China no es tan diferente a los demás: la realidad detrás del acoso a sus propias 'big tech'
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LES HA HECHO PERDER MILES DE MILLONES

China no es tan diferente a los demás: la realidad detrás del acoso a sus propias 'big tech'

El nuevo tope horario a los videojuegos es un eslabón más de la cadena que está construyendo Pekín para unas tecnológicas que han acumulado demasiado poder. Un problema que EEUU y la UE también enfrentan

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Tres horas de videojuegos por semana como mucho. De ocho a nueve de la noche. Y solo los viernes, sábados y domingos. No es un arrebato paterno ante las malas notas de su hijo. Es la última medida del Gobierno chino, que sorprendió al mundo entero este lunes con una restricción que no es tan insólita como parece. No lo es porque esta actividad ya estaba limitada entre los más jóvenes a tres horas en festivos y a hora y media los días de labor. Lo que ahora han hecho, en resumen, es poner una correa aún más corta a lo que las autoridades comunistas han llegado a definir como 'droga electrónica'. En definitiva, un pasatiempo al que culpabilizan de 'distraer' a las futuras generaciones, que deben cargar con el futuro del país sobre sus hombros.

La onda expansiva no tardó en zarandear a gigantes patrios como Tencent, una referencia de esta industria tanto a nivel doméstico como a nivel global. Sus responsables, que lo veían venir, llevan tiempo avisando de que el entorno regulatorio estaba empezando a ser más estricto para los grandes nombres chino del ciberespacio.

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Michael Mcloughlin Infografía: Laura Martín Gráficos: Marta Ley

Las nuevas limitaciones no se refieren a cualquier videojuego. A lo que han metido mano es a las partidas 'online'. La cuestión es que en aquel esta modalidad es tremendamente popular. Durante muchísimos años, las videoconsolas tradicionales han estado prohibidas. Eso ha creado un caldo de cultivo perfecto para que con el paso del tiempo los ordenadores y posteriormente los móviles fuesen el principal instrumento para jugar. La irrupción del 5G y 'smartphones' cada vez más potentes y capaces no hicieron más que consolidar una tendencia, en el que ya está considerado el mercado 'gamer' más importante de todo el mundo, con más de 600 millones de jugadores activos.

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Foto: Reuters.

El lunes, momento en el que trascendió el borrador que había cocinado el régimen de Xi Jinping, las estadísticas para sustentar la decisión volaban en los medios oficiales. Cifras, replicadas por diarios occidentales, que hablaban que 6 de 10 niños y adolescentes chinos consumían más tiempo del ahora permitido. Al contrario de lo que muchos podrían pensar, China no ha establecido ninguna herramienta técnica para que estas restricciones tomen forma. Ellos han puesto el 'ordeno y mando' sobre la mesa, las compañías son las que deben poner sus departamentos de IT a trabajar para lograrlo.

Hace dos años, algunas ya empezaron a exigir que se registrasen con el documento nacional de identidad. Otras han ido a dar un paso más allá y ya utilizan sistemas de reconocimiento facial. El objetivo que nadie preste sus credenciales a otro usuario y comprobar que el jugador es realmente quien dice ser. Mientras que los tiempos se reducen, los límites de los micropagos se mantienen, impidiendo que no se gaste más de 6,6 euros por operación. También hay máximos mensuales, que varían dependiendo de la edad.

Foto: Promoción de JD. (Reuters)

El movimiento es un pequeño misil contra los intereses de varias empresas. Es cierto que no se produjo ninguna gran sangría en la que las valoraciones se escapasen a borbotones y las cotizaciones se despeñasen a dobles dígitos, pero la noticia tampoco se recibió con los brazos abiertos en los mercados. Estudios de referencia como Ubisoft o Embracer dieron un pequeño paso atrás con una caída del 2%. En el caso de las firmas patrias el castigo fue ligeramente más severo. Netease cayó un 3,5% al cerrar esa jornada. Tencent, propietario de títulos con un importante componente 'online' como 'League Of Legends' cayó un 3%. Pero es que es que el día que uno de los medios oficiales del Gobierno definió los videojuegos como "opio espiritual" había caído un 11%.

