LA EDAD DE ORO DE LA AUTOPUBLICACIÓN

De amas de casa a reinas de la paraliteratura: Amazon se forra sacando novelas del cajón

El gigante estadounidense ha logrado que la autopublicación llegue a ser lucrativa, sobre todo para ellos. Ahora muchas escritoras 'amateur' quieren ser la próxima Megan Maxwell

Foto: Imagen: EC
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Cada noche, Irina acuesta a sus tres hijos y se sienta a teclear historias de romance y misterio. Esta ama de casa, de origen rumano y residente en Móstoles, sueña con un futuro en el que sus novelas se lean por todas partes, con su cara en las solapas, con un gran contrato editorial y largas jornadas de firmas en la Feria del Libro.

Por eso, en lugar de irse a dormir pasa las noches hasta bien entrada la madrugada sentada frente al ordenador, poniendo en palabras el tenso amor entre Evolet la bailarina y Jayden, el misterioso seductor, por las calles de Nueva York. "Nunca he estado porque los rumanos no podemos viajar a Estados Unidos, pero es que algunos de los crímenes que relataba me parecían demasiado fuertes para ponerlos en España", explica a El Confidencial, "mi otra novela, por ejemplo, transcurre en Galicia porque estuve allí de vacaciones y me encantó".

Evolet… —repite gustosamente mi nombre—. ¡Eres única!
Muerdo el interior de mi mejilla escuchando cómo acaricia cada letra que compone mi apelativo.

'Delirando contigo', 440 páginas escritas en 12 semanas, fue la primera novela autopublicada de Irina Cristina Cretu —su nombre completo— a la que poco tiempo después siguieron 'Vuelve a delirar conmigo' y su próxima entrega: 'Suspirando en tus… Latidos'.

En su Rumanía natal había escrito relatos adolescentes, "pero allí publicar es muy difícil, la situación económica es crítica", explica Irina a El Confidencial en una terraza cercana a su domicilio.

Su carrera literaria comenzó, en realidad, al llegar a España, aunque antes hubo de salvar la barrera idiomática. Una vez se sintió más segura con su español, apoyada por una página web de sinónimos y por Google Translate, comenzó a enhebrar argumentos.

Desnuda, solo con la sábana alrededor del cuerpo y descalza me acerco en la dirección donde se encuentra Jayden. Está apoyado en la lancha, con el agua por los tobillos. Las manos cruzadas y la vista fija donde solo él sabe. Lleva puesto solo un pantalón corto con el torso desnudo. Oh. El pelo lo tiene algo despeinado, húmedo, dándole un aire de… ¿hermoso? Nooo… hermoso es muy poco, simplemente es sexy.

Irina comenzó registrándose en WattPad, una especie de red social donde la gente puede subir capítulos o relatos y que ella define como "una plataforma para escritores que no pueden permitirse nada económicamente". El gran peligro es que alguien lea tu novela y la plagie, precisamente el peligro del que la alertó allí una desconocida: "Me dijo que sacara mi novela de ahí, que no valía la pena”, recuerda. Fue la primera vez que alguien, más allá de sus amigas, valoró su obra. "Eso me dio confianza".

Irina Cristina Cretu con sus dos primeras novelas. (A.V)
Irina Cristina Cretu con sus dos primeras novelas. (A.V)

En cualquier otro momento de la historia, los libros de Irina se habrían movido en un círculo muy reducido, pero no ahora. La promoción a través de las redes y los mínimos costes que conlleva hoy publicar un libro (ya sea en 'ebook' o de impresión por demanda) ha hecho que en los arrabales de la literatura "oficial" hayan florecido con vigor unos curiosos matorrales.

Tienen todo lo que un escritor famoso tiene (obra publicada, fans y críticos) pero viven al margen de editoriales, ferias o suplementos literarios.

"Tengo la etiqueta de novela romántica, pero realmente la novela siempre fue una novela", dice Irina, "hace siglos leías a Dostoievski y él expresaba sus sentimientos sobre lo que quería hablar, por ejemplo la pobreza de Rusia, y no le imponían una etiqueta".

