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Cifras y letras que lo cambian todo: discretos detalles que hacen de la F-111 un buque único
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primera de las F-110

Cifras y letras que lo cambian todo: discretos detalles que hacen de la F-111 un buque único

Con la fragata F-111 Bonifaz ya en la mar, nos volcamos en analizar los aspectos clave menos conocidos de este nuevo modelo de Navantia, y considerar sus virtudes y carencias en el contexto de su gestación y diseño

Foto: La F-111 a flote. (Navantia)
La F-111 a flote. (Navantia)
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Hay cuatro grandes hitos en la vida de cualquier embarcación: corte de chapa, botadura, entrada en servicio y su retiro. Con la fragata F-111 Bonifaz, primera de su clase, ya en la mar, es buen momento para analizar algunos aspectos clave menos conocidos por el gran público del que será el nuevo buque de combate multipropósito de la Armada. Y considerar las virtudes y carencias, que las tiene, en el contexto de la gestación y las circunstancias de su diseño. Uno de esos discretos detalles que pueden haber pasado por alto los menos cafeteros de la defensa es la novedosa integración del sistema antimisiles estadounidense AEGIS, el sistema de combate nacional SCOMBA y el nuevo radar SPY-7 (V), un trabajo conjunto entre Navantia y Lockheed Martin que hará este buque uno de los mejores de su clase en el mundo.

Las F-110 vienen a reemplazar a las veteranas F-80, unos barcos que marcaron el salto cualitativo de Navantia en la construcción naval nacional. Se diseñaron como escoltas económicos para lucha antisubmarina oceánica y lucha antiaérea y de superficie, destacando por su alta polivalencia. Ante la disminución de la amenaza submarina y de superficie tras la Guerra Fría, los siguientes buques que la Armada encargó (la serie F-100) se optimizaron para guerra antiaérea como su rol principal, resultando en esta faceta de los mejores del mundo al contar con el sistema AEGIS. Estaban bien dotadas para combate de superficie, pero resultaban muy poco adecuadas para lucha antisubmarina.

Nuevo barco, viejas tareas

Con esos dos tipos de buques en activo debían llegar las F-110. En el momento de su diseño, la amenaza submarina volvía a estar presente tras el resurgir de Rusia como potencia militar, el imparable auge de China y el cada vez más fácil acceso de otros países al arma submarina. Por eso se pidió un nuevo buque multipropósito –que era lo acorde al momento– pero con una importante faceta antisubmarina. En aquel momento, un escenario de combates de alta intensidad se veía como algo muy improbable.

Para el combate de superficie las F-110 mejoran a las F-100. Dispondrán de misiles antibuque NSM (Naval Strike Missile) de origen noruego y como arma principal, una pieza de artillería a proa, un montaje Leonardo 127/64 LW Vulcano de 127 mm. Esta es un arma altamente automatizada, sobresaliente en tiro naval y con capacidad de empleo de municiones guiadas. Mucho más sofisticadas que las veteranas piezas Mk-45 de igual calibre que montan las F-100, a las que supera en un 30% en alcance y casi duplica la cadencia de tiro.

Para lucha antisubmarina o ASW (Anti Submarine Warfare) está muy bien dotada con un diseño donde se han cuidado factores críticos como la firma acústica (muy baja) y el diseño de su planta propulsora. Este grupo propulsor es híbrido del tipo CODELADOG, que significa COmbined Diesel-ELectric And Diesel Or Gas; es decir, una combinación de diésel-eléctrico y turbina de gas. La turbina da la potencia para momentos en los que se requieran grandes prestaciones (no olvidemos que las fragatas han de ser buques ágiles), los cuatro grupos diésel aportan generación eléctrica y funcionamiento a bajo consumo, y los motores eléctricos permiten en operaciones ASW una navegación ultrasilenciosa, aspecto vital para localizar sumergibles.

Cifras y letras, versión naval

Si las F-100 pueden presumir de una capacidad antiaérea extraordinaria, las F-110 las van a superar. El responsable de ello es el AEGIS integrado de forma completa con el SCOMBA (Sistema de Combate de los Buques de la Armada) y su nuevo radar. El AEGIS es en realidad un sistema de combate, aunque a veces se identifique con algunos de los sensores que integra. Este medio recoge la información de múltiples fuentes, procesa los datos, identifica amenazas, las prioriza y las enfrenta con las armas disponibles.

placeholder Fragata F-101 Álvaro de Bazán. (Juanjo Fernández)
Fragata F-101 Álvaro de Bazán. (Juanjo Fernández)

El sistema permite ejecutar todo este proceso, cuya complejidad es fácil de entender, de forma totalmente automática si así se establece, aunque no es lo habitual. Por hacer una similitud, el AEGIS sería el cerebro que recibe información de los ojos y los oídos (radares y otros sensores) y, según lo que haya visto u oído (una amenaza), ordena actuar al resto del cuerpo. Y las F-110 incorporarán los nuevos radares de Lockheed Martin SPY-7(V)2, de los más modernos que existen. Estas cifras y letras son las que contribuyen a llevar a nuestro buque a los puestos de cabeza.

