Todos se agarran a la comunidad

El covid pincha el 'hype' de los 'coworking': las endiabladas cuentas para evitar el cierre

Estos espacios, populares entre 'startups' y autónomos, enfrentan el reto de unir seguridad y modelo de negocio. Sin ingresos clave como eventos o charlas, algunos echarán el cierre

Foto: (Foto: EFE)
(Foto: EFE)

Si hay una tendencia que ha salido reforzada del confinamiento, esa es la del teletrabajo. Por obligación, durante tres meses millones de españoles se las han tenido que ver y desear para trabajar desde su propio hogar y muchos escépticos han comprobado que la idea funciona. Ahora, directores de Recursos Humanos de una larga lista de países se debaten entre continuar con estas prácticas y estrujarse la cabeza para 'reordenar' la vuelta a los puestos de trabajo, crear sistemas mixtos y entradas por turnos para mantener las distancias de seguridad y evitar que sus oficinas se puedan convertir, por cosas del azar, en un nuevo foco. Un debate complicado que pilla en medio de todo a los 'coworking'.

Estos 'espacios flexibles' como algunos empresarios del sector ya prefieren llamarlos explotaron en los últimos tiempos como una alternativa a la oficina tradicional, pero ahora se mueven en la cuerda floja entre el aumento del interés por el trabajo a distancia y el ver cómo puedes rentabilizar unos espacios que viven de explotar el metro cuadrado y facilitar el 'networking' y el contacto entre sus diferentes usuarios (en su mayoría 'startups' y autónomos). Como explican a El Confidencial varios empresarios y trabajadores de estos entornos, la mayoría de los centros echan cuentas para intentar que esta crisis no solo no se los lleve por delante sino que puedan salir reforzados. Y no, no es nada sencillo.

El delicado ejemplo de WeWork

WeWork es uno de los referentes de estos espacios (sino el caso más conocido) y también es uno de los grandes ejemplos del problemón al que se enfrenta el sector. En estos sitios de lo que se trata es de exprimir al máximo el metro cuadrado. Y eso siempre no es fácil. La propia WeWork, que hace meses ya demostró que su tesorería no era precisamente boyante, se encuentra ahora ante una realidad de un negocio y un modelo económico nacido después de la crisis de 2008 y que nunca ha sido sometido al estrés de un impacto financiero como este.

Muchos de los que apuestan por estos espacios son pequeñas empresas, 'startups' o incluso autónomos que ahora podrían ver truncada su viabilidad, teniendo que renunciar a ese alquiler porque necesitan recortar gastos o, directamente, porque echan la persiana. Un extenso reportaje en el periódico británico The Guardian explicaba cómo WeWork había afrontado estos meses con un modelo aún sin probar en recesión.

En algunos lugares había dejado de pagar el alquiler de los inmuebles sobre los que sostiene el negocio, en otros seguía abierto aunque apenas se dejaba caer nadie por allí y en otros ha tenido que pactar con sus caseros apaños o atrasos. Esta situación también se ha trasladado a sus inquilinos, donde cada caso ha sido un mundo. En España, por ejemplo, como ha podido saber El Confidencial, algunas medianas y grandes empresas que tenían acuerdos con la compañía estadounidense están renegociando los puestos que tenían ocupados hasta antes del covid, y otros directamente o los han dejado todos o se están planteando buscarse un espacio propio.

Así estaba la octava planta del WeWork situado en la calle Francisco Silvela, Madrid, en octubre de 2019. (Foto: M.A.M.)
Así estaba la octava planta del WeWork situado en la calle Francisco Silvela, Madrid, en octubre de 2019. (Foto: M.A.M.)

"Nosotros ahora seguimos currando desde casa. Vamos a alargarlo hasta septiembre por lo menos, porque ha funcionado. Además, con el verano de por medio es fácil tomar esa decisión", cuenta Laura, una de las trabajadoras (nombre ficticio para proteger su identidad) cuya empresa está instala en uno de los WeWorks que hay en España. No cree que su compañía vaya a renunciar a un espacio físico como ese por el coronavirus, pero sí que reconoce que hay ciertas pegas.

