Dejar Twitter es como irse a vivir al campo: es fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo
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PROBLEMAS DEL MONOPOLIO

Dejar Twitter es como irse a vivir al campo: es fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo

Cada poco tiempo, varios usuarios descontentos amenazan con marcharse de Twitter para volver tarde o temprano. Un círculo vicioso que dice mucho de su funcionamiento

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Foto: Reuters.

Imagínese que durante la pandemia se dio cuenta de las desventajas de vivir en la ciudad y decidió marcharse al campo. Espacios abiertos, libertad, precios más bajos. Todo ventajas. Una vez instalado, los problemas inesperados comenzaron a aparecer. La relajación de los primeros días dio paso al muermo. Anochece pronto y no hay con quien hablar, el trabajo físico es trabajo físico de verdad y no hacer media hora de cinta de correr; síndrome de la cabaña a cielo abierto. Como suelen recordar los expertos en repoblación, mudarse el campo es más caro, complicado y frustrante de lo que parece, así que muchos recogen los bártulos y se vuelven a la ciudad.

Un proceso muy parecido ocurre con los que cíclicamente han amenazado con dejar Twitter por otras redes sociales. Los últimos, los usuarios que han optado por Parler como respuesta al cierre de la cuenta de Donald Trump el pasado viernes. Un exilio corto, pues ya ha dejado de funcionar después de haber sido eliminada de la Play Store. Algunos de los promotores del exilio en España, como Cristina Seguí, dieron noticia en el propio Twitter de la caída de Parler.

Un periplo que nació en los intentos de migración a Quitter o Mastodon que siempre se quedaron en excursión de fin de semana. Son muchos los casos de usuarios que reabren su cuenta, aun con una menor actividad, tarde o temprano. Es más difícil dejar Twitter que salir de la casa de ‘El ángel exterminador’. O, como explica Mariluz Congosto, profesora honorífica del Departamento de Ingeniería Telemática de la Universidad Carlos III de Madrid y una de las grandes expertas sobre el tema en España, “si te vas al campo sin móvil puedes vivir muy feliz, pero si quieres estar conectado a la vida pública, no puedes hoy por hoy”.

“El valor de una red social es el número de personas que hay dentro, cuantas más personas, más valor”, explica. Una de las razones por las que Twitter resulta tan importante en el activismo político es la repercusión que tiene a pesar de que su número de usuarios es mucho más bajo que el de otras redes sociales como Facebook. “La faceta de Twitter que no tiene ni siquiera Facebook es la atención de la prensa. Hay periodistas y medios que van a amplificar los mensajes, por lo que cada cual lo utiliza para vender su libro”.

"Si eliminásemos Google, el lugar para buscar información sería Twitter"

Miguel del Fresno, investigador especializado en sociedad de la información, sociólogo y profesor de la UNED, aporta otro matiz. “Twitter está funcionado ahora mismo como un sistema nervioso central de internet”, explica. “Si eliminásemos Google, el lugar para buscar información ahora mismo sería Twitter, porque por ahí pasáis los periodistas, los medios de comunicación, los vídeos, las imágenes, la desinformación y los 'bots”.

Dejar Twitter no es solo como ir a vivir al campo, sino también un poco como dejar de fumar. “Utiliza sesgos cognitivos bien estudiados que sirven para mantener la ficción de que necesitamos esa aplicación”, explica. “Si a una rata se le da cocaína cada vez que empuja una palanca, la empujará cuando necesite. Si se le da de forma arbitraria, empujará todo el rato. Todas las alertas y sonidos están pensados para generar esa dependencia, que tiene consecuencias como la fragmentación de la atención y la capacidad de concentración”. ¿Se puede dejar? “Yo mismo lo he hecho”. Su cuenta se llama, elocuentemente, 'Antitwitter': Twitter es una de sus principales fuentes de investigación (alrededor de un 80% de sus trabajos) porque aún se pueden extraer datos abiertos.

En Mastodon, nadie te oirá gritar

El retorno con el rabo entre las piernas de usuarios a Twitter muestra bien sus principales valores, como la inmediatez y la capacidad para ofrecer información. “De Twitter no te puedes ir porque no te enteras de las cosas”, explica Congosto. “Si sigues a ciertas personas, tienes acceso a información variada e interesante”. A pesar de sus defectos, añade, sigue siendo una red pública, en la que a pesar de los crecientes niveles de agresividad, es posible ver las relaciones entre nodos y cómo están conectados. Aún funciona como una plaza pública donde se pueden intercambiar opiniones ideológicamente enfrentadas.

