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Los ‘riders’ llegan al pueblo: así está creciendo Glovo por España tirando de autónomos
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"BUSCAN NUEVAS FORMAS DE ESQUIVAR LA LEY"

Los ‘riders’ llegan al pueblo: así está creciendo Glovo por España tirando de autónomos

Pese a la 'ley rider', la empresa de reparto de comida a domicilio ha comenzado a expandirse por pueblos de toda España con su modelo de autónomos

Foto: Un repartidor de Glovo, en una imagen de archivo. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Un repartidor de Glovo, en una imagen de archivo. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Son las 21:00 de un sábado en un lugar de La Mancha cuyo nombre no va a aparecer en este reportaje. Joaquín (nombre ficticio) acaba de comenzar su turno como repartidor de Glovo en este municipio de 30.000 habitantes, y poco después, tiene asignado el primer pedido. Por la mañana, ya ha echado tres horas repartiendo en patinete, con lo que ha ganado 23 euros brutos, pero ahora le acerca un amigo en coche.

Pasado un cuarto de hora, ha hecho la primera entrega. “Lo del coche es una excepción y se nota, con el patín voy mucho más lento”, incide mientras espera otro pedido. Toca esperar y “puede ser un minuto o 10”. En este momento, recuerda cómo empezó a repartir para esta empresa: “Un conocido me comentó si quería trabajar para Glovo y estaba interesado, porque me dedicaba a arreglar móviles en mi casa y poco más. Me dejaron una cuenta para que probara y no me diera de alta como autónomo si decidía dejarlo a los pocos días. Lo probé, vi que no se ganaba mal, me ponía mis horarios y dije: ¿por qué no?”.

Foto: La llamada 'ley rider' entró en vigor el pasado 12 de agosto. ( EFE/Juan Carlos Hidalgo)

El caso de esta localidad manchega no es un experimento ocasional de la compañía ni un caso puntual, sino la tónica habitual desde hace tiempo. Y es que, tras haberse expandido por las capitales de provincia de toda España, Glovo lleva meses desplegando sus mochilas por pueblos, algunos de ellos con menos de 10.000 vecinos, con resultados desiguales.

Una expansión que se ha producido de forma paralela a la negociación y entrada en vigor de la conocida como 'ley rider', que fue criticada tanto por sindicatos como por patronal por motivos opuestos: los primeros la consideraban demasiado laxa, los segundos demasiado dura. Sea como sea, la imagen de un repartido en un municipio de estas dimensiones choca a priori con los agoreros augurios que vaticinaban que esta legislación iba ser una losa para el negocio en muchos puntos de España.

Adigital, la asociación que aúna a empresas relacionadas con el mundo digital —entre ellas, las principales de reparto—, llegó a presentar un informe en el que afirmaban que tres cuartas partes de los repartidores dados de alta como autónomos "perderían su fuente de ingresos a causa de la desaparición del servicio en ciudades de menos de 100.000 habitantes y la reducción de horarios en el resto de ciudades".

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Foto: Reuters/Albert de Gea.

Contactados por este periódico, en Glovo confirman que ya están presentes en "casi" 400 municipios y lo achacan a un "firme compromiso con el país". "Trabajamos a contrarreloj para adaptarnos a la regulación, contando para ello con un periodo de transición muy corto para un cambio de tal magnitud", deslizan cuando les preguntan por la ley que, parecía, amenazaba su modelo de negocio. Claro que esta 'adaptación' tiene truco.

La clave de todo esto es que Glovo ha decidido mantener su modelo de autónomos ignorando por completo la ley. Anunció la contratación de 2.000 repartidores, la mayoría en su rama de 'q-commerce' (entregas superrápidas), pero el 80% de su músculo laboral estaría compuesto por trabajadores por cuenta propia. Ha sido la única que ha decidido seguir con esta receta, a diferencia de otros actores como Uber Eats que han optado por la vía de las flotas externas para no desafiar la nueva normativa impulsada por el Ministerio de Trabajo. Eso es lo que ha permitido a la compañía de Óscar Pierre seguir expandiéndose fuera de las grandes ciudades e instalarse en puntos aún más pequeños de las provincias españolas. Un movimiento que abogados laboralistas y sindicatos califican de pulso al Gobierno y a la ley.

