Las 'big tech' sueñan con el ladrillo: así están creando un millonario imperio inmobiliario
No contentos con dominar sectores enteros de la economía, los gigantes tecnológicos han comenzado a utilizar su poder, influencia y capital para construir modernas miniciudades corporativas
Varias grúas trabajan en lo que será la ciudad corporativa de SpaceX, Starbase. (Wikimedia Commons)
Por
Albert Sanchis
EC EXCLUSIVO
"El cuartel general de SpaceX estará oficialmente en la ciudad de Starbase", proclamaba Elon Musk hace apenas unos días. Si intentas buscar este lugar en un mapa de Estados Unidos, no tendrás suerte. Starbase es un concepto, una idea... aún. Sin embargo, esto podría cambiar muy pronto. El hombre más rico del mundo tiene un plan: construir su propia ciudad, un bastión desde el cual seguir expandiendo su imperio empresarial. Y está muy cerca de lograrlo.
Las ciudades financieras o parques empresariales han existido durante décadas, pero ahora los grandes gigantes 'tech' como Google, Meta o Amazon, al igual que Elon Musk, están impulsando y reimaginando ese concepto en algo que va más allá, en futurísticas urbes corporativas donde los empleados pueden vivir con todas las comodidades de una ciudad (transporte, escuelas, sanidad...). Se acerca una nueva era para las ‘big tech’, la de las tecnológicas como terratenientes.
En el sur de Texas, en el condado de Cameron, muy cerca de Brownsville, Musk ya ha movido ficha para que Starbase se convierta en un municipio oficial, con código postal y hasta ayuntamiento propio. No es una idea improvisada. Desde 2021, SpaceX comenzó a trasladarse a este remoto paraje para dar vida al proyecto Starship, cuyo ambicioso objetivo es construir el cohete más grande del mundo, capaz de llevar humanos a la Luna y Marte en misiones repetidas. En ese tiempo, más de 3.400 empleados y contratistas han echado raíces en la zona, mientras SpaceX va dotándola, pieza a pieza, de las facilidades propias de una ciudad exclusiva y personalizada para los recién llegados.
Pero este es solo el comienzo. Musk, cuyos zarcillos han empezado a extenderse en la política estadounidense tras la victoria en las elecciones de Donald Trump y ya saca tajada de ello, ha pedido al juez del condado de Cameron, Eddie Treviño, que apruebe una serie de acuerdos para dotar a la empresa de la supervisión de "varias funciones civiles", como la gestión de carreteras, el mantenimiento de los servicios públicos, así como "la provisión de educación y atención médica para los residentes". Según una exclusiva de Associated Press, el juez confirmó que los comisionados del condado revisarán la petición, se asegurarán de que se cumplan los requisitos legales y "partirán de ahí".
Instalaciones de SpaceX en Starbase, Texas. (Getty)
El intento de Elon Musk por levantar una ciudad desde cero es el capítulo más reciente de una saga que lleva tiempo escribiendo: su migración corporativa de California a Texas. Este movimiento estratégico responde a varios motivos. Por un lado, es su forma de rebelarse contra las leyes californianas que no encajan con su visión. Por otro lado, responde a motivos puramente empresariales. Texas ofrece un terreno fértil para los negocios: no hay impuesto estatal sobre la renta, y Musk ha encontrado otros incentivos fiscales y un gobierno estatal, liderado por Greg Abbott, dispuesto a abrirle las puertas de par en par. El éxodo comenzó cuando la sede de Tesla se trasladó a Austin desde Palo Alto, California, en 2021.
Ese mismo año, antes de comprar y cambiar el nombre de Twitter, ya fantaseó con una "especie de utopía texana a lo largo del río Colorado". Y al norte de Texas, cerca de las afueras de Austin, transformó la tranquila vida de un municipio rural de 12.000 habitantes llamado Bastrop en un prototipo de ciudad semicorporativa.
Esta localidad se ha convertido en relativamente poco tiempo en el epicentro del imperio de Musk, y lugar donde quiere trasladar las sedes del resto de sus empresas. Starlink, la división de SpaceX que fabrica satélites de internet, cuenta con una planta de 150.000 metros cuadrados a solo quince minutos del centro histórico. Boring Company, su empresa dedicada a la construcción de túneles, tiene un centro de investigación y desarrollo en la zona. Y según los planes, la red social X también comenzará pronto la construcción de su sede allí.
El Hyperloop Plaza es construido en pleno centro de la localidad de Bastrop, Texas. (Commons)
Y el trío de empresas de Musk en Bastrop es apenas un engranaje dentro de una vasta constelación de negocios y en constante expansión que incluye al fabricante de coches Tesla; el negocio de energía solar SolarCity, propiedad de Tesla; la empresa de implantes de chips cerebrales Neuralink; el desarrollador de inteligencia artificial xAI; y la organización educativa X Foundation.
