SI COMENTAR EN INTERNET ES UN TRABAJO, PAGUEN

Te deben 18.490€ al año por tus datos: una revolucionaria teoría sacude el capitalismo

Cuando hacemos una compra basada en recomendaciones anónimas en internet, ¿deberían esos internautas ser recompensados? No es una locura, es una teoría al alza en las universidades de EEUU

Foto: Las grandes universidades americanas. (European Payments Council)
Las grandes universidades americanas. (European Payments Council)

Has llevado a tu pareja a cenar a una 'brasserie' por San Valentín. No es que hubieras pasado por delante, más bien la buscaste en Google y, a través de docenas de recomendaciones, te acabaste decantando por este encantador restaurante francés. Lo mismo que hiciste cuando te compraste el móvil el mes pasado o cuando necesitaste un fontanero. Una empresa en particular se benefició de las recomendaciones que muchos usuarios anónimos hicieron en internet, mediante comentarios o simplemente mediante valoraciones (cuatro estrellas de cinco) o los 'me gusta'.

O más sencillo aún. Los datos de localización que enviaste cuando estabas en un atasco y permitieron a Google Maps advertir a sus usuarios para que tomaran otra vía.

¿Es todo eso un trabajo? Con matices, podemos establecer que sí, pero entonces... ¿no debería ser recompensado por Google, Amazon o Facebook, es decir, por quienes monetizan los datos que volcamos en internet?

La audaz idea no es una ocurrencia. Sí, puede que algún día lo fuera, pero en los últimos años muchos investigadores en varios de los centros más punteros del mundo han ido dándole forma hasta convertirla en una teoría francamente sólida. El primero en fijarse en el problema fue Jaron Lanier, un informático multidisciplinar que ha pasado por Atari, Microsoft o la Universidad de Columbia y fue uno de los pioneros de la realidad virtual. Lanier fue uno de los gurús en los que Silicon Valley se apoyó para crecer. Ahora quiere acabar con el monstruo que ayudó a alimentar, empresas como Microsoft o Google, a las que hoy tilda de 'agencias de espionaje'.

Jaron Lanier. (JD Lasica / Flickr)
Jaron Lanier. (JD Lasica / Flickr)

En su libro '¿Quién controla el futuro?', de 2013, Lanier se fijó en aquellas personas que, haciendo traducciones, ayudaron a Google a perfeccionar su traductor. Ninguno de ellos vio un euro por su trabajo, evidentemente, pero el buscador se benefició, tanto por el trabajo gratuito como por la mayor visibilidad de sus anuncios. En resumen, para Lanier, la economía de estas empresas de internet estaba provocando la marginalización de las clases medias.

Para solucionar el problema, Lanier propuso una estructura alternativa basada en el Proyecto Xanadú de Ted Nelson, creador del hipervínculo. Consistiría en un sistema de micropagos que compensara a la gente por el material original que aportara a la red. La idea era buena, pero muy difícil de implementar hace siete años. Hoy, con tecnologías de rastreo como el Blockchain, la apuesta por una 'economía de datos humano-céntrica' no resulta tan descabellada.

Los siguientes en acotar el terreno fueron el jurista Eric Posner, de la Universidad de Chicago, y el investigador Glen Weyl, de Microsoft Research. En su libro 'Mercados radicales', incluso estimaron la cantidad que una familia podría obtener al año por su actividad en internet: 20.000 dólares o 18.490 euros. Lo que ellos proponen es aprovechar las actuales leyes antimonopolio para "liberar a los mercados del control de los inversores institucionales y crear un movimiento laboral de datos para obligar a los monopolios digitales a compensar a las personas por sus datos electrónicos".

El investigador Nikolaos Laoutaris. (Data Transparency Conference)
El investigador Nikolaos Laoutaris. (Data Transparency Conference)

El último en entrar en este ruedo ha sido Nikolaos Laoutaris. Este investigador en informática pasó por Harvard o Telefónica antes de recalar en el madrileño Instituto IMDEA Networks. Esta semana, ha publicado en la revista 'IEEE Internet Computing' un artículo argumentando que, con este nuevo paradigma, no solo ganarían los consumidores sino que podría alcanzarse un triple combo: reconciliar a los gigantes tecnológicos con las leyes de protección de datos y hacer que empresas como Google, Amazon o Facebook ganen aún más dinero.

Entonces, ¿cuándo empezamos a cobrar por nuestras opiniones en TripAdvisor? Hablamos con Laoutaris sobre la plausibilidad de aplicar estas ideas a corto plazo.

PREGUNTA. ¿Por qué iban las compañías a pagarnos por algo que ya estamos haciéndoles gratis?

RESPUESTA. La respuesta es doble. Por un lado, las nuevas compañías que entran en el mercado de la monetización de datos necesitan diferenciarse de esas grandes compañías que ya son líderes. El pago a los usuarios podría ser una ventaja competitiva para ellas. Funcionarían igual que la competencia: poniendo 'cookies', cogiendo la información y haciendo con ella 'marketing' o publicidad 'online', pero "mire, nosotros vamos a pagarle, no bloquee nuestras 'cookies', es lo único que le pedimos". Si uno de estos actores tiene éxito, podría lograr un cambio por parte de los gigantes del sector.

