La Nvidia de los huevos de oro: su plan maestro también es un campo de minas
El estratosférico acuerdo con OpenAI y, en menor medida, con Intel puede consolidar la posición de la compañía más valiosa del mundo, haciendo a Nvidia más indispensable. Pero no pinta un camino de rosas
Desde elbig bang de la IA generativa provocado por la irrupción de ChatGPT ha sido rara la semana que, por una razón u otra, Nvidia no haya protagonizado una noticia o dado un titular en la que mereciese la pena detenerse. Pero lo ocurrido este lunes sacudió los cimientos de la industria. La empresa de Jensen Huang causó una sorpresa mayúscula al afirmar que iba a movilizar 100.000 millones de dólares para inyectarlos en vena a OpenAI. Lo impactante del anuncio se debe a varios motivos.
Lo primero por la cuantía, varias veces superior a lo que Microsoft ha invertido en la startup de Sam Altman (13.000 millones en varias rondas). Lo segundo por la relevancia de los contrayentes de este particular matrimonio. Por un lado, la empresa más valiosa del mundo y la que tiene los chips más deseados para entrenar y ejecutar sistemas de inteligencia artificial. Por la otra, una de las firmas que más lejos ha llevado esta tecnología y en la que más esperanzas hay para llevarla más allá. La tercera es la letra pequeña del acuerdo. Sam Altman no utilizará esa ingente cantidad de dinero para lo que le venga en gana. Lo utilizará para construir nuevos centros de datos que para funcionar utilizarán… tarjetas gráficas y otros productos de Nvidia.
Más que una inyección de capital se podría hablar de compra financiada o financiación circular. Es decir, que todo el dinero que salga de sus arcas acabará revirtiendo en sus cuentas. La intención que tienen Altman y Huang es la de desplegar un músculo de computación gigantesco. Tan gigantesco que necesitará hasta 5 millones de GPU para funcionar. Eso es igual a la cantidad de chips que Nvidia tiene prevista distribuir este año a todos sus clientes. Pero lo que resulta más impresionante todavía son los 10GW de potencia que requerirá esta infraestructura.
La medida para entender la magnitud de esta factura eléctrica no son hectáreas de fútbol, sino reactores nucleares. Para mover todos esos centros de datos hace falta la misma energía que la que podrían generar 10 reactores. ¿Dónde se instalará? Nadie sabe. Según recogen algunos medios, se habla de que OpenAI ha estudiado entre 700 y 800 ubicaciones desde principios de año, pero que la lista se ha visto notablemente reducida por aspectos como la disponibilidad y el acceso a fuentes energéticas. El único detalle confirmado oficialmente es que en la segunda mitad de 2026 la primera fase del proyecto debería estar activa.
El acuerdo de financiación de OpenAI está diseñado para proteger a los actuales dueños de la compañía y evitar que su participación se diluya demasiado. La primera etapa de esta inversión consiste en un tramo de 10 000 millones de dólares, que se fija con una valoración de la empresa de 500.000 millones de dólares. Se espera que esta primera fase se cierre en aproximadamente un mes, una vez finalizada la transacción principal, según personas cercanas al acuerdo.
Tras este primer tramo, están previstas nueve rondas adicionales de 10 000 millones de dólares cada una. Cada una de estas rondas se valorará según el precio de la compañía en ese momento, lo que significa que a medida que OpenAI crezca y aumente su capacidad, la valoración de las siguientes inversiones se ajustará en consecuencia. De este modo, el plan permite atraer capital significativo sin comprometer de manera drástica la participación de los accionistas actuales, equilibrando los intereses de la empresa y los nuevos inversores. Los beneficios para ambas partes son evidentes.
Para OpenAI, el acuerdo supone cubrir de golpe sus enormes necesidades de capacidad de cómputo, un factor clave para mantener la ventaja de sus servicios y seguir entrenando modelos cada vez más ambiciosos. La presión de rivales como Google o Anthropic obliga a Altman a no aflojar el ritmo, y el coste de levantar semejante infraestructura lo ha mantenido en una especie de campaña de financiación continua.
Al sellar este pacto con Huang, OpenAI consigue algo más que dinero: un acceso estable a los chips más deseados del planeta, con precios que no se disparan en cada ciclo de demanda. Para Nvidia, el movimiento es igual de estratégico. Asegura un cliente cautivo y constante, uno que no se va a plantear alternativas en el corto plazo y que, además, le garantiza pedidos masivos durante años.
Es un blindaje frente a AMD, Intel o cualquier otro proveedor que aspire a arañarle cuota en el mercado de GPU para inteligencia artificial. Y lo hace con una jugada circular: el dinero que presta volverá a entrar en sus propias cuentas en forma de ventas récord. Sin embargo, no todo son ventajas. Muchos analistas advierten que este tipo de acuerdos pueden alimentar la sensación de burbuja en torno a la IA. Ya se vio con el macroacuerdo de OpenAI con Oracle, y la idea de una financiación circular recuerda demasiado a los excesos de la burbuja puntocom, que acabaron estallando.
