ya sabes, la paja en el ojo ajeno y tal

Todos son idiotas menos tú: por qué crees ser el único sensato del covid (y no tienes razón)

Tú cumples el confinamiento al 100% y los demás se lo saltan a la torera, ¿verdad? Pues no, no tienes razón, pero es normal: la ciencia explica por qué ves antes la paja en ojo ajeno que la viga en el propio

Foto: Foto: EFE/Marta Pérez.
Foto: EFE/Marta Pérez.
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Imaginemos a cuatro personas distintas durante el confinamiento:

  • Rubén se queja de que los 'runners' no respetan la distancia de seguridad en la calle.
  • Sandra se queja del mismo tipo que en el supermercado siempre manosea todos los productos hasta que coge uno.
  • Julián se queja de que la gente no se tapa al toser o estornudar.
  • Laura se queja de que la mayoría de la gente va por la calle sin mascarilla.

Ahora no analicemos las quejas de los cuatro, sino sus propias acciones

  • Rubén respeta la distancia de seguridad, pero va sin mascarilla.
  • Sandra no manosea los productos, pero siempe va pegada a la gente.
  • Julián siempre se tose en el codo, pero va toqueteándolo todo.
  • Laura lleva mascarilla, pero tose al aire.

La conclusión es clara: cada una de estas personas tiene un motivo de queja respecto al siguiente, pero también están haciendo cosas que perjudican al anterior. Eso sí, todas tienen algo en común: ellas están respetando las normas del confinamiento, pero las demás no. O eso creen. Spoiler: ninguno tiene razón.

La paja en el ojo ajeno

Las actitudes y comportamientos de Rubén, Sandra, Julián y Laura no son ni mucho menos excepcionales. De hecho casi son la norma porque, si nos fijamos en los datos, podemos ver multitud de casos en los que los ciudadanos nos creemos firmes cumplidores de las normas del confinamiento a la vez que señalamos con el dedo a los demás por no hacer lo mismo.

Hay varios ejemplos de ello. Desde el pasado 9 de marzo, Funcas está haciendo una encuesta semanal a la población española en la que pregunta a la gente por sus percepciones acerca del covid-19 en los planos sanitarios, económicos, sociales y personales. Algunas preguntas cambian de una semana para otra y, en la segunda semana, hubo dos preguntas especialmente llamativas en lo que se refiere al confinamiento: en primer lugar, qué te parecen las medidas adoptadas; y en segundo, qué esfuerzo personal te supone cumplirlas.

Como vemos en el gráfico de abajo, la cosa cambia visiblemente de una pregunta a otra. En general los españoles ven adecuadas (66%) e incluso insuficientes (32%) las medidas, con apenas un 2% de la población que las cree excesivas. Pero, ¿qué pasa si te preguntan por el esfuerzo personal que te supone cumplirlas? Ahí la diplomacia se viene abajo: el 35% de los españoles considera excesivo el esfuerzo.

No es el único dato que incide en ello. La encuesta realizada por 40DB para El País refleja a la perfección este baile de percepciones. A los encuestados se les pidió que puntuaran, de 0 a 10, su índice de cumplimiento de las medidas y el del resto de ciudadanos. Los resultados hablan por sí solos: el 69,1% asegura cumplir las reglas al 100%, pero cree que solo el 5,8% del resto de la sociedad hace lo mismo.

Este tampoco es el único ejemplo. El pasado mes, el Centre d'Estudis d'Opinió de la Generalitat de Catalunya hizo un completísimo estudio para analizar la actitud de los catalanes ante el confinamiento. En principio parece no haber problema: el 94,2% se autoconcede una nota positiva en la gestión personal de su cuarentena.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando hay que analizar al de al lado? Ahí, de nuevo, la cosa cambia: el 24,7% de los catalanes cree que sus vecinos ven con desconfianza la forma en que los demás cumplen con las medidas del confinamiento.

