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La mayor crisis del 'streaming' no era Netflix: si todos usan Spotify, ¿por qué solo pierde dinero?
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La mayor crisis del 'streaming' no era Netflix: si todos usan Spotify, ¿por qué solo pierde dinero?

Mientras que los usuarios de la plataforma de cine y series sigue cayendo, Spotify ha resistido aumentando ingresos y clientes por encima de las previsiones. El problema es que eso no le vale de nada

Foto: El CEO de Spotify, Daniel Ek. (Getty/Michael Loccisano)
El CEO de Spotify, Daniel Ek. (Getty/Michael Loccisano)
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La crisis del 'streaming' lleva semanas en boca de todos, por culpa de Netflix. Pero el debate se ha centrado exclusivamente en las plataformas de películas y series. ¿Qué ocurre con Spotify y las apps que ofrecen barra libre de forma similar? Pues la situación parece radicalmente distinta. Aquí no hay sangrías en el número de suscriptores que pongan a toda una industria en pie. La reina de la música 'online' ha conseguido ser indemne a la crisis que asola al sector tecnológico, marcada por la subida de tipos de interés y la guerra de Ucrania. La firma ha aumentado un 3% sus usuarios de pago y un 22% los gratuitos en el último trimestre. En total, son 433 millones, un 19% más que los que tenía hace un año, lo que provocó que la firma se disparase un 15% en bolsa al instante de publicar el dato, ya que había reventado las previsiones y el crecimiento de altas no se había estancado como muchos temían. El problema es cuando uno se fija en la cara B. Mientras Netflix cae en usuarios pero aumenta en beneficios, la app musical hace justo lo contrario: engorda su parroquia, pero sus números se tiñen aún más de rojo.

El verdadero problema de Spotify es que más que un modelo, más bien es una máquina de perder dinero. Pese a haber conseguido aumentar los ingresos publicitarios en un 31% interanual —pocos pueden decir lo mismo—, Spotify ha perdido 197 millones de dólares entre abril y junio, seis veces más que en el mismo ejercicio del año pasado. Lo raro hubiera sido que ganara dinero, algo que ha conseguido muy pocas veces y con cifras demasiado tímidas como para compensar mínimamente las pérdidas acumuladas. Como prueba, está el hecho de que se viera como buena noticia que 'solo' perdiera 34 millones en 2021, y eso que era un contexto de auge de este tipo de negocios. En lo que va de año, por cierto, se ha dejado la mitad de su valor en bolsa, aun contando el repunte de estos días.

Foto: Neil Young, durante un concierto en Washington en 2015. (Reuters/Joshua Roberts)

Ahora es el momento de la pregunta que muchos se hacen: ¿cómo es posible tener tales cifras y seguir en estas? La clave para entenderlo es que buena parte de los ingresos de Spotify acaban en manos de los propietarios de los derechos de autor de las canciones, que suelen ser las editoriales de las discográficas. Esas regalías nunca tuvieron una actualización al mundo del 'streaming', sino que siguen siendo las mismas que cuando los contratos se firmaban para un lanzamiento en formato físico. Es lo que también explica buena parte de las críticas de muchos músicos, que exigen unos pagos mayores frente a unas tarifas que consideran raquíticas. De cualquier modo, es una cuestión que, si bien sale a flote de vez en cuando, no parece que haya supuesto grandes problemas por ahora a la empresa.

Todo esto deja claro que, pese a haberle llevado a lo más alto, la música se ha convertido en un lastre para ellos. De hecho, en el último trimestre los ingresos crecieron un 22,9%, pero los pagos por derechos de autor se dispararon un 29,5%. El problema es que la apuesta de la firma para salir de ese callejón no está saliendo tan bien como esperaban.

La huida hacia delante de los pódcast

Spotify comenzó a cotizar en la Bolsa de Nueva York en abril de 2018, coincidiendo con su décimo aniversario. Ya entonces, los problemas de la compañía para hacer dinero eran más que evidentes y su valor fue cayendo con el paso de los meses. Ahí fue cuando el cofundador y CEO, Daniel Ek, decidió dar un golpe de timón con un artículo titulado 'Audio First'. "Cuando lanzamos Spotify en 2008, no sabíamos que el futuro sería el audio y no solo la música", escribió antes de anunciar un importante cambio respecto a los contenidos que iba a ofrecer la empresa. Ya no sería solo música, sino que iba a entrar de lleno en el sector de los pódcast.

