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Los nuevos 'esclavos' de internet: cientos de horas en directo a cambio de una taza
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"ES RASTRERO"

Los nuevos 'esclavos' de internet: cientos de horas en directo a cambio de una taza

Cada nueva decisión de Twitch desata el cabreo de los 'streamers', que ven cómo cada vez les piden más a cambio de (casi) nada. Es el enésimo caso en que una red social de éxito aprovecha el momento para exprimir a los creadores

Foto: La convención E3, en Los Ángeles. (Getty/David McNew)
La convención E3, en Los Ángeles. (Getty/David McNew)

Twitch sigue saltando de polémica en polémica, y todas cabrean cada vez más a quienes se dedican a crear contenido en la plataforma de Amazon. Ahora han lanzado Subchallenge en España, un reto que consiste en conseguir un determinado número suscriptores de pago durante las dos próximas semanas a cambio de regalos. La iniciativa ya se ha hecho varias veces en Estados Unidos, aunque las recompensas marcan la diferencia. Por ejemplo, conseguir 250 abonados a cambio de un gorro de 'merchandising' y un vale de 20 euros en Amazon. Se trata del enésimo caso en el que las redes sociales lanzan una iniciativa para que los creadores produzcan más sin que eso tenga un retorno sustancial, así que el cabreo es generalizado y muchos ya hacen paralelismos: Twitch está siguiendo el mismo camino que YouTube e Instagram está haciendo lo propio con el de Facebook.

"Este tipo de dinámicas son un insulto para los 'streamers'; nos incentivan con nada y no ponen ninguna ayuda", lamenta DayoScript, que cuenta con algo más de 400 usuarios de pago y 145.000 seguidores en su canal de Twitch. Los regalos son para solo 150 personas que, además, tienen que estar en su programa de 'partners'. "No hay valor, ni infraestructura ni nada, y encima lo ponen con plazas limitadas, como si tuviéramos la suerte de participar en un evento donde consigues un gorro por 250 suscripciones", dice, pues esa cifra de usuarios de pago supone unos ingresos mensuales de 1.000 euros a repartir a partes iguales entre el dueño del canal y la compañía. "Es rastrero".

Foto: Ramón García con Ibai Llanos. (Twitch).

De cualquier modo, 250 abonados es el umbral más bajo para llevarse uno de estos premios. A partir de ahí, hay varios niveles hasta alcanzar la cifra de 5.500 usuarios de pago (unos 22.000 euros al mes). Si se logra, la recompensa es un pack con varios objetos de 'merchandising' (gorro, bolsa de deporte, vaso y botella de agua), un "cable compatible con PC", un vale de 50 euros en Amazon y unas Oculus Quest 2, valoradas en unos 350 euros. Eso sí, es una cantidad inalcanzable para la mayoría. Para poner la cifra en contexto, basta recordar que algo así supondría crecer un 10% para las estrellas de la plataforma, como Ibai o AuronPlay. Además, hay quien teniendo una repercusión considerable tampoco lo ha visto con buenos ojos. "Es una buena idea mal ejecutada, como todo lo que hacen últimamente", ha explicado Knekro, un 'streamer' con 800.000 seguidores (7.000 de pago) y que, tal y como ha comentado en un directo, se ha negado a participar en la iniciativa.

Muchos contraponen lo Subchallenge a Subtemer, una campaña que tiene lugar cada septiembre y que consiste en bajar los precios sin que afecte a lo que cobra el creador. "Ahí sí suele haber un crecimiento, pero esto es darnos las sobras y esperar que demos las gracias", continúa DayoScript. No obstante, el último Subtemer ya estuvo cargado de polémica, ya que fue acompañado de la bajada de tarifas en un 20%, otro de los charcos que ha pisado la filial de Amazon últimamente.

placeholder Foto: Reuters/Mike Blake.
Foto: Reuters/Mike Blake.

El dopaje del éxito y los directivos que huyen

"Dijeron que era una forma de que cobráramos más, pero sabíamos que era mentira: se hizo para pagarnos menos y generar lo mismo o más", critica Zunk, que reconoce "partiendo de esa premisa, todo el mundo tiene la mosca detrás de la oreja todo el tiempo", añade el 'streamer' que cuenta con algo más de 600 abonados. Por ejemplo, hace un par de meses Twitch anunció una especie de 'tarifa plana' para que quienes se dedican a hacer directos aumentaran sus ingresos a cambio de mostrar varios anuncios por hora, algo muy cercano a la televisión tradicional.

