Un mar más cálido: el 'combustible' de las catástrofes

Vivir bajo el riesgo de lluvias torrenciales: España no está preparada para prevenirlas

¿Estamos preparados para afrontar el peligro de lluvias torrenciales e inundaciones 'relámpago'? Las respuestas son más preocupantes de lo que tal vez pensabas

Foto: La UME desplegó esta semana 85 militares y 35 vehículos en zonas inundadas de Málaga- (EFE)
La UME desplegó esta semana 85 militares y 35 vehículos en zonas inundadas de Málaga- (EFE)

La tragedia de Sant Llorenç, en Mallorca, y las precipitaciones e inundaciones recientes que han batido récords y dejado otras historias dramáticas en Málaga y el sur de Francia dejan en el aire algunas preguntas. ¿Cada vez son más graves estos episodios? ¿Estamos preparados para afrontarlo? Las respuestas son más preocupantes de lo que tal vez pensabas.

Javier Martín-Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona y uno de los grandes expertos españoles en esta cuestión, tiene claro que las anomalías meteorológicas de un solo año no se pueden atribuir al cambio climático “y menos teniendo en cuenta que la lluvia es un elemento muy variable, a diferencia de la temperatura”, afirma en declaraciones a Teknautas.

De hecho, el otoño de años recientes ha sido bastante calmado a pesar de que “teníamos el combustible” de las lluvias torrenciales, las altas temperaturas del mar Mediterráneo. Sin embargo, faltaban los ingredientes atmosféricos que sí han aparecido este año: la DANA o depresión aislada en niveles altos, es decir, aire frío a más de 5.000 metros de altitud que antes se conocía como gota fría.

Inundaciones en Málaga. (EFE)
Inundaciones en Málaga. (EFE)

“Hemos tenido récords en la intensidad de lluvia en algunos lugares que han costado incluso la vida de personas y graves inundaciones, pero esto no es desconocido en nuestro país, forma parte del clima mediterráneo”, señala.

Un mar más cálido

Otra cuestión es si los modelos que ofrecen proyecciones sobre el clima del futuro son preocupantes: “La evidencia más contundente es que las temperaturas aumentarán, como viene pasando en las cuatro últimas décadas, así que vamos a tener un mar más cálido, estará presente ese combustible necesario para las lluvias torrenciales pero tenemos dudas sobre cómo serán las condiciones atmosféricas”.

Algunos modelos indican que para el sur de Europa las sequías pueden ser más frecuentes, duraderas y graves. El hecho de que estén salpicadas de lluvias torrenciales ofrece más incertidumbre, pero según el experto es probable por varios indicios.

En un congreso de la Asociación Española de Climatología celebrado hace pocos días en Cartagena, su grupo de investigación presentó un estudio acerca de cómo se está prolongando el verano y con él, el periodo de lluvias torrenciales que caracterizan su final en la zona del Mediterráneo. “Este fenómeno se empieza a conocer popularmente como ‘veroño’ y tenemos muchos datos instrumentales y también biomarcadores que lo respaldan, por ejemplo, que las hojas de los árboles se caen más tarde. Del mismo modo puede haber un desplazamiento de las lluvias torrenciales y llegar hasta noviembre”, explica.

Varias viviendas de la localidad castellonense de Benlloch se inundaron temporalmente tras las fuertes lluvias. (EFE)
Varias viviendas de la localidad castellonense de Benlloch se inundaron temporalmente tras las fuertes lluvias. (EFE)

En otro trabajo, al analizar las más de 2.500 estaciones meteorológicas de la España peninsular, el equipo de Martín-Vide se está encontrando con un cambio estacional de las lluvias. En el este es habitual que las lluvias se concentren en otoño, mientras que en el norte se acumulan más precipitaciones en primavera, pero ahora el Mediterráneo, cada vez más cálido, está ejerciendo una mayor influencia y el predominio de las lluvias otoñales, ya no se limita a la costa, sino que se extiende por el interior.

María del Carmen Casas, investigadora de la Universidad Politécnica de Cataluña, ha estudiado el caso del área metropolitana de Barcelona y sus conclusiones son más claras. En un estudio explica que para el último tercio del siglo XXI las precipitaciones se van a reducir un 5%. Sin embargo, al analizar la concentración de esas lluvias “vemos un aumento de las precipitaciones de corta duración y gran intensidad”, señala.

Todos estos cambios, ¿aumentan los riesgos de que sucedan episodios catastróficos como los de Mallorca y Málaga? Para analizarlo hay que tener en cuenta tres variables: las propias precipitaciones, el territorio expuesto y la vulnerabilidad de la población.

La gestión del territorio

Según el catedrático de la Universidad de Barcelona, en realidad los efectos negativos dependen del factor humano que representan las dos últimas: “Hemos construido viviendas en territorios expuestos como los márgenes fluviales y tenemos que combatir la vulnerabilidad de la población a través de la educación, las medidas de protección civil y las alertas tempranas”, explica.

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La clave está en tener una buena planificación territorial. Hoy en día los estudios de impacto ambiental, que analizan los riesgos potenciales ante cualquier actuación, parecen resolver el problema “siempre que el político o el gestor de turno los tenga en cuenta en la planificación final”. El peligro está en la desaforada fiebre constructora de décadas pasadas que ha dejado “muchos ejemplos de urbanizaciones construidas en lugares no aptos”.

Por ejemplo, en lo que los expertos llaman “llanuras de inundación”, que pueden verse afectadas por el desbordamiento de un río. “Puede que ocurra una vez cada 10 años o una vez cada 100, pero puede ocurrir”, señala el experto.

