LA NUEVA NORMALIDAD

Las mamparas son las nuevas mascarillas: precios disparados y entregas en julio

El 'boom' del metacrilato puede retrasar la apertura de ciertos negocios, ya que talleres y mayoristas experimentan un cuello de botella ante la alta demanda de materias primas

Foto: Foto: EFE.
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Autoridades médicas, institucionales y especialmente las políticas llevan varias semanas sacando a la palestra y martilleándonos con el oxímoron 'nueva normalidad'. Es para concienciarnos de que cuando esto del confinamiento pase, no se volverá al punto en el que millones de personas dejaron su día a día. Nuestra rutina no estará plagada de besos en la mejilla, estrechones de manos y abrazos. Nariz y boca se esconderán en el metro, trenes y autobuses, y aparecerán nuevas barreras físicas en nuestra vida. Las mamparas, que en las últimas semanas nos hemos acostumbrado a ver como barreras para separar a los clientes de los cajeros de supermercado o los empleados de banca, serán una tónica más que general en restaurantes, oficinas... Algo que ha generado un 'boom' del metacrilato, el principal —pero no único— ingrediente que se utiliza para construirlas.

Y esa explosión de la demanda ha traído varias consecuencias que ya vimos, salvando las distancias, hace semanas con las mascarillas o los test rápidos. Tanto los talleres encargados de cortar las láminas y dar forma a las mamparas como los distribuidores que venden las planchas al por mayor están desbordados ante el tsunami de pedidos, incrementado más aún desde que el Gobierno anunció su hoja de ruta para la desescalada.

Entregas en julio

Y esa explosión de la demanda, como ya ocurrió, salvando las distancias, con las mascarillas o los test rápidos, ha derivado en incrementos de precios y demoras en las entregas por el desabastecimiento. "Las empresas con las que trabajamos para el suministro de las planchas para que nosotros demos forma a esas protecciones nos están dando fechas ya para agosto o septiembre", cuenta Miguel Gutiérrez, de Metacrilato a Medida, un taller del sur de Madrid que lleva 12 años metido en el negocio. "Además, nos piden el pago por adelantado, algo que hasta ahora no ocurría".

Una fábrica de planchas de metacrilato, en Almería. (EFE)
Una fábrica de planchas de metacrilato, en Almería. (EFE)

Cuenta Gutiérrez que la situación es inédita. Ha pasado a tener pedidos de 5.000 o 10.000 unidades. Algo a lo que de momento no puede dar respuesta, porque no tiene los materiales suficientes. "Si los tuviese, podría tener la maquinaria funcionando 12 o 14 horas y dar salida a todo, y estar facturando cinco o seis veces más de lo que acostumbramos. Pero aquí nadie está haciendo el agosto". Ha conseguido cerrar un pedido de 50 toneladas para julio, gracias a que lo tramitó hace prácticamente un mes. "De momento, lo que estoy haciendo es dar salida a pedidos pequeños con lo que tenemos", explica.

Entregas que en una situación normal se gestionarían en una semana o 15 días, ahora se demoran hasta verano porque no llegan los recursos. Algo que puede impactar directamente en los planes de sus nuevos clientes y retrasarlos. "Ahora servimos a operadoras, oficinas, farmacias... Tienen urgencia porque muchas quieren volver a la actividad lo antes posible. Si no las consiguen, no pueden abrir".

Efecto llamada

Este empresario y otros consultados por este periódico han coincidido en señalar el efecto llamada que se ha producido en el sector. Aparecen proveedores "de otros sectores" y "sin experiencia" en estos suministros y aprovechan la coyuntura. "Nos han llegado a ofrecer material de China, con un sobrecoste del 35% por encima del precio que nos están dando nuestros contactos habituales, que ya se ha visto incrementado de por sí", aclara Gutiérrez, señalando que en la mayoría de casos, esas importaciones son de menor calidad y resistencia.

Algo que también confirma Carlos Valenciano, director gerente de Comunique, una firma murciana de impresión digital dedicada a la creación de soportes publicitarios o lonas que ahora se ha centrado en el metacrilato, antes una parte mínima de su negocio. "Aquí también te viene gente, que no es del gremio, que te dice que ha cargado no sé cuántos contenedores en Asia y te los ofrece a un precio mayor, sabiendo que está siendo difícil conseguirlo", explica.

