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Las verdaderas intenciones de Elon Musk con su compra de Twitter: los 'bots' son una excusa
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POR QUÉ TODOS HABLAN DE ESTA MIERDA

Las verdaderas intenciones de Elon Musk con su compra de Twitter: los 'bots' son una excusa

Tras acusar a la red social de ocultar su porcentaje de cuentas falsas, el hombre más rico del mundo ha paralizado la adquisición. La realidad es que es un asunto que no le preocupó cuando firmó el acuerdo, pero ahora busca una rebaja

Foto: Elon Musk, en una imagen reciente. (Reuters/Andrew Kelly)
Elon Musk, en una imagen reciente. (Reuters/Andrew Kelly)

Cuentas falsas, libertad de expresión, algoritmo de código abierto… Desde aquel 1 de abril en el que se convirtió (por sorpresa) en el máximo accionista de Twitter, Elon Musk ha ido calentando la situación con sus declaraciones sobre la red social. El penúltimo episodio ha sido paralizar la adquisición hasta que no sepa cuántas cuentas falsas hay realmente en la plataforma. ¿Por qué no se preocupó por ese 'detalle' antes de ofrecer 44.000 millones de dólares? En su momento, aseguró que no le importaba la economía, sino la democracia. Ahora ya ha reconocido que el precio de Twitter “no está fuera” de todo este embrollo, que empezó hace ya 45 días y amenaza con enfangarse aún más.

En este tiempo se ha visto un poco de todo, pero fue el pasado viernes cuando de verdad saltaron las alarmas. El fundador de Tesla y SpaceX comunicó con un tuit que la operación había entrado en ‘standby’ hasta que no supiera la proporción exacta de cuentas falsas en Twitter. Básicamente, la plataforma estima que representan “menos del 5%”, pero él dice que miente y que esa cantidad está cerca del 20%. En el equipo directivo de la red social han intentado mantener la diplomacia. Así, el presidente, Bret Taylor, se ha limitado a tuitear "seguimos comprometidos con nuestro acuerdo", mientras que el director ejecutivo, Parag Agrawal, hizo un hilo para explicar algunos cambios internos. "Si bien espero que se cierre el trato, debemos estar preparados para todos los escenarios y siempre hacer lo correcto para Twitter", deslizó.

Foto: Elon Musk. Foto: Andrew Kelly. (Reuters)

Después, viendo que el multimillonario seguía en las mismas, se animó a hacer un hilo para explicar y contextualizar sus quejas. Así, aseguraba que borran medio millón de cuentas falsas cada mes, pero también que su cálculo "se basa en múltiples revisiones humanas de miles de cuentas, que se muestrean al azar, de forma consistente en el tiempo, de cuentas que contamos como activas".

En cualquier otra situación, esas declaraciones podrían haber servido para echar algo de agua al fuego, pero aquí está Musk al otro lado, rompiendo los moldes de las negociaciones al más puro estilo Donald Trump. Su respuesta, que ya es historia de las redes sociales, acabó siendo un chorro de gasolina sobre la hoguera: tan solo un 'emoji' de una mierda con ojos y boca.

En realidad, lo más grave vino unos minutos después, cuando puso en entredicho el propio negocio publicitario de Twitter. "Entonces, ¿cómo saben los anunciantes lo que obtienen por su dinero? Esto es fundamental para la salud financiera de Twitter", tuiteó. "Esperemos que la mafia no esté tomando notas" del libro de jugadas de Musk sobre "el poder de un megáfono en las redes sociales", han ironizado en el medio especializado 'TechCrunch'.

Musk quiere rebajas, pero lo tiene complicado

La táctica de Musk parece clara: levantar sospechas alrededor de la maltrecha imagen de Twitter para conseguir una rebaja en su precio. Eso era una sospecha hasta que Bloomberg reveló que el dinero sí que importaba en todo esto. Así, durante un encuentro privado con inversores, el multimillonario explicó que la cantidad acordada "no estaba fuera" del parón en la compra.

