Manifestación independentista

Se pilla antes hachís en Barcelona que un QR de Tsunami Democràtic

Los códigos se pasan de un móvil a otro. Al circular poco, el Tsunami corrió peligro de quedarse en Marejadilla. Así que anunciaron que habría camellos pasando QR de calidad

Foto: Los códigos QR se transmiten de móvil a móvil entre los manifestantes, por precaución. (Foto:Carles Banús)
Los códigos QR se transmiten de móvil a móvil entre los manifestantes, por precaución. (Foto:Carles Banús)

Fieles a la tradición 'boy scout' tan propia del independentismo (uniformes, bailes, cánticos y, en los últimos tiempos, hogueras), los responsables del Tsunami aprovecharon la manifestación de la ANC para proponer a los asistentes una entretenida yincana: la caza del código QR. Puesto que la Guardia Civil ha bloqueado las webs y las redes sociales de esta plataforma, ahora la aplicación que coordina los movimientos de la desordenada marea amarilla se descarga con un código. ¿Dónde encontrar uno? Ah, amigos, esta es la cuestión.

Según ha explicado Manuel Ángel Méndez en Teknautas, la nueva máxima es evitar “infiltrados”, por lo que los códigos se pasan de un móvil a otro, casi diríamos que de mano en mano, entre gente de confianza. Durante los primeros días debieron circular poco y el Tsunami corrió peligro de quedarse en Marejadilla, así que anunciaron que habría camellos pasando QR de calidad, sin cortar con nada, en la gran manifestación del sábado en la calle Marina. Como caía cerca de casa me puse una gabardina, metí buenos euros en la cartera y salí a pillar.

Lo que me encontré fue la típica manifestación independentista: tietas revolucionarias, banderas en modo capa, familias con carrito y bebés con estelada. Una cosa festiva, y ya se sabe que las fiestas las carga el demonio, en lo referente a pillar. Me puse en modo síndrome de abstinencia, como cuando era más joven y visitaba una ciudad en la que no conocía el comercio ilegal, e intenté descifrar conductas sospechosas. Si había gente pasando QR, mejor sería estar atento por si se formaban corrillos.

Los problemas eran numerosos y difíciles de sortear. De entrada, los códigos no huelen tanto como la marihuana, y además el uso de los teléfonos móviles está tan extendido en las manifestaciones independentistas como el tabaco de liar. Lo más importante no es estar allí, sino que lo vea todo el mundo, así que resulta difícil encontrar gente que no vaya con el móvil en la mano. Para seguir, como pasa siempre en las aglomeraciones, los datos 4G funcionaban poco y mal en el cogollo, por la concentración de gente intentando subir selfis.

¿Podría conectar con la aplicación en caso de dar con alguien que me quisiera pasar un código? Dado que la policía anda detrás de ellos, es de suponer que los que pasaran código bueno estarían tan paranoicos como Manu, un viejo camello de Malasaña que se convirtió en una leyenda hace 15 años debido a su forma femenina de caminar. Había que tomar la iniciativa aunque esto supusiera despertar sospechas, pero cuando empecé a preguntar a gente me encontré con que muchos ni siquiera sabían lo que es un QR.

Los que lo sabían, no lo tenían: lo buscaban. La calle Marina parecía el Primavera Sound a las cuatro de la madrugada, esto es: una gran masa de gente colocada, en este caso de nacionalismo, y unos cuantos pringados discurriendo entre la multitud y buscando camellos con los ojos inyectados en sangre. ¿Dónde están los QR? ¿Quién sabe si alguien lleva QR? ¿Qué pinta tiene la gente que pasa el QR?

Independentistas catalantes ante la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. (Reuters)
Independentistas catalantes ante la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. (Reuters)

La gente dejó de preguntar en la calle y empezó a preguntar en Twitter. ¿Alguien con QR puede quedar conmigo en el número tal de la calle cual? Difícil, muy difícil. Corría el rumor de que los más jóvenes eran los que llevaban QR encima, pero en todas las manifestaciones independentistas hay verdaderas multitudes adolescentes y esta generación se droga muy poco. Anduve de un lado para otro, pregunté aquí y allá, y alguno me reconoció y me negó mi dosis sugiriendo a sus amigos que yo era un infiltrado de manual.

Siempre pasa igual. Siempre hay algún camello paranoico que te toma por un secreta. A ver quién es el guapo que le convence de que no es así. Desanimado, sin código, con el móvil ansioso, me alejé de la manifestación, saqué el paquete de tabaco de liar, agarré papel, usé mi técnica digital portentosa y me puse a fumar volviendo a casa. Se me ocurrió entonces una idea genial, como pasa siempre que uno fuma.

Si yo hubiera sido listo, podía haber hecho negocio. Tenía que haber diseñado un QR que conectara con mis libros en Amazon y pasárselo en la manifestación a todo el que me preguntase. Habría sido como vender resina haciéndola pasar por hachís, como un amigo mío moro que empezó a sacar pasta con esta treta porque estaba harto de que le preguntasen si tenía, hasta que le pegaron una somanta de hostias. La hoja de reclamaciones de los camellos.

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