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"Sister Hong": cómo la trampa sexual de un hombre vestido de mujer reaviva la pesadilla de las 'spycams'
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UN NUEVO ESCÁNDALO SOBRE PRIVACIDAD

"Sister Hong": cómo la trampa sexual de un hombre vestido de mujer reaviva la pesadilla de las 'spycams'

Se hizo pasar por mujer y engañó a cientos de hombres para acostarse con ellos, grabar los encuentros y vender las imágenes en internet. China afronta uno de los escándalos de privacidad más polémicos de la década

Foto: El acusado de grabar encuentros sexuales sin consentimiento de los participantes, junto a imágenes pixeladas de las víctimas. (Weibo)
El acusado de grabar encuentros sexuales sin consentimiento de los participantes, junto a imágenes pixeladas de las víctimas. (Weibo)

Mientras el mundo Occidental miraba con incredulidad las imágenes de la pillada in fraganti de cierto CEO con su compañera de trabajo en un concierto de Coldplay, en China un escándalo a nivel nacional inundaba como un tsunami las redes sociales y portadas de medios. La historia involucraba a un hombre de 38 años que durante años se hizo pasar por mujer y engañó a cientos de hombres para acostarse con ellos, grabar los encuentros y subir las imágenes sexuales a internet. El caso se hizo una bola de nieve cuando la Policía reveló la existencia de decenas de grupos privados en los que se vendía este contenido a modo de suscripción.

Estos son los dos días clave en los que este catfish se convierte en un asunto de Estado:

5 de julio. Todo comienza con la llegada de varias denuncias a las comisarías de la provincia china de Jiangning. Algunos hombres afirman haberse visto expuestos en vídeos privados difundidos en internet por terceros. La Policía comienza una investigación a gran escala para rastrear el origen de este tipo de contenido y determinar quién es la misteriosa 'mujer' que aparece en todos los vídeos. La historia empieza a circular por las redes sociales, volviéndose una polémica nacional.

8 de julio. Las autoridades detienen a un sospechoso, Jiao (del que no ha trascendido su apellido), bajo sospecha de "difundir material obsceno". Es acusado de grabar al menos a 237 hombres durante encuentros sexuales sin su consentimiento y luego difundir las imágenes en redes sociales como WeChat, QQ, Momo, Telegram, Reddit, Douyin y X. Según la investigación, invitaba a sus víctimas a su apartamento y los grababa con cámaras ocultas en las habitaciones. Después, subía el contenido a un grupo privado que él mismo administraba, destinado a quienes pagaban por ver las imágenes. Según medios chinos, el precio de la membresía del grupo rondaba los 150 yuanes (unos 18 euros).

placeholder Imagen de Jiao, el detenido en China, junto a imágenes del apartamento donde tenía las cámaras escondidas. (Weibo)
Imagen de Jiao, el detenido en China, junto a imágenes del apartamento donde tenía las cámaras escondidas. (Weibo)

El modus operandi para seducir a sus víctimas era vestirse de mujer con una peluca y maquillaje. En sus mensajes, usaba modificadores de voz y activaba filtros de belleza. Según las autoridades, el motivo al principio no era económico. De hecho, como Jiao no cobraba por estos encuentros, algunos hombres se presentaban en su apartamento con pequeñas ofrendas. Imágenes filtradas muestran a visitantes llegando con bolsas de fruta y leche o botellas de aceite. Según la Policía, cuando Jiao descubrió que los hombres estaban dispuestos a llevarle regalos, empezó a cobrar por los encuentros.

Foto: leonid-radvinsky-onlyfans-venta-millones-imperio-porno

Se desconoce el número exacto de víctimas de 'Sister Hong' ('Hermana Roja', en español), como se le ha apodado en redes. Si bien las autoridades han desestimado la cifra de más de 1.600 hombres afectados que dieron al principio algunos medios locales (citando al propio Jiao), considerándola exagerada, no han publicado un recuento oficial y la investigación continúa, aunque por las imágenes publicadas podría decirse que se trata de centenares.

La polémica se acrecentaba tras la denuncia pública de un influencer de fitness conocido en China que, tras ver sus propias imágenes publicadas online, llamó a la Policía. "Mi vida es un desastre y estoy listo para irme de Nanjing y mudarme a otra ciudad", le decía a sus seguidores. La historia también ha generado cierta conmoción social en el país, no sólo por las imágenes difundidas, sino por el perfil de los hombres que acudían al lugar: empresarios, padres de familia, jóvenes ingenieros, entrenadores, atletas universitarios.

placeholder Recopilación de imágenes de las víctimas con filtro aplicado para ocultar su identidad. (Weibo)
Recopilación de imágenes de las víctimas con filtro aplicado para ocultar su identidad. (Weibo)

Por otro lado, los aspectos legales del caso han atraído mucha atención, con varios abogados y expertos opinando sobre los delitos que se podrían haber cometido. Por ahora, Jiao se encuentra bajo detención por "difundir material obsceno". Hay que recordar que la producción, distribución y venta de contenido sexualmente explícito es ilegal en la legislación china y conlleva hasta dos años de cárcel, según el Código Penal. Sin embargo, Jiao también habría violado en este caso la privacidad y el derecho a la imagen de otras personas al compartir videos explícitos que muestran claramente sus rostros sin su consentimiento. Desde 2021, grabar actos sexuales sin permiso es ilegal en China, según la Ley de Protección de la Información Personal.

