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La guerra en Ucrania destapa el gran agujero de las 'big tech': la eliminación secreta de contenido
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UNA DECISIÓN "SIN PRECEDENTES"

La guerra en Ucrania destapa el gran agujero de las 'big tech': la eliminación secreta de contenido

YouTube asegura haber borrado 70.000 vídeos relacionados con el conflicto por distintas razones. En algunos casos, ha servido para poner coto a la desinformación, pero también puede impedir que se investiguen crímenes de guerra

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin, durante una videoconferencia. (Sputnik)
El presidente ruso, Vladímir Putin, durante una videoconferencia. (Sputnik)
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70.000 vídeos y 9.000 canales relacionados con la guerra de Ucrania han desaparecido de YouTube. No es nada misterioso. Los ha borrado la propia plataforma, amparándose en el incumplimiento de sus normas de uso, algo que no había ocurrido nunca antes de forma tan masiva. La noticia, adelantada por ‘The Guardian’, reabre una encrucijada casi imposible de resolver para las grandes plataformas tecnológicas, a las que se les exige que moderen contenidos de acuerdo a criterios como la verdad o la ley, cuando lo cierto es que son empresas privadas que actúan como juez y parte. En esta ocasión, el asunto es aún más enrevesado, ya que eliminar material en estas cantidades puede dar al traste con un valiosísimo material para investigar crímenes.

Foto: (Reuters)

El criterio para borrar todas esas imágenes ha pasado por cuestiones como el alineamiento con los postulados del Kremlin —algunos vídeos se referían a la invasión como “misión de liberación”—, el fomento de la violencia o las mentiras y la desinformación. "Tenemos una política para abordar los acontecimientos violentos importantes y se aplica a cuestiones como el negacionismo, sea del Holocausto o de [la matanza en el colegio] Sandy Hook. Por supuesto, lo que está ocurriendo en Ucrania entra en esa definición, así que hemos utilizado esa política para tomar medidas sin precedentes", ha explicado el jefe de producto de YouTube, Neal Mohan, al diario británico. "Queremos asegurarnos de que las personas que buscan información sobre este acontecimiento puedan obtener información precisa, de alta calidad y creíble".

"Es un problema para la investigación"

A priori, puede parecer positivo que se haya tomado una decisión de este calibre, pero eso solo es una parte. Aun tratándose de mera propaganda, la utilidad de esos vídeos puede ser crucial para esclarecer determinados hechos. Así, una de las principales afectadas por la eliminación de este contenido de YouTube es la llamada inteligencia de fuentes abiertas (Osint, por sus siglas en inglés), una rama de investigación que trata de aprovechar toda la información pública que hay en internet para ponerla en común y aclarar o revelar determinados aspectos sobre cuestiones, generalmente, geopolíticas o militares.

En este sentido, cabe recordar que YouTube es una plataforma bastante popular en Rusia, donde más de un 60% de la población la usa habitualmente. Su penetración es tal que ni siquiera el Kremlin se ha atrevido a expulsarles del país, como sí ha hecho con Facebook, pese a que da cabida a opositores y ha bloqueado los canales de instituciones gubernamentales. "No tenemos previsto cerrar YouTube", ha asegurado Maksut Shadaev, ministro ruso de Desarrollo Digital y Comunicaciones. "Cuando restringimos algo, debemos entender claramente que nuestros usuarios no sufrirán". Aunque sus servicios siguen operativos, también es cierto que la incautación de las cuentas de Google por parte del Gobierno les ha forzado a cerrar sus oficinas en el territorio.

placeholder Vladímir Putin. (Sputnik)
Vladímir Putin. (Sputnik)

"Los vídeos y las imágenes aportan muchísima información que se puede utilizar con muchos propósitos, como geolocalizar un ataque y analizar el armamento con el que se ha llevado a cabo o desmontar mentiras", cuenta Vicente Aguilera, experto en ciberinteligencia de la empresa Internet Security Auditors. Hoy en día, los analistas de inteligencia estiman que un 80% de los datos que manejan proceden de fuentes abiertas, algo que también supone que sean gratuitos o muy baratos. El 20% restante, que suele ser el que aporta claves cruciales, sigue consiguiéndose a través de métodos más tradicionales, como los confidentes.