En el trasfondo de todos estos movimientos está la búsqueda de rentabilidad, algo estrechamente relacionado con que su éxito ha tenido algo de dopaje. Esto se debe a que la suscripción de Amazon Prime —que tiene un coste de 4,99 euros al mes y también ofrece el servicio de paquetería prémium y la plataforma de películas y series— permite abonarse a un creador sin ningún coste extra, cuando el precio habitual es 3,99. El 'streamer', en cambio, recibe el importe íntegro. Es la misma estrategia que realizó con éxito la propia tienda de Amazon: soportar pérdidas hasta que se domine el mercado y se empiece a ganar dinero. El problema, claro, es cuánto y hasta cuándo.

Sin embargo, lo más grave quizá sea que el cabreo ha llegado a los propios directivos y empleados. Una investigación de 'Bloomberg' ha revelado que seis altos cargos han abandonado Twitch en lo que va de año. Entre ellos, el director de Operaciones, el director de Contenidos y el jefe de Desarrollo de Creadores. Además, otros 60 empleados habrían cogido la puerta de salida en este tiempo y 300 más lo hicieron en 2021. Todos se quejaban de lo mismo: Twitch había perdido el contacto con los 'streamers'. "El cliente era el creador de contenidos. Si no te apasiona el producto, no lo miras desde el punto de vista del cliente. Y así no tienes el mismo nivel de empatía", dijo uno de ellos.

"No sé qué se les pasa por la cabeza. Están metiendo muchos cambios que no le gustan a nadie", dice por su parte Mago Ángel, que tiene un número más modesto de seguidores. "No estoy activo siempre y jamás he llegado a 250 suscriptores. El siguiente escalón son 750, que es algo que ya te permite vivir de esto". En su caso, no le preocupa, ya que ahora mismo está estudiando una carrera y prefiere "que esto sea un hobby", ya que no se fía de la inestabilidad de ingresos. "Twitch se ha convertido en el nuevo YouTube. Quizá espabilen y mejoren pero, si no, les puede pasar lo mismo", avisa.

La historia se repite

La referencia a la plataforma de vídeos de Google no es gratuita. Tras una larga década de dominio en el audiovisual en internet, YouTube dejó de ser atractivo para gran parte de los 'youtubers', que se quejaban de los distintos cambios tarifarios, siempre a la baja para ellos. Además, las políticas de moderación comenzaron a desmonetizar vídeos a la mínima, fuera por moderación de contenido (por ejemplo, decir un taco) o por la infracción de derechos de autor, que llegó a extremos surrealistas.

Aquella suma de circunstancias hizo que los 'youtubers' se terminaran exiliando a Twitch como principal canal. Fue el caso de Loulogio, el primer gran 'youtuber' de éxito en España e inventor de la famosa batamanta, que hizo aquella transición en 2018. "Para muchos creadores, YouTube se ha convertido en un vertedero de lo que hacen en otros sitios", explicaba hace poco en este periódico.

Foto: Isaac Sánchez, cuatro años fuera de YouTube. (Patricia J. Garcinuño)

"Todos seguimos en YouTube para atraer a más personas, porque todas las plataformas se retroalimentan entre ellas y hay que estar presentes", reconoce Zunk, que se conformaría con que se revirtiera la solución, pero es consciente del movimiento pendular de estos negocios: "YouTube ahora parece que está empezando a hacer las cosas un poco mejor con el acercamiento a los problemas del contenido y están dando una solución rápida, pero también la cagó cuando lo estaba petando".