Huang y Altman, en la visita de Trump a Reino Unido. (Reuters)
El riesgo es que se esté construyendo un castillo financiero difícil de sostener si el crecimiento de la demanda no cumple las expectativas. Para OpenAI, los riesgos se multiplican. El primero es el más evidente: tensar su relación con socios clave como Microsoft, SoftBank u Oracle, que podrían sentirse desplazados o percibir que sus inversiones pierden valor estratégico. Otro desafío es más práctico: la startup está obligada a justificar, con resultados tangibles y modelos que generen ingresos sostenibles, una infraestructura mastodóntica que consume más electricidad que varios países juntos.
Sin esa tracción de negocio, el acuerdo puede volverse un lastre en lugar de un impulso. Nvidia tampoco está exenta de problemas. Aunque a corto plazo asegura un flujo de ventas extraordinario, la dependencia excesiva de un único cliente de este tamaño puede volverse un arma de doble filo. Si OpenAI tropieza, las consecuencias repercutirán directamente en su cuenta de resultados. Además, el pacto se firmará bajo la atenta mirada de los reguladores antimonopolio, que ya tumbaron en 2022 la compra de ARM por miedo a la posición dominante de Nvidia.
Aunque esta vez no es una adquisición, sí puede percibirse como un movimiento que concentra aún más poder en sus manos, reforzando las voces que alertan de un mercado poco competitivo.
El pacto de inversión de 5.000 millones de dólares en Intel a través de la compra de acciones, anunciado el pasado viernes, habría sido un titular de primera magnitud en cualquier otro momento y habría sido objeto de debate durante varias jornadas.
Pero quedó inevitablemente eclipsado por los 100.000 millones comprometidos con OpenAI. La magnitud de aquella operación ha relegado a un segundo plano un pacto igualmente llamativo por la historia que arrastran sus protagonistas:
Nvidia e Intel han sido rivales encarnizados durante décadas, disputándose la supremacía en el corazón del hardware informático. El núcleo del acuerdo se apoya en un terreno donde Intel todavía conserva un poder indiscutible: las CPU basadas en la arquitectura X86. Este estándar, que comparte únicamente con AMD, sigue siendo omnipresente en millones de ordenadores personales y en buena parte de los servidores empresariales.
Foto: Reuters/Dado Ruvic.
La alianza no toca el producto estrella de Nvidia —las GPU que entrenan y ejecutan los modelos de IA más complejos—, pero refuerza la posición de Intel justo cuando necesitaba mostrar músculo tras años de ceder terreno. De hecho, llega apenas un mes después de que el gobierno estadounidense adquiriera un 10 % de la compañía. Para Intel, la ventaja es clara: gana protagonismo en el mercado de centros de datos, donde Nvidia venía apostando por CPUs diseñadas con arquitectura ARM, como la Grace que acompaña a sus GPU Blackwell. Ahora, con esta colaboración, Nvidia podrá ofrecer a sus clientes configuraciones basadas en X86, más familiares y compatibles para muchos usuarios de software empresarial.
El movimiento ya tuvo consecuencias inmediatas: las acciones de Arm se dejaron un 4,8 % tras conocerse el acuerdo. Nvidia también saca partido: amplía su presencia en el mercado de PC y computación en el borde, facilitando a las empresas de IA desarrollar aplicaciones desde estaciones de trabajo locales sin depender tanto de la nube. Además, neutraliza la ventaja que AMD había tenido al casar mejor sus GPU con CPUs X86. Gracias a Intel, Nvidia recupera terreno en un ecosistema donde la compatibilidad lo es todo. Eso sí, el pacto no resuelve el gran sueño de Intel: convertirse en la fundición de referencia mundial. Por ahora, sus CPUs personalizadas para Nvidia seguirán fabricándose mayoritariamente en TSMC antes de que lleguen a las plantas de Intel para el ensamblaje final de algunos componentes clave. El acercamiento entre viejos enemigos como Nvidia e Intel confirma que en la nueva geopolítica del silicio ya no hay rivales eternos, solo intereses que se cruzan.
Tanto el pacto con Intel como el gigantesco compromiso con OpenAI persiguen el mismo fin: hacer a Nvidia más imprescindible que nunca y cerrar el paso a cualquier competidor. Sea asegurando un cliente cautivo con Altman o blindando compatibilidades con la arquitectura X86 de Intel, Jensen Huang construye un cerco que convierte a su empresa en la pieza central de toda la cadena de valor de la inteligencia artificial. Y lo hace justo cuando arrecian las críticas sobre el monopolio en el que se está convirtiendo, con reguladores y rivales observando cada movimiento bajo la sospecha de que el dominio de Nvidia ya no tiene freno.
Desde elbig bang de la IA generativa provocado por la irrupción de ChatGPT ha sido rara la semana que, por una razón u otra, Nvidia no haya protagonizado una noticia o dado un titular en la que mereciese la pena detenerse. Pero lo ocurrido este lunes sacudió los cimientos de la industria. La empresa de Jensen Huang causó una sorpresa mayúscula al afirmar que iba a movilizar 100.000 millones de dólares para inyectarlos en vena a OpenAI. Lo impactante del anuncio se debe a varios motivos.