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Bombarderos y misiles nucleares: el órdago de Putin que eleva la tensión en Ucrania
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¿LA ÚLTIMA CARTA DEL KREMLIN?

Bombarderos y misiles nucleares: el órdago de Putin que eleva la tensión en Ucrania

Después de que la estrategia militar convencional no haya salido como esperaba, a Rusia no le quedaba otra que lanzar la amenaza nuclear. En esta nueva fase de la guerra, este es el armamento que puede poner en marcha

Foto: Tupolev TU-95MS, con sus misiles Kh-101 en primer término. (Ministerio de Defensa de Rusia)
Tupolev TU-95MS, con sus misiles Kh-101 en primer término. (Ministerio de Defensa de Rusia)
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Vladímir Putin, en un discurso en parte esperado, ha anunciado una movilización parcial y unos referéndums, pero, sobre todo, ha amenazado con su arsenal nuclear y su ‘moderna’ tecnología. Tras el fulgurante ataque en el área de Járkov, los avances de las tropas de Kiev han obligado a los rusos, que ya han perdido la iniciativa, a mover ficha. Ya no se trata tan solo de apuntalar un frente en precario. La pregunta que todos nos hacemos ahora es si sus palabras son creíbles o si, más bien, se trata de una nueva e improvisada huida hacia delante.

Tal y como explicó este periódico hace unas semanas, Zelenski necesitaba que pasara algo para que la guerra volviera a captar la atención de la gente. Y han pasado muchas más cosas de lo que cualquiera podía imaginar. Era un momento en que Rusia tenía que dar algún golpe de efecto, pero el discurso de Putin no ha causado sorpresa, sino inquietud.

Foto: Artilleros ucranianos, disparando una pieza M777 de 155 mm en el área de Járkov. (Reuters)

Pocas alternativas le quedaban a Putin. Necesita reponer pérdidas y se ha especulado mucho con una movilización general, algo que para el mandatario ruso tendría muchas ventajas, pero también serios inconvenientes. Por un lado, no dejaría de ser un reconocimiento del estado de debilidad de sus tropas, fruto de unas enormes pérdidas que todavía ni siquiera ha admitido. Por otro, existe el riesgo de que se produzca un rechazo dentro de la propia población rusa. La prueba palpable son los intentos masivos de salir del país tras el discurso.

La solución ha sido esta ‘movilización general parcial’, un intento de nadar y guardar la ropa que tiene algunas ventajas. La más obvia es que puede reclutar más soldados para sus menguadas unidades. Sin duda, ayuda que las penas por negarse a participar en esta guerra ya sean cosa seria. Pero tampoco es la solución. De entrada, el reclutamiento se hará entre los reservistas; es decir, gente que hizo el servicio militar —algunos hace años— y que será llamada a filas.

A mayores, el primer secretario del Partido Comunista ruso, Guennadi Ziugánov, ha hablado de un periodo de entrenamiento de dos semanas. ¿Se imaginan a gente que ha pasado apenas 12 meses de ‘mili’, con experiencia nula en combate y escaso adiestramiento, enviada a combatir a Donets tras 15 días? Un verdadero despropósito que tan solo incrementará las bajas del lado ruso. Pero hay más.

placeholder Vladímir Putin durante una reunión este miércoles. (Sputnik)
Vladímir Putin durante una reunión este miércoles. (Sputnik)

El Ejército ruso ha demostrado diversas carencias —no hablamos ahora del material— fruto de su estructura y doctrina. Una de ellas es que el colectivo de sargentos y suboficiales rusos deja mucho que desear en cuanto a experiencia y liderazgo. Los suboficiales rusos no son profesionales de carrera, sino militares que se hacen profesionales mediante contratos plurianuales. Muchos proceden del propio servicio militar, por lo que no constituyen un respaldo sólido para los oficiales ni son respetados por la tropa.

En Occidente, España es un buen ejemplo. Un suboficial es un militar de carrera, con un mínimo de tres años de academia, bien formado, bien adiestrado y en quien los mandos pueden —y, de hecho, se hace— delegar muchas funciones. Tienen iniciativa y, sobre todo, liderazgo. Pueden afrontar con éxito situaciones difíciles y cuentan con el respeto y reconocimiento de la tropa, algo que se ha demostrado, por ejemplo, en la participación española en misiones internacionales.

