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El gran divorcio que viene con EEUU: así trama Europa su independencia espacial
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EL SUEÑO DE UNA RED SATELITAL PROPIA

El gran divorcio que viene con EEUU: así trama Europa su independencia espacial

Una 'startup' española ha levantado 70 millones del Gobierno y de grandes empresas para lograr una de las grandes tareas pendientes de Europa: independizarse de EEUU (y de Elon Musk) en el espacio

Foto: Recreación de los nanosatélites en órbita de 5G de Sateliot. (Sateliot)
Recreación de los nanosatélites en órbita de 5G de Sateliot. (Sateliot)

De las guerras en Ucrania y Gaza a las tensiones comerciales con China y las presiones de la OTAN: el mundo parece haberse vuelto demasiado impredecible en los últimos años. La seguridad (militar, tecnológica, industrial y logística) se ha convertido en un tema de urgencia en Europa al haberse comprobado que aquellas alianzas históricas con las grandes potencias pueden romperse cualquier día, y de la noche a la mañana. Pero, mientras el viejo continente refuerza sus ejércitos, otra guerra se libra en el espacio. Porque sin satélites propios, Europa sigue comunicándose por redes que no controla.

En este contexto, España se está moviendo rápido. Ha lanzado su propia Agencia Espacial, activado un PERTE específico y elevado el presupuesto de Defensa. Y en la trastienda de esos grandes movimientos institucionales, aparecen nombres como Sateliot. Una startup catalana que, lejos de los focos, se ha propuesto conectar por satélite aquello que hoy no se conecta: sensores en el campo, trenes en medio del desierto, barcos en rutas remotas. Su idea va más allá: que Europa tenga su propia infraestructura en el espacio. Porque ya se ha demostrado (y el apagón de hace unos meses lo confirmó), que cuando todo se tambalea aquí abajo, lo que llega desde arriba puede marcar la diferencia.

De hecho, la nueva carrera espacial ya se libra con satélites pequeños y tecnología 5G. De las granjas de Aragón a las fábricas de metal en Kazajistán, millones de dispositivos en zonas remotas siguen operando sin conexión estable o sin acceso a internet. Y ahí es donde entran y se posicionan servicios como los de esta startup fundada en 2019 que lleva años construyendo una constelación de nanosatélites en órbita baja para ofrecer cobertura 5G a dispositivos IoT convencionales en cualquier lugar del planeta, sin necesidad de equipos adicionales. Y lo que es más importante, sin la necesidad de los dinosaurios de Silicon Valley.

placeholder Recreación de los nanosatélites en órbita de 5G de Sateliot. (Sateliot)
Recreación de los nanosatélites en órbita de 5G de Sateliot. (Sateliot)

La propuesta puede sonar algo utópica, pero el contexto le da sentido. El mundo depende cada vez más de los datos, incluso cuando se trata de cosas tan aparentemente poco digitales como un cultivo de trigo, una válvula hidráulica en un canal de riego o una vaca pastando en el altiplano andino. Y sin esa conectividad, la industria puede languidecer.

"El 85% del territorio mundial no tiene cobertura móvil permanente", repiten sus fundadores como un mantra. "Ese vacío no solo limita oportunidades económicas, sino que deja fuera de juego a millones de dispositivos que operan sin intervención humana. El modelo actual obliga a utilizar tecnologías satelitales caras y propietarias como Starlink. Sateliot ofrece lo contrario: un sistema abierto, estandarizado, barato. El cliente ni siquiera necesita saber que se está conectando vía satélite. Solo paga su tarifa normal de 5G", explica a El Confidencial Marco Guadalupi, CTO de Sateliot.

Para ellos, la clave está en usar el mismo lenguaje que usan los móviles: el 5G. Pero no cualquier versión, sino el estándar 5G NB-IoT definido por el consorcio global 3GPP. Esto significa que los dispositivos que se conecten a sus satélites no necesitarán hardware específico. Funcionan como si estuvieran bajo cobertura terrestre... aunque estén en mitad del Pacífico. Es decir, Sateliot no competiría con los gigantes de las telecomunicaciones tradicionales, sino que se está convirtiendo en su aliado para llenar los huecos que dejan las redes terrestres allí donde no llegan (campos, montañas, océanos) y abaratar el coste. Según la compañía, el precio de sus servicios es de 2,5 euros al mes por dispositivo.

placeholder Marco Guadalupi, CTO de Sateliot. (Sateliot)
Marco Guadalupi, CTO de Sateliot. (Sateliot)

El gran desafío de la startup ahora mismo es que la cobertura, por ahora, no es en tiempo real. "Es una red tolerante a retrasos", señala Guadalupi. Es decir, los sensores pueden enviar datos cada cinco minutos, aunque el satélite los reciba una o dos horas después. Para una alerta de tsunami no sirve, pero para la logística de un contenedor, la monitorización de cultivos o el estado de una compuerta hidráulica, sí. "A medida que crezca la constelación, se reducirá el desfase", indica. Pero mientras tanto, el modelo es escalable: se puede empezar con pocos satélites y prestar servicio desde ya. Y eso es justo lo que están haciendo.

