LE ACOMPAÑAMOS EN LAS PROTESTAS

Tres horas con Tito: el 'capo' de la guerrilla urbana del taxi que ha colapsado Barcelona

La figura más polémica de la revuelta contra las VTC lleva cinco años como taxista. Los suyos le tienen por un héroe. Sus rivales, por un "mafioso" que "ha secuestrado" las instituciones

Foto: Tito posa junto a un taxi de la asociación Élite. (M. Mcloughlin)
Tito posa junto a un taxi de la asociación Élite. (M. Mcloughlin)

“Todavía me cuesta creer que este señor ha llegado a manejar los hilos de la Generalitat, del ayuntamiento e, incluso, de Fomento. Daría para una serie de Netflix, te lo juro”, brama al otro lado del teléfono un directivo del sector de las VTC. “Peseto Loco es un ‘amateur’ a su lado”. Hablan de Alberto Álvarez (Barcelona, 1976), portavoz de Élite Taxi y cabeza más visible de la revuelta del gremio contra Uber y Cabify. Una revuelta que vive su enésima crisis estos días en Barcelona, que se ha convertido en el corazón de un conflicto de alcance nacional.

Cualquiera podría pensar que Álvarez es un veterano del oficio con 30 años a sus espaldas de servicio o un empresario con una notable flota. No tiene licencia y lleva en el mundillo apenas cinco años trabajando para otro. “Cuando empecé en esto, dormía en un cajero por las noches. Yo me siento un compañero más”, dice Tito, como realmente le gusta que le llamen. Los suyos lo ven como un héroe. Los que no comulgan con él, como "un capo" que "tiene secuestradas" las instituciones catalanas.

En Teknautas hemos estado una mañana con él. La del último sábado. Apenas han pasado 24 horas desde que decidieron echarse a la calle de nuevo en la Ciudad Condal. “El Govern propone cosas muy acertadas, como no poder utilizar la geolocalización y tener que volver a la base... Pero hay otras cosas que no podemos tolerar”, nos explica poco después de recogernos en la estación de Sants.

“No vaya a ser que tengas que pillar un Cabify, 'nen”, bromea antes de soltar una de sus características carcajadas. Una especie de marca de la casa. Intercala arengas, ataques verbales contra "el enemigo", con comentarios jocosos y unos cuantos (bastantes) tacos. “Soy un tío supersencillo, de la calle”. Hijo de una andaluza y un asturiano, reside en el área de Nou Barris con su familia. “Llevo la lucha obrera en la sangre”.

Tito, el sábado, antes de la asamblea. (M. Mcloughlin)
Tito, el sábado, antes de la asamblea. (M. Mcloughlin)

¿Tu nunca has cogido un Uber?

—¿Yo? Jamás. ¿Qué se me ha perdido ahí? Nada. Como en el Bernabéu. Y ahí he ido porque jugaba el Barça. Y las tres veces hemos ganado.

Porque Tito es un forofo confeso del conjunto 'blaugrana'. No son pocos los que le han acusado de haber estado enrolado con los Boixos Nois, la facción más radical del cuadro barcelonés. Algo que desmiente. “En realidad, me la suda. Que hablen mal de mí, pero que hablen. Lo único que hay de verdad es que soy un loco de mi equipo”.

Pero no es la única acusación que pesa sobre Tito. Preguntar por él en los círculos de la competencia en la mayoría de casos conlleva una respuesta del tipo “es un kamikaze”, “tiene un perfil violento”, “un mafioso” o es un “taxista muy radical”. Simplemente difieren de su relato. Hablan de bengalas, de vestuario paramilitar, de los cánticos y de la violencia. “Ha exportado las técnicas de los Boixos Nois al taxi en España”, asegura una voz del sector de las VTC al sacarle a Álvarez en la conversación.

“Yo te reconozco que no soy un santo”, explica. “Que he estado por peleas en comisaría, claro. Pero de ahí a lo que se me pinta. Soy un superviviente. Yo me he criado en la calle. Y no es fácil”, afirma. Dice que ha tenido 19 juicios, "todos menores", y que de todos ha salido “absuelto”. "Me han denunciado hasta en momentos que estaba en casa".