Foto: El avión de ataque ruso Sukhoi Su-34. (Reuters/Maxim Shemetov)

Aún queda casi lo peor. La doctrina rusa afectó de manera muy perjudicial a la estructura de sus unidades de combate. Con ello, se redujo el número de efectivos de infantería o fusileros en aras de disponer de unidades tácticas potentes y con gran movilidad, pero basadas en sus medios blindados y en su potencia de fuego. Parecía en su día una alternativa magnífica: se conseguía tener unidades muy potentes, pero ahorrándose la mitad en costes de personal.

Esto ha hecho que las unidades mecanizadas, fieles a su herencia soviética, sean buenas para lograr una ruptura del frente con un masivo apoyo de artillería (como siempre), pero no sirven para ocupar el terreno, pues carecen de infantería suficiente. Esto es lo que les ha ocurrido en Ucrania, con el agravante de que a partir de ahora se van a notar aún más las pérdidas de gran número de expertos y fogueados veteranos, tripulaciones de carros con experiencia o artilleros adiestrados, entre otros. Los van a echar muchísimo de menos y no los podrán reemplazar a corto plazo, por mucha ‘media movilización’ que se haga.

La ‘carta nuclear’

Si la alternativa militar convencional no le está funcionando al Ejército ruso, a Putin ya solo le quedaba en la mano jugar la ‘carta nuclear’. Es la amenaza de siempre y, desde el primer día, no se debía descartar. Para ello, ha buscado la excusa de realizar un referéndum en cada uno de los territorios ocupados. De este modo, cuando salga el sí a la unión con la Federación Rusa, el Kremlin podría justificar ante una escéptica comunidad internacional que, si Ucrania ataca, no le ha quedado más remedio que garantizar la seguridad del territorio ruso. El verdadero problema ya no es que nadie le crea —que igual habría que hacerlo—, sino que nadie está dispuesto a ceder a este nuevo chantaje. Empezando por Ucrania, que ya lo ha dicho explícitamente, y siguiendo por Estados Unidos, a los que se unirían con total seguridad Polonia, las repúblicas bálticas y, detrás, muchos más.

Sería de necios negar que el riesgo de que se apriete el ‘botón rojo’ existe. Rusia cuenta con un arsenal nuclear temible en el que, se estima, al menos hay entre 4.500 y 5.000 ojivas nucleares en estado operativo. No parece probable, pese a las amenazas, que se realicen ataques estratégicos, pero no sería descartable un lanzamiento táctico en suelo ucraniano. Así, Putin podría usar su fuerza de bombarderos estratégicos, además de sus submarinos y misiles balísticos.

placeholder Bombardero Tupolev Tu-22M3. (Dimitri Pichugin)
Bombardero Tupolev Tu-22M3. (Dimitri Pichugin)

Los bombarderos Tupolev Tu-95, Tupolev Tu-160M y Tupolev Tu-22M han estado muy activos durante todo lo que llevamos de guerra. Se ha hablado poco de ellos, pero han realizado numerosos ataques a objetivos dentro del territorio ucraniano. Todos son aviones muy grandes, pero las versiones en servicio de los Tu-95 y Tu-160 no pueden lanzar armamento no guiado y solo están capacitadas para utilizar misiles. Esto, unido a la escasez de misiles guiados, puede ser uno de los motivos de que no se hayan utilizado tanto como a los propios rusos les hubiera gustado.

Los primeros son aparatos turbohélice y están en servicio desde 1956, pero no han cesado de recibir modernizaciones. En la actualidad, la versión más importante es la MS, en servicio desde 1981, de los que hay 42 en activo. El Tu-95 tiene más de 50 metros de envergadura, propulsado por cuatro motores turbohélice Kuznetsov NK-12M que mueven cada uno dos hélices contrarrotatorias. Con 15.000 CV cada uno, son los turbohélices más potentes jamás construidos, lo que permite que el Tu-95 alcance los 959 km/h, siendo el avión turbohélice más rápido del mundo. Su armamento está formado por misiles de crucero Kh-101 Raduga o, en papel nuclear, los Kh-102.

placeholder Tupolev Tu-95 MS en vuelo. (Serguéi Krivchikov)
Tupolev Tu-95 MS en vuelo. (Serguéi Krivchikov)

El Tu-160 Blackjack, en denominación OTAN, es un modelo también con sus años, pero muy modernizado y de buenas prestaciones, aunque tan solo hay 16 en activo. Es un avión supersónico y a velocidades subsónicas tiene un radio de acción de más de 7.000 km. Podría llevar 12 de los peligrosos misiles Kh-15.

