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¡Basta de pegatinas! Los renglones torcidos de la tecnológica militar de la defensa española
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gastar más, pero también mejor

¡Basta de pegatinas! Los renglones torcidos de la tecnológica militar de la defensa española

Gastar más, no implica gastar mejor. Antes de comenzar a quemar dinero como si no hubiera un mañana, habría que analizar qué misiones se deben cumplir y, después, asignar los objetivos de medios personales y materiales

Foto: Oak resolve exercise of the nato mnb-lva in latvia
Oak resolve exercise of the nato mnb-lva in latvia
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El nuevo escenario estratégico que se abre en Europa con la promesa (o amenaza) de Donald Trump de retirar el sostén militar estadounidense del continente va a venir aparejado con un aumento nunca visto de la inversión en defensa. Pero gastar más, no implica gastar mejor. Antes de comenzar a quemar fondos como si no hubiera un mañana, sería necesario analizar primero qué misiones se deben cumplir y, después, asignar los objetivos de medios personales y materiales para llevarlas a cabo con éxito. En definitiva, lo que se conoce como planeamiento basado en capacidades.

Desde hace algunos años, el Ministerio de Defensa está primando la adquisición de sistemas ofertados por empresas con sede en el territorio nacional o el que haya algún tipo de acuerdo con el tejido productivo español en pos de la creación de una Base Industrial y Tecnológica de la Defensa. Sin embargo, esta arquitectura que debería promover la innovación y el desarrollo de nuevos productos no siempre consigue los logros deseados al ritmo necesario.

Primero, todavía se compra bastante en el extranjero. Segundo, muchos de los productos nacionales son lo que el sector conoce como pegatineros (se compra el producto casi íntegro en el exterior y se ensambla o modifica en España para ponerle la pegatina nacional). Y tercero, muchos de los sistemas propios, como el submarino S-80 o el vehículo de combate sobre ruedas 8x8 Dragón, requieren de sumas de dinero muy elevadas y suelen aparejar demoras y tensiones.

Foto: arte-niebla-guerra-como-trump-gobernara-mundo-confusion

Eficiencia o ruina

Actualmente, España se puede clasificar como una potencia militar media con un gasto en defensa extremadamente bajo, farolillo rojo entre los aliados de la OTAN. Esto obliga a que se la prioridad sea optimizar la relación entre capacidad militar obtenida y euro invertido.

Además, es un país en el que toda investigación y desarrollo (I+D) fuera de la medicina se ve como algo caro y sin una aplicación directa sobre el producto final. Esto se ve acentuado por la ausencia de una Ley de Programación Militar que permita planificar al gobierno y a la industria de manera acorde, sin estar presos del eterno vaivén político.

Dicho problema se ha intentado solventar con los Programas Especiales de Armamento (PEA), lo que ha generado otros inconvenientes. Todavía hay PEAs que se están pagando y eso da lugar a situaciones enrevesadas e ineficientes. Como por ejemplo, que sea el Ministerio de Industria el que presta el dinero al Ministerio Defensa, en vez de asignarse esos fondos directamente a Defensa.

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Con estos mimbres, es más sencillo ver algunos de los sumidores de eficiencia en la construcción de sistemas militares en la industria nacional. Uno de los ejemplos más recientes es el Airbus SiRTAP. En este caso, destaca que sea el primer avión completo que fabrica la división nacional del conglomerado francoalemán en España desde el CASA C295, un programa en el que la mayor parte de ingenieros gozaban con experiencia de desarrollo de avión completo. Incluso es probable que todavía quede alguno de dicho proyecto trabajando en la actualidad.

Podemos inferir que los ingenieros de Aribus están acostumbrados a desarrollar aviones mucho más grandes (A380, A350…), los cuales se diseñan con grupos de trabajo numerosos y departamentalizados. Esto llama la atención pues, al igual que en la pesca, un avión pequeño será mejor diseñado y construido por una empresa pequeña que por una grande. Esto es porque para este tipo de proyectos más asequibles es mejor contar con un reducido equipo de personas interdisciplinares, minimizando los tiempos de comunicación entre departamentos. Al contrario, un avión grande, sí requiere de un elenco grande y muchos especialistas.

Por ponerlo en contexto, Airbus ha destinado a más de 500 personas al programa del SiRTAP, mientras que la aeronáutica italiana Tecnam apenas cuenta con 250 para un catálogo de 12 aviones y, seguramente, estén trabajando en nuevos desarrollos.

