"Estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado"

La veinteañera que crea los antídotos del futuro: "Nos hemos pasado con el feminismo"

Andrea Martos es una de las ciéntificas más prometedoras de nuestro país. A sus 25 años ya ha trabajado incluso para la Universidad de Cambridge y no se corta a la hora de hablar

Foto: Andrea Martos.
Andrea Martos.

Andrea Martos es de esas personas que cuentan con casi más títulos en sus currículums que años en su carné de identidad. Con apenas 25 (cumplidos hace una semana), esta joven madrileña ya ha pasado de estudiar bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid a trabajar como en la Universidad de Cambridge y especializarse en la investigación de los antídotos del futuro en el Laboratorio de Farmacología Tropical de Dinamarca (el DTU). Y por si fuera poco, hasta ha tenido tiempo para escribir un ensayo llamado ‘Volver a hacer fiestas’, sobre la revolución genética que supone el sistema CRISPR CAS.

Tranquila y reflexiva, Martos recibe a Teknautas durante la celebración de GeneradorES, un evento en el que, junto a otros 24 jóvenes españoles, debate y lanza propuestas sobre el futuro de nuestro país. Eso sí, la situación no rebaja su tono firme y sus ideas claras, incluso en los temas más polémicos que se alejan de su sector profesional. “Me considero científica de vocación, pero me apasionan muchos otros campos”, remarca nada más comenzar la entrevista.

La joven estudia cómo conseguir acabar con una de las crisis sanitarias más olvidadas del planeta, la de las mordeduras de serpiente (más de 100.000 muertes al año), usando anticuerpos de origen humano y técnicas punteras como el ‘phage display’ para sustituir a los métodos tradicionales artesanales y a los derivados de sueros de caballos. Pero sus opiniones no se quedan solo en el marco de lo puramente científico, sino que no tiembla al hablar sobre feminismo o sobre la situación de la ciencia en España.

PREGUNTA. Después de ver tu currículum, la primera pregunta es obligada: ¿cómo llegaste al mundo de la ciencia?

RESPUESTA. A mí desde pequeña me parecía que el mundo molaba, y lo sigo pensando. Me fascinaba todo lo que veía. Tanto, que fue difícil elegir a que me quería dedicar, porque me gustaba la ciencia, pero también la filosofía o la literatura.

Fue en 1º de Bachillerato cuando un profesor me dio la confianza y me ayudó a decidirme por este campo, si quiera por adquirir una forma de pensar más científica.

P. Y a los 25 años ya has pasado por la UAM, por la Universidad Técnica de Dinamarca y hasta por Cambridge...

R. Sí, bueno, decidí estudiar bioquímica en la Autónoma de Madrid, luego me fui a Dinamarca a estudiar un máster en ingeniería y diseño farmacéutico y ahí aprendí a ‘ingenierizar’ nuevos fármacos. Además, en Dinamarca entré en contacto con Andreas Laustsen, una eminencia en el ámbito de los antivenenos, una experiencia que me llevó a involucrarme en este mundo.

P. ¿Por qué te inclinaste por los antivenenos y más concretamente por los antídotos para mordeduras de serpiente?

R. Bueno, hasta ahora la mayoría de antídotos, y es muy bueno que así haya sido porque han dado muy buenos resultados durante muchísimos años, se sacan de derivados de sueros de caballos. Lo malo es que sino se manufacturan correctamente pueden dar algunos problemas, efectos secundarios, etc... Laustsen es conocido justo por empezar a usar otro tipo de sueros, sacados de anticuerpos monoclonales humanos. Un cambio que podría mejorar y mucho la fabricación de estos fármacos.

Al descubrir esto, vi los antivenenos como un reto en el que podía ayudar a mucha gente y por eso decidí dedicar mi tiempo y mis conocimientos a esto. Además, las mordeduras de serpiente venenosa son una de esas enfermedades que están fuera de todo foco y que se conocen como Enfermedades Tropicales Desatendidas (EDT) y eso me terminó de convencer. Poder ayudar a gente olvidada y sin recursos me atraía atraía muchísimo.

P. Justo Kofi Annan dedicaba uno de sus últimos artículos en vida a la ‘crisis sanitaria’ de las mordeduras de serpiente. ¿Por qué crees que es algo tan olvidado si mata hasta a 138.000 personas al año?

