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Cazadores de especies: así se descubren 180 animales nuevos cada año en España

"Para poder dedicarte a esto hace falta forjar un carácter duro. No todo el mundo vale". Descubrir y confirmar una nueva especie es un largo proceso que puede llevar años

Foto: La investigadora del CSIC Ana Camacho.  (Imagen: cedida)
La investigadora del CSIC Ana Camacho. (Imagen: cedida)

Pilar Rodríguez ha pasado toda su vida investigando un tipo de gusano acuático que se esconde en ríos, embalses, lagos y aguas subterráneas. Son parientes lejanos de las lombrices de tierra, miden poco más de dos centímetros y solamente en España ha descubierto 16 especies totalmente desconocidas para la ciencia. Algunos de los nombres con los que los ha bautizado resultan difíciles de pronunciar, como ‘Phallodrilus crypticus’, otros aluden a la mitología, como el género ‘Sylphella’, y unos pocos son claramente sentimentales, como ‘Henlea Andreae’, con el que recordó a su amiga Andrea. Ella es una de las decenas de buscadores de especies en España que dedican su vida a descubrir especies totalmente desconocidas hasta ahora.

Rodríguez es doctora en biología de la UPV/EHU y especialista en taxonomía, la rama de la ciencia que nombra y clasifica aquellos animales que todavía no conocemos. A lo largo de su carrera, la bióloga bilbaína ha descubierto 42 especies y 6 géneros nuevos de los llamados gusanos oligoquetos. Ahora acaba de viajar a Estados Unidos para describir con un colega americano siete nuevos casos que localizó mientras exploraba los ríos de California, Idaho, Nevada y Nuevo México. Uno de los hallazgos estará dedicado a Antonio Pineda, el naturalista que embarcó en la ambiciosa expedición de Malaspina hace ya más 230 años.

El científico José Fernández recopila meticulosamente los ejemplares que encuentran sus compañeros de profesión y publica resúmenes periódicos de estos hallazgos en la revista científica Graellsia. Según sus recuentos, anualmente se describen una media de 180 especies nuevas en la Península Ibérica y en las Islas Baleares y atlánticas. De momento, Fernández tiene recogidos 158 animales nuevos en 2018, sin contar los ejemplares marinos, y la gran mayoría son invertebrados milimétricos. Los últimos estudios indican que el total de especies registradas en el mundo ronda los 1,4 millones (aproximadamente, 62.000 son animales vertebrados; un millón, insectos; y 362.000, otro tipo de invertebrados). Lo que resulta imposible de calcular es el número de especies que no conocemos, pues las estimaciones más bajas apuntan a 5 millones y las más altas superan los 40.

A falta de nuevas aves y mamíferos, la mayor parte de los descubrimientos recientes pertenecen a mundos mucho más pequeños, en los que es muy complicado diferenciar un ejemplar de otro. “Las especies suelen presentar un aislamiento reproductivo, es decir, no se cruzan unas con otras. Por supuesto, hay excepciones como la del Homo Sapiens y los Neandertales, pero por norma general la estructura de los órganos genitales constituye la manera más clara de diferenciar una especie de otra”, explica Rodríguez. Para disipar las dudas, los expertos deben diseccionar penes, glándulas o incluso conductos que no superan las diez micras de longitud (el grosor de un pelo común ronda las 70 micras) y fotografiar planos tan pequeños que el microscopio no es capaz de enfocarlos.

Los últimos avances genéticos parecen haber impulsado esta disciplina, pues permiten extraer secuencias de ADN y cotejarlas con las muestras disponibles en un banco online mundial llamado GenBank. Lamentablemente, el número de secuencias disponibles en red todavía es limitado y presenta fallos y repeticiones que aún deben depurarse. “La tecnología relacionada con la genética es maravillosa, pero no aporta datos sobre el aspecto físico del animal, el comportamiento o el contexto geográfico y ecológico en el que fue encontrado”, defiende Rodríguez. “Para describir un ejemplar nuevo hace falta estudiar todo lo publicado hasta la fecha y tener una amplia experiencia de campo y laboratorio. Ninguna máquina puede sustituir ese conocimiento”.

Oficio en peligro de extinción

Ana Camacho ha dedicado su vida a estudiar unas diminutas gambas llamadas ‘batinelas’, un animal tan esquivo que cuando comenzó sólo se conocían seis especies en España. Treinta y cinco años después, Camacho ha descrito otras sesenta de todo el mundo. Es parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y trabaja en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Pilar Rodríguez
Pilar Rodríguez

“Para poder dedicarte a esto hace falta forjar un carácter duro. No todo el mundo vale”, advierte. Una vez, tardó diez años en pescar un ejemplar inédito en la Torca del Hoyu de las Muñecas, una sima asturiana de 200 metros de profundidad que tuvo que rapelar innumerables veces en busca de muestras. “Las batinelas son el único grupo de crustáceos que vive exclusivamente en aguas subterráneas. Se deslizan en el agua que rellena los espacios entre los granos de arena y el sedimentos de los charcos. Son lugares a los que los humanos rara vez podemos acceder”.

Una vez descubierto, la taxónoma disecciona el bicho, documenta su morfología con ilustraciones y fotografías, extrae secuencias de ADN, contextualiza el hallazgo y presenta su trabajo a una revista científica (requisito imprescindible para validar el hallazgo). El proceso supone, como mínimo, un año.

Nueva especie de araña descubierta en España que imita a los líquenes de los robles. (Foto: Eduardo Morano y Raul Bonal)
Nueva especie de araña descubierta en España que imita a los líquenes de los robles. (Foto: Eduardo Morano y Raul Bonal)

“Nuestro oficio está en peligro de extinción. No ofrecemos resultados instantáneos y eso no es atractivo a la hora de conceder becas y ayudas económicas. Hay media docena de estudiantes de todo el mundo especializados en mi campo y dudo que ninguno encuentre financiación para una plaza. Pronto habrá más taxónomos aficionados que profesionales”. Los orígenes de esta disciplina se remontan al botánico sueco del siglo XVIII Carlos Linneo, padre del sistema de nomenclatura binomial con el que se pone nombre y apellido a las plantas y los animales. “Si ignoras el nombre de las cosas, desaparece también lo que sabes de ellas”, escribió hace ya más de tres siglos.

Un tesoro perdido en el museo

Uno de los requisitos imprescindibles a la hora de presentar una nueva especie consiste en depositar al menos un ejemplar (holotipo) en una institución pública, de tal manera que garantice su conservación para investigaciones futuras. El Museo Nacional de Historia Natural de Madrid guarda una de las colecciones más importantes del país, un arca de Noé con innumerables animales conservados en alcohol y líquidos fijadores. No obstante, fuentes de esta institución aseguran que hay miles de ejemplares de invertebrados pendientes de ser catalogados. Las fichas adjuntas que escribieron los descubridores ofrecen numerosos detalles, pero no hay profesionales suficientes para clasificarlas. Por eso, cada vez que una investigación internacional revisa las colecciones antiguas y desempolva alguna muestra inédita, es muy habitual que encuentre una especie nueva.

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