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Me he subido a una bici con suspensiones automáticas: ahora ya no quiero bajarme
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ASÍ ES LA BICICLETA DEL FUTURO

Me he subido a una bici con suspensiones automáticas: ahora ya no quiero bajarme

Hasta ahora, las bicicletas con suspensión automática eran cosa exclusiva de profesionales del 'mountain bike', pero eso está a punto de cambiar. Las hemos probado y suponen un antes y un después en la experiencia

Foto: Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)
Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)
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Tener la suspensión de un vehículo configurada de forma idónea a cada momento, sin manipular nada, es algo que hasta ahora solo podíamos ver en vehículos de cuatro ruedas. Sin embargo, estas suspensiones están llegando cada vez a más bicicletas y son una de las mayores novedades que veremos en los próximos años. Ahora mismo, ya las usan algunos de los corredores más importantes del mountain bike del planeta, pero es solo cuestión de tiempo que se popularicen. Las hemos probado y suponen un antes y un después en la experiencia de subirse a una bici de montaña.

En una bici de montaña tradicional, donde nos enfrentamos a distintos escenarios, el ajuste de las suspensiones no va a ser el idóneo en todas las circunstancias que nos vamos a encontrar. Por ejemplo, el rendimiento deseado de estos sistemas cuando bajamos por una cuesta llena de baches a toda velocidad no tiene por qué ser el mismo que buscamos si estamos subiendo esa misma cuesta. Y si rodamos en llano por un sendero en buen estado, no tendremos las mismas necesidades de absorción que si lo hacemos por uno excesivamente roto con zanjas, raíces y piedras.

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Algunas suspensiones de mucha calidad (tanto en la horquilla delantera como en el amortiguador trasero) disponen de ajustes en varios sentidos (compresión y rebote a alta y a baja velocidad) para otorgar comportamientos diferenciados, según la ocasión. E incluso, manualmente, podemos hacer algunas pequeñas modificaciones para adaptar el rendimiento dependiendo del terreno por el que rodamos.

Pero, ¿y si las propias suspensiones se fueran regulando automáticamente y a una velocidad de acción incluso mayor que si lo hiciéramos a mano? La marca RockShox ha desarrollado una tecnología llamada Flight Attendant y es el mejor ejemplo que existe ahora mismo de lo que significa rodar con suspensiones automáticas. Hemos podido probar este sistema en una exclusiva bicicleta de montaña de enfoque cross country de algo más de 16.000 euros: una BMC Fourstroke 01.

Más rápida que la acción humana

Cada componente de la suspensión (la horquilla es una SID Ultimate Flight Attendant de 120 mm de recorrido y el amortiguador un SIDLuxe Ultimate Flight Attendant que otorga 100 mm) tiene tres modos de funcionamiento. El primero, llamado 'Open', lo que hace es liberar totalmente su actuación, siendo la opción de mayor absorción. El segundo modo es el 'Lock', que bloquea la compresión de cada elemento, dejando sin recorrido a las suspensiones. Y, por último, tenemos el modo 'Pedal', que endurece un poco el modo 'Open', para que no tenga una absorción tan suave y sea más consistente a la hora de comprimirse.

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Esos modos están disponibles en muchas suspensiones del mercado, pero es el ciclista el que las actúa manualmente, bien en el propio componente o a través de un mando remoto. Sin embargo, el Flight Attendant instala sensores que van analizando diferentes parámetros para tomar, por iniciativa propia, la decisión de cómo actuar en cada momento: algunos de esos parámetros son la velocidad, la pendiente o la potencia que nuestras piernas aportan a cada pedalada.

También detectan los impactos que recibe la rueda delantera o la trasera (los propios componentes también llevan sus sensores) o lo rápido que efectuamos cambios de marchas. Y todo ello es posible gracias a que estas suspensiones interactúan con otros componentes de la bicicleta, como el cambio o el potenciómetro bajo la tecnología AXS de Sram (RockShox pertenece a esta importante marca).

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Al principio, podemos ajustar manualmente una serie de parámetros para obtener el comportamiento deseado. Por ejemplo, con el ajuste denominado 'Bias', podemos primar, en una conducción normal, uno de los modos sobre los otros porque, por ejemplo, nos guste más que la suspensión esté más o menos firme.

Sin embargo, los algoritmos del sistema que han denominado 'Adaptive Ride Dynamics' hacen que este vaya, en cada salida que realicemos, aprendiendo de nuestra forma de pilotar: el algoritmo necesita al menos un recorrido completo para aprender nuestro rendimiento y estilo de pedaleo, y así poco a poco se va configurando. De esa manera, salida tras salida, el comportamiento de la suspensión se va adaptando a nuestro modo de pilotaje, llegando a estar totalmente personalizado a nuestros gustos.

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Y, ¿esto funciona?

Es muy complicado explicar con todo lujo de detalles cómo estos componentes pueden actuar por sí solos, pero lo que no es complicado es subirse a la bicicleta y ver cómo toda esa teoría tiene un fiel reflejo en la práctica. Aunque en principio podamos pensar que estos componentes sólo tienen sentido en la más pura competición, si somos aficionados al ciclismo y queremos que nuestro rendimiento sea máximo, estas suspensiones Flight Attendant son de gran ayuda.