De hecho, hasta la pura propaganda puede ser aprovechable. "Al principio de la guerra, circuló mucho un vídeo donde aparecía un soldado ruso al que le acababan de amputar las piernas. Si lo analizabas, se veía que tenía unas prótesis, por lo que aquello tenía que haber sido anterior a la invasión y, por tanto, falso", ejemplifica Aguilera, que reconoce que el hecho de que se limite la información disponible "es un problema para la investigación". Ahí está el caso de medios como BellingCat, un medio referente en inteligencia de fuentes abiertas, que ahora ha visto cómo se desvanece un suculento objeto de estudio.

El gran dilema de las plataformas

El anuncio de YouTube ha tenido lugar poco después de comenzar los juicios por la guerraun soldado ruso ha sido condenado a cadena perpetua este lunes—, un momento en el que ese contenido podría ser de utilidad. Es imposible determinar si realmente lo es, ya que la plataforma de Google no ha ofrecido ni un mínimo desglose de qué vídeos han decidido suprimir. Eso implica que si, por ejemplo, un juez investiga un caso concreto, no pueda saber qué material requerir a esta red social.

placeholder Usuarios en TikTok suben vídeos sobre la invasión de Ucrania.
Usuarios en TikTok suben vídeos sobre la invasión de Ucrania.

"Si los criterios estuvieran claros, el impacto para nosotros sería menor, pero seguiría existiendo", comenta Aguilera, que enfatiza que "tal volumen de contenido eliminado es difícil de justificar, porque la cuestión también está en el cómo, ya que seguramente lo hagan de forma automatizada". "Están acabando con contenido que sería útil para la investigación de crímenes de guerra o actos violentos susceptibles de ir a juicio", lamenta.

Es aquí donde aparece el gran dilema de estas plataformas, que no toman estas decisiones por gusto, sino por presión social o gubernamental. Una vez convertidas en un espacio público de debate —o, como le gusta decir a Elon Musk sobre Twitter, “la plaza del pueblo digital”—, casi todo el mundo les exige algún tipo de regulación de los contenidos. Sin ir más lejos, la red social del pájaro azul ha tomado cartas en el conflicto en Ucrania, al igual que han hecho todas las redes de Meta (Facebook, Instagram y WhatsApp) antes de ser expulsadas del país. También ha habido quien ha dejado más barra libre, como la china TikTok, que se convirtió en un campo de batalla desde el primer minuto y, en consecuencia, ha acabado siendo un lodazal.

Foto: El presidente Rusia, Vladimir Putin. (Reuters/Sputnik)

Todo gira en torno a una cuestión: ¿dónde poner los límites? Hay quien considera que la ley es la mejor frontera, pero también quien quiere que estas empresas vayan más allá de lo estrictamente legal. Es algo que plantea serias dudas sobre los límites de la libertad de expresión, porque pasarse de la raya lo puede agravar todo. En este sentido, la eliminación de una publicación no tiene por qué ser lo más preocupante, ya que los algoritmos —totalmente opacos— de las redes pueden reducir la circulación de determinados contenidos sin que nadie se entere. De hecho, muchos usuarios tienen una paranoia constante con esta situación, lo que se conoce como 'shadowbanning', pues piensan que la red social restringe sus 'posts' constantemente.

En definitiva, un laberinto inmenso para el que nadie ha encontrado una salida y donde cada paso que se dé acaba enrevesándolo todo, pero donde también hay algo que es ineludible. "Son empresas privadas que han acumulado un poder enorme y ahora mismo tienen la sartén por el mango", recuerda Aguilera. "Es difícil hacer algo ante eso. Al menos, hasta que haya otra autoridad".

70.000 vídeos y 9.000 canales relacionados con la guerra de Ucrania han desaparecido de YouTube. No es nada misterioso. Los ha borrado la propia plataforma, amparándose en el incumplimiento de sus normas de uso, algo que no había ocurrido nunca antes de forma tan masiva. La noticia, adelantada por ‘The Guardian’, reabre una encrucijada casi imposible de resolver para las grandes plataformas tecnológicas, a las que se les exige que moderen contenidos de acuerdo a criterios como la verdad o la ley, cuando lo cierto es que son empresas privadas que actúan como juez y parte. En esta ocasión, el asunto es aún más enrevesado, ya que eliminar material en estas cantidades puede dar al traste con un valiosísimo material para investigar crímenes.

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