EL NEGOCIO DESPEGA EN MADRID Y BCN

El otro Airbnb que triunfa tras el covid: "Este mes sacaré 2.000 € alquilando mi terraza"

La idea de un joven francés de alquilar espacios de casas particulares para cenas, fiestas o barbacoas se convierte en un negocio rentable que vive su explosión con el fin del encierro

Foto: Los espacios con piscina dentro de la ciudad, lo más cotizado. (Foto: M. Mc.)
Los espacios con piscina dentro de la ciudad, lo más cotizado. (Foto: M. Mc.)

Poco después de tocar el telefonillo, se oye un perro ladrar. Una voz de mujer lo manda callar mientras abre la puerta de un edificio cercano al parque del Retiro. El portero pregunta. "Voy al octavo B, al ático". Al salir del ascensor, junto a la alfombrilla, se encuentran dos pares de zapatillas y unas sandalias en la entrada aireándose. Lo que uno pensaba que era un piso turístico va a ser que no lo es. Verónica abre la puerta de su casa. Atravesamos el salón, donde la tele suena de fondo, y nos invita a pasar a la terraza, el lugar que hemos venido a ver. "Este sería el espacio. Ya ves que para lo que buscas, ocho o 10 personas, está muy bien. Tenéis zona de sombra y de sol. Podéis venir un rato antes si queréis organizar algo, podéis utilizar la nevera, el horno o el congelador", nos cuenta. "Si queréis, podemos poner un cubo aquí con hielo para enfriar las cervezas o lo que sea", comenta.

El perro sale disparado a la terraza con una pelota en la boca tras haber abierto la puerta del despacho donde Verónica trabajaba antes de que llegásemos. Pide atención. "No hace nada. El rato que estéis aquí nosotros vamos a estar en una sala de estar que tenemos y le tenemos controlado. Y vosotros tranquilos, con confianza, como si no estuviésemos", apunta la mujer. Nos cuenta que lleva ya un año con estos alquileres. "Todo ha ido muy bien. Hemos tenido alguna cena, alguna celebración y algún rodaje. Pero ahora nos están preguntando bastante más con todo esto del coronavirus. Algún extra sacaremos". Por seis horas, cobra 200 euros. Por ese precio, podríamos juntarnos allí una veintena de personas. Hay que sumar una fianza de 150 euros. Si se excede la hora de salida pactada, habrá penalización. Y la tasa de limpieza es de 20 euros. Esta música suena... a Airbnb. Recuerda demasiado.

Una de las terrazas visitadas. (Foto: M. Mc.)
Una de las terrazas visitadas. (Foto: M. Mc.)

Buscar espacio para celebrar un cumpleaños en estas semanas no ha sido nada fácil en Madrid. Incluso ahora en la nueva normalidad con los aforos más relajados, hay decenas de problemas. Muchas terrazas no reservan o te ponen límites horarios en caso de hacerlo. Cabe la posibilidad de meterse en el interior de un bar o un restaurante, aunque siempre no se consigue un espacio lo suficiente amplio. Además están las pegas de algunos de los asistentes, que tienen reparo a estar en el interior de un lugar frecuentado por desconocidos y prefieren un lugar completamente privado.

"Con el covid, esto está cotizadísimo"

Si uno vive o tiene un amigo con jardín, un piso con un patio interior generoso o con un balcón enorme tiene solucionado el entuerto. El asunto es que estos supuestos no están al alcance de la gran mayoría de los que viven en una gran ciudad. Todo esto de la pospandemia ha dado un impulso a un negocio que existía pero ahora vive su particular 'boom': el alquiler de terrazas privadas... para lo que sea. Desde unas copas con amigos hasta un 'baby shower' o una barbacoa.

"Aquí estáis vais a estar más tranquilitos, a vuestra bola", nos dice Edu mientras nos enseña los tres lados de su terraza, que corona un edificio repleto de oficinas en la zona de Cuatro Caminos. En el recibidor del 'loft' de diseño donde vive este joven hay un enorme bote de gel desinfectante. "En la fiesta tendríais aquí gel, productos para desinfectar y todo esto", nos explica, Una medida que también tenía preparada Verónica. Le insistimos en la fecha que teníamos pensada. "Imposible. Me lo han reservado esta mañana. Podría ser el día antes o después o ya la siguiente semana. Esto está cotizadísimo con todo lo que ha ocurrido. Espera. Justo antes que ha venido una chica para reservarla el próximo jueves. Así que ese día tampoco", añade mientras revisa su móvil.

La terraza de Edu se puede encontrar en Wallapop, donde no hay muchos anuncios. Pero también en HolaPlace, el directorio donde hemos encontrado el resto de pisos aquí descritos. El precio para un evento de 10 personas es de 170 euros. A partir de ahí, hasta los 25, son 270 según lo que pone en el anuncio. "Hay posibilidad de juntar a más, pero hay que negociarlo", explica. Ofrece también, en este caso, un servicio de catering, con cubos de cervezas, bebidas y otras cosas si es que no quieren llevarlo.

Foto: M. Mc.
Foto: M. Mc.

El 'boom' tras el confinamiento

"Hemos pasado de dos meses y medio completamente paralizados a un incremento brutal de las solicitudes", comenta el francés Hilarie Bese, CEO y fundador de HolaPlace, una 'startup' con sede en Barcelona. Ellos no han sido ajenos a los azotes económicos del confinamiento. De los seis empleados que tenían a principio, se han tenido que desprender de tres. "Si seguimos este ritmo podremos recuperarlo pronto".

