"está claro que son unos piratas"

He cogido un Cabify en BCN: estas son las trampas que hace para engañarnos a todos

Cabify ha vuelto a funcionar desde hoy en Barcelona. Hemos viajado en uno de sus coches y comprobado que no solo se saltan la ley, además instruyen a sus conductores sobre cómo hacerlo

Foto: (Reuters)
(Reuters)

La propaganda de la compañía dice: "¡Gol de Cabify a la Generalitat, hemos vuelto a Barcelona!". Y no faltan amigos de la 'app' y promotores del viralismo económico para difundir la buena nueva en las redes sociales. Durante la mañana, los publirreportajes indisimulados se reproducen en los principales medios de Cataluña. El servicio, aseguran, está totalmente operativo. Me descargo la aplicación.

Resulta que los abogados de Cabify han encontrado el resquicio legal. Un agujero que les permite penetrar de nuevo en Barcelona, infiltrados por las grietas del decreto de la Generalitat, que fue escrito con apresuramiento. La prisa era comprensible si recordamos que estaban colapsando la ciudad y el aeropuerto legiones de taxistas con una furia y una capacidad de organización que ríase usted de los CDR.

Cuando se ha anunciado que los coches volverían a circular este jueves, la Generalitat y el ayuntamiento han contraatacado ordenando a los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana que paren cualquier 'cabi' que pillen circulando sin pasajero, pero esto no ha achantado a unos conductores que estaban, hasta hoy, al borde del ERE.

La aplicación de Cabify ha estado fuera de servicio buena parte del día.
La aplicación de Cabify ha estado fuera de servicio buena parte del día.

Cabify tiene que cumplir nuevas normas. Se supone que ahora, en el primer viaje de cada usuario tras el decreto, este tiene que esperar 15 minutos. Se supone que los coches negros tienen que permanecer estacionados en la base, que está en El Prat, o en aparcamientos públicos si no están ocupados o marchando en dirección a un cliente. Se supone que el usuario tiene que firmar un nuevo contrato con la compañía, que ha cambiado su apariencia legal para sortear la ley. Se supone, digo, porque no es lo que está pasando.

A las 10:00 se reinicia el servicio y yo empiezo a intentar conseguir un coche sin éxito. Muchos conductores de la compañía ignoraban que volvían a trabajar hasta 10 minutos antes, momento en que los han avisado por teléfono, según dice el que me llevará finalmente a mí. No son todos los que había antes del decreto, lo que hace sentir como privilegiados a los que siguen trabajando, pese al sueldo de poco más de 800 euros al mes.

Cuando intentas usar la aplicación, el discurso triunfalista de esta mañana cae por su propio peso. La escasez de coches negros hace imposible encontrar uno y la aplicación impide reservar con antelación para una hora determinada: “Este servicio no está disponible”. Más allá de la propaganda, lo cierto es que Cabify ha vuelto a Barcelona precariamente, a medio gas y con un servicio deficiente. Una operación de 'marketing'. El gol, en fuera de juego.

En el primer viaje la aplicación ni siquiera cumple lo que prometió de prerreserva de 15 minutos: lo hemos cogido en tan solo seis.
En el primer viaje la aplicación ni siquiera cumple lo que prometió de prerreserva de 15 minutos: lo hemos cogido en tan solo seis.

Después de muchos intentos frustrados, hacia las 13:30, la aplicación me asigna un coche instantáneamente y a la primera. Un coche aparece en el mapa en dirección al punto de recogida y aquí viene la sorpresa: no he tenido que esperar los 15 minutos, sino solamente seis. Ahí va un límite incumplido por la compañía.

Teóricamente, cada conductor tendría que dirigirse a la base o quedar estacionado tras cada servicio, pero con solo 300 coches, ni se lo plantean: “En cuanto te bajes tú me llegará otra solicitud, llevo todo el día así”, dice mi conductor. Le pregunto si lo ha parado en algún momento la Guardia Urbana y me dice que no. "¿A tus compañeros?". “Nah, no creo”.

Si pillan a un conductor, la multa es de 4.001€ y la compañía se lava las manos. La paga el trabajador

Para esta eventualidad, la empresa les ha dado “una consigna” esta mañana. “Si nos paran, tenemos que dar los datos que nos pidan y decirles que venimos de la base”. La base de Cabify está en El Prat, a más de 35 minutos del centro de la ciudad, lo que haría imposible que un conductor llegase a recoger al cliente en tan poco tiempo. De manera que están circulando por orden de la compañía. Otro límite del decreto incumplido por Cabify.

De vuelta a casa, elijo un taxi y le cuento al taxista qué tal me ha ido esta mañana. Se echa las manos a la cabeza cuando se entera de que Cabify ha tranquilizado a sus conductores para el caso de que les pille la urbana. Hay motivos: si los pillan y en la hoja de ruta aparece que están circulando, la multa de 4.001 euros la pagan los conductores mientras la compañía se lava las manos. El taxista se compadece de ellos y despotrica de la empresa: "Está claro que son unos piratas".

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