España no es, ni mucho menos, la excepción a la hora de ver la paja en el ojo ajeno antes que la viga en el propio. En Reino Unido, otro estudio muestra una nueva disparidad cuando los ciudadanos comparan al conjunto de la sociedad con su entorno más cercano. Cuando se trata de dar una visión positiva sobre el cumplimiento de las medidas, los británicos alaban la labor de sus conocidos, pero no la de los demás. En otras palabras: los míos respetan el confinamiento, pero los demás no.

Incluso en China, donde se permiten ver todo con mucha más distancia, existen estas confrontaciones. En febrero se le preguntó a la gente en qué colectivos e instituciones confiarían más tras la pandemia y, aunque la evolución es positiva, la confianza en sus propios ciudadanos se sitúa a la cola.

Una actitud normal... pero tóxica

Este tipo de actitudes reflejan una visión clara: la facilidad que tenemos para desconfiar de los actos de los demás mientras mantenemos que los nuestros son intachables. En realidad es una posición 'lógica' o, al menos, frecuente. Eso consideran desde Psycast, una plataforma liderada por la profesora de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid Carolina Marín.

En su opinión, este tipo de actitudes está vinculada a una sensación de rabia y enfado durante la cuarentena: "Aparecen en los momentos en que pensamos que se están dando injusticias que interfieren en nuestra vida. Estas emociones están dirigidas al causante percibido de la situación, pero hay veces que el causante no está bien identificado y esto puede generar reacciones de enfado con diferentes colectivos, la sociedad o el gobierno, y nos lleva a conductas que no son de ayuda, como 'rebelarnos' y salir a la calle porque 'Es injusto que yo esté metido en casa, el Gobierno tendría que haber cerrado antes' o 'No hay derecho a que los chinos ya estén bien y nosotros ahora sufriendo lo suyo'".

Un grupo de personas disfruta de tiempo libre en una terraza. (EFE)
Un grupo de personas disfruta de tiempo libre en una terraza. (EFE)

La propia Marín, en conversación con este diario, asegura que esta actitud, aunque negativa, es de lo más frecuente: "Es la proyección: ver en el otro lo que tu estás haciendo mal... pero no verlo en ti mismo. Es un mecanismo de control, de defensa: ‘Yo lo estoy haciendo bien, pero el otro no’, o ‘Si los demás lo hicieran como yo, todo iría mejor’. La proyección se hace siempre, en el día a día, con la pareja, con los amigos, con los familiares… Ahora lo hacemos a nivel social. Se está magnificando".

La psicología nos indica otra posible explicación que resulta complementaria. Se trata del sesgo de correspondencia, que, ante un comportamiento que puede ser percibido como erróneo (saltarse las normas del confinamiento), nos resulta más fácil justificar o disculpar nuestro incumplimiento que el de los demás.

"Es un mecanismo de control y defensa: ‘Yo lo estoy haciendo bien, pero el otro no’, o ‘Si los demás lo hicieran como yo, todo iría mejor’"

En este sentido, el psicólogo y formador Alfonso Alcántara también ve algunas razones de este tipo de actitudes. En primer lugar, "cuando hay ausencia de información e instrucciones claras aumenta el margen de decisión y de confusión (mascarillas, horarios...), así que tomamos decisiones individuales y nos comparamos con otros para ver si están tomando las mismas medidas".

De todos modos, Alcántara acude también a una explicación más sencilla: nuestro afán por la generalización. "Los humanos somos malos estadísticos y, cuando vemos a una persona saltándose las normas, pensamos que es generalizado. No olvidemos que, en general, estamos cumpliendo las normas de manera bestial, pero dentro de ese cumplmiento estricto los casos anómalos llaman mucho más la atención".

La contradicción está clara. Todos pensamos estar cumpliendo a la perfección las medidas del confinamiento con la misma intensidad con la que las incumplen los demás. El problema es que no tenemos razón. Si piensas que eres el único sensato de esta pandemia, el problema no son los demás. Quizá lo seas tú.

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