gana 50 euros por vídeos de 15M de visitas

YouTube y las discográficas ahogan al 'profe' español pionero en dar clases de guitarra

Divulgadores musicales que llevan años creando contenido en YouTube se quejan de que la plataforma y las discográficas se apropian injustamente de sus ingresos

Foto: Carlos Asensio, creador del canal Guitarraviva. (YouTube)
Carlos Asensio, creador del canal Guitarraviva. (YouTube)

Alcalá de Guadaira, Sevilla. 2011. Carlos Asensio es un joven de 29 años que, tras licenciarse en guitarra moderna, se gana la vida como profesional del instrumento, ya sea como profesor, músico de sesión o lo que surja. Pero un día se le ocurrió enseñar a tocar una canción a través de YouTube. Y ahí cambió todo.

La propuesta, Wonderwall -de Oasis-, no era la más original, pero sí efectiva. Es una de esas canciones que todo el que empieza quiere aprender y, encima, la subió en un momento en el que prácticamente nadie creaba este tipo de contenido (y menos en castellano). Así nació Guitarraviva, nombre que dio al canal, donde los vídeos se fueron sucediendo y profesionalizando hasta convertirse en uno de los youtubers más seguidos y reputados del mundo de la guitarra en español.

Hoy supera los tres millones de seguidores en todo el mundo, pero su situación en la plataforma dista de ser tan dulce como podría indicar esta cifra. Las editoriales de las discográficas -ley de Propiedad Intelectual en mano- han empezado a reclamar los vídeos de divulgadores musicales como Guitarraviva agarrándose a los derechos de composición. En este caso, solo muestra determinados fragmentos, pues nunca interpreta las canciones de una tacada, sino que toca progresiones de acordes o melodías que forman parte de la canción.

Eso sí, no le han obligado a borrarlos de la plataforma de Google, sino que han optado por una opción más jugosa (al menos, desde el punto de vista financiero): eliminarlo del reparto de ingresos. Dicho de otra forma, permiten que Guitarraviva mantenga esos contenidos en la plataforma a cambio de que YouTube y la discográfica correspondiente se lleven el total de beneficios que generan sus lecciones.

“A mí me han quitado ya las ganas de seguir, se han cargado mi trabajo de ocho años”, cuenta el propio Asensio en entrevista con Teknautas. Las reclamaciones funcionan a través de Content ID, la herramienta para que los titulares de los derechos hagan las reclamaciones pertinentes y que, recalca el guitarrista, se creó “para evitar que se subieran películas o discos”.

Carlos Asensio.
Carlos Asensio.

Pero con él, defiende, se han pasado de frenada. “Son cosas tan irrisorias como que reclamen porque toco dos acordes, sin que ni siquiera haya una melodía”, explica Asensio, ya que “las progresiones de acordes o los ritmos son como los colores, no se pueden registrar”. “Entiendo que en algunos casos reclamen porque hay parte de su composición ahí, pero es que también hay un trabajo mío detrás. Es injusto que no se haga, al menos, un reparto a tres”, razona antes de subrayar que “la gente no viene aquí a escuchar cómo canto o toco; yo no estoy haciendo una cover”.

El caso es que la bola de las reclamaciones ha ido creciendo hasta hacerse inmensa: asegura que ya no recibe ingresos por la gran mayoría de los vídeos donde enseña a tocar canciones. “Últimamente están más tranquilos”, dice sobre la situación actual. En lo que lleva de año lleva tres reclamaciones, que no son muchas si se comparan con las recibidas el pasado lustro, cerca de dos centenares. “Pasan cosas que son de vergüenza”, critica antes de poner un par de ejemplos que ilustran lo variopinto de estas exigencias.

"Es una composición de Bach de hace 300 años"

En 2014 subió un tutorial para principiantes de Civil War, clásico de Guns N’ Roses, donde “solo enseñaba la introducción de ese tema, que consiste en tocar Mi menor y Sol arpegiados”, algo que no evitó el reclamo de Universal. “Es una composición que ya escribió Bach hace 300 años”, argumenta. El caso es que fue a buscar cuánto dinero generaba el vídeo y, sorpresa, en los últimos seis meses había generado unos tres dólares con 12 centavos. Ni tres euros al cambio que, a partir de entonces, son a repartir entre las dos multinacionales.

El otro ejemplo es el de uno de sus tutoriales más vistos (15 millones de reproducciones), el de la melodía de La Pantera Rosa, compuesta por Henry Mancini hace casi 60 años. “Con ese he ganado unos 50 euros en total, porque también lo reclamaron al poco de subirlo y ya no recibo nada”, lamenta. Según sus cálculos, con ese volumen de visitas, se han podido generar entre 15.000 y 20.000 euros para las otras partes.

El caso es similar al de Jaime Altozano, uno de los divulgadores musicales más laureados en YouTube, que ha mostrado públicamente su apoyo a Guitarraviva. “Los acordes no tienen copyright, porque los acordes no son la canción”, defendía en un vídeo en el que Asensio explicaba su situación, lamentando que “lo único que puedes hacer es quejarte y te dicen: ok”.

