"Si todos los españoles jugamos a ser autoridades sanitarias, esto es el caos"
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Entrevista a Jesús Díez Manglano

"Si todos los españoles jugamos a ser autoridades sanitarias, esto es el caos"

La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), presidida por Díez Manglano, ha creado una de las mayores bases de datos del mundo sobre pacientes de covid

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Jesús Díez Manglano. (Cedida)

Jesús Díez Manglano (Zaragoza, 1961) se convirtió en presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) a finales de 2020, el año más difícil que se recuerda en los hospitales españoles. Internista del Hospital Royo Villanova de Zaragoza y con una amplia trayectoria en el campo de la investigación sanitaria, destaca el esfuerzo que a lo largo de este último año han tenido que hacer los profesionales sanitarios frente al covid, no solo en su labor asistencial, sino también intentando obtener datos útiles frente a una enfermedad nueva.

Los internistas españoles crearon una base de datos de pacientes que se ha convertido en una de las más importantes del mundo y una fuente casi inagotable de artículos científicos que ayuda a entender las características de los enfermos y a combatir el coronavirus. En el Registro SEMI-COVID-19 han participado 700 profesionales, que han incluido información de 20.000 pacientes: sus perfiles, los síntomas, los factores de riesgo o los tratamientos, entre otras muchas cuestiones. Tras una dura tercera ola, esperan no tener que seguir incrementando las estadísticas.

Foto: Foto: EFE.

PREGUNTA. ¿Qué aporta el registro de pacientes y los datos que están obteniendo?

RESPUESTA. Es el registro más grande a nivel nacional y uno de los más importantes del mundo de pacientes hospitalizados por covid. Esto nos permite conocer muchas características de la evolución de los pacientes, los factores de buen o mal pronóstico, qué tratamientos funcionan o no, y cuál es la afectación según los diferentes grupos de población.

P. ¿Hay algún dato especialmente revelador?

R. Por ejemplo, el de los trabajadores sanitarios. Han estado expuestos a una carga infectiva más grande, sobre todo al inicio, cuando no había suficientes equipos de protección; y también después, en su día a día. Sin embargo, hemos visto que no tienen una mayor mortalidad. Por supuesto que hay que protegerles y evitar contactos, pero es un mensaje tranquilizador que, a pesar de su mayor exposición, las personas que trabajan en la sanidad no fallezcan más.

Hay otras investigaciones muy importantes. Vimos que los pacientes con diabetes evolucionan peor, pero que esto también ocurría con los no diabéticos que ingresan con un azúcar alto. La última investigación que hemos publicado revela que en la primera ola los varones tenían un pronóstico claramente peor que las mujeres.

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Jesús Díez Manglano. (YouTube/Redacción Médica)

P. ¿De dónde sale todo este esfuerzo investigador en plena pandemia? ¿Tienen recursos suficientes?

R. Esto es un esfuerzo de los propios internistas que atienden a pacientes con covid. Ante una enfermedad nueva, vieron que era importante recopilar datos y generar conocimiento. Esto no ha tenido ningún tipo de financiación, todos los gastos los está cubriendo la SEMI, y no es poco dinero. Hemos calculado que solo introducir los datos de cada paciente que da su consentimiento lleva hasta 25 minutos. Ahora mismo, llevamos 20.000 pacientes. Esto es mucho tiempo de dedicación en personas que han hecho y siguen haciendo un esfuerzo laboral tremendo; sobre todo el año pasado, duplicando turnos, haciendo horas extra, trabajando fines de semana. Sin embargo, tuvieron la motivación suficiente, después de su jornada, para generar conocimiento que sirviera a toda la sociedad.

P. Ahora hablamos mucho de la importancia de la investigación. ¿Pasará la pandemia y nos olvidaremos de nuevo?

R. Este país tiene un gravísimo problema con la investigación. No cree en ella. Aquellas personas que se dedican en exclusiva a la investigación están muy mal pagadas. Hay que tener en cuenta que invertir en investigación siempre es rentable, pero nunca a corto plazo. Invertir un euro en investigación genera entre cuatro y cinco euros casi con toda seguridad, pero no los genera en el plazo de un año ni de dos, sino en 10 o 12. Así que hay que invertir teniendo en mente una perspectiva más larga. Eso es lo que todavía falta en España, en la Administración, en la universidad y en la empresa privada. Lamentablemente, en nuestro país la colaboración público-privada es muy pequeña, deja mucho que desear y tanto las administraciones como las empresas tienen que tener en cuenta esta visión a medio plazo.

