Una década en números rojos: ¿por qué el 'delivery' es una máquina de perder dinero?
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Y NO, NO ES CULPA DE LA 'LEY RIDER'

Una década en números rojos: ¿por qué el 'delivery' es una máquina de perder dinero?

El covid ha dado a estas plataformas crecimientos de tres cifras. A pesar de ello, prácticamente ninguna empresa como Glovo, Deliveroo o Uber Eats ha sido nunca rentable. En España, además tienen que superar la regulación laboral

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Foto: Reuters.

Raúl, un programador de Lugo de 30 años que reside en Madrid, se bajó por primera vez una app de comida a domicilio cuando habían pasado algunas semanas de confinamiento. Recuerda que le apetecía "algo guarro" para cenar, pero no recuerda por qué descargó Uber Eats y no otra. "No había utilizado nunca nada de eso. Si no llegamos a estar encerrados, ni lo hubiese hecho, creo. Sin embargo, me siguen enviando ofertas cada dos por tres y alguna que otra vez he picado, incluso cuando volvieron a abrir los bares y tal", confiesa. Abre su correo electrónico e introduce el nombre de la 'app' en el cajón de búsquedas. Solo en lo que llevamos de junio le han entrado casi una treintena de mails promocionales. "50% de descuento en tal restaurante, 2x1 en este otro, 16€ para tus próximos tres pedidos...", lee en alto.

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño.

Raúl es uno más de cientos de miles de personas en todo el mundo que recurrieron a estos servicios durante lo más duro de la pandemia, bien por primera vez o, si ya hacían uso de ellos, aumentando la frecuencia. La obligación de estar en casa y las posteriores reticencias a acudir a restaurantes llenos de desconocidos impulsaron la actividad de estas plataformas. El covid, al final, ha tenido un efecto similar al de la hormona del crecimiento tanto para Glovo, Deliveroo, la mencionada Uber Eats y otras tantas plataformas.

Solo en España, según la consultora NPD, el sector del 'delivery' logró subir su facturación hasta los 1.770 millones de euros el pasado año. Fuera de las fronteras patrias, la situación ha sido calcada. Delivero Hero, una multinacional alemana con presencia en 50 países y uno de los principales inversores de Glovo, ha visto subir sus acciones desde los 49,3 euros en diciembre de 2019 hasta los 137 euros en enero de 2021. Al otro lado del Atlántico, una plataforma como DoorDash (que protagonizó una de las grandes salidas a Bolsa del 2020) también han vivido mes tras mes en un continuo agosto gracias a las restricciones sanitarias. A pesar de este 'chute', la práctica totalidad de las empresas de esta industria no han visto en su historia un número verde en su 'excel' de beneficios. La única que ha logrado en nuestro país ganar dinero y no simplemente se ha dedicado a ingresarlo, por su particular casuística, ha sido JustEat.

Crecer quemando dinero

Estas dos estampas, la lluvia de ofertas y descuentos así como ese aparente 'boom infértil' del negocio, son las dos piezas de un puzle que ayudan a entender la cruda realidad que hay entre bambalinas en este oficio. Los que aspiran a consolidarse en este nuevo y atractivo mercado se ven obligados a declarar una guerra de precios, atrayendo a los usuarios con tarifas 'subvencionadas' que no dan para cubrir lo que les cuesta prestar el servicio.

"Esto es frecuente en muchas 'startups'. Es una de las estrategias de penetración en los mercados más clásica", explica Fernando Castelló Sirvent, profesor de la escuela de negocios ESIC. "Se entra con unos precios que están por debajo de los costes operativos, se adquiere masa crítica y luego, en muchas ocasiones, se tienden a subir cuando tienen cierto dominio del mercado o se tiene ya una cierta implementación", comenta este economista. El caso del 'delivery' es claro pero hay muchos otros ejemplos como el de Uber, que dejaba los precios a coste de saldo en distintas ciudades para atraer usuarios del taxi. Otro buen ejemplo es el de Amazon con Prime. Cuando ha conseguido que muchos usuarios se acostumbren a usarlo, ha ido subiendo progresivamente las tarifas, algo que podría suceder nuevamente en España dentro de poco.

El problema en el caso de la entrega a domicilio, lejos de ser una escaramuza 'marketiniana' acotada en el tiempo, es que ha acabado por enquistarse y no hay un horizonte claro de rentabilidad. Y no lo hay a pesar de que ya han pasado hasta ocho años desde la fundación de algunas grandes empresas. Durante ese tiempo, han sido enormes máquinas de quemar dinero.

