De arma del futuro a un pozo sin fondo

Al desguace con solo 6 años: los millonarios buques militares que sonrojan a la US Navy

La explicación de esta prematura retirada podríamos encontrarla en el frenazo presupuestario impuesto a la Navy por el Congreso unido a los múltiples problemas de estos buques

Foto: USS Gabrielle Giffords (LCS 10) lanzando un Naval Strike Missile (NSM) (US NAVY)
USS Gabrielle Giffords (LCS 10) lanzando un Naval Strike Missile (NSM) (US NAVY)

Decir que la otrora todopoderosa marina de guerra norteamericana ya no es lo que era no es algo que sorprenda demasiado. Una excesiva apuesta por la tecnología vanguardista y los problemas sin fin en sus nuevas unidades son los agujeros más visibles de una US Navy que se enfrenta al reto de tener cada vez unos presupuestos más ajustados, unas tareas alrededor del mundo más exigentes y un buen número de buques que no están saliendo como se esperaba. A los innumerables problemas de los portaaviones clase 'Gerald R. Ford' y al sonado fracaso de los superdestructores clase 'Zumwalt', se une ahora la insostenible situación de otros de sus buques estrella, los Littoral Combat Ship (LCS).

Tras todos los mencionados vaivenes y con los políticos mirando con lupa cada gasto en la institución, saltó estos días la noticia de que la armada va a dar de baja las cuatro primeras unidades de los LCS. Algo insólito cuando el primero de estos cuatro buques (USS Freedom) fue entregado en 2008 y el cuarto (USS Coronado) en 2014. ¿Por qué se jubila un buque que a penas tiene 6 años? Lo cierto es que es una decisión sin precedentes que se ha justificado asegurando que se trataban de buques para pruebas pero que esconde un problema mucho mayor.

La decisión de la retirada llegó poco después de que el Congreso estadounidense diese un frenazo al que estaba llamado a ser el nuevo programa estrella de la Navy: el LUSV, un proyecto de avanzado buque de combate no tripulado, y tras un informe del centro Hudson Institute que lanzaba un aviso muy serio dejando claro que no sirve de nada embarcarse en tecnologías de vanguardia que no han sido suficientemente probadas.

El informe del Hudson Institute proponía especialmente retrasar el programa LUSV y en su lugar construir una serie de buques tipo corbeta de entre 2.500 y 3.000 toneladas, que, además, y aquí aparecen los LCS, pudieran a reemplazar a los Littoral Combat Ship. Esto último no es más que una confirmación de algo que ya se sabía, que la nueva clase de buques de guerra ligeros, los LCS, no cumplen con las expectativas, son demasiado caros y dan demasiados problemas. Y la demostración de que lo de la armada americana cada vez pinta peor.

USS Fort Worth (LCS 3) (US NAVY)
USS Fort Worth (LCS 3) (US NAVY)

Los Littoral Combat Ship

Aunque ahora el fiasco está más que confirmado la verdad es que el programa que llevó a lo que hoy son los Littoral Combat Ship fue polémico, extraño y cuestionado desde sus mismos inicios. La idea buscaba dotar a la US Navy de un tipo de buque de tamaño reducido, moderno, polivalente, sigiloso (con baja firma de radar) y barato. Era algo lógico pues, tras la baja de las fragatas de la clase 'Oliver Hazard Perry' (como nuestras F-80 clase 'Santa María') dejaba a la marina norteamericana en una situación en la que, casi para cualquier cometido, el menor buque de guerra que podían desplegar era uno de los destructores clase 'Arleigh Burke', algo desmesurado (y caro) para muchas de sus misiones.

Iban a ser buques del entorno de las 3.000 toneladas, que se podrían clasificar como corbetas. Para hacernos una idea comparativa, los más modernos de los citados 'Arleigh Burke' desplazan unas 9.700 toneladas, nuestras fragatas clase 'Santa María' desplazan 3.600 y las F-100 clase 'Álvaro de Bazán' unas 6.200.