Un alta en autónomos 'recomendada' por Glovo

En la mencionada localidad manchega, hay un encargado que funciona de enlace entre la central de la compañía, aquellos que quieren repartir en la localidad y los restaurantes que buscan entregar comida con ellos. En el caso de los nuevos 'riders' como Joaquín, el alta y pago de cotizaciones de trabajador por cuenta propia lo realiza a través de una gestoría que le recomienda Glovo.

placeholder Joaquín (nombre ficticio) entrega uno de sus pedidos. (Mario Escribano)
Joaquín (nombre ficticio) entrega uno de sus pedidos. (Mario Escribano)

“Me pagan cada 15 días y cobran el mes de autónomo desde una 'app'. Son 60 euros al mes más 17 para la gestoría. Te dan de alta ellos, pero de baja te tienes que quitar tú, es el inconveniente”, apunta este repartidor, que trabaja unas 40 horas semanales. Generalmente, coge un turno de mañana que va de 11:00 a 15:30 y, después, por la noche, de 20:00 a 23:30 horas. Eso sí, aún no le ha llegado la mochila, así que se apaña con las bolsas que le dan los establecimientos, a veces de cartón con el logo de la compañía, otras una estándar de plástico.

“Si quieres coger menos horas, no hay problema: elijo cuándo trabajar y también cuándo libro”, defiende Joaquín, que también asegura que el algoritmo no penaliza si no trabaja en momentos de alta demanda, algo que sí pasa en las grandes ciudades. La razón es obvia: son solo tres y cuando sube la demanda "a veces faltan manos". Pero... ¿qué pasa si nadie coge horas, por ejemplo, un sábado? “No habría servicio de Glovo ese día, pero es algo que no pasa, porque la gente sabe que hay trabajo, además de que puede haber bonus”, responde.

Esos bonus se consiguen a través de los llamados 'retos', una parte de la 'gamificación' —utilizar técnicas y recursos típicas de videojuegos— de la plataforma, con los que se consigue cobrar un extra por determinados pedidos. “Por ejemplo, te piden llevar ocho pedidos el mismo día a una hora determinada y te ofrecen 200 euros, que es más dinero del habitual”, cuenta.

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Un local promociona el 'primer envío gratis' con Glovo. (Mario Escribano)

Joaquín ha llegado a cobrar 10 euros por alguna entrega, "pero no es lo habitual". En su caso, cobra un fijo por pedido y luego una parte variable según el precio y la distancia de la entrega, ya que el tipo de vehículo usado es indiferente para calcular tarifas en este caso. Calcula que cada 15 días consigue llevarse a casa 350 euros limpios. Eso sí, alguna quincena ha conseguido duplicar esa cifra, trabajando más y haciendo los mencionados retos.

Más allá de los picos de pedidos, lo normal es que no haya muchos encargos, por lo que duda que alguien pueda llegar a cobrar 1.000 euros limpios como repartidor en este municipio. "Solo haré unos seis pedidos al día porque poca gente sabe que Glovo reparte aquí", incide. Para solventar eso, la empresa ofrece algunas ventajas, como que prácticamente todos los envíos sean gratuitos, aunque esa sea la parte de la que cobra el repartidor, que en estos casos la asume la empresa. “Glovo es nuevo aquí, así que supongo que eso seguirá hasta que mucha gente se anime y ya esté dispuesta a hacer ese pequeño gasto extra”, comenta el repartidor, que considera que "estaría bien que creciese, porque se pediría más y ganaríamos más".