Para independizarse de EEUU, Europa necesita a... EEUU

En agosto de 2024, Sateliot lanzó cuatro satélites a bordo de un Falcon 9 de SpaceX, listos para conectar 10 millones de dispositivos IoT. Y desde entonces la compañía se ha dedicado a tejer en pocos meses una red de alianzas estratégicas con grandes empresas como Telefónica, con quien firmaron la primera conexión 5G desde el espacio. Con AWS desarrollaron el primer core nativo en la nube para una empresa espacial. Con KSAT cerraron la primera conexión 5G a través de estaciones terrestres. Y a nivel comercial han firmado acuerdos con operadores en más de 50 países, además de entrar en asociaciones como GSMA, GCF o GSOA.

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También su trayectoria ha estado bien engrasada por capital privado. En 2022 cerraron una Serie A de 10 millones liderada por Indra, Cellnex y Sepides. Y en marzo de 2025 anunciaron una ronda Serie B de 70 millones, con nuevos accionistas como la Sociedad Española de Transformación Tecnológica (SETT), Hyperion Fund (sí, el fondo de capital de riesgo de Pablo Casado, expresidente del PP) y Global Portfolio Investments. Además, el Banco Europeo de Inversiones concedió 30 millones en deuda, su primera inversión en una startup espacial española. En resumen: el 20% del capital ya está en manos del Estado español, e Indra posee otro 4%.

El director ejecutivo de la empresa y cofundador, Jaume Sanpera, no le gusta cuando comparan a su empresa con Starlink. "Cuando lo veo no entiendo nada, parece un ególatra jugando a ser dios. En Europa vamos hacia un rearme obligado, nos guste o no. Como empresario soy optimista, creo que al continente le va a ir muy bien tras este susto que se está llevando con Trump. Dicho esto, no podemos ceder en nuestro modelo de sociedad, de vida. Tenemos que cuidar Europa", se le pudo oír en una entrevista reciente. Según indica ahora a este diario: "Europa tiene que dejar de depender de otros y Sateliot ofrece infraestructura soberana, interoperable y segura para defensa, emergencias o vigilancia".

placeholder Jaume Sanpera, CEO de Sateliot. (Sateliot)
Jaume Sanpera, CEO de Sateliot. (Sateliot)

Pero aunque inevitablemente se le compare con Starlink, Sateliot en realidad juega en otra liga. No quiere ofrecer Internet de alta velocidad ni competir por usuarios domésticos. Su nicho es el IoT masivo, con dispositivos baratos, duraderos y con requisitos mínimos de datos. Aquí, el tiempo de latencia no es tan crítico y la eficiencia sí importa.

Pero en medio de todo esto hay un gran obstáculo: si España y Europa quieren poner en órbita satélites, siguen dependiendo de otros países. Y uno de ellos, irónicamente, es Estados Unidos. Hasta la fecha, lanzar estas misiones sigue requiriendo los cohetes Falcon 9 de SpaceX. Es decir, incluso en su intento de emanciparse de Musk, Europa aún está atada a sus cohetes. Aunque Europa ha recuperado su acceso independiente al espacio con los cohetes Vega-C y Ariane 6, hay un pequeño, pero importante detalle: ninguno es reutilizable. Cada misión exige un cohete nuevo, lo que hace inviable competir en volumen con SpaceX. Mientras Musk reutiliza los propulsores de su Falcon 9 y consigue lanzar dos misiones Starlink por semana, Europa sigue atada a un modelo de producción que le cuesta tiempo y dinero.

La solución pasa por la industria privada europea. Con inversiones de la ESA, algunas empresas del continente ya trabajan en cohetes reutilizables, pero aún faltan años para que puedan igualar la eficiencia de SpaceX. El plan de independencia satelital europeo no es nuevo, pero la guerra ha cambiado su urgencia. Infraestructura de Resiliencia, Interconectividad y Seguridad por Satélite (también conocido como IRIS²) era la gran apuesta de la UE: una constelación de 290 satélites europeos que, liderada por Eutelsat junto a Hispasat y SES, garantizaría conexiones seguras y reduciría la dependencia de operadores extranjeros. Pero hasta ahora los avances están siendo lentos y el tiempo apremia.

De las guerras en Ucrania y Gaza a las tensiones comerciales con China y las presiones de la OTAN: el mundo parece haberse vuelto demasiado impredecible en los últimos años. La seguridad (militar, tecnológica, industrial y logística) se ha convertido en un tema de urgencia en Europa al haberse comprobado que aquellas alianzas históricas con las grandes potencias pueden romperse cualquier día, y de la noche a la mañana. Pero, mientras el viejo continente refuerza sus ejércitos, otra guerra se libra en el espacio. Porque sin satélites propios, Europa sigue comunicándose por redes que no controla.

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