P. ¿La pandemia ha cambiado el modo de hacer ciencia?

R. Sí, pero sobre todo en el ámbito del covid. La ciencia sigue funcionando con el mismo estándar de calidad en otros aspectos, pero con esta enfermedad nueva había mucha prisa por generar conocimiento y que todo estuviera rápidamente disponible. Ha habido muy buenos trabajos que han salido muy pronto, pero también otros muchos con un rigor metodológico bastante cuestionable, publicados como ‘preprint’, y que luego se ha visto que eran investigaciones de poco valor. Incluso en revistas de alto impacto, han salido artículos con poco rigor desde el punto de vista metodológico.

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Foto: Reuters.

P. ¿Qué han aprendido ustedes a la hora de tratar a los pacientes?

R. Hay cosas que no sirven y que inicialmente se empezaron a utilizar buscando lo que pudiera ser útil. Todos hemos oído hablar de la hidroxicloroquina, del lopinavir/ritonavir o del interferón. Hay muchos tratamientos que ya no se utilizan. En cambio, hemos aprendido que es muy importante el soporte de los pacientes, por supuesto el respiratorio, pero también el de su alimentación. La dexametasona y los corticoides en general son útiles y ayudan en determinados casos graves. Y poco más, porque hay evidencias a favor del plasma, de remdesivir y de tocilizumab, pero todavía siguen siendo débiles y controvertidas.

P. ¿Por qué hemos avanzado tanto con las vacunas y tan poco con los tratamientos?

R. La metodología para la vacuna es muy repetitiva para una enfermedad o para otra. Evidentemente, estamos hablando de diferentes gérmenes, pero lo que queremos es crear un estímulo con un antígeno para que se creen defensas. Esto ocurre con todas las vacunas, el sistema es muy parecido. Sin embargo, en el caso de los tratamientos, no lo es. Hay que tener en cuenta que ahora mismo tenemos muchos antibióticos que hacen frente a las enfermedades bacterianas, pero tenemos muchos menos agentes antivíricos. Todavía hay muchas enfermedades virales para las que no existe un tratamiento, porque es mucho más difícil generar este conocimiento y descubrir sustancias que actúen frente a los virus.

P. A lo largo de este año, hemos aprendido mucho sobre el SARS-CoV-2, pero ¿qué nos queda por saber?

R. Hay muchísimos interrogantes. Hay que tener en cuenta que estamos ante una enfermedad nueva y un año de tiempo es muy poco. Están los aspectos de la transmisión y la prevención, la vacunación, el tratamiento y el pronóstico. Ahora mismo, lo más importante es intentar disminuir la mortalidad.

P. Si pudiéramos volver un año atrás, ¿qué deberíamos cambiar?

R. Esta cuestión es un poco estéril. No podemos volver atrás. Otra cosa es que si nos vienen circunstancias relativamente parecidas, tengamos que proceder de manera diferente. Si volviéramos atrás, no sabríamos lo que sabemos ahora y probablemente tomaríamos las mismas medidas, con los mismos aciertos y los mismos errores. Es un ejercicio que no tiene sentido.

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Foto: Reuters.

P. Pero ¿en qué han fallado el Gobierno o las comunidades autónomas?

R. Los políticos y las autoridades sanitarias tienen que tomar decisiones. Ante una enfermedad nueva, apuestan por las que consideran mejores, que pueden ser más o menos acertadas. A otros países y a la Organización Mundial de la Salud les ha ocurrido lo mismo. La principal cuestión que se podría haber pedido a nuestras autoridades sanitarias es que hubieran hecho un esfuerzo para llegar a consensos y acuerdos entre el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas. Incluso aunque las decisiones no hubieran sido las mejores porque no había conocimiento para ello, esto habría aportado una gran seguridad a la población. Lo que no puede ser es que la gente reciba mensajes diferentes según dónde viva o según quién los plantee. Eso genera inseguridad y desconfianza. En una situación como esta, precisamente, lo que hay que crear es todo lo contrario, confianza en las autoridades, en los medios sanitarios y en nuestra sociedad. Ese es el principal esfuerzo que tenían que haber hecho.

