"Vamos hacia redes sociales más cerradas porque ya no aguantamos no tener razón"
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Así campa a sus anchas la desinformación

"Vamos hacia redes sociales más cerradas porque ya no aguantamos no tener razón"

Leticia Rodríguez Fernández, experta en desinformación y propaganda, acaba de publicar el libro 'Propaganda digital. Comunicación en tiempos de desinformación'

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Leticia Rodríguez Fernández. Imagen cedida.

Un vídeo viral de una joven con un discurso polémico que genera dudas sobre si es propaganda ultraderechista, una extraña campaña de diferentes cuentas y medios alternativos que acaba con exdiputados españoles pidiendo que en las elecciones a la Comunidad de Madrid no se vote por correo, el expresidente del Fútbol Club Barcelona detenido por una campaña de 'autodesprestigio' en redes sociales... Todo esto ha ocurrido en las últimas semanas y casos similares llevan años ocurriendo. Las redes sociales se han convertido en la última batalla de la propaganda y pieza fundamental para la desinformación y eso trata de analizar y divulgar Leticia Rodríguez Fernández, experta en desinformación y propaganda, y profesora de comunicación en la Universidad de Cádiz, en su nuevo libro.

Bajo el título de 'Propaganda digital. Comunicación en tiempos de desinformación' esta investigadora asturiana presenta un manual que resume y presenta las claves de la propaganda digital actual, los mayores riesgos a los que llevamos más de una década enfrenándonos, casos más llamativos y una realidad inequívoca: la propaganda no es algo nuevo, ni mucho menos, el problema es que la situación actual ha complicado aún más la lucha contra lo peor de estas formas de comunicación y todo apunta a que esto solo va a empeorar. Su libro intenta justo que evitemos en la medida posible que la situación empeore y que todos estemos mejor armados en medio de esta guerra comunicativa. ¿Cómo? Con un acercamiento del fenómeno de la desinformación al gran público, pero no parece sencillo.

Foto: (Foto: Reuters)

PREGUNTA. ¿Cómo ves las elecciones de Madrid, con una situación tan polarizada, caótica y en plena pandemia? ¿Crees que la propaganda digital y la desinformación va a jugar un papel importante?

RESPUESTA. Creo que estamos en un escenario tremendo. Fue muy duro ver que cuando llegó el torrente de actualidad todos optaban por la misma estrategia, polarizar y polarizar, daba igual el lado que mirases. Y es alucinante ver que siguen haciéndolo una y otra vez tanto en internet como fuera.

P. ¿Pero esto es efectivo? Es decir, ya todos conocemos estas estrategias desde la época de Trump, el Brexit y demás, llevamos años viendo copias y más copias, pero se sigue apelando a las mismas ideas.

R. La cruda realidad es que sí. Tanto los políticos como, y esto es lo más peligroso, los profesionales de la comunicación, siguen y seguimos cayendo en esto porque apelar a las emociones y al miedo siempre ha sido y es efectivo, y no parece que vaya a parar de hacerse si nada cambia. Se infantiliza la política, pero parece que no nos importa porque da réditos a todos los que participan en el juego, incluidas también las plataformas. Y ya da igual a que lado miras, porque lo que funciona en un sitio, se emula en el otro.

P. Justo estos días veía en internet que frente al #Teamfacha, un grupo de ‘influencer’ de derechas que se juntaron para hacer propaganda con esa ideología, iba a nacer un nuevo grupo #FrenteMediáticoPopular que buscaba hacerles frente con estrategias similares. ¿Esto sirve de algo? ¿O solo embarra más la discusión?

R. Uno de los motivos de escribir el libro era mostrar que todo esto que ahora vemos en la propaganda en internet no es nuevo. Con diferentes armas, siempre esto ha ido de generar narrativas y contranarrativas, y es legítimo, el problema con la desinformación actual es que enfrentamos al público a tantas narrativas y contranarrativas que el relato oficial no tiene ningún tipo de credibilidad ni puede tenerla. Por otro lado, además, esa exposición a narrativas alternativas hace que la ciudadanía siempre encuentre el sesgo en el que encajar, reafirmarse y soltar sus frustraciones con seguridad viendo que no es el único que piensa así. Es una bomba de relojería.

P. ¿Y cuánto de culpa tienen en esto las redes sociales? Porque ellos son los que priorizan unos contenidos y filtran la información.

R. Bueno, llevamos como 11 años hablando de desinformación, propaganda digital peligrosa, redes extranjeras que buscan influir… y tampoco han hecho mucho para acabar con todo ello. Pero bueno, que los gobiernos también tienen parte de culpa, porque estamos dejando la ‘verdad’ en manos de empresas que ni siquiera son transparentes a la hora de hablar de cómo actúan sobre la desinformación y ni siquiera se aprieta para que actúen.

P. Es lo que también ocurre con los algoritmos de recomendación y demás, ¿no?

R. Eso es. No hay que olvidar que hablamos de empresas y algo que me preocupa y lo plasmo en el libro es que lo que nosotros consideramos que es nuestra libertad en internet, es la libertad que te da una empresa. Internet, que era algo para tener una visión universal del mundo está sufriendo un proceso de cierres y limitaciones y estamos sesgando tanto que cada potencia va a tener su internet, y dentro de esos espacios los algoritmos empresariales te van a ir cerrando cada vez más la mirada, por lo que el sesgo se va a ir acentuando. Es decir, aunque creamos que somos libres de ver lo que queramos en internet, lo cierto es que vemos lo que una empresa quiere que veamos.