—¿Pero quién la impone?

—Amazon. Cuando subes un libro a su plataforma, lo primero que te pide es la etiqueta.

El papel de Amazon

Por un momento habíamos olvidado que, antes de convertirse en el megalodón empresarial que es hoy, Amazon comenzó hace 25 años vendiendo libros.

En Estados Unidos se conoce como las 'Big 5' a las grandes casas editoriales tradicionales: Hachette, HarperCollins, Macmillan, Penguin Random House y Simon & Schuster. Esta clasificación siempre ha desdeñado a Amazon como editor de libros, pero desde que el Kindle vio la luz en 2007, muchas cosas han cambiado en la industria y todas a favor de la empresa de Jeff Bezos.

Jeff Bezos sosteniendo un modelo de Kindle. (EFE / EPA)
Jeff Bezos sosteniendo un modelo de Kindle. (EFE / EPA)

Las librerías están cerrando. Las ventas de las grandes editoriales están estancadas. Casi la mitad de todos los libros que se compran hoy en Estados Unidos pasan por Amazon. Las únicas editoriales que crecen son las independientes y Amazon Publishing, división nacida en 2009 y que hoy cuenta con 15 colecciones diferentes.

Más importante aún: un 90% de las novelas románticas que se leen hoy son compradas 'online', principalmente en formato 'ebook' y la mayor parte de esas ventas corresponden a ejemplares autopublicados con un rango de precios de entre 3 y 5 euros.

La auto-publicación siempre fue considerada el equivalente literario de la masturbación

La autopublicación siempre fue considerada el equivalente literario de la masturbación. Escritoras 'amateur' como Irina suponían un problema para las editoriales consideradas serias, que empezaron a colgar el cartel de "no se aceptan manuscritos no solicitados". Así que Amazon aprovechó la oportunidad, les ofreció la oportunidad de subir gratis sus libros a su plataforma Kindle Direct Publishing, donde la mayoría se venden a entre 2,99 y 9,99 euros (entre otras cosas porque en ese margen Amazon les ofrece unos 'royalties' del 70%) y ha montado de la nada un imperio paraliterario a base de novelas sacadas de cajones, escritas en esos ratos libres que quedan entre llevar a los hijos al colegio y preparar la comida.

Puede que para las editoriales tradicionales estas novelas no sean lo suficientemente literarias, pero para miles de lectores han resultado ser más que suficientes. Entre 2010 y 2015 el número de títulos con matrícula ISBN aumentó de 152.978 a 727.125, un 375% más y todo gracias a la maduración del mercado autopublicado. La mayor parte de ese aumento perteneció, cómo no, a Amazon y su servicio de autoedición CreateSpace. Y luego está Kindle Unlimited, una especie de Netflix literario donde uno puede enchufarse todas las novelas sci-fi o románticas que quiera abonando una tarifa de 9,99 euros al mes. Esto ha abierto la puerta a muchos autores desconocidos, cuyos libros uno nunca compraría si no fuese 'gratis' hacerlo.

Parte de este fenómeno es una respuesta a muchas editoriales surgidas en los últimos años que, en realidad, no son otra cosa que imprentas

Parte de este fenómeno es una respuesta a muchas pseudoeditoriales surgidas en los últimos años y que, en realidad, no son otra cosa que imprentas. Irina tuvo una mala experiencia con una editorial así que se interesó en 'Delirando contigo'. Se comprometieron a publicar (o más bien, imprimir) 250 ejemplares y bueno, así lo hicieron. "Me los dejaron en una caja en la puerta", explica, "suerte que la historia gustó y los vendí todos, pero tuve que buscarme la vida".

Trató de colocar algún ejemplar en las librerías tradicionales, preguntando con candidez si pondrían su novela en el escaparate. No, no y no.