La compañía alquila plantas enteras, sitios individuales en escritorios compartidos o 'cuartos' dentro de cada planta. "En las peceras, por ejemplo, no siempre es fácil mantener las distancias. No estamos apelotonados pero no hay mucho margen de maniobra. Eso depende de cuánta gente seas", comenta. "Además, no puedes abrir las ventanas para ventilar. Es todo por climatización". Los mismos problemas apuntan desde otra gran empresa con presencia en estos edificios. "Son puestos carísimos y no tienes ni salas grandes para reunir a la gente".

Otros trabajadores 'basados' en uno de estos 'coworkings' explica que WeWork sí ha mantenido, en su caso, algunos servicios básicos durante estos meses. "Tenían un servicio de paquetería para recepcionar lo que te llegaba allí", explica. Además, actividades como seminarios y charlas que suele organizar la dirección de cada centro se han seguido programando, pero virtualmente.

Oficina de WeWork en San Francisco, EEUU. (Foto. Reuters)
Oficina de WeWork en San Francisco, EEUU. (Foto. Reuters)

"Cada semana tenías correos informando de actividades, pero también de los protocolos". El pasado día 28 de mayo recibieron una última comunicación del director general de WeWork para España e Italia explicándoles las medidas que se estaban implementado así como anunciado el 'rediseño' de espacios comunes para ajustarse a las directrices locales. Un plan que también ha explicado la empresa ante las preguntas de Teknautas. "El objetivo es facilitar la transición a la vuelta al trabajo a través de una transformación de los espacios actuales con el fin de satisfacer las expectativas de todos los miembros respecto a distanciamiento social y limpieza, al tiempo que se mantienen el networking y la interacción social que caracteriza estos espacios", apuntan.

Además, al menos en nuestro país, la firma pretende seguir con las aperturas previstas como la del barrio Salamanca en Madrid. Pero quién sabe si tendrán que enfrentar una reestructuración similar a la de Reino Unido, donde varios empleados acaban de ser despedidos a la espera de un nuevo plan anunciado para julio.

El drama de los pequeños

De momento y a la espera de ver cómo se ajustan grandes como WeWork, el drama español se centra los pequeños. Coworking Spain, una suerte de páginas amarillas de estos espacios, recoge más de dos millares largos de estos espacios en toda España, que ofrecen más de 33.000 puestos de trabajo. Cada uno vive su particular situación y habrá quien haya salido airoso de esta situación o quién, por lo menos, haya conseguido esquivar el 'match ball' pero no es el caso de GoMadrid, un espacio situado en la céntrica plaza de Callao y donde, entre otras, está la sede de Alastria, el proyecto 'blockchain' lanzado por varias empresas del Ibex 35. Cuando se le pregunta cómo va ser el regreso, Arancha Riestra es contundente: "Nosotros no vamos a volver a la normalidad, vamos a tener que cerrar".

El problema, explica Riestra, ha sido una "confluencia de astros" que ha dado al traste con todo. "En febrero estábamos pensando hasta buscar otro espacio y estudiando cómo integrar a un equipo de veinte personas. Y de repente esto", comenta. "Teníamos propuestas de empresas que, incluso teniendo su propia oficina, planteaban trasladar parte de su equipo aquí". La viabilidad de estos espacios no solo dependen del alquiler de los puestos de trabajo. "La organización de eventos para nosotros eran gran parte de nuestros ingresos. El problema es que no hay visos de poder recuperar eso no ya hasta octubre, sino hasta enero, por lo menos", remata.

Por si esto no fuera poco, todo se ha visto agravado por la postura de su casero, Allianz Seguros, que no ha cedido "un mínimo" cuando se ha intentado pactar una rebaja del alquiler. "Nos ofrecen una moratoria, con letra pequeña, que no es más que retrasar el problema y la muerte. No nos han ayudado nada", añade Riestra, que no descarta encontrar otro lugar. El pago de la mensualidad, dice, es imposible de afrontar en la actual situación más allá del 31 de julio, fecha hasta la que tienen que permanecer allí.

Ese es otro problema. Muchos de los 'coworkings' han tenido que seguir haciendo frente a los pagos. En algunas ocasiones se han llegado a acuerdos con los caseros y otras veces no. Y lo mismo con los trabajadores. "La comunidad ha seguido pagando por compromiso. Han tenido una actitud formidable y nos aseguraron que nos van a apoyar hasta el final, pero con eso no tenemos asegurada la viabilidad, porque nos faltan esos otros ingresos que mencionábamos".