“Es que no solo me tildan de violento. Me han llamado neonazi, comunista, independentista… De todo, pero me la pela”. La pregunta es obligada: ¿de qué pie cojea, ideológicamente hablando, Tito Álvarez? “Pues mira, te diré que ahora no puedo hablar ni de derechas ni de izquierdas”. Quizá, por el posicionamiento que ha tomado, comulgue más con Podemos. Su amistad con Rafa Mayoral es de sobra conocida. “Ojo, que discrepo en muchas cosas de ellos. Y aunque lo de la independencia no va conmigo, me gustan la CUP y su forma de organizarse”, en un claro guiño al modelo asambleario.

"Admiración" por Colau

Tito saluda a un taxista de la concentración. (M. Mcloughlin)
Tito saluda a un taxista de la concentración. (M. Mcloughlin)

“Yo me llevo bien con quien nos escuche y se quiera llevar con nosotros”. Habla de “admiración” por Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, que fue, a través de la AMB, la que prendió fuego al polvorín el pasado mes de julio con una licencia urbana que sigue suspendida por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. “Hay mucha comunicación con ella. Es bueno que sea una activista, porque sabe lo que hay en la calle. Yo prefiero eso que un tío que ha estudiado en los mejores centros, porque esa vida no es la de la mayoría”, explica.

Volvemos al eje central de la protesta. Quince minutos. Nunca dio para tanto un cuarto de hora. Ese es el tiempo que quiere fijar la Generalitat de precontratación a la hora de coger un Uber o un Cabify. Aunque reconoce que "les hace un roto, ya que su modelo es la inmediatez”, quiere, al menos en las ciudades grandes, seis horas. Justifica el bloqueo por "la lucha por los derechos".

"Podían haber actuado de otra manera", dice en referencia a las autoridades autonómicas. Lamenta que antes del anuncio del borrador de la norma hayan guardado un silencio inesperado. “Ni dios me ha cogido el teléfono esta semana”, confiesa resignado. “Si hubiese habido comunicación, pues igual no hubiésemos llegado a este punto”, remata en una clara alusión a Damiá Calvet, consejero de Territorio del Govern catalán.

Escraches: "Hemos liado alguna buena"

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

En medio de la conversación, surge el tema de los escraches. “Hemos liado alguna buena”, dice entre risas. Les quita importancia. La primera de estas acciones ocurrió hace año y medio, en verano de 2017. Cuando Tito participaba en 'El Avispero', un programa de radio hecho por taxistas para taxistas, les llegó la noticia de que Íñigo de la Serna, por entonces titular de Fomento, estaba en la estación de Francia. Se levantó del estudio al grito de "se acabó el programa, todos a por el ministro". Un centenar de taxis acudieron a la llamada. Se lograron ver cinco minutos con el ministro.

Desde entonces, estas acciones son habituales. Dirigentes o conductores de empresas de alquiler de coche con conductor los denuncian. "A lo que ellos llaman escrache, nosotros lo llamamos acoso e intimidación. Perseguirte por la ciudad no es un escrache. Es acoso”, cuenta un trabajador de una empresa VTC que acudió a la protesta del sábado en la Diagonal. “Si lo analizas, tienen las mismas técnicas que la mafia. Tito es la personificación de que el fin justifica los medios”, remata.

Tito no parece estar dispuesto a renunciar a esta manera de presionar a sus rivales: “Les seguiremos dando la bienvenida siempre que vengan. Esta no es su ciudad. Sin violencia física ni agresiones, ¿eh? Que el mundo del taxi no es violento”. Afirma que nunca se ha reunido con el otro bando. “Las tres veces que iba a ir a televisión con el de Unauto, canceló 15 minutos antes. No quieren que se siente conmigo. No sé por qué”.

Se define como "taxista raso", aunque presumió en público de cambiar comunicados de Fomento

No deja de insistir en que él “no toma las decisiones”. Sorprende este comentario en una persona que en julio llegó a salir presumiendo en televisión de cambiar los comunicados de Fomento. “Sigo siendo un taxista raso”, nos asegura.

Poco después, nos confiesa un reciente intento de soborno. Algo que nos reconfirma que de raso tiene poco. “Fue en Madrid. Me metieron a un garaje y me dijeron: aquí tienes una flota de 12 Mercedes si la quieres a tu nombre. Se te pasa por la cabeza aceptarlo, pero ese sería mi fin. No podría mirar a la gente a la cara”.