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Foto: Reuters.

Estos planes de largo aliento corren a costa de continuas y exorbitantes rondas de inversión e, incluso, opulentas salidas a Bolsa. "Hay que desmitificar lo de acudir a las rondas de inversión. Eso no nos habla del Ebitda o de la buena marcha de la empresa. Una ronda de inversión se realiza porque hay esperanza en un futuro de que se alcance una valoración muy grande y se multiplique el capital depositado", añade Castelló Sirvent. "Lo mismo ocurre en los mercados bursátiles. Hay expectativas de futuro suficientes como para que la demanda de acciones supere a la oferta".

Una de las que optó por salir a los mercados con una oferta pública de venta fue Deliveroo, una de las plataformas decanas del sector. La plaza bursátil que escogió fue Londres. La confirmación de su OPV llegaba tras un ejercicio, el 2020, en el que las pérdidas operativas cayeron hasta los 220 millones de euros desde los 369 millones negativos que habían logrado un año antes. En el caso de esta compañía se agarraban al argumento de que el Ebitda se situaba en 11 millones de euros negativos, lo que suponía una mejora del 95%.

Uber Eats también se ha venido arriba en ese tiempo. El pasado ejercicio su actividad subió un 224%, lo que le supuso facturar más de 1.330 millones de euros cada trimestre. Algo que sirvió a la compañía para compensar las pérdidas de su principal negociado: el transporte de pasajeros, que cayó un 52% por el coronavirus. Aquello se tradujo en unas pérdidas globales de 6.768 millones de euros, un 20% menos que en el 2019. Esta mejora hay que cogerla con pinzas, porque el balance de ese curso se vio lastrado por una salida a Bolsa un tanto caótica. A pesar de esta explosión en la demanda, Uber Eats siguió siendo una actividad deficitaria.

0,90 de 35,55 dólares

La cuestión es que el reparto de comida a domicilio, tal y como lo han ideado estas empresas, deja unos márgenes bajísimos. "Es y será siempre un negocio ruinoso", llegó a afirmar Matt Maloney, pionero en esto de la entrega a domicilio y fundador de GrubHub, una plataforma estadounidense adquirida el pasado verano por la matriz de Just Eat por 6.500 millones. Esta operación permitirá que esta multinacional se convierta en la mayor empresa del sector fuera de China.

La pregunta obligada es cuánto gana cada plataforma por entrega. El problema es que puede variar tremendamente dependiendo la aplicación, el restaurante, las condiciones en las que el 'rider' entrega el pedido... "Es un ejercicio de economía ficción", dice Castelló Sirvent. "La mayoría de plataformas no hace pública esa información". Un documento de Deustche Bank elaborado a raíz de los informes de DoorDash del segundo trimestre de 2020 arroja un dato bastante clarificador: el raquítico beneficio que obtenía la plataforma por una comanda de casi 36 dólares era de menos de un dólar.

El creador de Grubhub, adquirida por JustEat, dijo que "es y será un negocio ruinoso"

Una cena de 35,55 dólares (el promedio en el tramo analizado) se repartía de la siguiente forma: 19,97 dólares limpios eran para el restaurante después de pagar la comisión, 1,82 dólares se esfumaban en impuestos, el repartidor se llevaba 8,91 dólares y DoorDash, 4,85 dólares. Después de descontar costes como los reembolsos, la publicidad o las promociones, la compañía conseguía una ganancia de 90 centavos de dólar.

Estas cifras, además corresponden a un periodo concreto en lo que esta compañía californiana consiguió, por primera vez, el primer y único trimestre con ganancias de su existencia. 23 millones de dólares. Al siguiente trimestre, cuando en EEUU se empezaron a relajar las restricciones, volvieron los números rojos. Eso ha hecho, por ejemplo, que muchos se cuestionen si el crecimiento derivado de la pandemia sea realmente orgánico o se evaporará según se avance hacia la vieja normalidad.