La cuestión está bien estudiada y hay mapas de riesgo que definen cuáles son las zonas afectadas, pero las actuaciones dependen de los municipios y a veces las soluciones no son sencillas: “No es fácil trasladar un barrio entero a un lugar seguro”.

Sin aplicación de la Ley del Suelo

La Ley del Suelo de 2015 impide la ocupación de zonas inundables e impone la obligación de elaborar mapas de riesgo en los procesos urbanísticos. Sin embargo, “está teniendo una aplicación relajada”, asegura Jorge Olcina, experto de la Universidad de Alicante.

Hasta 2007 no hubo obligación en España de tener elaborados mapas de riesgo de inundación, imposición que vino marcada desde Europa a través de la Directiva 60/2007. Esto significa que “hay mucha vivienda construida en espacios inundables, desde mediados del siglo XX a la actualidad”.

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Los cálculos de Olcina son muy claros: “La población que vive expuesta al riesgo de inundaciones en España se eleva a 2.000.000 de personas, el 80% de ellas en el litoral mediterráneo”, destaca. Por supuesto, se concentran a lo largo del Mediterráneo, desde Girona hasta Cádiz incluyendo las islas Baleares, pero también en el País Vasco, debido a su especial configuración geográfica y ocupación del territorio a partir de valles fluviales estrechos y con elevad pendiente, y en Canarias, donde las inundaciones son especialmente violentas debido al relieve de la zona, caracterizada por los barrancos, que arrastran material volcánico.

De hecho, los riesgos geológicos asociados a las lluvias intensas suponen otra importante preocupación para los expertos, como demuestra un estudio realizado en Mallorca por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) acerca de los deslizamientos de tierra en la sierra de Tramontana, que coinciden con los picos de lluvia.

Mayor peligro para extranjeros

En cuanto a las características concretas de la población vulnerable, la Universidad de Alicante ha realizado un curioso estudio: las víctimas suelen ser desconocedores de la zona e imprudentes. “Las personas que han venido a vivir a las zonas turísticas del Mediterráneo procedentes de otros países europeos son las más expuestas a las inundaciones, porque no conocen el medio físico y no saben cómo funcionan los barrancos y ramblas de esta parte de España cuando ocurren lluvias torrenciales”, asegura Jorge Olcina, que además de catedrático de la universidad alicantina es presidente de la Asociación Española de Geógrafos.

No obstante, a veces la población local no hace caso a las recomendaciones de Protección Civil ni a los avisos de emergencia de AEMET: “Pretenden llevar su vida normal, en condiciones de peligro por lluvias torrenciales”.

Por otra parte, ante el probable riesgo de que aumenten las lluvias torrenciales “nuestras ciudades no están preparadas en absoluto, cada vez se registran con mayor frecuencia lluvias intensas que en apenas 30 minutos o una hora descargan hasta 100 litros por metro cuadrado. Los sistemas de alcantarillado y evacuación de aguas pluviales deben adaptarse y cuanto antes, mejor”, reclama.

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Según Martín-Vide, realizar predicciones meteorológicas en España es más complejo que en otros países, precisamente, porque la confluencia del Atlántico y el Mediterráneo hace que los fenómenos sean mucho más aleatorios. Aún así “la predicción de AEMET es muy buena, puede acotar bastante el momento y el lugar, pero no con una precisión absoluta”.

La 'app' que puede avisar

Esto dificulta la gestión de alertas, pero no la hace imposible si se manejan los datos adecuados. En el IGME, el investigador Andrés Díez-Herrero y su equipo han desarrollado una app para avisar de las inundaciones, idea que por el momento se ha quedado en el planteamiento teórico por falta de financiación.

“No es una alerta meteorológica ni hidrológica, lo que averiguamos es la onda de la crecida”, explica. El sistema recopila la información de las estaciones meteorológicas acerca de las precipitaciones que están registrando y de las confederaciones hidrográficas, que ofrecen datos de caudales cada 10 minutos. Al unir estos datos con los modelos de zonas inundables, averiguan automáticamente las zonas que se van a inundar.

“Así sabemos los tiempos de viaje de las crecidas, sabemos qué zona se va a inundar, con qué velocidad y en qué profundidad. Gracias al GPS, si un usuario está en una zona de peligro, la aplicación le avisará en su móvil de que en 30 minutos el lugar en el que se encuentra va a quedar un metro bajo el agua”, pone como ejemplo.

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De momento, este sistema, denominado RIADapp, no se ha llevado a la práctica por falta de presupuesto. “Es una elección de la sociedad, tenemos que pensar si queremos tener a Messi o un sistema de alertas para la población”, señala.

En opinión de Jorge Olcina, además de la aplicación efectiva de la Ley del Suelo, el gran factor para evitar la pérdida de vidas humanas en estos episodios es, precisamente, “la implantación de un sistema nacional de avisos que permita informar a la población que pueda ser afectada por una lluvia torrencial a través de los teléfonos móviles”. De hecho, “la tecnología existente y algunos países, como Japón, ya la han implantado”.

Además, este experto habla de la necesidad de presupuesto en otro sentido, de cara a lo inevitable: “España debe incluir en sus presupuestos anuales una partida para hacer frente a los episodios extraordinarios ocasionados por el clima”, afirma. “Los daños de estos fenómenos van a ir en aumento en los próximos años, debido al cambio climático. Y nuestro país, mientras se prepara para ello, especialmente en las áreas urbanas, debe tener previsto una partida de gastos institucionalizada para hacer frente a este tipo de eventos extremos, que va a ir a más”.

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