"No es posible si cumples la ley"

“Para mantener la apariencia de la ausencia de trabajo por cuenta ajena, Glovo gestiona las altas a través de una empresa amiga”, comenta Víctor Llanos, abogado laboralista, que enfatiza que es “es llamativo que la propia empresa diga que esa gestoría puede hacer los propios trámites, porque lo facilitan hasta un nivel muy similar al que si fuera por cuenta ajena”. “Es un punto de apoyo para demostrar un fraude de ley y que son falsos autónomos, pero no es determinante", agrega. Tras la publicación de este reportaje, Glovo ha asegurado a este diario que no hace ningún pago o gestión de los autónomos. También niega que tenga una gestoría propia: "Hay muchos repartidores que prefieren que un gestor les ayude pero es bajo su criterio".

Este letrado, en cambio, sostiene que “lo que sí es determinante es la sentencia del Tribunal Supremo que condena a Glovo, donde se ve que los repartidores no tienen una capacidad de organización de trabajo propia y están a expensas de la dirección de un tercero”. “Glovo no está respetando la sentencia y está buscando nuevas formas para esquivar la ley”, sugiere Llanos, que también se muestra crítico con la llamada ‘ley rider’, pues considera que “no ha dicho nada que no diga el Estatuto de los Trabajadores".

"Dar servicio en un pueblo de 20.000 o 30.000 habitantes si cumples el espíritu de la ley no es posible de esta manera", explican fuentes del gremio consultadas por este periódico. “Si utilizas autónomos, esa es otra historia completamente diferente, porque no tienes unos costes mínimos que cubrir, pero su encaje es dudoso”.

placeholder Joaquín (nombre ficticio) espera que le llegue un pedido durante su franja de reparto. (Mario Escribano)
Joaquín (nombre ficticio) espera que le llegue un pedido durante su franja de reparto. (Mario Escribano)

Fuera de las grandes ciudades, “que es donde se mueve realmente la gran mayoría del negocio”, solo hay dos opciones si no se quiere quemar el dinero. La primera es funcionar como un ‘marketplace’, donde los restaurantes son los que aportan los repartidores. La otra vía es la de las flotas, es decir, proveedores externos o subcontratas que emplean a los repartidores. Estos trabajadores dedican parte de su horario a las plataformas de ‘delivery’ y en el resto de franjas horarias actúan como mensajeros o repartidores de última milla. Menos Glovo, todos los grandes, desde Uber hasta Just Eat o Stuart, han apostado por una de estas fórmulas. “Incluso en los sitios con menor población ni el modelo de flotas subcontratadas es viable, porque sencillamente no da. No hay volumen suficiente”.

Por su parte, en Glovo se limitan a comentar que su modelo "sigue el criterio establecido por el Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea" y aseguran que "permite simultanear otras aplicaciones y actividades con total flexibilidad, autonomía e independencia".

El algoritmo que esquiva la ley

Pero ¿cómo es posible que Glovo siga tirando de autónomos? “Esta norma presupone la laboralidad, no obligaba a la contratación. Ese es un matiz importante”, explica un ‘rider’ de la plataforma que lleva dos años trabajando en la empresa.

placeholder Joaquín (nombre ficticio) espera un pedido en un establecimiento. (Mario Escribano)
Joaquín (nombre ficticio) espera un pedido en un establecimiento. (Mario Escribano)

Eso dio pie a Glovo y a su equipo jurídico a interpretar la modificación legal, esquivando la contratación de miles de repartidores introduciendo cambios en su algoritmo. Para ello estableció en verano una función llamada ‘multiplicador’. Es una especie de subasta en el que los ‘riders’ tenían que escoger un valor que va desde 0,7 hasta 1,3. Obviamente con los valores más altos se gana más por pedido, pero con los valores más bajos hay más papeletas de que entren más encargos. Según la ‘startup’, esto da más libertad y más control al repartidor sobre la configuración del trabajo.

