Putin se cabrea

Cazas y misiles 'clonados': Rusia tiene un problema con las copias militares chinas

Rusia ha acusado a China de copiarles decenas de modelos de cazas, sistemas de misiles y defensa. En realidad lleva años ocurriendo, solo que ahora es un serio problema para Vladimir Putin

Foto: El caza chino Shenyang J-11, una versión autóctona del ruso Su-27SK. (Foto: USAF)
El caza chino Shenyang J-11, una versión autóctona del ruso Su-27SK. (Foto: USAF)

"La copia no autorizada de nuestro equipamiento fuera de Rusia es un enorme problema. Hemos detectado 500 casos en los últimos 17 años. Solo China nos ha copiado motores de aviones, cazas Sukhoi, sistemas de defensa, misiles...". La frase, aunque pueda parecer comedida, es una de las mayores bofetadas que se recuerda de Rusia al gobierno chino. La pronunció recientemente Yevgeny Livadny, máximo responsable de propiedad intelectual de Rostec, el mayor fabricante estatal ruso de armamento, algo así como el Lockheed Martin de Vladimir Putin. A Rusia no le falta razón. La estrategia de China, calcada a la que realiza en otros sectores, es sin embargo problemática en un frente tan estratégico como el militar. ¿Qué está ocurriendo?

China no respondió de forma oficial a las palabras de Livadny. No las puede negar. Ningún campo tecnológico se libra de esta táctica china de copia y mejora y los sistemas de defensa, por descontado, han sido y son un campo más donde los chinos han aplicado su filosofía de réplica. En el terreno militar, y por razones históricas, Rusia fue el blanco de multitud de 'versiones' chinas de armas de todo tipo, pero ahora el gobierno de Putin ha dicho basta.

Hasta ahora este mercado de imitaciones o, directamente, copias, molestaba pero era algo asumido por dos motivos fundamentales. El primero es que las copias o versiones chinas eran de dudosa o, al menos, de inferior calidad. Cuando un comprador quería algo bueno no acudía al mercado chino, por lo que estas réplicas en su mayor parte abastecían el propio mercado interno. El segundo motivo es que cada versión china de un sistema de armas era precedida por una importante venta de modelos originales, lo que suponía de hecho que China, aunque copiara tecnología, no dejara de ser un buen cliente. Este ha sido el panorama existente para los rusos. Hasta ahora.

Las cosas han cambiado. La economía china ha evolucionado y su capacidad de fabricar equipos con una buena calidad va en un imparable camino ascendente, que afecta desde el ámbito de productos de tecnología de consumo hasta la tecnología militar puntera. Aún no llegan a la capacidad de desarrollo de tecnología punta de Estados Unidos y algunos otros países europeos (o asiáticos), pero se acercan cada vez más.

El avión de combate naval chino J-15, basado en el Su-33 ruso. (Foto: Wikipedia/Garudtejas7)
El avión de combate naval chino J-15, basado en el Su-33 ruso. (Foto: Wikipedia/Garudtejas7)

Esto molesta en especial a Rusia. Tradicionalmente, por motivos políticos y de alianzas, China ha sido el "amigo" de Rusia en un segundo plano. En su pugna con Estados Unidos y cuando China aún no levantaba cabeza, para Rusia era el amigo al que venía bien ayudar y, de paso, hacer caja con buenas ventas de armamento que, en ningún caso, podían adquirir de mercados occidentales.

Así, el ejército chino se dotó de aviones, carros de combate, buques y sistemas de armas que, o bien eran productos adquiridos a Rusia o bien versiones nacionales de los mismos utilizando algo en lo que los chinos siempre han destacado: la ingeniería inversa. Esta ingeniería inversa consiste en adquirir un equipo, desmontarlo pieza por pieza y replicarlo posteriormente. Parece fácil, pero no lo es tanto. Aunque se logre despiezar por completo un mecanismo, hay muchos componentes que no son fáciles de fabricar, requieren procedimientos complejos o estándares de calidad muy exigentes. Cuando los sistemas incluyen además partes lógicas con tecnología digital, la cosa se complica aún mucho más.

Ejemplos de esto hay muchos. Sin ir muy atrás en el tiempo, donde esta práctica era muy evidente, en la década de los noventa Rusia vendió a China dos sistemas que entonces eran punteros, el avión Su-27 y el sistema de misiles S-300. Del Su-27 se adquirió un importante paquete en varios lotes de 78 aviones de la versión Su-27SK (variante de exportación) de los que la fuerza aérea china aún mantiene en servicio del orden de 60. Pero poco después comenzó la producción en serie de una versión china del Su-27, denominada Shenyang J-11.

Aparentemente esta versión china se inició como un acuerdo de fabricación bajo licencia utilizando componentes rusos, pero solo afectó a unos primeros lotes de producción denominados como Shenyang J-11A y enseguida el programa se convirtió en un avión autóctono, denominado como Shenyang J-11B. Tampoco molestó a Rusia demasiado porque China no vendió al extranjero ninguno de sus J-11.

Sistema antiaéreo chino FK-1000. (Foto: PLA)
Sistema antiaéreo chino FK-1000. (Foto: PLA)

Respecto al S-300, China adquirió la versión PMU-1 y fue el primer usuario de la versión PMU-2, un desarrollo del modelo básico con un alcance extendido hasta los 200 km. Se trataba, sin duda, de uno de los mejores sistemas de defensa aérea de largo alcance del mundo (hasta la llegada del S-400) y China, tras haber comprado cerca de 40 sistemas originales de ambas versiones, desarrolló la suya propia denominada HQ-15, de la que se estima han fabricado unas 60 baterías.