Para las grandes compañías, pagar a la gente por su uso de los datos sería una forma de reconciliarse con normativas como el GDPR

Hay otras maneras de introducir esta práctica. Para las grandes compañías, pagar a la gente por su uso de los datos sería una forma de reconciliarse con las normativas de protección de datos como la GDPR. Para empezar, al haber micropagos, habría un contrato con el usuario, no pueden ser acusados de espionaje, por ejemplo.

P. Siendo realistas, hará falta algo más que una 'startup' con buenas ideas. Ya hemos visto en el pasado cómo empresas disruptoras son adquiridas precisamente por estos grandes actores para asegurar que nada amenaza su negociado. Quiero decir, uno de estos gigantes tendrá que decidir avanzar en esa dirección.

R. Estoy de acuerdo. Mis esfuerzos se centran en, primero, construir las herramientas, el 'software', los protocolos y mecanismos que permitan intentarlo. Ahora mismo hay mucha gente debatiendo este asunto: filósofos, políticos, activistas... Pero, que yo sepa, no hay fórmulas claras para implementar esto aún.

Tu actividad en Netflix de hoy serán las recomendaciones del mañana. (Unsplash)
Tu actividad en Netflix de hoy serán las recomendaciones del mañana. (Unsplash)

Lo que mi equipo y yo estamos haciendo es solucionar los problemas tecnológicos para crear servicios que puedan integrarse en los sistemas actuales para empezar a producir los pagos. Queremos que ocurra de forma realista, lo que por cierto no es sencillo. ¿Serán un éxito? ¿Las compañías las emplearán o lucharán contra ellas? ¿La opinión pública estará a favor o en contra? Eso no lo sé, está por ver.

P. En su artículo, señala que el marco legal para comenzar a pagar a los usuarios ya existe en Europa. El otro marco necesario, el técnico, no está tan lejos entonces de lograr este objetivo.

R. Ser capaces de producir un pago para todos los usuarios cuyos datos fueron usados en cada transacción de internet es un problema que puede ser resuelto. Pero no es sencillo, porque si piensa cuántos anuncios aparecen cada segundo en internet... Hablamos de miles de millones. Esto significa que cualquier sistema que construya tiene que ser lo suficientemente rápido y escalable para soportar todas estas peticiones. Y al mismo tiempo tiene que ser justo, calcular micropagos que tengan sentido para todo el mundo.

Una de las cosas que quiero dejar claras es que el hecho de que las compañías paguen a cambio de los datos no significa que tengan que reducir sus ganancias. No es un juego de suma cero, solo significa que la industria se volverá más grande.

P. ¿Se volverá más grande o se creará una nueva industria?

R. Las empresas que monetizan los datos los están obteniendo sin pagar nada a cambio. Esto significa que obtienen información sin estar seguros de que sea correcta. Si se mete en una página web, esta realiza unas suposiciones sobre lo que a usted le gusta y a cambio recibe anuncios. Lo que digo es que si estas empresas empiezan a pagar a cambio de esos datos, cuando recolectan los datos y suponen que usted quiere comprarse unos zapatos o una bicicleta, podrían incluso preguntarle para verificar esta suposición. Por tanto, pagar por los datos equivale a tener datos de mayor calidad y podrían ganar más dinero del que hacen ahora.

Sería un 'win-win' para ambos, y de paso resolverían el dilema de la privacidad.

P. ¿Quién tendría que construir y controlar estos algoritmos que dictan las remuneraciones? ¿La propia industria o un estamento superior?

R. La respuesta es: no lo sé. En nuestros estudios, justo ayer enviamos uno nuevo, tratamos de computar el precio de los datos de movilidad pero, en última instancia, es el mercado el que tendrá la última palabra. Nosotros podemos arrojar una idea inicial sobre el valor real de los datos, pero más adelante esperamos que la competencia decida. Por ejemplo, una empresa puede decirte: te pago 20 euros al mes por tus datos de movilidad (ubicaciones, sitios frecuentados, rutas) y otra empresa decirte, yo te ofrezco 15 euros pero prometo no recolectar los datos con tanta frecuencia como los otros.

El 'software' que estamos construyendo ahora servirá para decirte si estas compañías te están pagando la cantidad adecuada. De nuevo, no es un problema sencillo.

P. Si alguien está ganando casi 20.000 euros al año por sus datos, ¿no incentiva esto un cambio en su comportamiento y que de repente se ponga a ver anuncios como loco?

R. Sí. Como todo en la vida, siempre habrá gente tratando de sacar ventaja de una situación. Estamos mirando cómo hacer que los mecanismos de pago detecten la autenticidad, hay formas de hacerlo, tanto en Economía como en Teoría de Juegos. Igual que también hay formas de garantizar que en una subasta alguien ponga un precio que tenga sentido, que no sea un mero intento de aumentar el precio para los demás. Hay técnicas que pueden usarse, pero por propósitos prácticos, siempre habrá alguien intentando engañar. Con la tecnología que estamos construyendo tratamos de garantizar que este porcentaje sea pequeño. Pasa lo mismo que con las tarjetas de crédito, el fraude de los clics o los tornos del metro: siempre habrá alguien que intente saltárselos sin pagar, pero mientras este porcentaje sea pequeño...

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