Tito Álvarez se dirige a la asamblea. (M. Mcloughlin)
Tito Álvarez se dirige a la asamblea. (M. Mcloughlin)

Durante toda la entrevista, no para de sonar el teléfono. Tiene una importante reunión en la Conselleria de Territorio esa misma tarde. Uno de sus interlocutores son los Mossos. Hablan de si estarán o no en el cónclave con Calvet. Lo mismo con los responsables de Turismo. Casi transmite la sensación de que es él y no el 'conseller' autonómico el anfitrión.

Desde Unauto, en un comunicado emitido el sábado, denunciaban el servilismo de las instituciones catalanas ante el taxi. “Lo próximo será que pidan que el metro cierre una hora antes. Y vista la actitud, se lo concederán”.

Brazalete de Tito anunciando la huelga. (M. Mcloughlin)
Brazalete de Tito anunciando la huelga. (M. Mcloughlin)

A Tito, según cuenta, la “gasolina le da para mucho”. Pero es humano y también tiene “sus bajones”. “En la última huelga, que duró ocho días, llegué a casa cuando acabó todo y me agarré una llorera larga. Acabas con el cerebro frito”. Apenas se ven dos rotos en su coraza. Se sonroja al hablar del ‘crowdfunding’ que han iniciado unos compañeros para comprarle una licencia. “No creo que me tengan que agradecer nada”. Quiere cortar la conversación.

El otro momento en que se ablanda su imagen de ariete incansable es cuando habla de su hijo, al que diagnosticaron síndrome de Asperger TEA el año pasado, motivo por el que dejó la portavocía de Élite durante unos meses, como él mismo contó en Facebook. “Anoche, cuando llegué, me preguntó por cómo iba la cosa. Se entera de lo que ocurre. Y te da ánimo. Así, da igual dormir dos que tres horas”.

Selfis, abrazos y críticos

Los asistentes a la asamblea escuchan la intervención de Tito. (M. Mc.)
Los asistentes a la asamblea escuchan la intervención de Tito. (M. Mc.)

Solo hace falta darse una vuelta con él por la concentración instalada entre Gran Vía y paseo de Gracia para percatarse de que no es uno más. Tiene aire de ‘rock star’. Enfundado en el chaleco de su asociación y demás prendas de Élite, cuesta perderle de vista. Es imposible avanzar tres metros sin encontrarse con alguien que no le haga un comentario, le pida un selfi o le ofrezca una palmada. “Parece que esté trayendo al Cid Campeador para levantar la moral de la tropa”, dice el compañero que le acompaña a la estación a buscarnos. Pero también tiene que cruzarse con quien critica su estrategia. “Este es un flotero. Y que comparte el objetivo. Pero claro es que él pone a ocho chavalitos mal pagados y a vivir de las rentas”, suelta tras escucharle la ‘reprimenda’.

Las asociaciones de siempre (del taxi) también son las que nos han llevado a esta situación

Tito tiene también para repartir en casa. “El tema de los asalariados tiene mucha tela aquí, en este sector hay muchísima precariedad”. Toma distancia con las federaciones y asociaciones gremiales tradicionales, ya que muchas no han mostrado una sintonía muy clara con Élite Taxi, aunque remen en una misma dirección: el fin de Uber y Cabify. “Nunca hemos estado tan vivos como ahora. Las asociaciones de siempre son las que nos han llevado a esta situación”.

Foto: Michael Mcloughlin.
Foto: Michael Mcloughlin.

Esto nos lo dice después de una tensa asamblea a la que le acompañamos. Tensa porque dos taxistas llegan a las manos en un forcejeo en que resultó herido un periodista de 'El País'. Salvo ese incidente, casi todo normal. Se oyen algunos silbidos y algún "pesado" cuando alguno de los que cogen el micrófono se alarga en sus explicaciones. El colmo es que, antes de la trifulca, el propio Tito ha dedicado gran parte de su intervención a pedir que no haya violencia después de una noche en la que se han dado siete detenidos por destrozar un coche de Cabify. El sector de las VTC ha denunciado decenas de ataques de distinta consideración y le acusan de azuzar estas actitudes cuando no están los micrófonos abiertos.