Hay otros muchos más ejemplos, como el del Xian Y-7, una versión (bajo licencia) del Antonov An-24 y el Xian Y-7H, una copia sin licencia del Antonov An-26. Y podríamos seguir con casos similares en carros de combate, misiles y armamento de todo tipo.

Si hasta ahora Rusia hacía más o menos la vista gorda a estas copias, versiones o desarrollos, hoy se está convirtiendo en una cuestión importante que preocupa, y mucho, a la industria rusa. El problema viene porque los chinos ya están alcanzando un nivel de calidad en sus productos equivalente al de los originales e incluso en algunos casos, mejor. Y esto es harina de otro costal, pues compromete las posibles exportaciones rusas a terceros países.

Esto es lo que ha propiciado la 'bofetada' reciente de Rostec a sus colegas chinos. La compañía es un conglomerado estatal de industrias de tecnología y defensa creado por Vladimir Putin en 2007, con el objetivo de fomentar y facilitar la venta de productos y tecnología en el exterior. Entre sus filiales se encuentran, entre otras, tradicionales factorías de armamento, el mayor productor de titanio del mundo y empresas de prestigio como es Kamov, fabricante de helicópteros civiles y militares. La preocupación no es para menos pues, si alguien le quita cuota de mercado y las ventas bajan, habrá que rendir cuentas al estado ruso, lo que no debe resultar nada agradable para los responsables de Rostec.

Los sistemas de la discordia

Si se analizan las últimas adquisiciones de material ruso por parte de China, parece que dan toda la razón a los responsables de Rostec. En fechas tan recientes como 2015, los chinos han realizado dos compras muy significativas de productos 'estrella' rusos, el Su-35 y el S-400. Ambos son ahora mismo el escaparate de la tecnología rusa que están disponibles para exportar a otros países, como podría ser Turquía.

Sistema Pantsir S1 haciendo fuego con sus cañones de 30 mm. (Foto: Mil-Ru)
Sistema Pantsir S1 haciendo fuego con sus cañones de 30 mm. (Foto: Mil-Ru)

Pero la cuestión es que China solo ha adquirido 24 aviones y 6 sistemas antiaéreos, lo que en términos del ejército chino es una cantidad sospechosamente pequeña. Baste pensar que Turquía, si adquiere el Su-35, estaría hablando de 48 aviones y tan solo como solución transitoria. Lo mismo se podría decir del S-400. Todo hace pensar que lo que China está comprando es una muestra para luego hacer su propia versión.

No es de extrañar ni lo del Sukhoi ni lo del S-400 puesto que ya lo hicieron antes con el Su-27 y con el S-300, pero hay más. China acaba de poner en servicio su segundo portaaviones, que no deja de ser (como el primero) una copia aún más mejorada del portaaviones ruso Admiral Kuznetsov, pero necesitan una aviación embarcada que, de momento, aún se encuentra en pañales. Por ello siguen mirando con muchísima atención a los aviones rusos que operan en su portaaviones, que en realidad ya ni operan puesto que el Kuznetsov sufrió un incendio durante sus trabajos de reparación y se especula con que ya no vuelva a navegar.

China utiliza para sus portaaviones el modelo Shenyang J-15, que no es más que una versión naval del Shenyang J-11B, que a su vez es la versión autóctona del Su-27SK. Por tanto, en este terreno, el objetivo de China será el modelo ruso Sukhoi Su-33, un derivado muy mejorado del Su-27 para su uso en portaaviones, del que China ya ha adquirido dos ejemplares para "evaluación". Aquí el problema que se van a encontrar los chinos es que probablemente van a tener ellos mismos que evolucionar sus aviones embarcados más de lo que lo vayan a hacer (si lo hacen) los rusos y tendrán que buscar en modelos más potentes basados en tierra por lo que no sería nada descartable que en breve apareciera un Shenyang naval basado en el Su-35 o incluso una versión naval de su avión de quinta generación Chengdu J-20, pensando en sus futuros y anunciados portaaviones con catapultas.

El caza ruso Su-35BM. (Foto: Oleg Belyakov)
El caza ruso Su-35BM. (Foto: Oleg Belyakov)

Otro caso interesante es el del Pantsir. Este sistema ruso, en servicio desde 2005, es un arma de defensa antiaérea para corto y medio alcance que consiste en una plataforma con un conjunto de misiles tierra-aire y de cañones de 30 mm y tiro rápido, con sus radares asociados. Es el complemento perfecto a sus sistemas antiaéreos S-300 y S-400 y cuenta con unas muy interesantes características que han hecho que occidente (Estados Unidos incluido) esté viendo con mucha atención cómo evoluciona el sistema y en qué manos cae. Entre sus características están la de poder rastrear hasta 20 objetivos de forma simultánea, enganchar (atacar) a tres y controlar en vuelo hasta cuatro misiles, lo que no es poco para un sistema que se monta en un camión.

Para China, hacerse con este armamento sería muy interesante, al igual que ya hicieran con su predecesor el 2K22 Tunguska, del que el Pantsir es un derivado. De hecho, lo que da la razón a los responsables de Rostec, China ya ha copiado el sistema y dispone de una versión autóctona que denominan FK-1000 y que estaría dispuesta a vender a los posibles clientes del Pantsir a un precio mucho menor.

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