El USS Detroit (LCS 7) junto al destructor clase Arleigh Burke USS Gridley (DDG 101). Interesante comparativa de tamaño. (US NAVY)
El USS Detroit (LCS 7) junto al destructor clase Arleigh Burke USS Gridley (DDG 101). Interesante comparativa de tamaño. (US NAVY)

Hasta aquí todo normal, pero el programa en su conjunto está salpicado de cuestiones extrañas, comenzando por el hecho de que se fabrican dos versiones de LCS, la 'Freedom' y la 'Independence', la primera diseño de Lockheed Martin y la segunda de General Dynamics. Esto no es para nada habitual pues, lo normal en concursos de material de defensa, sobre todo norteamericanos, es abrir un concurso, seleccionar dos candidatos que desarrollen un prototipo y elegir luego a uno de los dos. Esto, que es por ejemplo el caso del desarrollo del F-35, ni siquiera se suele hacer en buques grandes, ya que resulta demasiado caro pedir un prototipo que luego se va a descartar.

Pero la realidad fue que en 2004 la US Navy sacó a concurso el LCS y encargó a Lockheed la construcción de dos unidades de su propuesta, los LCS-1 y LCS-3 y a General Dynamics otras dos de la suya, los LCS-2 y LCS-4. Una vez evaluados, lo normal hubiera sido declarar un ganador e iniciar la producción en serie de ese modelo. Lejos de eso, la Navy encargó a ambas compañías la puesta en producción de ambas versiones, por lo que hay dos tipos de LCS, aunque se supone que los dos hacen lo mismo pues ambos cumplen con los mismos requerimientos del programa. Esto no había ocurrido nunca con ningún programa de armamento relevante.

USS Independence (LCS 2) (US NAVY)
USS Independence (LCS 2) (US NAVY)

Para cumplir con la polivalencia se buscó la solución de la 'modularidad', de tal manera que cambiando determinados 'módulos', el mismo buque estaba preparado para unas misiones u otras. En este sentido existen diferentes módulos que incluyen equipos, armas y sensores. Para misiones de guerra de superficie se puede utilizar desde misiles Hellfire hasta misiles NSM, un misil antibuque de fabricación noruega, con superior alcance al Harpoon y con capacidad de evadir el radar enemigo. También en algunas unidades se van a instalar armas láser.

Hay otros módulos para cometidos antisubmarinos, que incluyen el sonar remolcado Thales 2087, eficaz en aguas oceánicas y costeras, detección de torpedos entrantes por el buque y otros elementos. Otro módulo es el de guerra de minas, con una serie de innovaciones (sobre el papel) impresionantes, como capacidad de detección y barrido remoto, utilización de un robot submarino, neutralización mediante armas láser, etc. Por último, se tiene previsto otro módulo para misiones de guerra asimétrica y operaciones especiales.

El buque cuenta con una magnífica capacidad aérea, asegurada por una enorme cubierta de vuelo y hangar en proporción al buque. Es capaz para operar con dos helicópteros MH-60R/S Seahawk y viene expresamente preparado para mantener como dotación del barco un helicóptero no tripulado MQ-8 Fire Scout. Como armamento fijo y aunque hay ligeras diferencias entre ambas versiones e incluso entre buques de la misma versión, cuenta con un cañón BAE Systems Mk 110 de 57 mm, dos montajes automáticos con cañones Bushmaster de 30 mm, misiles RAM para defensa de punto y varios emplazamientos para armas ligeras. La pieza principal es quizás de escaso calibre, pero los Bushmaster y el montaje RAM son apuesta segura de eficacia probada.