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"Es un error grave y adverso si han estado afirmando falsamente que tienen menos de un 5% de 'bots', pero es cuatro o 10 veces esa cantidad. Si compro una casa con un 5% de termitas es aceptable, pero con un 90% de termitas no tienes casa", clarificó el propio empresario durante una entrevista este martes. Lo chocante es que rechazó hacer cualquier tipo de diligencias antes de realizar la que, según dijo, era su "mejor y última oferta". "Musk no pidió entrar en un acuerdo de confidencialidad ni pidió ninguna información no pública con respecto a Twitter", ha explicado la propia firma en una declaración para inversores.

No es el único aspecto que se puede enturbiar para el multimillonario. Por ejemplo, el tuit en el que anunciaba el freno de la compra —publicado el viernes— no apareció en los documentos de la Comisión de Bolsa y Valores de EEUU (SEC, por sus siglas en inglés) hasta el lunes. “Si Musk está opinando en una reunión privada sobre un acuerdo que ha negociado, dando a entender que está interesado en cambios en dicho acuerdo, eso no es dar a todos los inversores el mismo acceso a la información”, han comentado en ‘The Information’, donde consideran probable que envíe nuevos datos sobre su posición en las próximas horas. Esto podría agravar el hecho de que empezara a comprar acciones de la red social mucho antes de decirlo públicamente.

El empresario, además, firmó una cláusula de no descrédito en su acuerdo inicial. Según fuentes de Reuters, en Twitter consideran que ya lo ha incumplido, pero no han tomado medidas porque consideran que es un 'troleo' y solo lo harían en caso de que no se efectuara la compra. De acuerdo con este medio, el silencio de la compañía sería una forma de “bloquear el ruido”, ya que el equipo de Musk ha seguido trabajando con ellos.

La jugada del descrédito ha tenido efectos en bolsa, pero no todos han sido los esperados. Las acciones de Twitter llevaban tiempo en caída, pero el interés de Musk disparó el precio de la acción desde los 37 a los 50 euros. Desde entonces, fueron bajando tímidamente hasta que este nuevo giro de guion las ha empujado al abismo. Esa es la parte que quería el empresario, pero hay otra arista crucial en todo esto: ¿qué pasa con Tesla?

A los accionistas de la firma de coches eléctricos no les ha hecho ninguna gracia que su presidente y fundador vaya a andar distraído en un lodazal de las proporciones de Twitter. En concreto, su cotización ha bajado cerca del 30% desde comienzos de abril. Por ahora, no parece que la paralización de la compra les haya convencido mucho, ya que los títulos siguen bajando, algo que podría complicar todo un poco más. Pese a ser el hombre más rico del mundo, apenas tiene efectivo, por lo que tuvo que pedir un crédito y poner de aval sus acciones de Tesla. Con este mecanismo, si esta firma pierde un 40% de su valor, él tiene que empezar a afrontar los pagos.

De qué hablamos cuando hablamos de 'bots'

Pero ¿es tan complicado para una red social saber cuántos usuarios falsos tiene? "Mi oferta se basaba en que los archivos de Twitter en la SEC fueran precisos. Ayer, el CEO de Twitter se negó públicamente a mostrar pruebas. Este acuerdo no puede avanzar hasta que él lo haga", ha tuiteado Musk este martes. Marcelino Madrigal, especialista en redes sociales, explica que "es algo que se puede establecer con indicios altos si tienes todos los datos en la mano, porque los comportamientos automatizados y coordinados son evidentes: si los investigadores independientes podemos analizar esos movimientos, ellos pueden hacer muchísimo más".