De 8.000 a 19.000 pedidos diarios

Un grupo de investigadores de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) han publicado una investigación en la que concluyen que para alcanzar la rentabilidad y cubrir los costes operativos en una gran ciudad como Barcelona, las plataformas de 'delivery' necesitarían de al menos 8.000 pedidos diarios. Una conclusión a la que han llegado tras estudiar entre otras cosas cómo se generan los ingresos y qué gastos fijos y variables se gestionan. "Esa cifra hace a un escenario, digamos, benévolo", cuenta Eduard J. Álvarez Palau, profesor de loa Estudios de Economía y Empresa de la UOC e investigador del grupo SUMA. "Si queremos también que cubran los gastos derivados, por ejemplo, de la expansión a otros mercados, tendrían que subir a 19.000", concluye. "Si uno mira las estadísticas del sector, pues puede pensar que hay margen para hacerlo. Pero en todo caso uno o dos competidores, no todos", remata a la par que asegura: "Van a tener que diversificarse".

En el caso de Glovo, el unicornio español, la radiografía no es mucho mejor. La empresa de Óscar Pierre se fundó en 2015. Desde entonces ha perdido casi 300 millones de euros. Esto es lo que se destila de las cuentas que recientemente depositó en el Registro Mercantil, correspondientes al 2019, que permiten obtener una interesante fotografía de la salud de la empresa, a pesar de no contar con los efectos positivos del covid.

En ese año ingresó 218 millones de euros netos, prácticamente el triple que un curso (75 millones en 2018). Sin embargo, las pérdidas también se multiplican. Pasan de casi 80 millones a rozar los 200 millones de euros.

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Foto: Reuters.

La compañía ha tenido también varios tropiezos tras una agresiva campaña de expansión que pinchó en hueso en Oriente Próximo y América Latina, donde se retiraron al poco de llegar. La cuestión es que a pesar de esa importante diversificación geográfica que están acometiendo (ahora se están dirigiendo principalmente a países de Europa del Este), 1 de cada 2 euros que ingresaron hasta 2019 se generaba en suelo español. Algo que le deja si cabe más expuesto aún a los cambios normativos en materia laboral que han puesto en marcha desde el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, un movimiento que puede ser un misil a la línea de flotación de su negocio. No hay que olvidar que en menos de dos meses, después de la aprobación del decreto correspondiente en el Congreso de los Diputados, los repartidores de estas apps deberán ser asalariados. Un antes y un después en un gremio que hasta hace más bien poco se nutría mayormente de trabajadores por cuenta propia que la Justicia española señaló como falsos autónomos en repetidas ocasiones.

Foto: Un trabajador de Amazon, la empresa que se ha convertido en el mejor campo de pruebas sindical. (Reuters)


El oasis Just Eat

La 'Ley Rider' de Yolanda Díaz es un añadido más a las dificultades existentes para hacer negocio en una actividad con estrechos márgenes de beneficios y donde los diferentes protagonistas han estado más ocupados en crecer en usuarios y no en optimizar los ingresos. El debate de la laboralidad amenaza con extenderse a otros países. En nuestro entorno ya son varios los gobiernos que han empezado a estudiarlo y la UE prepara una normativa para las plataformas digitales. En EEUU, aunque Uber y otros actores de la 'gig economy' ganaron una importante votación en California para que sus trabajadores siguiesen considerados "como contratistas independientes", el propio Biden ha mostrado sus reservas sobre esta materia.

"Es lógico que experimenten con la subcontratación", añade Eduard J. Álvarez. "Nosotros calculamos que si optasen por la contratación tendrían que subir un 30% los precios. Hay que cubrir unos costes laborales que ahora no, contingencias, gastos de bajas, de vacaciones, de materiales como la bici o la mochila", resume.

La subcontratación es una de las herramientas que ha utilizado JustEat en España desde hace un tiempo. Es cierto que la gran mayoría de su negocio viene del modelo 'marketplace', donde lo único que hacen es poner en contacto al restaurante con el cliente y el reparto lo hace el hostelero. La comisión que se llevan es menor, pero también lo son los gastos.

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Foto: Reuters.

Pero la compañía también ofrece la posibilidad de montar la logística. En aquellos sitios donde les sale a cuenta tener su propia flota (solo la tienen en Madrid y Barcelona), en lugar de utilizar autónomos, los subcontrata a empresas como el Grupo Mox. Al tener varios clientes, estas empresas se pueden permitir tenerlos en nómina por una simple economía de escala. El tiempo ha dado la razón a JustEat: 44 millones de ingresos en España en 2019, de los que 6 eran beneficios limpios.

El experto de la UOC cree que la externalización no va a ser la panacea para adaptarse a la nueva realidad. "Creo que les va a costar encontrar mano de obra por el fenómeno del realquiler de perfiles de 'riders'", opina. Una de las cosas que se generó en plataformas como Glovo, Uber Eats o Deliveroo es el mercadeo de estas licencias. Personas que estaban dadas de alta en una o más plataformas 'cedían' sus perfiles a terceros a cambio de un pequeño porcentaje, que muchas veces eran personas sin papeles que lograban así tener un pequeño ingreso. "Esto, con una relación de laboralidad, no va a ser posible".