“A la hora de la verdad, la libertad es muy relativa”, cuenta este mismo empleado. “Vete tú a Madrid, Barcelona o Valencia, donde hay cientos o miles de 'riders', y pon el 1,3. Te vas a encontrar que te entran cero pedidos, porque la competencia es brutal”, añade. Este motivo fue lo que movilizó a una gran parte de los trabajadores de Glovo que forzaron, tras múltiples quejas a finales de verano, a que la empresa modificase este sistema. Los valores a día de hoy parten del 1 y el 1,3. “El anterior sistema era reventar los precios, pero esto tampoco es la panacea”, agrega este trabajador. “Hay que pensar que es una diferencia del 30%. Si fijando un multiplicador de 1, ganas 100, con 1,3 ganarías 130”. Sin embargo, en un caso tan concreto como el del pueblo manchego todo es diferente por ahora. "Yo no puedo poner la tarifa que quiero cobrar. Yo hago el reparto y me llevo la ganancia que sea. El mínimo suele ser 3 euros", cuenta Joaquín sobre este punto.

Foto: Foto: Reuters.

"Donde hay pocos es muy fácil ponerse de acuerdo", como indica el otro 'rider', ya que "al haber tan poca oferta, a la mínima que haya un poco de volumen de pedidos todos pueden poner el máximo e ingresar más”. En su caso, trabaja en un municipio de menos de 100.000 habitantes. “Aquí somos cerca de 50 y hemos conseguido ponernos de acuerdo para fijar la tarifa 1.2. Siempre hay gente que va algo por libre, pero al fijar el precio conseguimos que todos nos beneficiemos”, puntualiza.

El lugar en cuestión actúa de cabeza de comarca, por lo que tiene una oferta más o menos amplia de restauración, tal y como pasa en muchos sitios, donde se puede encargar desde una comida típica a 'fast food' pasando por bollería. En otros casos, solo llegan las franquicias, que casi siempre suelen ser Telepizza y Burger King, o kebabs. Y en algunos el servicio no funciona del todo bien.

“Repartimos muy poco con ellos, quizá un pedido a la semana”, dicen en una hamburguesería de Punta Umbría (15.000 habitantes), en Huelva. En un restaurante de Montijo, un pueblo badajocense del mismo tamaño que el anterior, están a la espera de que se ponga en marcha. “Negociamos las condiciones para trabajar con ellos y estamos adaptándonos al servicio, pero ahora mismo no tienen 'riders' aún, así que estamos a la espera”, cuentan.

En otros sitios, el problema ha sido la demanda. Es lo que ha ocurrido en Los Montesinos (Alicante), con apenas 5.000 habitantes. Allí reparte el restaurante Casa Pili desde septiembre de este año. “En cuanto llegó el servicio me contactaron ellos, pero hay muy pocos encargos. En este tiempo me han llegado tres o cuatro pedidos de Glovo. Aquí Just Eat tiene más tirada”, explica Otilia, propietaria del establecimiento, que no le da mucha importancia a que esto funcione: “Es un servicio más que damos y ya está”.

Foto: Un 'rider' de Uber Eats y uno de Glovo se cruzan en la calle. (Reuters)

En El Buen Comer, un asador de pollos en Churriana de la Vega (Granada), decidieron repartir con Glovo, Deliveroo y Uber Eats tras los primeros meses de pandemia, en mayo de 2020. Pilar, su propietaria, comenta que al principio eran “pocos pedidos” y que, aunque ahora hacen “unos poquitos más, no llegan los repartidores de los pueblos de al lado”. “Tienen una ratio de seis kilómetros a la redonda, pero no la cumplen”, lamenta Otilia que, como ejemplo, pone que solo han tenido dos pedidos el día que habla con este periódico. Es algo que también achaca a que una parte de su clientela “son personas mayores y no entienden del todo el manejo, necesitarían que se le pusiera más fácil”.

Al igual que el 'rider', los restaurantes cobran cada 15 días. De cada pedido, Glovo se lleva un 35%, pero “si tienes tus propios repartidores se llevan menos, un 14 o 16%”. “En muchos sitios suben el precio a los clientes para cobrar lo mismo que si vinieran aquí, pero de momento hemos mantenido precios”, comentan en este asador, que ha rechazado publicitarse en la plataforma: “Me han ofrecido pagar algún extra de 50 o 60 euros por hacer promociones y que el local aparezca destacado, pero cuando vas justo no puedes hacer más”.