El papel de Google, Meta y Apple
Estamos viviendo una era en la que los gigantes tecnológicos ya no se conforman con dominar industrias enteras. Ahora, su meta es más ambiciosa y pasa por lograr una fidelización macrosocial que abarque todos los aspectos de nuestras vidas. Empresas como Amazon ya no solo son tu supermercado, tu televisión o tu proveedor de Internet, sino que ahora aspiran a convertirse en el dueño de grandes áreas urbanas. En Estados Unidos, Meta, Google, Amazon o Apple han comenzado a canalizar su influencia y su capital para levantar modernas ciudades corporativas. Estos desarrollos incluyen viviendas, tiendas, espacios públicos, y hasta escuelas, moldeando comunidades enteras bajo sus propios términos.
Meta inició su incursión inmobiliaria hace años. Desde la pandemia, la empresa ha invertido 800.000 millones de euros en proyectos habitacionales en Silicon Valley con el objetivo de construir hasta 20.000 hogares en la próxima década. Google también ha dado pasos en esta dirección. En junio, el ayuntamiento de Mountain View aprobó el ambicioso proyecto North Bayshore, en asociación con la firma inmobiliaria Lendlease. Este desarrollo transformará un parque suburbano en un vecindario con hasta 7.000 viviendas nuevas, parques, restaurantes, tiendas y más de un millón de metros cuadrados de oficinas.
El plan Middlefield Park, también liderado por Google, contempla la construcción de 2.000 unidades de vivienda adicionales, además de espacios comerciales y de oficinas en lo que ahora son edificios industriales. Apple, por su parte, prometió en 2019 destinar 2.500 millones de dólares para abordar la crisis de vivienda en California. Entre sus iniciativas se encuentra la creación de un fondo de inversión para el desarrollo de viviendas asequibles y proyectos comunitarios para empleados.
Prototipo de la nueva urbe diseñada por Google en Middlefield Park. (Google)
Estas grandes compañías están maniobrando para crecer aún más. Y para lograrlo, no les queda otra que colaborar estrechamente con las administraciones públicas. Si lo miramos desde una perspectiva histórica, no es nada nuevo. Durante siglos, han existido ciudades empresariales: enclaves donde la mayoría de las viviendas, comercios y servicios eran propiedad de un único empleador.
Estas 'ciudades modelo', impulsadas por los capitalistas del siglo XIX, nacían al calor de fábricas e industrias, presentándose como un gesto de paternalismo empresarial. Sin embargo, más allá de la responsabilidad moral que pregonaban, su verdadero propósito era claro: mantener un férreo control sobre los trabajadores e inculcarles los valores del jefe.
Estas comunidades solían ubicarse cerca de industrias extractivas como el carbón y el metal, y aunque ofrecían ventajas a corto plazo, tenían un gran inconveniente: si la empresa fracasaba, el impacto económico en la ciudad era devastador. En 1903, Milton Hershey creó la ciudad de Hershey en Derry, Pensilvania. Diseñada para que sus trabajadores prosperaran, esta comunidad pionera ofrecía electricidad, transporte público y educación gratuita para los hijos de los empleados.
En 1928, Henry Ford llevó esta idea a un extremo más peculiar al fundar Fordlândia, una ciudad industrial en plena selva amazónica. Su objetivo era controlar el suministro de caucho, pero era claramente invasivo: inspecciones diarias se aseguraban de que los trabajadores no consumieran alcohol, tabaco o mantuvieran relaciones sexuales.
'Ciudad Pegaso', proyecto inmobiliario de la Empresa Nacional de Autocamiones S.A. (Enasa) en San Blas-Canillejas, Madrid. (Archivo)
En España, aunque este fenómeno no ha tenido tanto protagonismo, sí hemos visto intentos similares. En 1956, la Empresa Nacional de Autocamiones S.A. (Enasa) construyó viviendas para sus trabajadores en el distrito de San Blas-Canillejas de Madrid, creando lo que se conoció como Ciudad Pegaso. Este espacio residencial no solo ofrecía cercanía al trabajo, sino también servicios completos: colegio, hospital, polideportivo, cine e incluso una parroquia. Mientras que los empleados vivían en bloques, los ingenieros y altos directivos ocupaban chalés. Pero como muchas de estas comunidades, Ciudad Pegaso perdió su esplendor cuando la empresa cambió de manos y las viviendas fueron vendidas a precios muy bajos.
Siete décadas después, Silicon Valleyestá haciendo exactamente lo mismo y no es descabellado pensar en que llegará el día en el que tenga que enfrentarse a los mismos problemas.
"El cuartel general de SpaceX estará oficialmente en la ciudad de Starbase", proclamaba Elon Musk hace apenas unos días. Si intentas buscar este lugar en un mapa de Estados Unidos, no tendrás suerte. Starbase es un concepto, una idea... aún. Sin embargo, esto podría cambiar muy pronto. El hombre más rico del mundo tiene un plan: construir su propia ciudad, un bastión desde el cual seguir expandiendo su imperio empresarial. Y está muy cerca de lograrlo.