Un soldado, un dron: cambio tecnológico y sociológico de lo que supone ser un guerrero en el S. XXI
La expresión "un soldado, un fusil" bien podría cambiar por "un soldado, un dron". Estamos asistiendo a una transformación tecnológica y sociológica de lo que supone ser un guerrero en el siglo XXI
Un solsado suizo con un dron Black Hornet 3. (Reuters)
El protagonismo de los drones en todos los ámbitos de la guerra de Ucrania no sólo anticipa profundos cambios en la tecnología militar, sino que cuestiona la idea colectiva de lo que supone ser un militar. Donde antes había un soldado con un fusil pisando el terreno encontramos ahora un operador de dron alejado del campo de batalla. ¿Estamos asistiendo a una transformación no sólo tecnológica sino sociológica de lo que supone ser un guerrero en el siglo XXI?
La guerra de Ucrania se ha convertido en un gran laboratorio donde conceptos y sistemas de armas diseñados hace años han chocado contra la realidad del campo de batalla y donde otros han obtenido un protagonismo inesperado. El empleo de drones en todos los dominios del conflicto es sin duda el fenóneno más trascendental de esta guerra y muchos países están tomando nota.
El secretario Pete Hegseth presentó en el Pentágono el pasado mes de julio un clon estadounidense llamado LUCAS, copia del barato diseño iraní que emplea Rusia contra Ucrania. Se trata de un diseño pensado para la producción masiva a bajo coste. En Taiwán, se están desarrollando drones marinos de ataque como los empleados por Ucrania contra la flota rusa en el Mar Negro ante la amenaza de una invasión china. Sin olvidar que el gran protagonista actual de la guerra son los pequeños drones producidos en masa con piezas civiles, pilotados gracias a una cámara de visión subjetiva (FPV en inglés) y que se emplean para atacar a los soldados enemigos uno a uno.
Valeriy Zaluzhny, antiguo general jefe de las Fuerzas Armadas ucranianas y ahora embajador de su país en Reino Unido, afirmó recientemente que el 80% de las bajas en combate de la guerra la producían los drones. En este contexto, no es de extrañar que en varios países hayan surgido iniciativas para entrenar masivamente a militares y civiles en el manejo de drones.
El Ministerio de Defensa de Corea del Sur, un país que cuenta con servicio militar obligatorio, anunció un plan para formar a 500.000 soldados y convertirlos en "guerreros de drones", estrechando además los vínculos entre fuerzas armadas y la industria local. El plan surcoreano contempla el entrenamiento de militares de las tres ramas de las fuerzas armadas, equiparando la formación en el manejo de drones en la actualidad a lo que supuso en los años 90 formar a los militares en las entonces llamadas nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación.
Otra iniciativa equivalente la encontramos en Lituania, país báltico de tan sólo 2,8 millones de habitantes, miembro de la OTAN y la UE, y que comparte frontera con Rusia a través del enclave de Kaliningrado. El plan es hacer accesible a 22.500 personas la formación en manejo y montaje de drones de aquí a 2028, incluyendo 15.500 adultos y 7.000 niños, con materias lectivas como electrónica y programación aplicada en las escuelas.
El manejo de drones será introducido en edades tempranas como un actividad lúdica. Cuando los adolescentes lleguen a secundaria se espera que sepan manejar impresoras 3D y montar sus propios drones con piezas comerciales. La iniciativa encaja en la tradición báltica de contar con un fuerza movilizable de reservistas reforzada por personal civil en tareas de protección civil y resistencia frente a un invasor.
Aquí mi dron, aquí mi pistola
La introducción masiva de drones no sólo refleja el cambio del carácter de la guerra en la era de los componentes electrónicos baratos de producción masiva en un mundo globalizado; también viene a cuestionar la composición y naturaleza de las fuerzas armadas. Sean fuerzas ligeras, motorizadas o mecanizadas, el grueso de los ejércitos en todo el mundo son las unidades de infantería y su pilar fundamental son las unidades de fusileros.