Su vuelta a la normalidad ha sido muy rápida. Más que la manida recuperación en V, la suya parece el 'tick' que confirma que los mensajes de WhatsApp han sido enviados. "En febrero tuvimos 400 solicitudes. Ahora estamos en más de 1.100 reservas y junio no ha terminado", cuenta. "Esperamos cerrar el mes por encima de las 1.500". Han notado cambios en la naturaleza de las reservas. Antes del confinamiento prácticamente la totalidad de peticiones eran para reuniones grandes, de más de 25 personas. "Con la desescalada, no se podía grupos de más de diez. Era lógico que fuesen así. La historia es que ahora ese tipo de reservas se mantienen aunque se puedan juntar más personas".

La empresa fundada en 2017 surgió de una "necesidad personal" recuerda Bese. "Aquí no hubo estudio de mercado ni nada por el estilo. Con mis compañeros de piso siempre andábamos queriendo hacer barbacoas en una terraza que no teníamos". Un día, dando un paseo por los 'búnkeres' de la Ciudad Condal se dieron cuenta del potencial que tenían todas las azoteas que tenían ante sus ojos. "Ahí pensamos que estaría bien pagar a la gente por poder utilizar esos espacios y surgió lo que entonces se llamó Atiko".

La fotografía es completamente diferente a otra como la de Airbnb, que también, al final, va de alquileres entre particulares. Brian Chesky, CEO de la compañía, afirmaba hace unos días que los viajes han cambiado para siempre y que en su caso han perdido en unas semanas casi todo lo logrado en años. La firma ha acometido un recorte importante para adaptarse a la redistribución de viajeros que se va a producir en la nueva situación.

Tras BCN y Madrid, este año empezaron en Valencia tras entrar en la aceleradora impulsada por Roig

De Atiko a HolaPlace

Atiko pasó a llamarse Hola Place, porque dieron entrada a otro tipo de espacios, como chalés con jardín o piscina. Incluso, sus planes pasan por ofrecer también otro tipo de alquileres de cara al otoño o el invierno, lo que reduciría la estacionalidad de su demanda. "Ahora mismo tenemos 400 anuncios publicados. Y desde que empezamos a operar hemos transferido 300.000 euros a los anfitriones de beneficios", añade el mandamás de la empresa. Cobra un pequeño porcentaje al arrendatario, una tasa que ronda el 4% del precio del espacio. Al anfitrión un 20%. Si gestiona el 'catering' a través de ellos también se llevan un porcentaje. Dentro del precio se incluye un seguro que cubre tanto al dueño como a los asistentes.

Hasta principios de año actuaban solo en Madrid y Barcelona, la ciudad donde más lugares hay disponibles para alquilar. A principios de año 'abrieron' en Valencia, después de que Lanzadera, la incubadora presidida por Juan Roig, dueño de Mercadona, les fichase para su programa de aceleración de empresas y les brindase apoyo financiero y asesoramiento. "Los planes ahora pasan por reforzar esa ciudad así como empezar en Sevilla y Málaga. El año que viene la intención es dar el salto internacional y operar en una ciudad europea", comenta.

Hasta 2.000 € solo por los findes

En un paseo por la web te puedes encontrar espacios de todo tipo. Desde balcones en el barrio de Chamberí o Lavapiés hasta enormes jardines de casas de Pozuelo o Aravaca con todo tipo de lujos. Hay una clase especialmente demandada: casas o terrazas con piscina dentro de Madrid capital. "Desde principio de junio hasta bien avanzado julio tengo todos los fines de semana cogidos", nos cuenta Theo, un francés que vive en un adosado en Ciudad Lineal, cerca de la zona de Quintana. Este profesor de idiomas, autónomo de 60 años de edad, cuenta que con el confinamiento los trabajos se le quedaron a la mitad.

"Tampoco ingresé nada por el loft que tengo por Airbnb al fondo de la terraza. Así que el dinero se redujo notablemente", añade. Ya había tanteado la posibilidad de alquilar la terraza antes del confinamiento pero ahora con el verano es cuando está empezando a notar la demanda. "En un mes voy a sacar más de 2.000 euros con las reservas que ya tengo. Quitando las tasas de limpieza, se me quedarán en 1.800 limpios. Y eso solo contando los fines de semana", añade. Cobra 170 euros a los grupos de hasta 10 por tiempos de seis horas. A los de hasta 25, 375. A partir de ahí, cada invitado extra son 25 euros. "En un fin de semana, puedo sacar más de 500. En verano, me sale hasta más rentable que el Airbnb, donde consigo 260 euros por dos noches", calcula. Añade que en las últimas semanas se han vuelto a reactivar mucho las peticiones de viajeros sobre el alojamiento.

Anuncio de Theo. (Foto: HolaPlace)
Anuncio de Theo. (Foto: HolaPlace)

"Hay gente que te pide una rebaja. Yo podría cerrar el trato por mi cuenta para evitar las comisiones, pero no lo hago porque al final puedo salir perdiendo más que la comisión", explica. Los que organicen el evento tienen una hora de salida pactada. "Si superan esa hora, se les cobra 25 euros por cada 30 minutos. Y se les descuenta directamente de la fianza que han tenido que dar a la plataforma", dice. "Es una manera de que la gente se vaya cuando toca. Imagínate tener que estar echando a alguien que está a gusto tomándose una copa".

En una de las pocas experiencias "regulares" que ha tenido, uno de los grupos acabó invitando gente mientras avanzaba la fiesta y superó el límite de los 10 invitados que habían acordado con él. Habló con ellos y se les cargó el extra a través de la 'app'. "Si no, tendría que andar yo peleándome, lo mismo que cuando se rompe algo. Me quito de preocupaciones".

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