Sobre la continuidad de estos modelos de negocio, Riestra muestra dos realidades opuestas. Por una parte, es probable que suba la demanda por empresas que quieran oficinas flexibles tras el confinamiento. "Pero también es cierto que muchos de los que usan estos espacios son emprendedores y trabajadores por cuenta propia del sector 'tech', muy afectados por la situación y que no tienen problemas para adaptarse a trabajar en casa y pueden prescindir de estos servicios".

¿Cómo sobrevivir?

Por su parte, en INNgenio, otro pequeño espacio ubicado en Valencia, también señalan el mal momento que se está pasando en el sector, pero ellos, por ahora, no han tenido que tomar una decisión tan drástica, y esperan no tener, si quiera, que subir sus precios (los escritorios cuestan desde 60 euros al mes). "Creemos que es una oportunidad muy interesante a medio y largo plazo. Las empresas y los trabajadores han conocido de cerca las ventajas del teletrabajo, y en este punto es interesante que diferenciemos el 'homework' del teletrabajo. Poder teletrabajar y hacerlo incluso cerca de casa tiene grandes ventajas, pero es importante hacerlo en condiciones óptimas".

Aseguran que están recibiendo incluso llamadas de nuevos usuarios que quieren saber presupuestos y opciones para entrar en su centro y, desde su punto de vista, la diferencia con otros casos es su espacio, tienen unos 1.000 metros cuadrados en el centro de la ciudad, sus precios y su capacidad de adaptación. "En nuestra opinión, saldrán reforzados aquellos que sus condiciones sean flexibles. Es posible que puedan verse más afectadas los más grandes que requieres fuertes inversiones en reformas, tienen costes de alquiler altos o estrictos y una estructura de personal robusta, pues tendrán que cubrir mayores costes en un momento de mucha fluctuación".

De todos modos no descartan tener que hacer cambios si se ven obligados a tener que hacer otras reformas, y han llevado a cabo distintas iniciativas para diversificar el negocio. Entre ellas, por ejemplo, han reforzado su servicio de domiciliación comercial, fiscal y/o social con el que puedes utilizar su dirección para documentos y tener una oficina con recepcionista que se encargue de recibir correspondencia o paqutería. A falta de otros ingresos por charlas o eventos, toca reinventarse.

Ese punto optimista también coincide con el de José Almansa, uno de los fundadores y jefes de Loom, ahora parte del grupo Merlin Properties, y que es de las empresas más grandes del sector. "La clave va a estar en la comunidad que hayas formado, y en poder adaptarte. Muchas empresas van a ir dejando sus grandes oficinas y pueden apostar por espacios como estos, hay que exprimir cada metro y ser capaz de optimizar todos los procesos para reducir costes sin perder todo lo bueno que te dan estos sitios, pero si esto se consigue podemos salir hasta reforzados".

Según Almansa, el gran punto a favor de su modelo es la flexibilidad (ni siquiera le gusta el nombre de 'coworking' sino que prefiere los 'espacios flexibles') y, sobre todo la comunidad. "Nosotros en este tiempo, para lo complicado que ha estado todo, solo hemos perdido un 14% de nuestros 'loomers', y para eso la comunidad formada ha sido clave. Tienes que hacer sentir al cliente que es parte de ese espacio, no solo es un inquilino, y que aportas a su negocio. Creo que ese valor añadido y la flexibilidad que nos dan nuestros sistemas y el formar parte de un gran grupo van a ser puntos definitorios". Además, Almansa destaca que no han tenido que tocar los precios y que el diseño de sus edificios les ha ayudado a no tener que hacer grandes ajustes.

Lo que sí ve claro este emprendedor es que no todos capearán como Loom la crisis y ve problemas en dos ámbitos: los 'coworking' con poco espacio y los que paguen precios desorbitados por cada metro cuadrado. Los primeros tendrán un grave handicap para ajustar su espacio a lo que viene y los segundos tendrán un margen de maniobra demasiado pequeño. "Nosotros, que ya pasamos la crisis de 2008, tenemos una máxima y es la de no meternos en espacios de más de 11 euros por metro cuadrado pues no podemos mantenerlo ni rentabilizarlo realmente. La gente que pague más de eso lo va a tener difícil para sostenerse y mantener a sus inquilinos. Y también veo problemas en espacios de menos de 1.000 metros, por todo lo de guardar las distancias", apunta.

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