Comparando con otras áreas de la empresa, llama la atención que Airbus no haya comprado una empresa pequeña o creado una spin-off para producir el SiRTAP. Del primer supuesto hay varios casos como Aliaca, fabricado por Survey Copter, y Flexrotor, de Aerovel; mientras que del segundo se puede citar UpNext, que trabaja en la automatización del repostaje en vuelo entre aviones.

Otra lógica de contratación

La mención a las pequeñas empresas de defensa no es menor. Es importante resaltar su importancia haciendo las veces de ‘sotobosque’ del ecosistema industrial. En no pocas ocasiones, astilleros como Armón o empresas aeronáuticas como Fiber Laminate, pueden suministrar soluciones eficaces, diversificando el número de suministradores y mejor orientados para la fabricación de pequeños buques o aviones. Así, se evita que las grandes empresas concentren todos los contratos y se pierda la versatilidad que ofrecen las pequeñas firmas.

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Por ejemplo, Fiber Laminate cuenta con un avión ligero que se podría haber tomado como base para el desarrollo de un dron táctico. Algo similar a lo que ha hecho Airbus con el helicóptero remotamente tripulado VSR700, cuyo punto de partida es el helicóptero ligero Cabri G2, de Hélicoptères Guimbal.

Además de la eficiencia en términos empresariales, también debería buscarse la eficiencia en términos de contratación. Carece de sentido militar, desde fuera, que el mayor programa tecnológico en el Siglo XXI del Ejército de Tierra sea un vehículo de combate sobre ruedas 8x8. Por no hablar de que hay planes para adquirir más de un millar de unidades para una nación como España, situada en una península.

En estos momentos quizá lo más sensato hubiese sido adquirir una solución extranjera y fabricarla en España si se opta por defender los puestos de trabajo; o bien comprarlos directamente al fabricante. Poniendo nombres y apellidos, en el primer caso se trataría del vehículo Freccia italiano -que ya está en servicio en el Ejército de Tierra como vehículo recuperador-, mientras que en el segundo caso sería el Patria. Cabe preguntarse si, como con el S-80, se conseguirá exportar alguna unidad al extranjero.

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De hecho, tanto en el S-80 como en el 8x8 Dragón se ha pecado de una incorrecta valoración de riesgos. Como se trata en el libro escrito por Christian D. Villanueva, los sucesivos gobiernos de España consideraron a Navantia capaz de diseñar y producir submarinos, demostrándose a la larga que fue necesaria la ayuda de la firma de ingeniería estadounidense Electric Boat para solventar el problema del reparto de pesos. Algo sobre lo que apenas se ha dado información a la ciudadanía, quedando para el recuerdo esa leyenda urbana del fallo en el decimal.

Un ejemplo en contraposición del ‘salto al vacío’ de la empresa española es el programa de submarinos coreano. A menor escala, el VCR 8x8 está sufriendo retrasos que, ante la falta de información, no dejan lugar a pensar que también se ha incurrido en el mismo error.

Eficacia o derrota

Esta óptica presenta dos caras. Es cierto que se está logrando eficacia a la hora de crear empleos, tanto directos como indirectos e inducidos. Pero ese no es el objetivo principal de un sistema de defensa. Sino el de dotar al país de los sistemas de disuasión necesarios y, llegado el caso, ser efectivo en el campo de batalla. Da la sensación, que en el futuro las guerras se van a librar sopesando el número de puestos de trabajo generados en cierta zona de la España vaciada. Mientras, una métrica que no se valora tanto es la duración del puesto de trabajo, ¿continuará una vez concluido el proyecto?

Por tanto, las Fuerzas Armadas y la industria deben encontrar un camino para mejorar las capacidades y las calidades de los sistemas de armas adquiridos. De manera que no sólo se muestren como generadoras de empleo de alta cualificación, sino que también se postulen como fabricantes de productos eficaces en el campo de batalla. Cómo no, es condición sine qua non que los requisitos relacionados en los Pliegos de Prescripciones Técnicas (PPT) se adapten más a las necesidades de los soldados.