¿Burbuja? ¿Subida de precios?

Si apenas nadie gana dinero pero esto no es obstáculo para atraer millones y millones de inversión... ¿Podríamos estar ante una burbuja? "Siempre que irrumpe una nueva industria, a excepción de que esté protegida por una patente o una gran innovación, nos encontramos una fase de introducción y luego se pasa a una fase de crecimiento en el que entran e intentar entrar muchos nuevos actores", responde Castelló Sirvent cuando se le pregunta si se han sobreestimado las posibilidades del negocio. "Creo que se va a acabar tarde o temprano produciendo un proceso de concentración, bien mediante compras o bien mediante fusiones", añade.

El inconveniente, visto desde el punto de vista de los usuarios, es que en esa situación de concentración "los clientes pierden poder de negociación" y, por tanto, el entorno es más favorable para que las empresas suban los precios. "También es posible que, cuanto más grandes se hagan, más posibilidades tengan de cerrar exclusividades con cadenas de restauración, generando nuevos ingresos que no repercutan siempre en el bolsillo del usuario".

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Foto: Reuters.

Antes de que el Ministerio de Trabajo pusiese en marcha esta reforma, algunas empresas ya habían empezado a diversificarse. El primer paso, por ejemplo, en el caso de Glovo fue empezar a colaborar con supermercados para la entrega de alimentos no preparados y otros productos de la cesta de la compra. Es algo que también han hecho otras plataformas en diversos puntos del mundo como es el caso de Uber Eats o DoorDash en EEUU.

Castelló Sirvent, que ya publicó hace dos años un estudio sobre los efectos de declarar trabajadores por cuenta ajena a los 'riders', dice que una vez se obliga a estas empresas a asumir los costes de contratación tienen varias vías. Por una parte, "imputar ese cargo" al precio que cobran a establecimientos y clientes para cubrir los gastos operativos, generando mucha más masa crítica o cambiando su estrategia "ampliando sus servicios y tomando más parte de la cadena de valor".

Foto: Un repartidor de Glovo. (Foto: Reuters)

El problema en este caso es que el margen que puede tener una cadena de supermercados por cada venta es menor que la que puede tener un restaurante que cocine una hamburguesa por 2 euros y la venda por 11. Por eso, las plataformas de 'delivery' tienen más complicado sacar una gran comisión por trabajar con estos establecimientos.

Algo que ha provocado que den un paso atrás en la cadena logística y no solo se encarguen de la última milla y monten los conocidos como 'supermercados fantasma'. De esta manera, negocian directamente con los proveedores y eliminan un intermediario gracias a sus 'Súper Glovo'. Gracias a esto, lograron levantar 450 millones, la mayor ronda conseguida por una empresa española.

Pero esto no está exento de riesgos, ya que es una industria completamente nueva, el de las entregas ultrarrápidas, en la que han entrado muchos competidores. En los últimos meses se han multiplicado las 'startups' en Madrid y Barcelona especializadas en llevarte la compra en 10 minutos a casa como Dija, Blok o Gorillas. Empresas que, casualmente, llegan con una estrategia muy similar a las 'delivery'. "Es un sector en el que hay que quemar mucho dinero para expandirte muy rápido, con promociones agresivas y logrando capilaridad empresarial", admitía el responsable en España de una estas compañías a este periódico.

Raúl, un programador de Lugo de 30 años que reside en Madrid, se bajó por primera vez una app de comida a domicilio cuando habían pasado algunas semanas de confinamiento. Recuerda que le apetecía "algo guarro" para cenar, pero no recuerda por qué descargó Uber Eats y no otra. "No había utilizado nunca nada de eso. Si no llegamos a estar encerrados, ni lo hubiese hecho, creo. Sin embargo, me siguen enviando ofertas cada dos por tres y alguna que otra vez he picado, incluso cuando volvieron a abrir los bares y tal", confiesa. Abre su correo electrónico e introduce el nombre de la 'app' en el cajón de búsquedas. Solo en lo que llevamos de junio le han entrado casi una treintena de mails promocionales. "50% de descuento en tal restaurante, 2x1 en este otro, 16€ para tus próximos tres pedidos...", lee en alto.

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