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El invierno tecnológico llega a Rusia: ¿cuánto tiempo pueden vivir sin tecnología occidental?
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LA FERIA TIENE LA ATENCIÓN EN EL METAVERSO

El invierno tecnológico llega a Rusia: ¿cuánto tiempo pueden vivir sin tecnología occidental?

Salvo declaraciones puntuales y el veto al pabellón ruso, que no a las empresas, el Mobile pasa de puntillas por un conflicto en el que la tecnología y los componentes se utilizan como arma de guerra con sanciones de EEUU y la UE

Foto: Asistentes al MWC de este año. (Reuters/A. de Gea)
Asistentes al MWC de este año. (Reuters/A. de Gea)
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Entre los gigantescos carteles que reciben a los asistentes del Mobile World Congress, hay uno que llama poderosamente la atención. No es la gigantesca lona de la GSMA que agradece el apoyo recibido durante los últimos meses. Tampoco es el enorme cubo que Samsung ha plantado en una rotonda cercana para promocionar sus últimos lanzamientos. "No tecnología para los agresores", reza el trozo de cartón detrás del que se coloca un pequeño grupo de manifestantes, la mayoría de ellos ucranianos pero también algún ruso, para protestar contra el conflicto desatado por Vladímir Putin en el este de Europa. "Cuando la guerra acabe, volveremos y levantaremos el país. Pero ahora no nos queda otra que visibilizar lo que allí está ocurriendo y que nadie lo olvide", comenta Nadia, una mujer de 35 años que llegó hace 12 a España.

Sin embargo, cuando uno cruza el umbral de la Fira de Hospitalet, el asunto que tiene en vilo a todo Occidente y acapara la debida atención mediática en todo el mundo se convierte en algo que no tiene ni la condición de tangencial. Es cierto que apenas 72 horas antes del inicio del evento, la GSMA, el órgano rector del congreso, anunció que vetaba el pabellón ruso. Una medida, una más de tantas, de presión que no impidió que las empresas rusas, algunas de ellas, mantuviesen su presencia en la feria. No hay referencias a su nacionalidad, pero ahí siguen. Cuando uno se acerca a preguntar, se despacha el asunto cordialmente.

Foto: Vista del stand de SK Telecom durante la jornada inaugural. Foto: Efe.

El conflicto en Ucrania ha pasado de soslayo por la gran feria del móvil. Apenas una pequeña referencia en el discurso inaugural de José María Álvarez-Pallete y alguna declaración en las conferencias pronunciadas durante tres días en los escenarios repartidos por el recinto, como la de Óscar Pierre, fundador de Glovo, que explicó que ofrecieron a los empleados en el país ayudarles con la evacuación y a los que no quisieron se les adelantó el sueldo de tres meses.

"Si las tensiones hubiesen involucrado a China y un país como Taiwán, por la importancia que tiene, aquí estaríamos todos locos", apunta un directivo presente en la feria. "Obviamente, es una situación grave, pero el impacto es limitado. ¿Que nos va a tocar pringar por subida de precios y problemas con los combustibles? Pues claro. Hasta tú con la inflación también vas a sufrir el impacto de la guerra rusa", comentan estas mismas voces.

placeholder Manifestación a las puertas del MWC. (M. McLoughlin)
Manifestación a las puertas del MWC. (M. McLoughlin)

"Si eres una teleco europea, probablemente no se te presenten mayores problemas, más allá de haber tenido que quitar el canal de RT de tu parrilla"; desliza otro ejecutivo. "Si eres un fabricante de dispositivos o componentes, la cosa puede cambiar. Puede ser que tengas alguna fábrica allí sobre el terreno y tengas que preparar planes de contingencia o derivar producción a otro lado. Problemas con materiales o con exportaciones a clientes locales. La logística a lo mejor se puede ver resentida".

La tecnología, arma arrojadiza

Mientras el asunto pasaba de puntillas en el interior del congreso, en el exterior, el mundo de la tecnología, al menos en Occidente, se volcaba en las acciones y sanciones contra Rusia. Desde Google hasta Facebook, pasando por Samsung o Apple, que detuvo sus ventas 'online' en el país. Esta industria se ha mostrado como un aliado importante a la hora de presionar al Kremlin y parece que todavía puede ser aún más decisiva para que Rusia cese sus acciones en territorio ucraniano.

placeholder Estand de Kaspersky en el MWC 2022. (Reuters)
Estand de Kaspersky en el MWC 2022. (Reuters)

Y es que la Casa Blanca ha activado una baza que ya jugó en el pasado: el control de exportaciones de bienes tecnológicos. Una fórmula que ya se ensayó con Huawei, que lleva atada en corto desde que Washington activase el veto en mayo de 2019 que, entre otras cosas, convirtió al fabricante, que entonces llevaba una trayectoria ascendente impresionante y aspiraba a convertirse en el mayor vendedor de móviles, en un actor de reparto prácticamente en cualquier país del mundo, salvo China, donde los servicios de Google son lo de menos. En esta ocasión, la UE también ha tomado una medida similar, prohibiendo el acceso a 'software', drones, semiconductores y otras tecnológicas clave para cualquier economía mundial.

La sensación extendida es que, al no tratarse de un país de vanguardia, el impacto puede ser más limitado y tener menos efectos colaterales. Según la gremial de fabricantes de semiconductores, el país tiene un impacto de 25.000 millones en el mercado global de la tecnología. Eso es prácticamente una quinta parte de lo que Apple ingresó en el último trimestre, 123.900 millones de dólares. De las exportaciones de la UE se calcula que solo el 5% eran bienes relacionados con la electrónica. Esto no es sinónimo de que no va a ocurrir nada. Empresas como LG o Samsung tienen plantas de fabricación de televisiones y electrodomésticos en las regiones de Moscú y Kalugar, respectivamente.

