"el taxi se equivoca de enemigo, somos igual de pringados"

Los verdaderos perdedores de las VTC: "Me hipotequé para trabajar y acabaré en la calle"

Los mayores perdedores de la guerra del taxi no son grandes dueños de licencias VTC ni empresas, sino autónomos que pagaron su licencia y coche propios y ahora prevén su ruina. Hablamos con ellos

Foto: Los conductores de VTC han denunciado agresiones en sus coches estos días por parte de los taxistas. (EFE)
Los conductores de VTC han denunciado agresiones en sus coches estos días por parte de los taxistas. (EFE)

Raúl es conductor de Cabify, debe 78.000 euros al banco y es un bicho raro. No por su trabajo, sino por su perfil. Cuando el Govern apruebe el próximo martes el decreto con el que expulsará a Uber y Cabify de Cataluña, los grandes dueños de licencias recurrirán a los tribunales para reclamar 1.200 millones, mientras que los conductores asalariados irán a la calle (el próximo miércoles se esperan hasta 2.600 despidos). Para estos conductores será un drama laboral, pero hay otro perfil, al que pertenece Raúl, que lo tiene aún peor: son aquellos autónomos que, por su propia cuenta y riesgo, compraron una licencia y un coche no con ánimo especulativo ni con una nómina fija, sino para trabajar con su propia licencia, como la inmensa mayoría de taxistas. Y si Raúl deja mañana de trabajar no solo no tendrá derecho a paro, sino que deberá pensar cómo va a devolver al banco los 78.000 euros que le debe. Estas son las historias de los verdaderos perdedores de la VTC: los que se hipotecaron simple y llanamente para poder trabajar.

"Hipotequé a mis padres y debo 78.000€"

Raúl (nombre modificado) trabajó durante seis meses como asalariado del taxi y, a continuación, también como asalariado en una empresa de VTC. Hace poco más de un año decidió pagar 60.000 euros por una licencia VTC que solo explota él y comprar un coche de 18.000 euros. Para poder afrontar este gasto sus padres se tuvieron que hipotecar. Raúl tiene dos hijos y, para ganarse la vida, actualmente tiene un modelo de ingresos doble: trabaja como conductor de Uber (tras un breve tiempo en Cabify), pero también asume encargos de empresas VTC que ofrecen servicios de transporte a clientes de lujo.

Con la nueva legislación que se aprobará el próximo martes en Cataluña, Raúl ve el futuro muy negro: "Alguna vez sí tienes encargos con mucha antelación, pero Uber y Cabify viven sobre todo del señor que sale de una reunión y se va a otra, o de la persona que vuelve a casa de fiesta. Esa gente no va a pedir un coche con antelación ni se va a tirar 15 minutos esperando. Si aprueban esa norma, muchos conductores que trabajen con Uber y Cabify no van a poder llegar a fin de mes". Pero claro, "ningún partido se atreve a meterle mano a esto: si legislan a favor de las VTC, tendrán protestas del taxi a diario; y si legislan a favor del taxi, los dueños de licencias VTC irán a juicio y ganarán las indemnizaciones".

Manifestación de conductores de VTC  en Barcelona. (Foto: Carmen Castellón)
Manifestación de conductores de VTC en Barcelona. (Foto: Carmen Castellón)

En el punto álgido de las protestas de los taxistas de Barcelona, Raúl ha trabajado con mucho cuidado: "Cuando se ponen a destrozar un coche pierden todo el debate. Porque dicen que 'no pasa nada', que los coches no son de los conductores, sino de las empresas, pero es que mi coche sí es mío, no puedo arriesgarme a que le hagan algo. Yo he tenido que trabajar con mucho cuidado, evitando las zonas conflictivas, y aun así me han pinchado dos ruedas".

Raúl no solo es crítico con taxistas y políticos, también con los dueños de muchas (y millonarias) licencias VTC: "Ellos donde realmente van a ganar dinero es con la reventa de licencias. Oye, que si yo tuviera ese dinero también lo defendería, pero no es lógico que a los autónomos que tenemos una licencia nos comparen con ellos: ellos pueden perder mucho dinero, pero no se van a quedar en la calle, mientras que yo sí me estoy jugando mi dinero y el de mis padres. En los medios se dice mucho que 'pobrecitos estos inversores', pero a nosotros nadie nos hace caso, y somos los que más tienen que perder. Porque si se legisla contra las VTC y vamos a juicio pasarán 2, 3 o 4 años hasta que se nos indemnice, y los inversores claro que pueden aguantar ese tiempo, pero yo no sé si podré".