Foto: EFE.
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Con el freno echado a las máquinas de impresión, decidió poner sus máquinas de fresado y de corte láser a hacer protecciones de este tipo. Algo que le he permitido atenuar el impacto de la crisis del covid-19. "Te da para sobrevivir. En mi caso, mantengo una plantilla de 13 personas ahora mismo. Tuve que mandar a nueve en un principio a un ERTE, pero pude rescatar a dos", comenta.

Algunos han aprovechado para importar material de China ante la escasez y venderlo con sobrecoste

Él ha conseguido, trabajando con varios mayoristas al mismo tiempo, asegurarse 'stock' para cubrir entregas en un plazo de dos o tres semanas. Sin embargo, esto no le da la tranquilidad completa. La pasada semana, cuando el Ejecutivo empezó a dibujar las fases del desconfinamiento, sus distribuidores le informaron de incrementos de precio que van desde el 8% hasta el 15%. "Pude ajustar los precios a partir de ese momento, pero los presupuestos ya entregados y aprobados, te los comes".

Reconversiones exprés

"Aquí te encuentras carpinteros, por ejemplo, que trabajaban con madera y de repente se pasan a hacer mamparas. Se piensan que esto es el Dorado, pero no", aclara Cristo Garcua, de Garmont Metacrilato, un pequeño taller de artesanos de Santa Cruz de Tenerife con 25 años de experiencia. Explica que no han disparado la facturación, de unos 10.000 euros mensuales, sino que han podido mantenerla a pesar del punto muerto en que han entrado muchos de los que recurren a sus servicios.

"Muchos de los que nos pedían cosas son establecimientos relacionados con el turismo, con la restauración... Del medio centenar que teníamos, solo nos ha quedado uno. Sin embargo, gracias a ellos, una cadena de supermercados ha conseguido mantener el volumen de trabajo", explica. Al ser un "trasvase" de pedidos, no se ha visto en la necesidad de aprovisionar más material. "Los que están corriendo para subirse a este carro tienen que andar con cuidado con inversiones exageradas. Hay que pensar que no es un cliente recurrente, que una mampara así no se renueva cada seis meses. Es algo más duradero", añade.

Foto: EFE.
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Cuello de botella

"Si se cuida, un material como este puede durante varias décadas", explica Joaquim Figueras, gerente de Polimer Tecnic, un mayorista de materiales plásticos que sirve a empresas y talleres de menor dimensión. "Estamos llegando a mover hasta 150 toneladas a la semana, un volumen muy superior a lo habitual. Pero son pedidos realizados hace tiempo. Según va entrando material, sale. Para los pedidos de estos, días estamos dando de fecha finales de junio o julio", explica. Figueras cuenta que en marzo el precio de la materia prima que ellos emplean se encontraba en mínimos y que ha crecido, hasta el momento, "un 20% aproximadamente". "Pero según avanzas en la cadena hasta el cliente, el coste se puede triplicar fácilmente".

Ellos dependen a su vez de las grandes fabricas del sector acrílico —en Europa, prácticamente son tres—, que son las que les proporcionan el material con que ellos crean sus productos y están dando lista de espera para "noviembre". "Con el metacrilato, hay un importante cuello de botella. Aquí y en Estados Unidos. Donde la situación está algo más relajada es en Asia", cuenta. La situación con el policarbonato, otro material que podría servir para fabricar mamparas para exteriores, empieza a estar igual de saturada.

Fábrica de mamparas. (EFE)
Fábrica de mamparas. (EFE)

Hay una tercera vía, que algunos están empezando a explorar: la del vidrio. Es el caso, entre otros, de Pontevedresa, uno de los fabricantes más antiguos de España, que ha adaptado su línea de producción de cristales para automoción y arquitectura para crear mamparas 'low cost' de este material destinadas a hostelería. Según han anunciado, lo venderán a precio de coste. Tomaron esta decisión visto el incremento del precio del metacrilato y han fabricado estructuras ligeras rápidamente adaptables y cuyo precio de partida es de 64 euros por la versión más básica, de 50 por 50 centímetros.

Según explicó la compañía en un comunicado, "sus fortalezas son que es un material ampliamente disponible", no sufre ni el encarecimiento ni el desabastecimiento y son más resistentes a las ralladuras y al paso del tiempo. Otra ventaja frente a las protecciones acrílicas es que en este caso se pueden utilizar desinfectantes y productos químicos sin miedo a la corrosión.

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