Foto: Imagen del interior de la planta de Globalfoundries en Alemania. (Foto: EFE).

En redes siguen siendo un proveedor importante y con un importante volumen de negocio, aunque dista mucho de lo que habían logrado a mediados de la pasada década. "Es cierto que el veto ha sido un lastre para sus objetivos y les ha dificultado mucho la actividad en ciertos países europeos. Pero en absoluto han quedado fuera de juego", comentan fuentes de la industria presentes en la feria. "Hay que pensar que estas medidas suelen tener efecto en el medio o largo plazo. Aunque pueda tener consecuencias, las sanciones tecnológicas no afectan inmediatamente. Van haciendo mella con el paso del tiempo", añaden.

El propio Joe Biden lo reconoció en el discurso que dio para anunciar estas medidas. "Dañarán el acceso a las finanzas y la tecnología para áreas estratégicas de su economía y degradarían su capacidad industrial en los años venideros", remató. Las nuevas sanciones cubren microelectrónica y semiconductores, dispositivos de telecomunicaciones, sensores, aviónica, navegación y equipos marinos con el fin de impedirles actualizar su capacidad militar, pero también ser capaces de mantenerse al día en campos como la investigación.

Aquello que se fabrique en EEUU o bienes en cuya fabricación se utilice tecnología estadounidense no podrán ser exportados a Rusia sin autorización previa del Departamento de Estado, que, como bien han indicado, parte de la base del no. La importación de teléfonos inteligentes sigue permitida, aunque se incluyó una cláusula que rezaba que no estaba permitido hacerlo cuando el comprador fuese el Ejército o altos funcionarios rusos.

Problema a medio plazo

Obviamente, las tecnológicas de aquel país, lejos de la primera línea, pueden sufrir mucho en sus ambiciones futuras. Un buen ejemplo es Yandex, el Google ruso. Presentó el superordenador más potente del país (19º a nivel mundial). Para construirlo, necesitó 1.500 chips de última generación de Nvidia. El equipo va a seguir funcionando y tiene muchos años de esperanza de vida. El problema llegará, si es que llega, el día en que necesiten actualizarlo.

placeholder Detalle de un circuito integrado. (Reuters)
Detalle de un circuito integrado. (Reuters)

La cuestión es saber cómo de preparada está Rusia para este invierno tecnológico. Es cierto que los chips por debajo de 10 nanómetros, los más avanzados, van a quedar fuera de su alcance, porque las fundiciones chinas no han llegado a ese estado del arte y el resto del mundo depende de las máquinas de ASML para crearlos y EEUU tiene margen para bloquear las exportaciones, ya que una parte clave de estos equipos se ha fabricado en su territorio. ¿En qué le afectaría no poder acceder a los nodos más avanzados? Principalmente, se están utilizando en los 'smartphones' y en los centros de datos de alta eficiencia, efectivos para aplicaciones y sistemas en la nube.

Para calcular el daño, hay que tener muchas cosas en cuenta. El primero, el acopio que haya hecho de componentes, una tarea en absoluta sencilla en los últimos años, como ha quedado demostrado con la crisis de los semiconductores. Por otro lado, usar soluciones para alargar la vida útil de los equipos. Y ahí la eficiencia del 'software' cobra un papel fundamental. Un 'software' más eficiente castiga menos el 'hardware'. Además, se da la situación de que cada vez hay una mayor capacidad de virtualización llevando procesos a la nube para ejecutarlos allí. La propia Amazon ha conseguido ahorrarse 1.000 millones de dólares con esta vía, alargando la hoja de servicios de sus servidores un año gracias a soluciones de 'hardware'.

Foto: Empleados de ASML, finalizando el montaje de una de las máquinas de litografía extrema ultravioleta. (Reuters)

Obviamente, por encima de ese guarismo, las cosas se complican menos, ya que algunos proveedores chinos ya han conseguido moverse en torno a los 14 nanómetros, lo que serviría para dar soporte a sectores como la automoción o el militar. Parece que en el corto plazo estas factorías no van a poder romper esa barrera, sin embargo, ya hay quienes han alertado de los problemas de esta estrategia. El presidente de ASML ya expresó en su momento que las restricciones para enviar sus equipos y otras tecnologías a China empujaban al gigante asiático a investigar por su cuenta y conseguir autonomía, "mientras que él apostaba por crear dependencias mutuas"

Rusia ya importa uno de cada cinco semiconductores que necesitan cada año desde China. El problema es que sus principales fundiciones, SMIC y Hua Hong, no podrían digerir ese abrupto aumento de la demanda. La clave para no caer en el desabastecimiento, o que al menos sea algo menos grave, parece pasar más por apañarse para evadir las limitaciones que Occidente ha impuesto y buscar compras a través de proveedores de terceros países.

Entre los gigantescos carteles que reciben a los asistentes del Mobile World Congress, hay uno que llama poderosamente la atención. No es la gigantesca lona de la GSMA que agradece el apoyo recibido durante los últimos meses. Tampoco es el enorme cubo que Samsung ha plantado en una rotonda cercana para promocionar sus últimos lanzamientos. "No tecnología para los agresores", reza el trozo de cartón detrás del que se coloca un pequeño grupo de manifestantes, la mayoría de ellos ucranianos pero también algún ruso, para protestar contra el conflicto desatado por Vladímir Putin en el este de Europa. "Cuando la guerra acabe, volveremos y levantaremos el país. Pero ahora no nos queda otra que visibilizar lo que allí está ocurriendo y que nadie lo olvide", comenta Nadia, una mujer de 35 años que llegó hace 12 a España.

Conflicto de Ucrania
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