P. Estamos con la curva de contagios a la baja, pero se están relajando medidas y viene Semana Santa. ¿Volveremos a complicar la situación de los hospitales?

R. No sabemos lo que va a venir, porque las circunstancias van cambiando. Se están relajando algunas medidas, pero no de manera general; y hay un factor nuevo, que es la vacunación. Estamos viendo que los brotes en las residencias han disminuido de manera drástica. ¿Vamos a cometer los mismos errores? No lo sé. Si todos los españoles jugamos a ser autoridades sanitarias y a dar recetas de lo que se debería hacer, esto es el caos.

No sabemos lo que va a venir. Se están relajando algunas medidas, pero no de manera general, y hay un factor nuevo, que es la vacunación

P. Si llega una cuarta ola, ¿los profesionales sanitarios ya están demasiado agotados?

R. Los profesionales sanitarios vamos a estar ahí vengan una cuarta, quinta, sexta, novena o centésima ola. Es nuestra profesión, nuestra dedicación y nuestra vida. Son los pacientes los que nos mueven. ¿Agotados? ¡Claro! Es un año de sobreesfuerzo permanente. En determinadas especialidades, como la mía, Medicina Interna, es agotador. Lo mismo ocurre con el personal de Atención Primaria, de las UCI, con los neumólogos o los de Urgencias. ¿Eso quiere decir que no vamos a poder hacer frente a lo que venga? En absoluto. Estaremos allí como hemos estado hasta ahora y seguiremos estando.

P. ¿Y no se sienten abandonados por los políticos o por los ciudadanos?

R. Vuelvo a decir que las autoridades sanitarias tienen que tomar las decisiones que consideren mejores. A nosotros, lo que nos causa estupor es ver que salen imágenes de fiestas con centenares de personas sin mascarilla y sin guardar la distancia social. Eso es un caldo de cultivo para que el virus se propague y pueda haber nuevos casos entre las personas que están allí o entre sus allegados. Los políticos pueden tomar decisiones mejores o peores, pero lo que nos descorazona es la falta de responsabilidad social de una parte de la población. Aun así, nosotros vamos a estar aquí atendiendo a los pacientes.

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Jesús Díez Manglano. (Cedida)

P. ¿La vacuna es el final o nos queda pandemia por delante?

R. Ojalá supiera contestar, pero entonces sería adivino. Probablemente, la vacuna va a favorecer el control de la pandemia, pero de ahí a decir que va a acabar con ella, no lo sabemos. ¿La pandemia pasará? Seguro que sí. ¿Cuándo? No lo sabemos. ¿El virus se quedará entre nosotros o desaparecerá? No lo sabemos. Desde luego, la vacuna es una gran herramienta para controlar la pandemia, pero si solo llega al 20% de la población rica del mundo, no habremos conseguido casi nada.

P. ¿Estaremos mejor preparados para la próxima pandemia?

R. Con el tiempo, el conocimiento científico mejorará. El problema es que no sabemos cuándo vendrá la próxima, no hay pandemias todos los años ni todas las décadas. Puede ser dentro de 20 años o de 100. Si viene dentro de cuatro o cinco años, espero que hayamos aprendido. Si viene dentro de 100, seguro que la sociedad habrá mejorado en conocimientos sanitarios. En comportamientos, no lo sé.

P. ¿Qué hará falta para afrontarla en mejores condiciones?

R. Está claro que tiene que haber un sistema de vigilancia de salud pública eficaz y una serie de equipamientos estratégicos. Hay que tener cierto grado de autoabastecimiento, esa es una de las lecturas que nos deja la pandemia. No puede dejarse todo al mercado y que se fabrique todo en un lugar del mundo, porque luego vienen las necesidades, hay competición y desabastecimiento. Esto es algo que las autoridades tienen que valorar y plantearse en el futuro.

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