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Rusia se queda sin efectivos: el plan B de Putin para lograr la invasión de Ucrania
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LOS PLANES DE MOSCÚ SE TUERCEN

Rusia se queda sin efectivos: el plan B de Putin para lograr la invasión de Ucrania

Los planes del Kremlin se han torcido y nadie sabe si podrán enderezarlos. Putin ha perdido la primera mano y, como ocurre con los tahúres profesionales, la tentación de ir con el resto es demasiado fuerte

Foto: Tropas rusas con equipos NBQ. (Kovalenko Alexander)
Tropas rusas con equipos NBQ. (Kovalenko Alexander)
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Llevamos más de dos semanas de guerra y la fulgurante victoria, que parecía al alcance de la mano de Putin tras los primeros compases, se ha esfumado por completo. El tiempo pasa, las pérdidas de carros de combate, aviones, helicópteros y hombres por parte rusa se multiplican y la resistencia del pueblo ucraniano crece. Los planes de Moscú se han torcido y nadie sabe si serán capaces de enderezarlos, cómo lo harán y, sobre todo, con qué.

Los rusos siempre han sido muy entusiastas de una planificación exhaustiva, donde el más mínimo detalle había sido previsto, analizado y su respuesta preparada. Esto encajaba a la perfección con la idiosincrasia soviética de la época de la Guerra Fría, según la cual se dejaba una escasa iniciativa —por no decir ninguna— a los comandantes de unidad, que de toda la película conocían apenas la escena que les tocaba interpretar. Esta idiosincrasia, con algunos matices, aún perdura en el seno de sus fuerzas armadas y puede ser parte de la explicación de algunos errores de bulto a la hora de ejecutar determinadas maniobras.

Foto: Tupolev Tu-160. (Vitaly Kuzmin)

El problema para Putin es que da la sensación de que toda esta planificación estaba pensada para un máximo de 15 días. En primer lugar, se realizó una brutal acumulación de efectivos apostando por la amenaza. No funcionó y se inició un ataque (en el que muchos no creían) que ya estaba decidido cuando todavía el presidente Putin negaba una intervención militar.

El ataque buscaba decidir los acontecimientos en 24 o 48 horas, pero las acciones apresuradas y arriesgadas, a la vez que una ofensiva generalizada por toda la frontera, tampoco funcionaron. Llegaron los apoyos en masa de casi toda la comunidad internacional y eso dio alas a la moral del pueblo ucraniano, determinado a resistir al invasor.

placeholder Misiles rusos Topol. (Mil.ru)
Misiles rusos Topol. (Mil.ru)

El inicial empuje ruso se frenó y se entró en otra fase, en otro tipo de guerra, una que a los rusos ni les gusta ni les conviene. Se pasó a una lenta progresión que no solo no ha conseguido ocupar la capital ucraniana, sino que ni tan siquiera ha logrado el que parecía uno de sus objetivos más claros, el corredor hacia Crimea por el litoral del mar de Azov. Ni Járkov ha sido ocupada, ni Mariúpol ni, por supuesto, Odesa. La toma de Jersón, un objetivo muy importante pero no decisivo, tan solo es un magro consuelo.

Ahora todo parece volcado sobre Kiev y se avecina una cruenta batalla a la que se arrojarán miles de hombres y material. Ello ha requerido que los rusos hayan comprometido en la guerra la totalidad de sus efectivos concentrados, lo que les plantea dos gravísimos problemas. Uno es que casi seguro que, si los planes no contemplaban una campaña dilatada, menos habrían previsto la logística necesaria para alimentar toda esta maquinaria, máxime con una capacidad de suministros que ya ha quedado muy en entredicho. El segundo es todavía más preocupante. ¿Qué hacer ahora?

Tropas inexpertas: mala solución

Ocupar Kiev y el resto de grandes ciudades, así como controlar el país al completo, requiere una cantidad de tropas enorme, más aún, si existe el riesgo de una población hostil que cuente con apoyo exterior. Esto los rusos lo saben y, por ello, son conscientes de que van a tener que movilizar todas las reservas disponibles en su país. Rusia ya tiene comprometidas en Ucrania, al menos, a cerca del 60% de sus tropas profesionales y experimentadas. Han recurrido a lo mejor de sus fuerzas especiales e, incluso, a tropas chechenas con amplia experiencia en combate y con fama de excesiva dureza, por no decir algo peor. También han utilizado tropas de reemplazo pues, recordemos, allí existe el servicio militar obligatorio de un año de duración.

Es de suponer que, de ese 60% ya comprometido en la lucha, tan solo una pequeña parte sea de tropas de reemplazo que, además, habrán sido empleadas en tareas de apoyo y retaguardia. Por tanto, cabe pensar que en el 40% restante —que debe asegurar el resto de las inmensas fronteras rusas— la proporción de no profesionales sea mayor. Esto nos lleva a que, si son necesarias más tropas en Ucrania, ¿de dónde van a salir?

Del resto de tropa profesional no podrán detraer mucho más, sobre todo tras el reciente anuncio de Putin —una nueva amenaza— de reforzar las tropas estacionadas en las fronteras de los países de la OTAN. Un nuevo gesto que no ha sentado nada bien en Polonia, Rumanía y las Repúblicas Bálticas. ¿Qué le queda entonces? Tendría que usar efectivos de la Rosgvardia, la Guardia Nacional rusa, un organismo paramilitar a caballo entre fuerzas policiales, fronterizas y militares compuesto por casi 350.000 efectivos y, muy importante, bajo órdenes directas del presidente ruso, motivo por el que en ciertos foros de opinión se le considera el ejército privado de Putin.