Por otro lado, relata que “a veces cuesta comunicarse con Glovo porque en ocasiones no aparece el teléfono” y deja una anécdota al respecto: “Durante un tiempo, hacíamos pizzas, pero le pusieron otro nombre y aparecía como un local distinto en la app. Al final las retiramos de la carta y de Glovo, pero sigue apareciendo y siguen pidiendo”.

Glovo se lleva un 35% de cada pedido, cuentan desde un asador de pollos

También se quejan de que el ritmo de estas aplicaciones es (casi) de relámpago, porque “quieren que en 3 o 4 minutos esté todo preparado, y eso es casi imposible cuando tenemos cola en el local”. Esto hace que luego el local “se lleve una calificación mala porque tarda, pero si lo piden a la misma hora, ¿por qué les tenemos que dar prioridad a ellos?”, se pregunta. “Luego siguen viniendo porque les gusta la comida, pero falla la espera y te baja la puntuación. Empezamos en 5 [estrellas] y ya estamos en 4,4”.

"Es para ganar dinero rápido"

Joaquín, el 'rider' manchego, también ha tenido problemas de este tipo. “El restaurante tiene su aparato y no va muy bien, porque a mí me llega el pedido en un minuto, pero a ellos puede tardar hasta 10, así que cuando llego no está hecho y se quejan mucho por eso", explica el repartidor, aunque si en un establecimiento le hacen esperar por la comida, cobra por la espera. Si son más de 40 minutos, se cancela el encargo.

Ya va a recoger el tercer pedido de la noche, que es en el mismo sitio que los dos anteriores, una hamburguesería local que es la más demandada del pueblo. De hecho, uno de sus compañeros está allí cuando llega. Un percance en el camino ha hecho que tarde más de lo previsto en ir a recogerlo y la app lo sabe: “Si ven que no llegas en el tiempo habitual, te llegan notificaciones para decirte si vas a coger el pedido o lo pasan a otro 'rider'. Por ahora no te penalizan, solo se lo pasan a otra persona”. “Nunca suelo tardar más de 25 minutos”, dice Joaquín.

placeholder Joaquín (nombre ficticio) revisa la dirección en la que tiene que entregar su pedido de Glovo. (Mario Escribano)
Joaquín (nombre ficticio) revisa la dirección en la que tiene que entregar su pedido de Glovo. (Mario Escribano)

De todos modos, la comida tarda algo más de la cuenta cuando aparece en el local de hamburguesas, pero durante la espera se le ha sumado otro pedido, así que recogerá y entregará los dos, una forma más rentable de hacer los repartos que Glovo implantó durante el confinamiento. Preguntado por las propinas, Joaquín se ríe y mira el cielo en una noche despejada: "Que dejen algo es como que se ponga a llover ahora, aunque esta mañana me dieron 50 céntimos, pero no sé quién ha sido porque la 'app' no lo dice”.

En su caso, agradece que los horarios sean flexibles, ya que también tiene otros quehaceres. “Reparo móviles en mi casa, como particular, así que lo compagino en los huecos y tengo un dinero extra”, cuenta al respecto y no lo considera “un trabajo malo, solo hay que ir de lado a lado en bici, moto o patín, lo que tengas a mano, porque el vehículo es propio de cada uno”.

Aunque está satisfecho con lo que hace, reconoce que no es un trabajo para estar muchos años, sino que “es para ganar dinero rápido”. De este modo, explica que "el primer año cunde un poco, pero la cuota va subiendo", y es claro cuando le preguntan qué hará cuando aumente la cotización: "Si la cuota sube a 300 euros, llegaría a 700 euros limpios con suerte, así que no consideraría trabajar con Glovo porque casi la mitad del dinero se iría a pagar autónomos".

Glovo Tribunal Supremo Valencia
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