"Quien tiene 15.000 seguidores en Twitter no los va a querer perder"

Por eso son más peligrosos los sistemas cerrados que proliferan en redes como Telegram, la alternativa natural a Twitter para estos exiliados, aunque no compartan muchas de sus características. “Ya existían esas alternativas, como los grupos de Telegram, donde no prima el debate, sino retroalimentarse con la misma información”, explica la profesora. “Te pueden cerrar la cuenta, pero van a poder autoorganizarse por otras vías”. La mayoría de usuarios ni siquiera van a plantearse cambiar Twitter por otra, “ni siquiera por curiosidad”, por ser monotemáticas y por un nivel mayor de agresividad. Y “quien tiene 15.000 seguidores en Twitter no los va a querer perder”.

Como recuerda Del Fresno, las redes son cámaras de eco donde “nunca se convence a los indecisos, sino a los seguidores”, gracias a unos algoritmos que presentan la información que más interesa a cada usuario despreciando aquello que no conoce pero podría interesarle. La metáfora que suele utilizar el profesor es la de “una librería donde solo vendiesen libros de John Grisham”. Pero la utilización de alternativas a Twitter es un paso más allá, como añade Congosto: “Hay burbujas en Twitter, pero interacciones entre ideologías. No puede montarse una red para cada ideología distinta. Eso tiende a morir, porque no crece”.

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Foto: EFE/Marc Arcas.

El ejemplo más claro es el de Google Wave, que la gran tecnológica presentó en 2009 y pasó a mejor vida en 2015. Eran los tiempos en que la exclusividad aún era un valor positivo y aún se accedía por invitación a redes sociales que en poco tiempo serían masivas, como Tuenti. “El caso paradigmático de red social fracasada es Wave”, recuerda la investigadora. “Imagínate, mi regalo de Reyes en 2006 fue una invitación a Gmail. Wave era un mecanismo de red social donde podías entrar con invitación. Conseguí una e incluso compañeros profesores de la universidad me pedían invitación, porque disponía de unas pocas”. ¿El problema? “Como era tan limitado el sistema de invitaciones, no había nadie. Invitabas a 10 personas y no había nadie más. El sistema era tan exclusivo que no entraba nadie, y una red sin usuarios no vale nada”.

Monopolios y círculos viciosos

Hay muchos motivos por los que resulta tan complicado dejar de lado Twitter. En uno de los primeros artículos publicados sobre el tema, la periodista de ‘Forbes’ Lauren Orsini abandonaba la red social y volvía al cabo del tiempo (eso sí, con varias lecciones aprendidas) después de comprobar que era esencial para su trabajo: “Mi editor me pide que escriba sobre un fan de ‘Star Wars’ con una enfermedad terminal que vio la película antes de fallecer. Me sorprendió no haberlo visto en Reddit. Al parecer, salió antes en Twitter”.

Mientras que otras redes sociales han cambiado mucho, Twitter apenas lo ha hecho

En otras palabras, la universalidad del medio conforma un círculo vicioso que dificulta abandonarlo. “Por eso existe esa competencia tan enorme, aunque esté disfrazada, para crear monopolios”, añade Del Fresno. “En el momento en que Facebook ve una amenaza, lo que hace es comprarlo y asimilarlo”. En el último año, donde el profesor ha visto más activismo y partisanismo ha sido en YouTube: “Lo veo muy claro con todo lo que hacen las redes de 'bots' o 'semibots' de Vox”. Una plataforma que ha sido muy útil, por ejemplo, en la difusión de bulos durante los primeros meses de la pandemia, como explicamos recientemente.

Las redes sociales también evolucionan, aunque el uso de Twitter haya sido de los que menos han cambiado a lo largo del tiempo, más allá de la “espiral de agresividad” a la que se refiere Congosto. Facebook ha perdido al público más joven, mientras que ha crecido entre los mayores de 45 años. Por el contrario, el uso de Twitter ha crecido (aunque no significativamente) entre todos los segmentos, especialmente entre los 45 y los 54 años. Como muestran los datos del CIS, el uso de Facebook sigue estando mucho más extendido que el de Twitter, pero por sus características de privacidad no es recogido en los medios con tanta frecuencia.

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Juan Ramón Rallo Opinión

“Siempre digo que si no existiese Twitter 1, tendría que haber Twitter 2”, concluye la investigadora. “Tenemos muchas quejas, por ejemplo, por la política de suspensiones y apelaciones (suspenden a quien no deben, cuando se equivocan tardan mucho en devolver la cuenta), pero no tenemos otra alternativa hasta que no haya una con suficiente gente para hacer lo mismo, algo muy difícil hoy en día, con nuestra atención tan dividida”. De ahí que la decisión de muchos usuarios con Twitter haya sido la del silencio: cerrar Twitter, volver a abrirlo, observar desde las sombras.

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