De este modo, el problema es más bien a qué se refiere con cuentas falsas, "porque es muy distinto el 'spam' de los 'bots' o de una cuenta anónima, que puede llevarla una persona con un seudónimo y una foto de un dibujo animado". De este modo, habría que definir antes qué se quiere prohibir y por qué. "La tendencia hoy es utilizar menos cuentas automatizadas y usar lo que se conoce como 'cyborgs', que son semiautomatizadas; es decir, con una persona detrás", recuerda.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Madrigal añade otro aspecto relevante en esta red social: las cuentas abandonadas. Se trata de perfiles que dejaron de ser activos en algún momento, pero no fueron eliminados ni desactivados. En los inicios de la plataforma, indica, "era habitual el uso de aplicaciones que les prometían un contador de visitas y ese tipo de cosas, que solían pedir permiso para publicar y eliminar tuits". "Ahora se ven muchas cuentas antiguas que no tienen tuits anteriores y tan pronto comentan criptomonedas como un 'reality show'. En ese sentido, Twitter es una red en decadencia".

Para este experto, "los problemas reales que tiene son la desinformación y el discurso del odio, pero no habla de esa cuestión, sino de que sea más 'libre', en el sentido que él tiene de libertad". "El odio y la desinformación hay veces que están guiados por 'bots', pero otras también por personas", expone antes de recalcar que "hoy es más fácil que te bloqueen por 'spam' que por insultos".

Si bien las cuentas falsas han sido el motivo que Musk ha esgrimido para echar el freno en la compra, tampoco es lo único que ha puesto en entredicho estos días. Así, ha asegurado que había una supuesta forma de evitar que Twitter controlase las publicaciones que ve cada usuario. “Estás siendo manipulado por el algoritmo de un modo que no te das cuenta”, tuiteó el domingo. Eso provocó la respuesta de Jack Dorsey, fundador de la red del pájaro azul, que le explicó que "simplemente fue diseñada para que ahorres tiempo cuando estás un rato fue de la 'app'; si actualizas, se vuelve al orden cronológico inverso".

Lo curioso de esa conversación es que Dorsey es muy cercano al también consejero delegado de Tesla. De hecho, según han publicado varios medios, fue quien le convenció de que hiciera la compra y, en cualquier caso, ya le ha bendecido públicamente como hombre fuerte de la red. "El acuerdo Musk-Twitter estará vigente mientras Jack Dorsey no diga nada negativo sobre él. Ambos están colaborando y Dorsey ha estado dando información a Musk sobre dónde están enterrados los cuerpos", ha expresado el inversor y analista Dave Troy.

Sea como sea, las palabras de Musk de la última semana muestran a alguien que ha comprometido 44.000 millones de dólares para adquirir una plataforma que, tal y como ha dicho, está llena de cuentas falsas, no tiene un negocio publicitario sólido y cuenta con algoritmos que manipulan a sus usuarios. Es una opinión que seguramente compartan muchos usuarios y expertos. Por eso mismo, nadie se explica por qué ha querido hacerse con Twitter. Ahí es donde aparece una opción más allá de la rebaja y los 'bots': buscar motivos para echarse atrás, algo que le podría costar 1.000 millones de dólares, según lo establecido en el acuerdo. Una aventura caprichosa en la que se habría dejado el 0,4% de su patrimonio. Si uno lo compara con el dinero que tiene en su cuenta del banco, quizá no sea tanto.

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Cuentas falsas, libertad de expresión, algoritmo de código abierto… Desde aquel 1 de abril en el que se convirtió (por sorpresa) en el máximo accionista de Twitter, Elon Musk ha ido calentando la situación con sus declaraciones sobre la red social. El penúltimo episodio ha sido paralizar la adquisición hasta que no sepa cuántas cuentas falsas hay realmente en la plataforma. ¿Por qué no se preocupó por ese 'detalle' antes de ofrecer 44.000 millones de dólares? En su momento, aseguró que no le importaba la economía, sino la democracia. Ahora ya ha reconocido que el precio de Twitter “no está fuera” de todo este embrollo, que empezó hace ya 45 días y amenaza con enfangarse aún más.

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