Expresiones como "tomar las armas" o "poner botas sobre el terreno" aluden a la imagen de un soldado agarrando un arma de fuego y a su ubicación física en la zona de operaciones. El cuerpo de infantería de marina estadounidense hace hincapié en que cada "infante de marina es un fusilero" y cuenta incluso con su propio "credo del fusil" donde se exalta el vínculo de cada militar con su arma. El cambio que estamos presenciado por tanto viene a cuestionar ochenta años de primacía del fusilero y su arma, el fusil de asalto.
El fusil de asalto, el arma por antonomasia de los soldados en todo el mundo, surgió a finales de la Segunda Guerra Mundial. Aquella fue una guerra en la que muchos países beligerantes entraron en combate en 1939 con unidades de caballería, aviones biplanos y fusiles de cerrojo heredados de la Primera Guerra Mundial. La guerra terminó con el nacimiento de la era nuclear, las computadoras y los primeros cohetes, una tecnología que llevaría al hombre a la Luna en 1969.
El fusil de asalto no dejaba de ser un fusil de cartucho intermedio con capacidad de disparo en ráfaga y alimentación por cargador extraíble, pero recibió ese nombre del mismísimo Adolf Hitler por su sonoridad y efectismo. Tan pronto terminó la guerra, ingenieros alemanes terminaron en España continuando su trabajo en la materia para desarrollar un arma que en su tercera evolución se convirtió en el CETME C.
En Bélgica, tras varios intentos, la Fábrica Nacional (FN) produjo a partir de 1953 el Fusil Automático Ligero (FAL). La versión alemana del CETME C español y el FN FAL belga armaron, con contadas exepciones, a la mayoría de ejércitos que se proveían en Occidente. Pero fueron las fuerzas armadas de las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, las que se convertirían en iconos de diferentes épocas.
El fusil de asalto AK-47 diseñado por Mijaíl Kaláshnikov fue introducido en las fuerzas armadas de la Unión Soviética en 1949. Tras la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, los planes de Moscú preveían movilizar a campesinos y obreros formados durante su servicio militar.
Un ejército de movilización masiva requería un fusil simple y fiable que no demandara mucho mantenimiento pero que funcionara tanto en el Ártico helado como en las estepas calurosas de Asia Central. EL AK-47 y su variantes posteriores se convertirían en un icono de la Guerra Fría, no sólo por dotar a la mayoría de ejércitos de países comunistas, sino por ser usado por guerrilleros y terroristas, teniendo el peculiar honor de aparecer en la bandera de Mozambique o en el emblema de grupos insurgentes colombianos, palestinos y filipinos.
Fusiles de época
Las fuerzas armadas de los Estados Unidosintrodujeron el fusil M16 a comienzos de los años 60. Era un fusil ligero en el que se habían empleado piezas de aluminio y plástico en su construcción. Esto, unido a su aspecto futurista, lo convirtió en un arma avanzada para la época. El M16 empleaba una bala de 5,56mm, más pequeña que el resto de fusiles de la OTAN o el Pacto de Varsovia, aunque a la larga se terminaría imponiendo como estándar. La ligereza del fusil y el menor tamaño de la bala se había buscado para aliviar la carga del fusilero estadounidense en Vietnam, una guerra donde el fusil se terminaría convirtiendo también en un icono.
Cuando venció la patente del diseño original, el fusil Armalite AR-15, hubo una explosión de fabricantes en el mercado civil estadounidense que fabricaron su propia versión, creando una demanda de piezas y modificaciones. De ahí, fabricantes en Canadá, Alemania o Israel produjeron su propia versión. Hoy en día encontramos que diferentes versiones del AR-15 fabricadas en Estados Unidos, Canadá y Alemania son empleadas por los ejércitos de Francia, Dinamarca y Estonia o las infanterías de marina de Estados Unidos, Reino Unido y España.