A un lado, el mundo editorial y sus ásperos filtros, al otro, su grupo de 200 lectoras en Facebook que la felicitan por cada página, le mandan regalitos y Amazon lanzando sus romances al mundo… ¿qué otro camino podía Irina querer tomar?

Más poder para las lectoras

El papel del escritor 'amateur' o semiprofesional también se ha visto afectado por este tsunami. La madrileña Lourdes Tello pasa su día a día empleada como informática, pero su gran pasión es escribir novelas, principalmente fantásticas o románticas. Su primer libro, 'Entre leyendas', fue compuesto cuando se quedó embarazada y decidió hacer un paréntesis en su vida laboral. Su carrera como novelista empezó oficialmente en 2017 y desde entonces ha publicado siete libros. "No los he escrito todos en estos meses", explica, "algunos estaban de antes pero por trámites, cambios y burocracia han ido saliendo así, las vas teniendo en el cajón y las vas sacando".

No he escrito todas las novelas en estos meses, las vas teniendo en el cajón y las vas sacando

Pese a que Suseya, una pequeña editorial, ha editado cinco de ellos, la autopublicación está llamando cada vez más a su puerta y para su próxima novela, un 'thriller' romántico titulado 'Decide, tu vida o la mía' ha optado por Amazon, donde en 2018 ya publicó 'El salto de un ángel' en coautoría con Katy Molina, una autora cordobesa.

El demonio, que ya había visto con anterioridad al humano al que se refería Shen, no creyó que el chico tuviese nada que ver con los dioses. Por lo que había podido ver, era demasiado normal para tener influencia alguna de Nüwa o Fuxi en él. Salvo su arrogante personalidad y su absurda belleza poco más cabía resaltar en él, y ambas cualidades abundaban en infinidad de humanos.

Lourdes compagina la escritura con grupos de Facebook o encuentros con lectoras. Molina y ella también organizan, dos veces al año, una jornada para escritores autopublicados. Para gente como ellas, la promoción es absolutamente fundamental. Siempre se suele decir que escribir un libro es sólo un 40% del trabajo, y que el otro 60% consiste en venderlo, pero para ellas, que a diferencia de los escritores profesionales carecen de adelantos económicos o entrevistas con medios de comunicación, la autopromoción resulta aún más crucial.

Lourdes Tello, con sus obras. (A.V)
Lourdes Tello, con sus obras. (A.V)

Al igual que otras escritoras, el peso de las etiquetas en este nuevo escenario no le hace demasiada gracia a una autora cuya novela 'Aisha', por ejemplo, trata de una sirena del archipiélago de Raja Amat que se despide de Kalús, uno de los tritones más bellos del arrecife, para dar con sus huesos en Cullera, el pueblo valenciano donde Aisha "conocerá las mejores y las peores cualidades de la raza humana".

"Yo no soy escritora de género romántico puro, de hecho en mis novelas me gusta matar a mucha gente", bromea, "pero es verdad que en uno de mis últimos libros cambié un poco el final por la 'presión' de las lectoras, que en Facebook me decían que les gustaban más los finales románticos y que acabaran bien". Para muchos novelistas, que los lectores puedan determinar sus argumentos resultaría intolerable, al igual que compartir capítulos sueltos de sus próximas novelas en busca de opinión, pero estas nuevas autoras juegan a otra cosa: viven en una continua simbiosis donde los escritores hacen de publicistas y los lectores de editores.

Muchas de las escritoras con las que conversa a menudo optaron por cambiar su nombre por una versión en inglés, quizá siguiendo el ejemplo de la escritora de Aluche María del Carmen Rodríguez Álamo, que firma sus novelas como Megan Maxwell y es actualmente un fenómeno en ventas desde que publicó su novela 'Pídeme lo que quieras' en 2012. "Lo triste es que cambiarte de nombre y ponerte uno extranjero se nota en las ventas", reconoce Lourdes, que ha mantenido su nombre y apellido en la portada de sus libros.