"Los taxistas destrozan coches VTC y dicen que 'no pasa nada', porque son de las empresas, pero es que mi coche sí es mío. Debo 78.000€ y tengo dos hijos, no puedo arriesgar mi coche"

El conductor también 'dispara' contra las aplicaciones y, en su opinión, los taxistas se equivocan de enemigo: "Claro que no me gusta que Uber y Cabify paguen impuestos fuera, pero para mí esas aplicaciones son un cliente más, igual que los servicios de lujo. Si a los taxistas les parece mal lo de Uber y Cabify, que vayan contra ellos, pero los conductores no tenemos culpa".

"Yo no me niego a que haya una regulación", asegura, "pero iría por otro lado. Es verdad que yo tengo ventajas frente al taxi (no tengo limitados los días de trabajo, puedo recoger a gente en toda Cataluña...), pero también desventajas (no puedo coger a alguien que me pare por la calle, mi sector no está tan protegido como el del taxi...). Yo no me quiero meter en los problemas del taxi ni decirles lo que tienen que hacer, pero, si yo fuera ellos, lucharía por tener más libertad. Lo que no tiene lógica es que lo paguen con nosotros".

Silvia: "Si me echan no podré trabajar más"

Silvia acudió el pasado viernes a la manifestación que los conductores de VTC llevaron a cabo en Barcelona. Ella tiene 56 años, trabajó durante mucho tiempo como auxiliar clínica y, tras más de un año en paro, hace casi tres meses entró a trabajar como asalariada en Vector Ronda, una de las empresas de VTC que da servicio a Cabify: "Dentro de 10 días se me acaba el contrato y, viendo cómo está esto, me voy a ir a la calle y no voy a poder trabajar más", asegura.

"Cobro 1.140 euros al mes y estoy encantada", afirma. "A mi edad, como me vaya al paro ya nadie me va a contratar, esto es lo único que me queda. Yo solo quiero trabajar". En una dinámica muy similar se mueve Agustín García, que también trabaja como asalariado, en este caso en Moove (fundada por Jaime Castellanos, actual presidente del banco de inversión Lazard), que presta servicio a Uber: "No es justo lo que está pasando", asegura visiblemente emocionado.

"No es justo lo que está pasando. Tengo 57 años y gracias a esto puedo llevar dinero a casa. Si me echan de aquí, ¿a dónde voy a ir?"

"Tengo 57 años", nos cuenta, "y gracias a este trabajo puedo llevar dinero a casa. He trabajado toda la vida como autónomo en la hostelería, nadie me contrataba. Si me echan de aquí, ¿a dónde voy a ir? Nadie me va a querer contratar. Los taxistas están atacándonos, pero tenemos tanto derecho a trabajar como ellos".

En la lucha de discursos, el de Silvia y Agustín confronta con el de la mayoría de taxistas, que consideran que, si las VTC siguen ganando terreno, las compañías como Uber y Cabify no solo provocarán que muchos taxistas vayan al paro, sino que también devaluarán las condiciones de los propios conductores de VTC con los que operan, sometiéndolos, según el gremio del taxi, a condiciones como las de los 'riders' de Glovo o Deliveroo. Para muchos taxistas, esta lucha podría ser una trampa, ya que los conductores de Uber y Cabify serán degradados igualmente.

Manifestación de conductores de VTC  en Barcelona. (Foto: Carmen Castellón)
Manifestación de conductores de VTC en Barcelona. (Foto: Carmen Castellón)

"Uber y Cabify nos han dejado tirados"

El caso de Juan (nombre modificado) es muy similar al de Raúl: empezó a trabajar como conductor autónomo de Cabify hace más de un año, con su propia licencia (50.000 euros) y su propio coche (24.000 euros), un desembolso económico para el que tuvo que hipotecarse, dejando una deuda de 74.000 euros que a día de hoy aún mantiene.

Juan se siente abandonado por mucha gente, pero especialmente por los que él denomina sus "compañeros de clase social". "Estoy afiliado a Comisiones Obreras y siempre he tenido un discurso de clase. Entiendo que los taxistas vayan contra Uber y Cabify; entiendo que vayan contra los ricos que tienen licencias de VTC que valen millones; incluso puedo entender —más o menos— que vayan contra las empresas de VTC que contratan a los conductores; pero ¿contra los conductores autónomos que hemos comprado un coche y una licencia que solo explotamos nosotros? ¡Si somos igual de pringados que ellos!".