Cuando Ucrania fue invadida en 2022, su inustria de defensa fabricante variantes propias del fusil Kalashnikov como del AR-15 estadounidense. La necesidad de expandir rápidamente sus fuerzas armadas llevó a una movilización general que superó la capacidad de la industria propia. Ucrania empezó a recibir como ayuda miles de fusiles de asalto de los almacenes de los países de la OTAN, convirtiéndose Ucrania en un escaparate de lo nuevo y lo viejo.
Nuevos diseños como el fusil checo CZ Bren 2 o el polaco MSBS Grot fueron puestos a prueba, con desiguales comentarios de sus usuarios. Mientras que países como Bélgica o Italia entregaron los FN FNC o Beretta AR70 excedentes de la posguerra fría.
Incluso Rusia anunció la entrada en servicio en los primeros compases de la guerra su nuevo fusil AK-12, la última variante del eterno Kalashnikov. Los primeros fusiles capturados se convirtieron en un trofeo preciado entre las tropas ucranianas, pero una vez comprobado la necesidad de mejoras del diseño, el AK-12 pasó al segundo plano hasta volver a ser presentado actualizado en ferias militares.
Drones icónicos
No sabemos todavía qué fusil pasará la historia como el más icónico de la guerra de Ucrania. Posiblemente ninguno, ya que ese papel de arma icónica lo ha ocupado el dron. Y la propia imagen idealizada del combatiente cambie. La guerra de Ucrania le ha quitado el lustre a las unidades de paracaidistas y fusileros navales, consideros la élite de la infantería rusa. Y ahora, con la perspectiva del tiempo, la exaltación de la masculinidad en los antiguos anuncios de reclutamiento rusos o en el vídeo musical del cantante Aleksandr Buinov exaltando a las tropas paracaidistas resultan cómicos si conocemos el papel de carne de cañón jugado en la guerra de Ucrania.
Nina Kollars y Emma More planteaban en un artículo de 2019, donde ironizaban en el título con el viejo concepto de "cada infante de marina, un fusilero", si la necesidad de nuevos perfiles, como especialistas en ciberguerra, obligaba a las fuerzas armadas a utilizar conceptos diferentes en el reclutamiento y entrenamiento. Pilotos de drones y expertos en ciberguerra sentandos delante de una pantalla no requerían los conceptos tradicionales de virilidad y masculinidad. De ahí que ironizaban sobre el concepto "cuasi-fusilero de pelo azul", en alusión al estereotipo excéntrico con el que Hollywood nos presenta a los genios informáticos.
El artículo de Kollars y More tendría una respuesta en forma de meme durante la guerra de Ucrania, que mostraba a una soldado transgénero preguntándole sus pronombres a un soldado ruso, visiblemente apesadumbrado, mientras al fondo una lanzadera de cohetes M142 HIMARS destrozaba fuerzas mecanizadas rusas.
Mientras tanto, el teniente general estadounidense Benjamin Watson afirmó el pasado mes de abril que la infantería de marina estadounidense había comenzado a experimentar con drones y que el camino era dotar a cada infante de marina no sólo de un fusil, sino los conocimientos para manejar drones. Uno de los mantras del Mando de Entrenamiento y Educación (TECOM) de los marines estadounidenses, afirmó el general Watson, era "cada infante de marina, un piloto dedron". La revolución estaba en marcha.
El protagonismo de los drones en todos los ámbitos de la guerra de Ucrania no sólo anticipa profundos cambios en la tecnología militar, sino que cuestiona la idea colectiva de lo que supone ser un militar. Donde antes había un soldado con un fusil pisando el terreno encontramos ahora un operador de dron alejado del campo de batalla. ¿Estamos asistiendo a una transformación no sólo tecnológica sino sociológica de lo que supone ser un guerrero en el siglo XXI?