Vuelve la pesadilla asiática de las 'spycams'

El caso ha generado comparaciones con escándalos recientes en Corea del Sur. En 2018, este país se enfrentó a una "epidemia" de spycams cuando se encontraron dispositivos ocultos en hoteles, baños públicos y vestuarios, grabando a escondidas a personas y difundiendo momentos íntimos. Según las autoridades surcoreanas, entre 2013 y 2018 se denunciaron más de 30.000 casos. Y sólo en 2018, unas 1.600 personas fueron filmadas en secreto en habitaciones de moteles. Las cámaras estaban ocultas dentro de decodificadores de televisión digital, enchufes de pared y soportes para secador de pelo, según el Departamento de Investigación Cibernética de la Agencia Nacional de Policía. El sitio web donde se difundían tenía más de 4.000 miembros, 97 de los cuales pagaban una cuota mensual de 45 dólares para acceder a funciones adicionales, como reproducir retransmisiones en tiempo real. El servicio recaudó así miles de dólares.

Ese mismo año y bajo el lema "Mi vida no es tu porno", decenas de miles de mujeres salieron a las calles en Seúl, la capital, para protestar contra este tipo de actividad delictiva. En respuesta, el Gobierno creó un escuadrón especial de inspectoras que revisan de manera periódica los aproximadamente 20.000 baños públicos de la ciudad para buscar cámaras espía. El fenómeno fue la gota que colmaba el vaso en un país donde el feminismo no ha calado demasiado en la opinión pública y donde las mujeres que denuncian casos de abuso en la industria musical del K-pop se arriesgan al escarnio público. En 2019, el cantante Jung Joon Young admitió haber grabado en secreto encuentros sexuales y distribuido los videos sin consentimiento. El escándalo destapó una red más grande de celebridades que participaban en actos similares.

placeholder Protestas en Seúl contra el acoso y la violación de la intimidad. (Human Rights Watch)
Protestas en Seúl contra el acoso y la violación de la intimidad. (Human Rights Watch)

Al igual que en Corea del Sur, donde se prohíbe el porno por ley, el material erótico en China es ilegal desde 1949, aunque en la actualidad es fácil burlar los cortafuegos del Gobierno usando VPN y en muchos casos el contenido se reenvía por grupos de mensajería. A través de la Oficina Nacional contra Publicaciones Pornográficas, bajo dirección del Partido Comunista, las autoridades han destinado grandes recursos a la persecución del porno socialmente disruptivo, que atente contra la cultura de la familia y el trabajo. Una de las medidas más recientes fue aplicar bots de IA que rastrean la web y deciden qué páginas contienen vídeos explícitamente sexuales.

Katrien Jacobs, profesora de Estudios Culturales de la Universidad China de Hong Kong, ha investigado la censura en el país y planteaba en su libro People’s Pornography: Sex and Surveillance on the Chinese Internet que la lucha gubernamental contra la pornografía es una "batalla perdida". La autora observa que, pese a los esfuerzos de la censura oficial, cada vez hay más material pornográfico disponible en internet, buena parte del cual no viene de la "industria", sino de particulares que graban sus videos caseros y los suben a la web. Además del surgimiento de grupos en plataformas donde se comparte y se vende este tipo de contenido, como es el caso de Jiao. El propio gobierno es consciente de esa brecha entre norma y realidad. Por eso, dice Jacobs, China vive hoy una especie de "confusión confuciana" en cuanto al porno: "Oficialmente, se prohíbe, pero las autoridades han empezado a permitir la difusión de cierta cantidad, y es probable que sean aún más indulgentes en el futuro".

Mientras el mundo Occidental miraba con incredulidad las imágenes de la pillada in fraganti de cierto CEO con su compañera de trabajo en un concierto de Coldplay, en China un escándalo a nivel nacional inundaba como un tsunami las redes sociales y portadas de medios. La historia involucraba a un hombre de 38 años que durante años se hizo pasar por mujer y engañó a cientos de hombres para acostarse con ellos, grabar los encuentros y subir las imágenes sexuales a internet. El caso se hizo una bola de nieve cuando la Policía reveló la existencia de decenas de grupos privados en los que se vendía este contenido a modo de suscripción.

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