Contactados por Teknautas, en YouTube se limitan a explicar el funcionamiento de Content ID y señalan que “son los titulares de los derechos de autor quienes deciden si otras personas pueden usar su material original”. También juegan cierto papel de intermediación, ofreciendo al usuario la posibilidad de recurrir pero, critica Asensio, “llega un momento en el que se quitan del medio porque les da igual, ellos van a seguir ganando dinero pase lo que pase”.

“Imagínate lo que puede hacer un tío de Alcalá de Guadaira contra Warner, Sony o Universal y sus abogados. No tengo recursos para entrar en algo así”, responde al respecto, pues no es un “youtuber rico”, aunque sí ha conseguido que esta sea su forma de ganarse la vida, pues obtiene “un sueldo, para pagar mi comida, mi casa y mantener a mi familia sin lujos”.

"La ley no permite los usos beneficiosos"

Asensio considera que tiene derecho a “utilizar este material, igual que hace cualquier escuela de música” y se ampara en el derecho de cita: “Es cierto que puedo lucrarme de las visitas, pero el uso sigue siendo didáctico”. El problema es que, aunque tuviera la capacidad de iniciar una batalla legal de este tipo, no hay atisbos de que pudiera salir bien. David Bravo, abogado especializado en propiedad intelectual, destaca a este diario que “está tocando una progresión de acordes concreta que, sucesivamente unida, conforma una canción protegida por derechos de propiedad intelectual”.

Para este letrado, la cuestión de fondo es que esta “tal y como está redactada, la ley de Propiedad Intelectual impide el desarrollo de la propia obra intelectual, porque hay tales limitaciones para cumplir su función social que no hay manera de encontrar un encaje en las excepciones al uso legítimo, que es un concepto vaporoso que permite defender usos como este en EEUU, pero no aquí”. De hecho, agrega, “ni siquiera exige que haya un lucro para que el uso sea ilícito, que es algo irrelevante desde su punto de vista, pero no para el Código Penal, porque podría ser delito”.

Jaime Altozano, músico y 'youtuber'.
Jaime Altozano, músico y 'youtuber'.

A juicio de Bravo, tampoco el derecho de cita podría amparar a Guitarraviva, ya que “solo se permite con fines exclusivamente docentes y en el entorno de la educación reglada”: “No hay ningún artículo que permita usos meramente inocuos o incluso beneficiosos, como es este caso”. De este modo, aunque “se supone que esta ley está para promover la creación de obras intelectuales y la difusión del conocimiento”, a su vez “no permite que creadores como los youtubers hagan su labor, que consiste en apoyarse en otras obras porque la suya solo tiene sentido así”.

Save Your Internet

“Imagina cómo sería Internet si no pudieras publicar vídeos. Imagina cómo sería Internet si no pudieras ver el contenido de tus creadores favoritos”. Ahora quien habla no es Asensio ni Bravo, sino YouTube. Fue uno de los mensajes que mandó a sus usuarios en el marco de la campaña Save Your Internet, a modo de protesta contra el artículo 13 de la directiva europea sobre copyright.

La compañía de Google hizo campaña por una diferencia de forma, no de fondo, pues la nueva regulación obligaba a que el filtrado fuera automático y preventivo. Además, no afectaba a todas las plataformas y la redacción de la ley generaba dudas tanto en internautas como empresas. Bravo considera que la transposición de esta norma traerá más problemas, porque “convertirán a YouTube en responsable directo de las posibles infracciones. A la hora de interpretar nuestros artículos, ya muy restrictivos de por sí, los interpretará de forma aún más restrictiva”, apunta.

Axl Rose y Slash, de Guns N' Roses, en una actuación en 2018. Uno de los vídeos más vistos de Carlos Asensio se basa en una de las canciones de este grupo. (Reuters)
Axl Rose y Slash, de Guns N' Roses, en una actuación en 2018. Uno de los vídeos más vistos de Carlos Asensio se basa en una de las canciones de este grupo. (Reuters)

Solo en 2019 generó cerca de 13.980 millones de euros para Alphabet, un tercio de todo lo que ingresa la matriz de Google (42.637 millones). En el mismo ejercicio pagaron 3.000 millones de dólares a la industria de la música, ya fuera mediante publicidad o suscriptores.

El dato lo reveló por primera vez la CEO de YouTube, Susan Wojcicki, en un post en el que sostenía que su objetivo es que la plataforma sea “el mejor lugar para los creadores” porque “están a la vanguardia de la cultura”. Los definió como “el corazón de YouTube, pioneros en el nuevo contenido”, destacando que muchos visitan la plataforma para “aprender un nuevo hobby”. “Apreciamos todo lo que los creadores hacen para inspirar, educar y entretener a sus audiencias”, escribió.

