pensado para una minoría. La mayoría se conforma con un iPad Air o un iPad estándar si lo quieren principalmente para trabajar, aprovechando gran parte de las mejoras de iPadOS sin tener que asumir un precio tan alto. Y luego está el iPad Mini, que no compite en potencia ni multitarea, pero resulta ideal para quienes buscan algo extremadamente portátil y cómodo de llevar a todas partes.
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Este año no ha sucedido, pero en los últimos tiempos, cuando Apple presentaba un iPhone, se enfrentaba, en muchos casos, al mismo comentario: "Esto es más de lo mismo". La queja solía surgir al coger el nuevo móvil y compararlo con el de hace doce meses, esperando encontrar diferencias y novedades sustanciales en la experiencia. Spoiler: no lo esperen. Porque el concepto de teléfono es algo tan maduro que ya cuesta mucho ver cambios mayúsculos como los que veíamos a principios de la pasada década.