Helicóptero no tripulado MQ-8B sobre la cubierta del LCS-10 (US NAVY)
Helicóptero no tripulado MQ-8B sobre la cubierta del LCS-10 (US NAVY)

Problemas y más problemas

El requerimiento de que fueran buques económicos (con la misma idea que las veteranas O. H. Perry) incluía también un concepto en la actualidad muy de moda, el de utilizar dotaciones reducidas sustituyendo personal por una gran automatización. Este tema, que también afecta a la Armada española, parece perfecto sobre el papel y normalmente funciona muy bien durante los primeros años de vida del buque, pero luego se ha demostrado que suele suceder que los mantenimientos se resienten y demasiado a menudo, una dotación tan reducida no es capaz de atender determinadas maniobras o situaciones como debiera, sometiendo al personal a sobrecargas de trabajo. Esto pasó también en los LCS.

El capítulo de costes fue un desastre desde el primer momento. Previstos como buques baratos para construir en gran número, los presupuestos se dispararon nada más iniciarse el programa. Con un presupuesto inicial de 250 millones de dólares por unidad, quizás demasiado optimista para tanto requerimiento y tecnología, las dos primeras unidades se fueron hasta los 400, provocando que incluso la Navy llegara en 2007 a cancelar el pedido. Hoy se puede decir que el precio se sitúa en los 430 millones por unidad. Por hacer una comparación, las cuatro primeras F-100 de la Armada española salieron, cada una, por 430 millones de euros, casi lo mismo.

USS Independence (LCS-2) en dique, con su revolucionario diseño de casco trimarán (US NAVY)
USS Independence (LCS-2) en dique, con su revolucionario diseño de casco trimarán (US NAVY)

Al desastre económico se unió un sinfín de problemas técnicos. La versión de Lockheed Martin (Freedom) es más convencional, un buque monocasco con una línea muy moderna pero de diseño clásico. Sin embargo, la de General Dynamics (Independence) es un diseño revolucionario con casco trimarán (triple quilla). Ambos han tenido problemas de toda clase, pero sobre todo el tipo Independence, que ha ido sufriendo muchas modificaciones. Además de los problemas derivados de las innovaciones tecnológicas, los 'Independence' han tenido serios fallos de diseño con elementos clave, como operaciones con el robot antiminas y otros elementos.

Retiro más que prematuro

Aunque hay muchas variables en este y otros casos similares, todo apunta a que la Navy se ha pasado de frenada depositando demasiada confianza en la tecnología. Hay detalles que pasan desapercibidos pero que son buenos indicadores. Uno de ellos es que la versión 'Independence', cuajada de sensores y elementos de visión, prescindió de los necesarios alerones de puente. Unos voladizos descubiertos en los extremos del puente de mando desde donde se controlan visualmente las maniobras de atraque. Parecían condenados a desaparecer, pero se han añadido en las sucesivas unidades construidas. Y es que, con toda la tecnología del mundo, un buen comandante de buque quiere ver, con sus propios ojos, cómo se hace el atraque de su barco.

USS Wichita (LCS 13) (US NAVY)
USS Wichita (LCS 13) (US NAVY)

En definitiva, toda esta suerte de problemas, además de marcar el desarrollo del programa, ha provocado la anunciada baja prematura de las cuatro primeras unidades, dos de cada tipo. Aunque es evidente que el primer buque que se construye de una serie es un banco de pruebas y esa experiencia se traslada a los siguientes que se construyen, nunca se deshecha ese primer barco, se adapta y modifica en todo lo posible y se mantiene operativo. Sería algo así como si en España la fragata Álvaro de Bazán, primera de su serie, se hubiera desguazado con diez años.

La explicación de esta prematura retirada podríamos encontrarla en el frenazo presupuestario impuesto a la Navy por el Congreso unido a los múltiples problemas de estos buques, cuyo coste de adaptación no compensase cubrir. Pero, en cualquier caso, dar de baja un buque de más de 400 millones de dólares con tan solo 6 años de vida, es un verdadero despropósito, por mucho que se trate de unidades de prueba.

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