Ambas compañías no tardaron en salir a relativizar el golpe asegurando que sus productos dependen poco de los grupos de edad más tiernos. Habrá que esperar a que la medida se implante para ver el alcance real que tiene la nueva legislación en balances y cuentas de resultados al final del ejercicio.

Lo que hay detrás del 'paternalismo'

Todo este episodio no es sino una nueva arandela de la cadena que las autoridades chinas llevan meses construyendo para atar en corto a algunas de sus grandes tecnológicas. Muchas de estas empresas son líderes mundiales en sus quehaceres empresariales. Pero, ¿qué lleva a los responsables de la segunda economía del mundo a poner palos en las ruedas de Baidu? ¿qué motiva que achiquen el terreno de juego para multinacionales como Didi o Alibaba, haciéndoles perder miles de millones de dólares impidiendo o lastrando sus salidas a bolsa? ¿qué hay detrás de este 'acoso' legislativo: simple y puro autoritarismo o existe algo más?

El régimen criticó en su momento los videojuegos por causar algo así como una epidemia de "miopía" entre los estudiantes. Bajo esa excusa, no le ha templado el pulso al meter manos a una industria que esperaba mover en 2021 un total de 41.700 millones de euros. Pero no es ni mucho menos la primera vez que se decide algo así.

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Foto: Reuters.

No tuvieron las autoridades chinas demasiados reparos a la hora de sacudir los cimientos de un negocio que era capaz de mover más de 100.000 millones al año solo en aquel país como es el de las 'apps' y las tutorías 'online'. El 'pretexto' era el de regular un gremio que estaba haciendo negocio de la ansiedad que generaba en los alumnos y sus familias el competitivo sistema educativo chino.

Detrás de todas estas políticas empapuzadas de paternalismo estatal se esconde un problema que entre 2020 y 2021 se ha destapado como uno de los grandes retos que afrontan las grandes potencias mundiales. El de unas tecnológicas tan venidas arriba que amenazan con desbordar las estructuras del estado y sus capacidades de control. Son empresas que se han hecho demasiado grandes para los reguladores, que no pueden controlar los efectos que tienen en el plano social pero también económico. ¿Les suena? Es el mismo problema que están abordando en Estados Unidos, donde se han dado cuenta que Google, Facebook, Amazon y Apple son monopolios que no se veían desde los tiempos de los grandes señores del petróleo y los ferrocarriles.

La ausencia de regulación, clave

¿Cómo se ha llegado a este punto? Aunque las motivaciones han sido diferentes, del mismo modo: no crear leyes específicas para estos negocios, entendiendo que las reglas existentes eran suficientes. En Estados Unidos se obvió la cara B de la expansión de Silicon Valley porque les permitía asegurarse el liderazgo económico mundial y, de paso, desarrollar un 'soft power' diplomático a través de sus empresas más potentes.

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En la Unión Europea, ante la ausencia de grandes referentes propios, se les abrió las puertas de dos en dos a estas multinacionales para permitir afrontar el salto al siglo XXI y la digitalización de sus economías. Cuando han sido conscientes de las posiciones que han perdido, no han dudado en empezar a intentar acotar algunas de las prácticas más lesivas de los GAFA con una batería de investigaciones de Bruselas y una buena ristra de multazos.

La dictadura china, que cerró la puerta a prácticamente todas las 'big tech' occidentales, facilitó la creación de una serie de campeones nacionales para competir en la carrera tecnológica. Para facilitar su crecimiento, simple y llanamente se miró para otro lado. No les importó tampoco que se consolidasen monopolios, más fáciles de controlar desde el Partido comunista que una enmarañada economía de múltiples actores.

Ese dejar hacer por parte de las autoridades chinas ha hecho, por ejemplo, que el sector tecnológico local y algunos de sus máximos exponentes hayan ganado un poder mayor, muchísimo mayor, al que tienen sus homólogos en los mercados extranjeros. Un muy buen ejemplo de este poder es el poder y el arraigo que han conseguido las 'superaplicaciones' chinas, 'apps' que han acabado convirtiéndose en sistemas operativos que cubren todas las necesidades de los usuarios.