"La gran ventaja de las nuevas fragatas españolas estriba en el radar SPY-7, que es del tipo AESA y completamente digital, frente al radar SPY-1 de las F-100 que son analógicos. Esto implica que tendrán una mayor capacidad de identificación de objetivos a mucha mayor distancia", resume Chandra Marshall, directora General de Soluciones de Combate Multidominio de Lockheed Martin, en una entrevista con El Confidencial.

No es solo cuestión del radar, insiste la experta, se trata también de que "el AEGIS de estas fragatas es la versión más moderna del sistema y la misma que incorporan los últimos destructores de la US Navy. El sistema de las F-100 tiene ya unos 12 o 14 años [el de la F-105] y, por tanto, una versión ya antigua. Pero las F-110 dispondrán de la Baseline 9, que es la versión más moderna".

Vamos a explicar esto un poco.

Versiones e integración

En un ejercicio de simplificación podríamos decir que hay dos factores determinantes de la capacidad de estos buques. Uno sería el modelo de radar (el sensor) y otro la versión del sistema de combate o la Baseline del AEGIS. Es decir, hablamos de cómo de aguda es la vista y cómo de potente el cerebro. En el caso de las F-110 ambos elementos son tecnología punta. El radar SPY-7(V) es del tipo AESA (Active Electronically Scanned Array), o radar de barrido electrónico activo a base de GaN (nitruro de galio). Es de tecnología digital, mientras que el radar SPY-1D de las F-100 es del tipo PESA, o radar de barrido electrónico pasivo, que es analógico. Este modelo (SPY-7) es similar al SPY-6 de Raytheon instalado en los destructores Arleigh Burke Flight III de la US Navy, los más modernos de la flota norteamericana.

placeholder USS Mason (DDG 87) de la Clase Arleigh Burke Flight II-A. (US NAVY)
USS Mason (DDG 87) de la Clase Arleigh Burke Flight II-A. (US NAVY)

Este cambio implica mejoras sustanciales que van desde una muy superior capacidad de detección y alcance, que se amplía hasta los 500 km desde de los aproximadamente 370 km de las F-100. También es muy superior la capacidad de seguimiento de objetivos que, según datos oficiales, pasan de más de 100 en los SPY-1 a más de 1.000 en el SPY-7. Y eso que se sospecha que la capacidad real (dato clasificado) del sistema de las F-100 ya permitía el seguimiento y control de muchos más objetivos (es posible que entre 3 y 6 veces más) de los que admite la cifra oficial.

Otra ventaja es que, al ser digital, minimiza las necesidades de refrigeración y reduce el consumo energético, además del mantenimiento y necesidad de recambios, que se han reducido drásticamente. Esto permite períodos operativos continuados más largos. Por el contrario, el viejo equipo de las F-100 (al igual que en los destructores de la clase Arleigh Burke Flight I/II) requería mucha atención y constante mantenimiento.

Foto: fragatas-f-110-cerca

Las mejoras en el cerebro vienen de la integración del propio AEGIS con el SCOMBA de la Armada. Esto es posible gracias al denominado IAFL (International Aegis Fire Control Loop) que es una especie de interfaz entre el equipo americano y nuestro sistema autóctono, de tal manera que la funcionalidad clave del primero —el intercambio de datos de seguimiento de objetivos— se integre con los medios de gestión de combate (CMS) nacionales. Resumiendo, convierte el cerebro del AEGIS en algo interoperable y con arquitectura abierta, otro detalle muy relevante.

Las fragatas españolas son las primeras del mundo en disponer de esta capacidad, aunque luego lo tendrán buques canadienses y, con mucha probabilidad, de otras naciones. El proceso no ha sido sencillo. En enero de 2023 se llevó a cabo con éxito la primera fase de integración entre el IAFCL y el SCOMBA de Navantia, en el AEGIS-SCOMBA Integration Center (ASIC) de Lockheed Martin en Moorestown, Nueva Jersey. Allí se logró que ambos equipos intercambiaran y mostraran información (las trazas o tracks) de los contactos y el estado táctico del conjunto en las consolas operativas.