La jugada estaba más que clara: no compartir ingresos con la industria musical, donde se estima que las tres grandes discográficas —Sony, Warner y Universal— controlan en torno a tres cuartas partes del mercado mundial. Desde aquel momento, la inversión en pódcast ha sido colosal, superando los 1.000 millones de dólares. No solo era diversificar un negocio en el que cada vez apretaban más rivales tan fuertes como Apple o Amazon —no se sabe lo cerca que están, porque desde 2019 no dan resultados—, sino también diversificar los ingresos entrando a un nuevo mercado publicitario. Y es que cuando se recibe dinero por dos negocios tan dispares, también llegan los problemas de cada uno.

placeholder El debut de Spotify en la Bolsa de Nueva York en abril de 2018. (EFE/Justin Lane)
El debut de Spotify en la Bolsa de Nueva York en abril de 2018. (EFE/Justin Lane)

Con este giro, Spotify pasaba a ser una suerte de medio de comunicación, algo que la metió de lleno en el mismo lodazal que Facebook, Twitter o YouTube. Es decir, plataformas abiertas a todo el mundo en las que los debates políticos o ideológicos tienen lugar y donde los límites sobre qué se puede publicar en ellas no están del todo claros. No tardaron en descubrirlo.

Su apuesta por el pódcast no suponía alojar únicamente a todo aquel que quisiera estar, sino también producir programas propios y fichajes estelares. El principal fue el del polémico Joe Rogan, al que tienen en exclusividad tras haberle pagado 200 millones. El pasado enero provocó uno de los mayores terremotos de la historia de la compañía. Neil Young mandó una carta a Spotify diciendo que no quería estar en la misma plataforma que un locutor que había sido señalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por sus opiniones sobre la vacuna del covid. Spotify se quedó con el locutor que, además de haberle costado un dineral, tiene toda una legión de seguidores.

Por qué dejarías Netflix pero no Spotify

El otro gran problema que supone el giro al pódcast es la exclusividad, que la aproxima al mismo modelo de las plataformas de cine y series como Netflix o HBO. En el mundo de la música, el 'streaming' ha funcionado casi desde el inicio ofreciendo todo el catálogo de las discográficas. Al principio, bandas como AC/DC o Pink Floyd se negaron a estar presentes en Spotify, pero al final acabaron pasando por el aro.

Hoy no es que se pueda encontrar toda la música publicada a lo largo de la historia —además, sería imposible—, pero sí una parte sustancial que hace que el usuario medio quede más que satisfecho. Los más melómanos seguramente tengan que complementar con alguna otra opción, como los discos físicos o YouTube, pero aun así el servicio es lo suficientemente atractivo para ellos. Por otro lado, el trasvase entre plataformas de música no es tan marcado, porque ofrecen prácticamente lo mismo. Además, ¿quién quiere irse a otro sitio muy parecido y perder todas sus playlists?

Foto: Neil Young, durante un concierto en Washington en 2015. (Reuters/Joshua Roberts)

Todo eso no ocurre en el audiovisual, donde cada plataforma ofrece un catálogo que va variando mensual o, incluso, semanalmente. En cambio, el precio de cada uno de estos servicios, eso sí, suele ser similar al de las aplicaciones de música. Es lo que hace que un usuario puede apañarse con una única cuenta para escuchar todas las canciones que quiera, pero no puede hacer lo mismo con películas y series, para lo que necesita suscribirse a varios servicios. Mientras Netflix era la única con músculo suficiente para ocupar ese lugar, la aparición de competidores como HBO, Amazon o Disney ha hecho que ya no sea la opción predilecta para muchos.

Pero eso puede cambiar. En los pódcast, donde Spotify aloja cuatro millones de episodios, pasa algo parecido. Spotify tenía un acuerdo de exclusividad con el matrimonio Obama, que ahora ha decidido salir de la plataforma para pasarse a Audible, de Amazon. Lo mismo ha ocurrido con Reply All, uno de los programas más importantes, cuyos presentadores han dejado la plataforma. Además, también estaría la duda de si el público está realmente dispuesto a pagar por escuchar pódcast. Aun con todo, la firma ha asegurado que seguirá apostando por este formato y, también, por los audiolibros. Seguramente no le quede otra que huir hacia adelante.

La crisis del 'streaming' lleva semanas en boca de todos, por culpa de Netflix. Pero el debate se ha centrado exclusivamente en las plataformas de películas y series. ¿Qué ocurre con Spotify y las apps que ofrecen barra libre de forma similar? Pues la situación parece radicalmente distinta. Aquí no hay sangrías en el número de suscriptores que pongan a toda una industria en pie. La reina de la música 'online' ha conseguido ser indemne a la crisis que asola al sector tecnológico, marcada por la subida de tipos de interés y la guerra de Ucrania. La firma ha aumentado un 3% sus usuarios de pago y un 22% los gratuitos en el último trimestre. En total, son 433 millones, un 19% más que los que tenía hace un año, lo que provocó que la firma se disparase un 15% en bolsa al instante de publicar el dato, ya que había reventado las previsiones y el crecimiento de altas no se había estancado como muchos temían. El problema es cuando uno se fija en la cara B. Mientras Netflix cae en usuarios pero aumenta en beneficios, la app musical hace justo lo contrario: engorda su parroquia, pero sus números se tiñen aún más de rojo.

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