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Foto: Reuters.

Las empresas responsables de estas 'superaplicaciones' han demostrado abiertamente comportamientos abusivos y monopolísticos mucho más descarados que en otros lugares sin que haya ocurrido nada durante mucho tiempo. ¿Se imaginan que WhatsApp fuese propiedad de Amazon y no permitiese compartir enlaces de AliExpress? Pues básicamente en lo que sucedió con WeChat, propiedad de Tencent, que no permitía enviar enlaces de Alibaba debido a los acuerdos de exclusividad que exigía a los vendedores.

Del 'frente Alibaba' al 'frente Didi'

"Hay que pensar en el sector tecnológico chino como el salvaje este", comenta Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano. "En su afán por competir con competir con Occidente se les ha dado mucha cancha a estas empresas. Eso ha dado pie a un mercado agresivo, mucho más que el americano, en el que el Partido intenta ahora poner orden tanto en la salud, en la educación o en el entretenimiento", continúa.

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El primer episodio que demostró que algo estaba cambiando en el seno de Gobierno chino y, por ende, del Partido Comunista fue el tira y afloja que mantuvieron las autoridades con Jack Ma, fundador de Alibaba, a principios de año. Una declaraciones del padre del Amazon chino y la frustrada salida a bolsa de Ant Group, su brazo financiero, destaparon esa lucha entre la clase económico-tecnológica y la clase política.

En ese momento se interpretó como un simple movimiento represivo ante una fortuna disidente, pero la rapidez con la que movieron ficha el Banco Central y otras investigaciones y multazos que vinieron después dieron fe de que se trataba de algo más que una llamada al orden. Había movimientos tectónicos, provocados para que estas firmas no consiguieran romper el estricto control que tienen las autoridades de los mecanismos económicos, a sabiendas que es un factor clave para que el modelo de estado no se tambalee. Es, en el fondo, el mismo motivo que movilizó la campaña de brutales restricciones al 'bitcoin' y otras criptomonedas.

"Tenía claro que la tecnología era clave y por eso se permitió que en la esfera privada se experimentase, se innovase, se hiciesen estos negocios. El problema es que se han dado cuenta de que se ha convertido en un poder que desborda las estructuras sobre las que se sostiene su poder. Ahí es donde se enmarca esta campaña".

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Los reguladores chinos no han relajado el ritmo desde entonces. En marzo multó a algunas de las principales compañías dedicadas al 'delivery' como pueden ser Meituan, Chuxing y Nice Tuan con 200.000 euros. Pocas semanas después trascendió que había amonestado a empresas como JD.com, Baidu o ByteDance, propietarios de TikTok. Este verano China ha elevado el tono y ha reforzado sus acciones contra las tecnológicas, con varias investigaciones a compañías como Didi, el conocido como 'Uber chino'. Las investigaciones, en este caso, se centraban en los supuestos riesgos para la seguridad de los datos de los usuarios. El castigo fue intenso. Le impidió registrar nuevos usuarios e incluso llegó a retirar su aplicación de las principales tiendas de aplicaciones.

Estos movimientos llegaron en un momento crítico: dos días después de una salida a bolsa en Nueva York, donde consiguió 4.400 millones. Poco después, hizo lo propio contra empresas como Yunmanman y Huochenbang (conocidas como las 'Didis de los camiones') así como Boss Zhipin, una especie de LinkedIn chino. Todas estas intervenciones fueron justificadas con el mismo mantra: "prevenir riesgos a la seguridad nacional y proteger el interés general". Pero tenían algo más en común: todas ellas eran cotizadas en mercados estadounidenses. El poner orden en el uso y recolección de datos que hacen todas estas compañías y crear una especie de cortafuegos 'normativo' supondría minimizar el riesgo de que empresas y capitales extranjeros accediesen a información valiosísima de los ciudadanos y el mercado nacional, como aspectos relativos al flujo de personas, de mercancías o de infraestructuras. Para lograrlo ha puesto sobre la mesa algo que ya se había planteado en la UE: una batería de medidas que les permitan regular y controlar la acción de los diferentes 'algoritmos' de las empresas tecnológicas.

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