La Rosgvardia ya está interviniendo en Ucrania y podría ser clave en tareas de control en ciudades ocupadas. También podría liberar algunas unidades de tropas regulares —no muchas, desde luego—, pero no tendría mucho sentido que se empleara en los combates de primera línea, aunque cuenta con grupos especializados, bien adiestrados y equipados. Al final, se tendrá que utilizar a reservistas, civiles que hicieron su servicio militar y ahora les llama a filas.

placeholder El presidente ruso, Vladímir Putin, habla con Viktor Zolotov, comandante de la Rosgvardia, en mayo de 2020. (Sputnik/Kremlin)
El presidente ruso, Vladímir Putin, habla con Viktor Zolotov, comandante de la Rosgvardia, en mayo de 2020. (Sputnik/Kremlin)

El empleo de estas tropas reservistas, en caso de que en Rusia se opte por esta solución, también tendrá sus desventajas. Por un lado, aunque se traten de poner en labores secundarias, entrarán en combate y sufrirán emboscadas y ataques. Su inexperiencia ocasionará bajas, quizás más de lo normal, y su impacto en la moral del pueblo ruso será muy negativo.

Al final, Putin va a tener que recurrir a lo que ya estamos viendo. Movilización de 'simpatizantes sirios' para combatir en Ucrania, tropas de voluntarios prorrusos traídos de aquí y allá y grupos de mercenarios y paramilitares. Al principio de esta guerra decíamos que este iba a ser un conflicto de tropas regulares y, con toda probabilidad, es lo que los estrategas rusos pensaron. Al final veremos hasta a los famosos Wagner pegando tiros por allí.

Huida hacia adelante

Hay quien se alegra de que las cosas les vayan mal a los rusos, y es comprensible. La opinión pública y política (salvo las excepciones de siempre) es mayoritariamente favorable al pueblo ucraniano, que es el invadido. Pero si pensamos con la cabeza fría, un desastre militar en el campo de batalla podría hacer que Putin se embarcara en una huida hacia adelante.

Hace unos días y, a cuenta del anuncio de la puesta en alerta de los efectivos nucleares rusos, este periódico analizaba su arsenal nuclear y qué podía ocurrir al respecto. Putin tiene tres alternativas y media. Las tres opciones eran no hacer nada; es decir, jugar a la amenaza que cada vez se cree menos gente, realizar un ataque táctico o jugar al desastre mundial y atacar de forma estratégica a medio Occidente.

Foto: Carros T-72B. Al fondo, un BMP-2. (Mil-ru)

De estas tres, es obvio que la más probable sería un ataque táctico lanzado sobre una zona despoblada de Ucrania, pero con un objetivo militar claro que sirviera como justificación. Así resolvería de un plumazo el atolladero en el que él mismo se ha metido. No es para tomarlo a la ligera y las señales que nos llegan en estos últimos días, con cruces de acusaciones de uso de armas biológicas y de riesgo de utilización de armamento químico por parte de Rusia, son cualquier cosa menos tranquilizadoras.

Una vez que los rusos han utilizado —y está probado— bombas de racimo y es posible que también termobáricas, ambas prohibidas en muchos países, el paso a utilizar armas químicas no es tan largo, aunque sí en cuanto a sus consecuencias. Y tampoco estaría tan lejos el uso de una pequeña bomba nuclear táctica. Igual no es probable, pero en absoluto descartable. Un ataque nuclear podría forzar una rendición ucraniana con la que Putin lograse alguno de sus objetivos iniciales o, al menos, alguna concesión que pudiera vender internamente como victoria.

placeholder Misil ICBM Topol-M. (Vitaly Kuzmin)
Misil ICBM Topol-M. (Vitaly Kuzmin)

Pero las consecuencias vendrían después. Si esto se llegase a producir y en las televisiones viéramos el famoso hongo subir hacia el cielo, muchas cosas iban a cambiar. Todas para mal. Por un lado, ¿cuál sería la respuesta de Occidente y Estados Unidos? Difícil de saber e imposible de valorar. Pero marcaría un antes y un después. Si se produjera una respuesta limitada, todo podría acabar ahí, pero ¿y si se va de las manos y nos metemos en una guerra nuclear global?

Una vez lanzado un artefacto, la tentación para pequeños países de desarrollar programas nucleares sería tremenda, a la vez que aquellos que ya la tienen pensarían en 'la bomba' ya no como un arma de disuasión, sino como un medio de lograr sus intereses. No meteríamos de cabeza en una nueva era.

placeholder Bombardero Tupolev Tu-22M3. (Dmitriy Pichugin)
Bombardero Tupolev Tu-22M3. (Dmitriy Pichugin)

La media alternativa restante sería la amenaza de un desastre nuclear, ya que los rusos ocuparon desde el primer día la central de Chernóbil y también ocupan la de Zaporiyia, que es la más grande de Europa. Tampoco es descartable. Supondría un desastre, pero sin el matiz de un ataque nuclear.

La guerra de Ucrania desde luego está tomando un cariz preocupante. Y nos debe inquietar, porque en esta peligrosa partida de cartas, Putin ha perdido la primera mano y ahora, como ocurre con los tahúres profesionales, la tentación de ir con el resto es demasiado fuerte.

Llevamos más de dos semanas de guerra y la fulgurante victoria, que parecía al alcance de la mano de Putin tras los primeros compases, se ha esfumado por completo. El tiempo pasa, las pérdidas de carros de combate, aviones, helicópteros y hombres por parte rusa se multiplican y la resistencia del pueblo ucraniano crece. Los planes de Moscú se han torcido y nadie sabe si serán capaces de enderezarlos, cómo lo harán y, sobre todo, con qué.

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