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Transparencia o malestar

Junto a los dos pilares anteriores, la transparencia debe ser el tercero. Es habitual que el gobierno se olvide de dar cuentas a sus ciudadanos. Y, tienen la obligación de hacerlo como servidores públicos. A esto se suma la desgana en muchas ocasiones de la ciudadanía hacia los asuntos vinculados a la defensa. Es evidente que solo se deberá informar de todo aquello que no caigan debajo del manto de seguridad nacional. No obstante, hecha la ley, hecha la trampa, seguramente algunos mandatarios intentarán aprovechar este manto para evitar el examen público.

Los anglosajones, con sus particularidades, tienen mejor aprendida esta lección. Raro sería ver en España un trabajo similar al que efectúan sus homólogos estadounidenses, Government Accountability Office (GAO), o australiano, Australian National Audit Office, poniendo negro sobre blanco las inversiones en defensa. Llama la atención que Estados Unidos sea bastante más transparente que España con un número de programas calificados como ‘secreto’ mucho mayor.

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No obstante, el Tribunal de Cuentas del Gobierno de España publicó un informe en 2017 sobre los Programas Especiales de Armamento en los que analizaba los programas de gestión internacional (EF2000, A400M y Tiger) y los de gestión nacional (BAM, Leopard y NH90). Entre otras recomendaciones, instó al Gobierno a proporcionar un marco estable de financiación y garantizar la transparencia extendiendo el acceso del Tribunal de Cuentas a la agencia NETMA, responsable del EF2000. Mientras que al Ministerio de Defensa solicitaba la imposición de penalizaciones contractuales cuando correspondan y evitar la rotación excesiva de personal en la Secretaría de Estado de Defensa (SEDEF).

No se tiene constancia desde la ciudadanía de que el Tribunal de Cuentas haya efectuado otro informe de fiscalización similar ni esté en proceso de elaboración. Lo cual, sería conveniente para la adquisición de aviones de misión especial C-295, helicópteros H-135, VCR 8x8 y otros programas importantes.

Por otro lado, el Ministerio de Defensa ha decidido eliminar las fichas de programa descargables de la página de la Dirección General de Armamento y Material. A pesar de que no aportaban demasiada información, permitían al ciudadano conocer de manera muy aproximada en qué programas se estaba invirtiendo.

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Por último, también llama la atención el poco interés y el reducido alcance de las respuestas que confeccionan los miembros del Gobierno a las preguntas efectuadas por los grupos parlamentarios por las novedades en la cartera de defensa y el estado de los diversos programas en funcionamiento. En todas estas preguntas, las respuestas son vagas y poco precisas, lo que unido a la desaparición de las fichas de programa, hace prácticamente imposible que un ciudadano tenga conocimiento de la situación en la que se encuentra la modernización de sus fuerzas armadas y, por ende, a qué materiales se está destinando sus impuestos.

Por último, es significativo que se tenga que acudir a ferias en el extranjero para tomar nota de cómo serán las fuerzas armadas del futuro. Destaca la presentación del Ejército de Tierra en el IAV2025 y la de la Armada en Exponaval, a finales de 2024. Con la Armada hay que guardar una salvedad y es la publicación de su hoja de ruta Armada 2050 que, aunque marca someramente las líneas estratégicas del futuro, es algo más de lo que han hecho sus hermanos. Con respecto al Ejército del Aire y del Espacio, se ha tenido conocimiento de que, se espera que los Eurofighter Typhoon cuenten con misiles Taurus con la entrada en servicio del estándar P4E, algo de lo que no se ha informado a la ciudadanía.

España es un país que, por su reducida inversión en defensa, debe primar, ante todo, la obtención de capacidades militares adecuadas y eficientes para la misión. Una vez aseguradas, será el momento de debatir acerca de dónde se fabricarán los materiales y si conviene o no contar con un socio extranjero antes de volver a embarcarnos en odiseas tecnológicas. ¿Seremos capaces?

El nuevo escenario estratégico que se abre en Europa con la promesa (o amenaza) de Donald Trump de retirar el sostén militar estadounidense del continente va a venir aparejado con un aumento nunca visto de la inversión en defensa. Pero gastar más, no implica gastar mejor. Antes de comenzar a quemar fondos como si no hubiera un mañana, sería necesario analizar primero qué misiones se deben cumplir y, después, asignar los objetivos de medios personales y materiales para llevarlas a cabo con éxito. En definitiva, lo que se conoce como planeamiento basado en capacidades.

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