No es el primer caso en el que una gran tecnológica aprovecha el éxito de un producto para pedir más a cambio de lo mismo (o menos). Ahí está el caso de Facebook. En un inicio, lo habitual era poder llegar a un alto porcentaje de los seguidores —lo que se llama audiencia orgánica— sin hacer mucho más que publicar contenido. Poco a poco, alcanzar esa cantidad de público era cada vez más complicado: había que seguir ciertos estándares y, sobre todo, pagar publicidad si de verdad se quería llegar a toda esa gente. Fue una de las razones que provocó que muchos optaran por Instagram, donde se veían las publicaciones en orden cronológico y parecía más fácil alcanzar ese público sin pasar por caja. Al final, ha acabado sucumbiendo a esas mismas dinámicas.

placeholder Manifestación por la regulación de las grandes tecnológicas en Bruselas, Bélgica, en 2020. (EFE/Olivier Hoslet)
Manifestación por la regulación de las grandes tecnológicas en Bruselas, Bélgica, en 2020. (EFE/Olivier Hoslet)

De galería a "tiranía"

Beatriz, nombre de pila de la ilustradora Naranjalidad, utiliza Instagram como principal vía para dar a conocer sus creaciones, así que acudió a unos 'webinars' organizados por Meta que, entre otras cosas, daban 'consejos' para ampliar audiencias en la red social. "Se hablaba de cómo generar un 'engagment' más fuerte, pero cuando vi esa diapositiva, casi me dio algo y saqué la captura", cuenta la dibujante a este periódico.

Se refiere a un esquema en la que se veía todo lo que tenían que generar para favorecer al algoritmo de la plataforma. La lista es la siguiente: una publicación (foto o vídeo) al día que genere debate en los comentarios; tener siempre entre cinco y ocho 'stories' con 'stickers' interactivos; un vídeo de Instagram TV a la semana; un directo al mes: y, por último, un 'reels' cada día que incluye música, baile o contenidos virales. Estos últimos son vídeos cortos por los que está apostando la red social de Meta para evitar que TikTok, con una gran adopción entre los más jóvenes, les coma la tostada. Spotify, por cierto, lleva tiempo estudiando cómo implantar un formato muy similar.

"Es duro ver todo lo que esperan que hagas, pero es información que debe saber todo el mundo, porque mucha gente se esfuerza y no llega a nada", dice la ilustradora. En aquella charla, reconocieron que no todas las actividades podían generar la misma cantidad de contenido, pero insistieron en que "lo importante es la constancia". Ella tiene otra opinión: "Por mi experiencia, lo que prima es la cantidad, sinceramente". Así, se ha visto creando 'reels', algo que nunca hubiera hecho por su cuenta. "Es un formato que me he visto obligada a aprender porque la plataforma lo pide", reconoce. Cuando empezó a subir sus trabajos a Instagram, allá por 2013, "era una galería en la que exponer tu trabajo, pero ahora ha derivado en una especie de tiranía 'light' en la que solo llegas a un 10% de tus seguidores en condiciones normales".

Aunque es consciente de que el valor de su trabajo no lo determina el número de 'likes', también incide en que "es una agonía estar así, porque es inevitable ver los números y pensar que tu tiempo no ha valido de nada". En su caso, apenas suele obtener dinero de Instagram, sino de su tienda 'online', pero sí es un canal clave para llegar a sus 163.000 seguidores. "Que una red social cambie constantemente, y cada vez a peor, para determinar el contenido que ve la gente es algo que afecta a mi forma de vivir, aunque no dependa exclusivamente de esto", clama Beatriz, que lamenta que estén "devaluando una infinidad de contenido" que no siga ciertos estándares: "Ni siquiera quieren ver un proceso de creación en 'reels', solo 'tiktoks".

Twitch sigue saltando de polémica en polémica, y todas cabrean cada vez más a quienes se dedican a crear contenido en la plataforma de Amazon. Ahora han lanzado Subchallenge en España, un reto que consiste en conseguir un determinado número suscriptores de pago durante las dos próximas semanas a cambio de regalos. La iniciativa ya se ha hecho varias veces en Estados Unidos, aunque las recompensas marcan la diferencia. Por ejemplo, conseguir 250 abonados a cambio de un gorro de 'merchandising' y un vale de 20 euros en Amazon. Se trata del enésimo caso en el que las redes sociales lanzan una iniciativa para que los creadores produzcan más sin que eso tenga un retorno sustancial, así que el cabreo es generalizado y muchos ya hacen paralelismos: Twitch está siguiendo el mismo camino que YouTube e Instagram está haciendo lo propio con el de Facebook.

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