"Entiendo que los taxistas vayan contra Uber y Cabify o contra los ricos que tienen licencias VTC, pero ¿contra los conductores autónomos? ¡Somos igual de pringados que ellos!"

En su opinión, hay que mirar este asunto con perspectiva: "Si tú hablas con un taxista, él te contará una historia dramática de por qué Uber y Cabify le van a arruinar la vida, pero si te vienes a hablar conmigo yo te contaré la misma historia, pero al revés. Y los dos, tanto el taxista, como yo, tenemos razón. No tenemos que fijarnos en las historias personales de cada conductor, porque entonces todo el mundo tiene su parte de razón. Tenemos que ver esto desde arriba y ser conscientes de que los taxistas autónomos y los conductores de VTC, a nivel social, somos lo mismo".

Juan reconoce que comparte gran parte de las quejas de los taxistas, ya que en su momento formó parte del gremio, pero hay un punto que no comparte en absoluto: "Se han vuelto locos cuando se ponen a destrozar coches de VTC. ¡Mi coche no es de ninguna empresa, es mío, lo he pagado yo! Cuando empezó la huelga de taxis en Cataluña yo decidí no salir a la calle a trabajar, porque estaba 'cagao' de miedo. Es que si se cargan mi coche me da algo: es que aparte del dinero que me costaría, si veo que me rompen una puerta o una luna no respondo, es que igual se me va la olla y me lío a hostias con todo el mundo, es que se llevan por delante un coche que aún estoy pagando. Hablan mucho de solidaridad con los compañeros, pero si cogen y se cargan el coche por el que aún estoy pagando y siendo autónomo, ¿qué solidaridad de clase es esa? Que reclamen y que hagan las huelgas que quieran, están en su derecho, pero que no vengan a darme clases de movimiento obrero, que aquí curritos somos todos. Si hablamos de clases, los taxistas autónomos y yo somos exactamente lo mismo. Igual de pringados. El problema está más arriba".

Un coche de VTC en Barcelona, destrozado. (Europa Press)
Un coche de VTC en Barcelona, destrozado. (Europa Press)

Para Juan, por tanto, los enemigos son otros: "Para empezar, llevamos años que ningún partido ni gobierno regional quiere regular esto, porque saben que los que pongan la ley van a ir a juicio contra los dueños de licencias VTC y van a perder, así que se están pasando la patata caliente entre ellos para que ninguno ponga las normas. Esos son los que nos están mareando a todos".

Pero no se queda ahí la cosa, ya que Juan no mira a Uber y Cabify con tan buenos ojos como lo hacen Agustín y Silvia: "Uber y Cabify representan lo peor del capitalismo. Se han dedicado a vender un rollo de p*** madre y a convencer a los parados de que trabajar con ellos es una maravilla, pero en cuanto hay problemas, los dejan tirados: mientras los taxistas y los conductores de VTC se lían a hostias en la calle, ellos están en su casa. Y en cuanto ven que las cosas ya no les benefician tanto, cogen y se larga, dejando tiradas a las personas a las que les prometieron el oro y el moro. Yo entiendo que Uber y Cabify pierden dinero si se van de España, pero ese dinero que pierden no representa nada dentro de todo el dinero que tienen. Aquí quien pierde dinero de verdad es el trabajador, al que han dejado solo para que les partan la cara los taxistas. Yo me he hipotecado simplemente para poder trabajar... y ahora veo que voy a acabar en la calle".

"Con la huelga de taxis no trabajé por miedo. Si se cargan mi coche me da algo, porque lo he pagado yo; ¿qué solidaridad de clase es esa?"

La situación, en definitiva, parece dramática para todos dentro de un debate que no tiene una, sino infinitas aristas. Y en medio de este berenjenal en el que cada grupo (taxistas, aplicaciones, patronal, empresas de VTC y grandes dueños de licencias) ejerce su propia presión como puede, los que apenas tienen voz son quizá los más perjudicados: los autónomos que hipotecaron sus ahorros (o los de sus familiares) no para especular con una licencia ni para subcontratar sus servicios, sino simple y llanamente para poder trabajar. Y mientras siga todo este conflicto, seguirán recibiendo por ambos lados: los taxistas les acusarán de dinamitar su sector y los grandes capitales del VTC les ignorarán.

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