Con esta integración se consigue, además, que las F-110 tengan capacidad antimisil balístico (escudo antimisiles) plena desde el primer momento, pero manteniendo una compatibilidad total con sus hermanas. A este respecto, y pensando en los trabajos de modernización de las F-100, la especialista de Lockheed Martin comenta que la idea es trabajar sobre todo en los buques de la primera serie, de la F-101 a la F-104, al objeto de llevar estos cuatro barcos a un estándar equivalente al de la F-105, que como sabemos dispone de una versión mejorada (más moderna) del radar y componentes del sistema de combate.

placeholder Antenas planas del radar SPY-6 (equivalente al SPY-7) en el destructor USS Jack H. Lucas. (US Navy)
Antenas planas del radar SPY-6 (equivalente al SPY-7) en el destructor USS Jack H. Lucas. (US Navy)

En estos trabajos se mantendrá el SPY-1D y la mayoría del hardware, pero se instalará software actualizado y se cambiarán algunos componentes. "El nivel de mejora será el máximo. La misma modificación que se haga en las F-100 españolas se llevará a cabo en los destructores Arleigh Burke de las primeras series (Flight I/II) con los que comparten equipos", asegura Marshall,.

Puntos de mejora

Pese a estos avances, las F-110 tendrían dos puntos a mejorar. El primero afecta a la capacidad de trabajo en red; es decir, poder compartir información y datos de combate. Esto implica algo que hoy no es posible con plena capacidad —aunque se podría hacer con algunas limitaciones— y sería, por ejemplo, que la F-110 adquiriese un objetivo lejano y que este fuese atacado por una F-100 comunicando la información de tiro. Para poder hacer esto se precisaría que los buques de la Armada trabajasen en redes CEC (Cooperative Engagement Capability). Capacidad que, de momento, la Armada no ha requerido.

El otro punto es la limitación del lanzador vertical VLS al disponer solo de 16 celdas. El AEGIS nació en los años 70 y entró en pleno servicio operativo en buques en los 80. Su objetivo era enfrentar la amenaza —entonces soviética— de lanzamientos masivos de misiles en ataques de saturación. Hoy, aunque el sistema es más potente, enfrentar blancos numerosos requiere no solo detectarlos, sino eliminarlos y para ello hacen falta armas que ataquen en la distancia.

placeholder Clase F-110 Bonifaz. (Navantia)
Clase F-110 Bonifaz. (Navantia)

Históricamente las medidas softkill de guerra electrónica y señuelos (chaff / bengalas) han sido el modo más eficaz de enfrentar misiles enemigos, pero en la mayoría de los casos fueron enfrentamientos contra muy pocos misiles atacantes. La guerra de alta intensidad ya no se puede asociar solo a la guerra simétrica (como hasta ahora) pues en enfrentamientos contra insurgencia o grupos terroristas nos podemos encontrar con amenazas en forma de enjambres de drones. Además, estos drones podrían estar protegidos contra guerra electrónica mediante enlaces seguros e incluso filoguiado (los hay ya con alcance de hasta 50 km), por lo que el riesgo de que volvamos a ese escenario de ataques de saturación es más probable de lo que parece.

En cada celda del VLS Mk.41 de las F-110 cabe un misil de largo alcance SM-2MR o cuatro de corto alcance ESSM. Esto hace que en una combinación equilibrada el buque dispusiera de, por ejemplo, 10 misiles de larga distancia y 24 de corto alcance. La realidad —lo vemos en Ucrania e Israel— es que en un combate intenso se dispara lo que se tiene. Además, en la mar no es viable recargar el lanzador vertical, por lo que una vez agotados los misiles, el buque ni podrá dar protección ni podrá defenderse.

Modificar el VLS de los buques F-110 previstos no es posible. No hay espacio físico. Por tanto, la única posible mejora sería reforzar las defensas de punto (donde estas fragatas están demasiado justas) y, desde luego, aumentar el número de celdas en esa segunda serie de al menos dos unidades que se deberían ir ya definiendo

Hay cuatro grandes hitos en la vida de cualquier embarcación: corte de chapa, botadura, entrada en servicio y su retiro. Con la fragata F-111 Bonifaz, primera de su clase, ya en la mar, es buen momento para analizar algunos aspectos clave menos conocidos por el gran público del que será el nuevo buque de combate multipropósito de la Armada. Y considerar las virtudes y carencias, que las tiene, en el contexto de la gestación y las circunstancias de su diseño. Uno de esos discretos detalles que pueden haber pasado por alto los menos cafeteros de la defensa es la novedosa integración del sistema antimisiles estadounidense AEGIS, el sistema de combate nacional SCOMBA y el nuevo radar SPY-7 (V), un trabajo conjunto entre Navantia y Lockheed Martin que hará este buque uno de los mejores de su clase en el mundo.

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