Si siguen estas actitudes, yo me echo a un lado. No caigáis en la trampa de la provocación”. El resto del discurso, antes de dejar paso a otros intervinientes, está plagado de expresiones como “guerra”, “batalla”, “terrorismo de Estado” y demás léxico bélico. Cuando conversamos con él, aprovechamos para leerle declaraciones de representantes del gremio en que se ven expresiones como “aniquilar” o “se arrepentirán toda la vida”.

¿Este lenguaje no violenta? ¿No puede llevar a calentar la cabeza mucho a la gente?

—Por supuesto. Hay que hacer autocrítica y tener en cuenta que nos escuchan muchas personas. Es un error lanzar mensajes que puedan calentar a la gente. No están acostumbrados a que alguien coja un micro y se cague en todo. Por eso hay que aguantarse a veces. Yo en estos cinco años he cambiado mucho. Pero el mensaje tiene que llegar. Y a veces con un "mierda", un "joder" o "guerra", pues llega mejor.

"Soy de sangre caliente"

En dicha asamblea, podemos comprobar varias cosas. La primera, que Tito es de “sangre caliente”, como él mismo reconoce. “En cinco años me he moderado mucho, pero lo sigo siendo”. Tiene pocos disidentes confesos en el gremio, pero los tiene. Uno le dedica una peineta y una serie de improperios. Él responde llevándose la mano a los testículos. “Es un calentón”, justifica poco después en un ambiente más relajado.

La segunda es que la posibilidad del boicot al Mobile World Congress de Barcelona sigue muy viva. Es algo recurrente. Y eso a pesar de que la GSMA, organizadora de tan magno evento, ya ha puesto sobre la mesa que un colapso de la ciudad en esas fechas podría suponer el fin del matrimonio con la Ciudad Condal. Lo que algunos definen como chantaje, ellos lo tildan de medida de presión. ¿La diferencia? “La línea es muy fina”, admite. “Si lo ves desde el punto de vista de lucha por derechos, lo verás de una forma. Si lo ves desde el punto de vista empresarial y los beneficios, pues lo verás como una amenaza”.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

“Creo que el tiempo lo cura todo”, dice cuando le sacamos el tema de los usuarios indignados. No comparte que sus demandas socaven la libertad de elección del usuario. “Tiene que haber unas reglas. Las VTC no se diseñaron para eso”. “Yo también he vivido huelgas de metro y he vuelto a cogerlo”.

Se le pregunta si estaría dispuesto a una revisión de precios a la baja del taxi para paliar el desencanto de los que no comparten sus protestas. Negativo. “Creo que es lo justo. Nos sube el diésel, nos sube el taller… Tenemos que estar ahí”. ¿Y una aplicación pública para calificar al taxista? “No, no me gusta esa idea de que nos valoren en caliente. Creo que ahí, en caliente, estás a merced del día que tenga el pasajero. Tenemos que ser educados, pero otra cosa es lamerle el culo a la gente".

"Es y será un mafioso"

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Los principales actores del gremio VTC acuden a un cónclave con la Generalitat este lunes. “Quieren eliminar la competencia, como hacía la mafia”, confiesa una fuente destacada del sector. “Eso es lo que hace Tito, intimidar y amedrentar con sus gorilas. Pero también en casa, a los taxistas que no piensan como ellos”, remata.

“Tiene mucha más disidencia de la que parece. Y también la quieren amedrentar. Es y será un mafioso. Si no, que cuenten el número de taxis que había en Gran Vía estos días. ¿500 o 600? Si son 12.000. Hay algunos que no hablan porque también les amenazan, pero en su gremio tienen mucha gente que no piensa como ellos”.

Todas las fuentes consultadas coinciden en lo mismo: le acusan de llevar el doble juego con la condena de la violencia. “¿Qué credibilidad tiene alguien que condena actos vandálicos y luego dice que van a morir matando o que hay que acabar con esos hijos de perra? Es de una hipocresía insoportable”, rematan.

En España y en Cataluña, las leyes las dicta Tito. Y eso es único en Europa, y quizás en el mundo”, explican estas mismas voces. “Él mismo lo dijo en una entrevista: les tenemos cogidos por los huevos. Se hace lo que le sale de los cojones. Y si no, guerra. Ojalá alguien en este país se canse y le pare los pies. Si no, ¿qué será lo próximo que exija a base de amenazas?”.

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