Sí, es otro juego totalmente diferente, estas son las reglas y esos novelistas inaccesible encorvados sobre sus manuscritos en una torre de marfil ya no tienen cabida. Quienes han intentado entrar en la autopublicación como un elefante en una cacharrería han acabado chamuscados en un engrudo incandescente donde su vanidad servía de gasolina.

El resurgir de las novelas de cajón

Más allá del género, argumentos o personajes, Irina o Lourdes son un ejemplo perfecto de lo que un escritor autopublicado debe ser estos días. La transformación del mercado de literatura 'online' ha forzado también un nuevo escenario donde los escritores deben adaptarse a lo que Amazon demanda si quieren estar en portada o en lo alto de las listas de ventas del Prime Day. En pocos sectores demuestra tanto la empresa su aplastante carácter monopolístico.

En primer lugar, el algoritmo de portada favorece lo nuevo. Rara vez suelen destacar libros cuya publicación se extienda más allá de tres meses, lo que obliga a los escritores a mantener un ritmo de publicación frenético.

Amazon no suele destacar libros de más de tres meses de antigüedad, lo que obliga a los escritores a un ritmo de publicación frenético

En segundo lugar, del 'no hay que juzgar un libro por su portada' hemos pasado a un 'la portada es lo más importante si queremos vender', mucho más en un escenario postlibrerías donde todo se vende en este iTunes de los 'ebook' y uno ni siquiera puede detenerse a echar una ojeada a las primeras páginas. A esto hay que unir que los escritores 'amateur' no pueden gastarse una fortuna en un portadista, ¿cómo se lo montan entonces?

Para su segunda novela, Irina contrató a Marius, un boxeador rumano, para hacerle fotos y que le sirviera de modelo. Lourdes por su parte confió las portadas de sus novelas 'Mei Ling: El poder de los elementos' y 'Aidan: el resurgir de un hombre' a Katy Molina.

Alrededor de esta nueva industria impulsada por Amazon han surgido, asimismo, una red de nuevos trabajos, principalmente correctores y portadistas, que a cambio de una rebaja —sustancial— en sus tarifas han accedido a un mercado virtualmente inagotable. Por entre 20 y 50 euros, uno puede tener una portada resplandeciente y una edición de su manuscrito más que correcta para que, 24 horas más tarde, el libro esté disponible en cada Kindle, 'smartphone' o estantería del mundo.

La nueva economía paraliteraria

El filólogo peruano Luís Solís Mendoza, que lleva años viviendo en España, compagina su labor como profesor universitario con la corrección de estas novelas paraliterarias. Su intención al principio era editar libros un poco más complejos, pero pronto se dio cuenta de que el mercado actual no apuntaba en esa dirección.

A través de las redes sociales, Solís conoció este gran movimiento de mujeres que daban a conocer sus libros en diversas plataformas de autopublicación. "Por si fuera poco, organizaban congresos, lecturas 'online', promoción de libros, diseño de portadas, 'booktrailers', etcétera", explica a El Confidencial. "Toda una fiesta literaria ajena a editoriales y demás métodos tradicionales de publicación". Llevado por la curiosidad, se puso a indagar y se dio cuenta de que, junto al talento y la ilusión por escribir, también había una imperiosa necesidad de edición y corrección ortotipográfica.

Vista del nuevo Kindle Oasis. (Amazon)
Vista del nuevo Kindle Oasis. (Amazon)

Su primer cliente fue una joven que ya tenía en su currículum cinco novelas publicadas en Amazon. Cada una de ellas con alrededor de 300 páginas. Su experiencia con él fue la primera en la que recurría a un asesor profesional. "Me tocó corregirle una novela romántica en la que la protagonista se enamoraba de un ser de otro mundo, un ente que se apareció una noche en su habitación", dice Solís. Además de la corrección, dio a la autora algunos consejos de estilo. "Esto le gustó mucho, pues, según me confesó, había aprendido más que en el instituto".