P. En el manual eres muy crítica con la lucha entre regular las redes sociales y ese concepto de no hacerlo para preservar la libertad de expresión.

R. Claro, yo esto lo relaciono con la teoría de la espiral del silencio, de Elisabeth Noelle-Neumann. Tenemos la idea de que si regulamos o censuramos las redes o internet reducimos la libertad de expresión, pero si tienes grupos que de manera masiva generan corrientes de opinión, lo que pasa si no lo regulas de alguna manera es que se silencia al que está en contra o tiene una posición minoritaria, aunque esa persona pueda ser la que tenga razón o tenga más sentido común. Su opinión queda tapada o se ve obligado a callarse por la avalancha de movimientos ideologizados que van en su contra.

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P. Todo esto me recuerda un poco al vídeo de la joven que se hizo viral con un mensaje que muchos dijeron que era propaganda ultraderechista aunque al final nadie puedo confirmar si había una campaña tras el mensaje. ¿Hay espacio ya para algo que se haga viral sin ser propaganda o estar preparado de alguna forma y que nos convenza de que es natural?

R. Uno de los argumentos que se utilizan para ir contra la regulación en internet es que se dice que el anonimato y la libertad en la red ha hecho que muchos movimientos activistas surgieran, como el 15-M, Primavera Árabe, Occupy Wall Street, etc. Y es verdad que todavía hay posibilidades de que mensajes y movimientos espontáneos surjan y se hagan masivos, pero creo que cada vez son menos, pues el propagandista ha aprovechado esa espontaneidad para vehicular tantas campañas que ha hecho que ya el activismo no pueda ser ni creíble.

Y en este caso tenemos un buen ejemplo de ello. La que habla en el vídeo es una chica joven que mira a cámara, un elemento clave en muchas campañas de propaganda internacional como ocurrió en Ucrania, también lo vimos en Cataluña, y muchos años antes en Kuwait. Entonces, si ya todos conocemos este u otros trucos propagandísticos te salta la alarma, aunque realmente pueda ser algo sin intereses detrás que haya crecido de manera espontánea. Es muy difícil que sea así y que lo creamos así.

P. ¿Y el hartazgo de la propaganda y de las campañas continuas nos puede empujar a pasar de estas redes, igual que se ha ido perdiendo la creencia en los medios, para irnos a redes sociales más cerradas? Pienso en el auge de sitios como Telegram, Discord, los grupos de Facebook…

R. Volvemos a la política y a la polarización exagerada, pues el reflejo en la sociedad no es tan diferente a lo que vemos en la esfera política. Te pasas a sitios más cerrados por la necesidad de reafirmarte, de confirmar que tienes razón y que tu sesgo es el bueno. Al final a más polarización menos conciencia crítica, menos ganas de contrastar… Vamos hacia redes más cerradas porque no aguantamos no tener razón. Igual que cada día es más difícil encontrar a gente que lee dos periódicos para contrastar, se queda con el que confirma sus opiniones y listo.

"Debemos ser los profesionales de la comunicación los que tomemos consciencia de lo que hacemos y evitar caer en malas prácticas"

P. ¿Y cómo podemos contrarrestar toda esta polarización, la desinformación y demás?

R. Es algo muy complicado y que no pasa con un solo movimiento, hay mucho que ajustar por todas partes. Por un lado tenemos que potenciar la conciencia crítica y educar para que la ciudadanía sea consciente de lo que ve en internet, pero también debemos ser los profesionales de la comunicación los que tomemos consciencia de lo que hacemos y evitar caer en malas prácticas. Creemos que esto de la desinformación es cosa de grupos y redes clandestinas, entornos oscuros, pero grandes agencias de publicidad y medios han caído en estas prácticas con campañas incluso racistas, y han normalizado estos trabajos. Y bueno, por último, desde las instituciones hay que intentar también presionar a las plataformas para que se curen los contenidos y se ponga más atención, pero el problema migrará a otros lados.

P. Bueno, hay redes nuevas como TikTok que sí que están intentando frenar desde el principio temas como la propaganda política.

R. Pero siempre puedes encontrar una vía si se quiere. Por eso, a parte de presionar, hay que enseñar a la población a buscar la intencionalidad de lo que ve. Algo tan básico que todos los profesionales de la comunicación tenemos interiorizado debemos compartirlo y que sea toda la población la que sea consciente de cómo funciona la información, las redes, los medios, etc.

P. ¿Y crees que las nuevas generaciones, que ya han crecido con estos problemas, lo tienen más claro?

R. Bueno, a mí me preocupa bastante. El otro día en una clase les pregunté por el tema de los ‘youtubers’ y Andorra y me dijeron algo así como que los medios de comunicación estaban preocupados porque los ‘youtubers’ les quitan audiencia e ingresos publicitarios. Y les respondí, “¿no creéis que esa es la postura que os han contado los ‘youtubers’ y que a lo mejor el problema es otro que no estamos viendo?” Ellos también tienen sus propios sesgos.

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