Es un problema creado artificialmente por Google. En cuanto llegan problemas, se lavan las manos y ya es cosa de los creadores

Esteban Mucientes, director de Microbio Comunicación, considera que “nadie se imaginaba que esto pudiera pasar cuando empezó YouTube, porque fueron metiendo la publicidad poco a poco y empezando a dar parte del pastel”. “Si no existiera esa parte del pastel, no pasaría nada: sería un problema de YouTube con las discográficas, que podrían reclamar a Google”, explica.

Por tanto, critica que “se están haciendo trampas al solitario” en estas cuestiones: “Es un cacao infundado, un problema creado artificialmente por el propio Google. Crean un nicho de mercado millonario como son los programas de creadores y, en cuanto llegan problemas, se lavan las manos y ya es cosa de esos creadores, que ven caer sus ingresos”.

¿El final de Guitarraviva?

“Durante un tiempo les han hecho falta creadores de contenido y yo he estado ahí, porque considero que he sido un pionero en esto”, comenta Asensio, que subraya que cuando empezó, no podía ni siquiera monetizar vídeos -“lo hacía porque me gustaba”-, y no entró en el programa de partners hasta tiempo después, pero “YouTube ha cambiado mucho desde entonces”.

En 2014 obtuvo su primer botón de plata -reconocimiento por alcanzar 100.000 suscriptores-, y veía el galardón como “un reconocimiento al trabajo, al esfuerzo de crear buen contenido en Internet, por parte de YouTube”. “Tenemos un sistema que no promueve mucho la creatividad y lo bueno de Internet es que nos acerca a todos”, apuntaba en una entrevista al poco de recibir la insignia.

Carlos Asensio.
Carlos Asensio.

Ahora lo que recibe son 'strikes', los avisos que da YouTube cuando se infringen las políticas de copyright. Los 'strikes' limitan determinadas funciones de las cuentas y caducan a los seis meses, pero si en ese tiempo se acumulan tres, la cuenta queda eliminada para siempre. “Cualquier discográfica que ha reclamado mis vídeos podría meterme los strikes, pero dudo que vayan a meterse en eso, porque prefieren el dinero que ganan gracias a mis clases”, explica el guitarrista, que a día de hoy no tiene ninguno.

Por ahora, Asensio no se plantea abandonar el canal, pero sí está haciendo algunos cambios. “Estoy dejando de lado los tutoriales para tocar canciones, porque al final te llevas un disgusto, aunque tendré que seguir subiendo alguno porque son el corazón del canal”, reconoce. No obstante, mantiene un segundo canal -Guitarraviva 2-, donde sube versiones íntegras de las canciones que enseña, por las que no obtiene ingreso alguno (son reclamadas al momento).

Pese a todo, se sigue mostrando “agradecido a YouTube porque me ha dado muchísimas cosas, todo el mundo no ha tenido la suerte de poder vivir esto y vivir tantas experiencias”, como su charla en el Parlamento Europeo sobre enseñanza en medios digitales o su nombramiento como embajador de la plataforma.

A Asensio le irrita más el papel de las editoriales, especialmente casos como el de Warner. Han sido las más numerosas, pero no solo. Hace unos años, la discográfica le llamó para que grabara vídeos con algunos de sus artistas, una forma de promocionarlos. No cobró por vídeos en los que aparecía con Carlos Baute o Efecto Mariposa pero, por supuesto, después le reclamaron esos mismos contenidos, algo que no ve del todo mal porque “ahí estaba haciendo un cover de la canción entera con el artista”.

Susan Wojcicki, CEO de YouTube. (Reuters)
Susan Wojcicki, CEO de YouTube. (Reuters)

“Pero yo por el chantajeo no paso”, asevera. De manera extraoficial, Asensio asegura que Warner le exigió que, solo para sentarse a hablar, borrara determinados vídeos en los que enseñaba a tocar canciones de sus artistas. “Mis vídeos los he subido yo y ahí se quedan”, responde. “Axl Rose no tiene alertas para saber quién enseña sus canciones”, bromea Mucientes, de Microbio Comunicación, sobre la reclamación del tutorial sobre Guns N’ Roses, y lamenta que “en el mundillo de la música siempre hay más intermediarios viviendo de la música que creadores”.

En este sentido, sostiene que “se hace difícil entender que alguien que enseña a tocar la guitarra pueda ser una amenaza para la industria discográfica: a ellos les interesa que haya músicos y para eso la gente tiene que aprender a tocar”. Eso sí, avisa de que “no hay ni que dejar desprotegido al creador, que ha puesto el esfuerzo intelectual, ni tenerle sobreprotegido, que es lo que ha pasado siempre”.

Todo esto ha ocurrido en un contexto de caída de ventas de la industria discográfica que, añade Mucientes, “no está acabando de entender que el modelo pasa más por la colaboración que la exclusividad”.

Pone el ejemplo de los 'gamers', donde “las desarrolladoras de videojuegos saben que las visitas a esos vídeos les generan beneficios por otro lado, porque mucha gente los conocerá y comprará”. La industria de la música, por contra, “quiere tener controlados los canales de distribución mientras pierde posibles aliados, como es la gente que tiene pasión por la música”.

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