Por su parte, el Tupolev Tu-22M es un bombardero que lleva volando desde principios de los años setenta. Tiene capacidad de atacar a grandes distancias, gracias a su radio de acción de 2.500 km, y puede llevar hasta 10 toneladas de bombas o misiles. Disponen de una fuerza de 66 aviones, la mayoría de las versiones M3, MR y unos pocos, puede que tan solo un puñado, de los más modernos M3 modernizado y M3M. Además, utilizan varios tipos de armas, pero en el rol de ataque nuclear lanzarían sus misiles Kh-15 con 1.200 kg de peso, 300 km de alcance y cabeza nuclear.

¿Y el armamento moderno y sofisticado?

Putin hizo mucho énfasis en la utilización de armamento muy moderno y sofisticado. La verdad es que salvo en el discurso, algunas pruebas de misiles y algunos ataques reales con muchas dudas, poco más se ha visto. Es verdad que los rusos están desarrollando un nuevo misil del tipo ICBM que reemplazaría los célebres Satán. Se trata de un misil balístico intercontinental denominado RS-28 Sarmat, que ha sido bautizado en Occidente como Satán II, al ser el sucesor del R-36M Satán I.

El RS-28 promete unas capacidades muy novedosas y, sobre el papel, preocupantes. Podría llevar 10 ojivas de las grandes y hasta 15 de menor tamaño, lo que supone una mayor versatilidad frente a las 10 que podía llevar su antecesor. También puede incorporar señuelos, que generan un eco de radar equivalente al de las ojivas reales y dificultan su interceptación, además de otras novedades como utilizar vehículos de planeo hipersónico o poder despegar con una fase de impulso corta. De momento, lo único cierto de todo eso es una primera prueba que se realizó el 20 de abril y en la que se apreciaba que aún le faltaba mucho camino por recorrer.

placeholder Misil ICBM Topol-M. (Vitaly Kuzmin)
Misil ICBM Topol-M. (Vitaly Kuzmin)

También está el famoso misil hipersónico Kh-47M2 Kinzhal, una de esas armas ‘definitivas’ de las que tanto gusta alardear a Putin. El ataque se habría producido al oeste de Ucrania, pero había bastantes dudas a su alrededor. Se han vuelto a producir ataques con estos misiles, pero no está nada claro si el ingenio hipersónico ha dado de sí lo que se anuncia; es decir, velocidades elevadas. Aunque el Kinzhal es una realidad y se han visto imágenes a bordo de aviones MiG-31, en el fondo es un misil Iskander modificado que precisa ser lanzado a gran altura y velocidad.

En definitiva, el panorama es sombrío para todos. El presidente ruso se puede ver contra las cuerdas y esto, sabiendo su pasado y su carácter, no presagia nada bueno. Que opte por una huida hacia adelante es una posibilidad, quizás algo más cercana desde este último discurso. También es cierto que, cuando alguien avisa de que no va de farol, está diciendo que otras veces sí lo ha hecho. Desde luego, lo que sí parece que se aleja es una solución pronta del conflicto.

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Vladímir Putin, en un discurso en parte esperado, ha anunciado una movilización parcial y unos referéndums, pero, sobre todo, ha amenazado con su arsenal nuclear y su ‘moderna’ tecnología. Tras el fulgurante ataque en el área de Járkov, los avances de las tropas de Kiev han obligado a los rusos, que ya han perdido la iniciativa, a mover ficha. Ya no se trata tan solo de apuntalar un frente en precario. La pregunta que todos nos hacemos ahora es si sus palabras son creíbles o si, más bien, se trata de una nueva e improvisada huida hacia delante.

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