R. Es algo muy complejo. Primero están los problemas locales, pues mucha gente en zonas pobres en las que se da esta enfermedad sigue creyendo en los curanderos para sanar las mordeduras, lo que empeora, y mucho, la situación, y luego no es ninguna sorpresa que hay enfermedades que están más lejos de los focos que otras. Si eres una empresa que necesitas dar beneficios no puedes dedicar todos tus recursos a algo que no te los ofrece. Piensa que estas mordeduras se dan, sobre todo, en África, Asia y Latinoamérica, lugares, en su mayoría, pobres y olvidados.

Por suerte, hay compañías como IONTAS, para la que trabajo hoy en día, que sí se involucran altruistamente en la creación de estos antídotos con las técnicas phage display, que por cierto han ganado este año el premio Nobel de Química.

P. ¿Cómo pueden ayudar estas técnicas exactamente a frenar esta enfermedad?

R. Bueno, en principio hay algunos problemas con los costes, pero una vez se puedan crear estos antivenenos en una producción en cadena puede acabar con los problemas de abastecimiento y los efectos secundarios.

Ahora mismo todo el proceso es extremadamente artesanal y no es homogéneo, pues cada caballo del que se saca el suero es diferente. Con estas nuevas técnicas buscamos crear una producción en cadena que sí ofrezca esa seguridad de que a todos los pacientes se les da el mismo fármaco y que se aligeren los procesos de fabricación.

Andrea Martos durante el evento GeneradorES (Imagen cedida)
Andrea Martos durante el evento GeneradorES (Imagen cedida)

P. Cambiando un poco de tema. En otras entrevistas has demostrado ser bastante crítica con el feminismo actual y con lo que se dice de que hay pocas mujeres en este sector y se les discrimina...

R. Claro que me gustaría que hubiese más mujeres en ciencia, en la medida en que ellas lo deseen, pero no estoy de acuerdo con lo de que haya pocas mujeres en el sector. Si te vas a primera línea puede que no encuentres muchas, pero es que para entender esto hay que hacer una retrospectiva y mirar a cuando empezaron a estudiar la mayoría de los investigadores que copan esa escalon más alto.

Son gente que empezó en un momento en el que la mujer aún no se había incorporado del todo al mundo universitario. Por eso, es cierto, es tan meritorio la labor de las investigadoras que están a ese nivel. Pero si hoy te vas a un aula de biología, bioquímica o de muchísimas ingenierías, verás que las mujeres son mayoría. Y nadie ha ido a su casa para obligarles a ser científicas.

P. Entonces, ¿crees que nos estamos excediendo con las críticas hacia el sistema y los comentarios de que somos un país machista y que infravalora a la mujer?

R. Absolutamente. Y sobre todo está teniendo un efecto perjudicialísimo para nosotras. La queja de la mujer que de verdad sufre discriminación, que no puede acceder a los puestos que quiere alcanzar, que es violada o que sufre maltrato queda diluida en un mar de críticas sin importancia como las de si un hombre me ha abierto la puerta y me ha dejado pasar o si me ha dicho que ojos tan bonitos tengo.

Si alguien te ridiculiza en público seré la primera que estará allí para defenderte, pero no debemos diluir los problemas reales en críticas banales que no llevan a ninguna parte. Estamos tirando piedras contra el genuino tejado del feminismo, que no es otro que defender la igual de la mujer. Estamos volviendo a resucitar a ese machismo rancio que nos había costado siglos domesticar.

Andrea Martos durante el evento GeneradorES (Imagen cedida)
Andrea Martos durante el evento GeneradorES (Imagen cedida)

P. ¿Tú como mujer y científica has sufrido algún tipo de discriminación?

R. Personalmente, y recalco esto, nunca me he encontrado con una situación así. Está claro que hay casos de discriminación real, y creo que cada uno de ellos debe ser expuesto públicamente para que estas situaciones se reduzcan lo máximo posible. Pero también hay que contar que no por el hecho de ser mujer sufres una discriminación constante.

He tenido el privilegio de trabajar en diversos centros situados en varios países y nunca me han discriminado por ser mujer, ni he vivido nada similar. Si los hay, hay que luchar a tope contra ellos, pero no es bueno generalizar.

P. Y por último, ¿cómo ves tu futuro?

R. Bueno, salí de España en 2015 muy decepcionada por la situación en el país, pero hemos ido mejorando poco a poco y mi idea es volver. Mi sueño desde que salí de aquí es almacenar toda mi experiencia exterior, los contactos y los conocimientos que he adquirido y regresar para mejorar la ciencia en España. Digamos que esto es un viaje y, como dicen en los cómics, volveré.

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