La voz se corrió y pronto Solís empezó a recibir solicitudes de otras autoras, entre ellas Irina y Lourdes. Para el corrector, el auge de la autopublicación tiene tres causas principales. "Primero, que España es un país con una riquísima tradición de escritores, aquí siempre hay ganas de escribir, segundo, la creación de plataformas que favorecen la autopublicación, ya sea en digital o en físico, y tercero, el descontento de los escritores, sobre todo noveles, frente a las editoriales", razona.

El Premio que todas desean

Como le sucedió al ama de casa rumana con la editorial que le plantó 250 ejemplares en una caja de cartón, "los autores tienen la impresión de que estas se aprovechan de su talento, con contratos dudosos, casos reales de estafas, ganancias casi nulas y despreocupación por las necesidades del escritor", apunta Solís. "Ello ha dado lugar a la publicación de libros mal maquetados, sin corrección o a precios muy elevados con la consiguiente decepción tanto del lector, que se siente estafado al gasto su dinero en un mal libro, como por el autor, que ha visto cómo sus ilusiones y esfuerzos no han sido respetados".

Raúl seguía sin acercarse a mí más que a Clara. Incluso antes de ir a Granada solía estar más cercano, ahora parecía disfrutar manteniendo la distancia sin ningún esfuerzo, lo que me ponía a la defensiva. Solo muy de vez en cuando me miraba con aquel brillo especial en los ojos, lo que lograba despejar mis dudas sobre si lo vivido en Granada había sido solo fruto de mi imaginación.

Estos días, Solís anda especialmente atareado. Hace unos días que comenzó el premio al que estos días todas estas escritoras aspiran. ¡El Premio Literario de Amazon! Que es algo así como el Premio Planeta de los autopublicados, o casi mejor, como el Nobel de Paraliteratura.

El concurso literario de Amazon permite incluso modificar el libro una vez presentado

"Es tal la importancia de este concurso que ha aumentado la demanda de mis servicios de corrección: todos quieren presentar un buen libro y así ampliar sus posibilidades de resultar ganadores", revela el corrector. "Amazon se ha encumbrado como la plataforma de autopublicación más eficaz y eficiente del momento y ganar el premio literario que organiza es un gran salto para cualquier autor: se le reconoce su labor de escritura, se obtienen beneficios económicos y, según han anunciado, está la posibilidad de que Amazon realice una serie con las obras finalistas".

La compensación económica no es demasiado alta (4.400 euros, menos que la mayoría de premios literarios de diputación) pero ofrecen justo lo que estos autores ansían: promoción mundial, traducción a otros idiomas y, como novedad este año, la posibilidad de que su historia sea convertida en una serie para Amazon Prime Video.


El concurso en sí es radicalmente opuesto a un concurso tradicional, donde los autores compiten con pseudónimo y cualquier escritor famoso recela de revelar si va a presentarse o con qué obra. Irina ya ha anunciado que se presentará con 'Suspirando en tus... Latidos' y Lourdes con 'Decide, tu vida o la mía'. Todo el mundo anuncia a bombo y platillo su gran apuesta para ganar el premio, más parecido a una carrera hípica que a un certamen literario. La única exigencia es que tenga 24 páginas y subirlo a la plataforma de publicación de Kindle. A partir de ahí, las reglas del concurso permiten incluso modificar el libro después de haberlo presentado —imagine leerse un 'ebook' que un mes más tarde ha cambiado tanto que ya es otro libro, el libro que usted leyó ya no existe— o incluso pagar para publicitarlo poniendo anuncios.

En el fondo, es un certamen tradicional, solo que quitándose la máscara. En las bases queda claro que los diez finalistas del premio Amazon serán escogidos por el patrocinador "en función de su viabilidad comercial, a su absoluta discreción". Una vez filtrados, un jurado compuesto por personalidades de la cultura, novelistas románticas y Carlos Liévano, ejecutivo de Amazon, seleccionarán a la próxima estrella de la autopublicación.

Mientras tanto, en cualquier otro lugar de España, un venerado crítico exclamará "pero eso no es literatura" y alguien le responderá "señor, suélteme el brazo, estoy intentando leer".

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