Nos subimos a la bicicleta y lo primero que apreciamos es que las suspensiones apenas se comprimen. Pedaleamos y no notamos el típico bamboleo de la bicicleta por el acto de la compresión y extensión. Botamos sobre los pedales y las suspensiones ni se inmutan. De repente, nos vamos hacia un bordillo y la horquilla se hunde para absorber el impacto. Pedaleamos por una zona llana y la compresión es mínima, la suficiente para que no nos lleguen todas las vibraciones de las pequeñas irregularidades del terreno.

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Ahora nos vamos hacia una bajada y la bicicleta comienza a ganar velocidad. Jugamos con las piedras que sobresalen del camino levantando las ruedas del suelo a modo de salto y tanto la horquilla como el amortiguador absorben el impacto contra el suelo. Todo eso hace que nada más tengamos que centrarnos en pedalear. De esa manera, llegamos mentalmente más descansados. Además, aunque no lo apreciemos, que una suspensión se vaya ajustando en cada momento hace que no se disipe casi nada la fuerza que emitimos en cada pedalada, por lo que se transmite fielmente a la rueda, rodando así más rápido.

No solo funciona según el terreno por el que rodamos, ya que el sistema ha ido analizando nuestra forma de montar: por ejemplo, detecta si estamos realizando un esfuerzo (pedaleando fuerte en un sprint), endureciendo las suspensiones para que la potencia de nuestras piernas llegue a la rueda trasera. Si luego realizamos el mismo tramo, pero de una manera más relajada, observaremos que las suspensiones van más suaves, aportando mayor comodidad.

RockShox asegura que, durante una sesión con su equipo interno de pruebas, descubrieron que la velocidad promedio de los ciclistas que usaban Flight Attendant era un 1,8% más rápida en comparación con los mismos ciclistas que usaban un sistema manual. Eso en competición es mucho y, en nuestras salidas con los amigos, también se nota.

La bicicleta de más de 16.000 euros

Sram y RockShox tienen numerosos componentes que actúan de forma electrónica y responden a las siglas AXS. Si interconectamos esos componentes, el sistema Flight Attendant recopila información también de ellos, por lo que la suspensión se adaptará aún mejor a nuestro estilo de conducción. Además, la instalación de todos ellos es muy sencilla, ya que el funcionamiento es inalámbrico, sin cables ni nada, por lo que no hay más que montarlos y emparejarlos a la app del fabricante. Pero, evidentemente, eso supone hacerse con unos componentes que no son precisamente baratos. Por ejemplo, la horquilla RockShox SID Ultimate Flight Attendant de nuestra protagonista cuesta 1.599 euros y el amortiguador SIDLuxe Ultimate Flight Attendant, 949 euros.

La transmisión que lleva nuestra BMC Fourstroke es la más exclusiva de la marca Sram: hablamos de la XX SL AXS con potenciómetro que se va a los 3.250 euros. Decíamos antes que la bicicleta completa costaba poco más de 16.000 euros, pero podemos llegar a quedarnos cortos. Y más teniendo en cuenta las espectaculares ruedas instaladas: son de fibra de carbono en una pieza y poseen seis palos en cada rueda. Son el modelo Biturbo de la marca Bike Ahead Composites: están rondando los 3.500 euros.

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Probando una bicicleta RockShox con tecnología Flight Attendant. (José María Escotto)

Otros detalles: manillar con potencia integrada Pröpus de Gemini (650 euros), frenos Trickstuff Piccola Carbon (1.100 euros) y sillín de fibra de carbono Speedneedle (250 euros). Más el cuadro de la BMC Fourstroke, que ronda los 5.000 euros. Todos estos precios son los de tarifa de cada fabricante, por lo que la bicicleta sumaría bastante más de 16.000 euros si además incluimos el resto de componentes como neumáticos, pedales, puños…

En definitiva, el Flight Attendant de RockShox es el sistema más elaborado que hemos probado. La competencia más directa de RockShox es la marca Fox y, de momento, solo tiene un amortiguador con una tecnología parecida: se llama Live Valve Neo y su función también es la de actuar los distintos modos de funcionamiento del amortiguador de manera autónoma. El problema es que, de momento, Fox no tiene una horquilla con dicha tecnología, por lo que el automatismo solamente existe para el sistema trasero de suspensión. Con casi total seguridad, lanzarán alguna horquilla automática en el futuro. Pero, hasta entonces, esta es la mejor apuesta en el mercado.

Tener la suspensión de un vehículo configurada de forma idónea a cada momento, sin manipular nada, es algo que hasta ahora solo podíamos ver en vehículos de cuatro ruedas. Sin embargo, estas suspensiones están llegando cada vez a más bicicletas y son una de las mayores novedades que veremos en los próximos años. Ahora mismo, ya las usan algunos de los corredores más importantes del mountain bike del planeta, pero es solo cuestión de tiempo que se popularicen. Las hemos probado y suponen un antes y un después en la experiencia de subirse a una bici de montaña.

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