son las mejores en sus campos

Del metro de Chile a 100 'smart cities': las ingenieras españolas que arrasan fuera

La cántabra Sara Collado y la aragonesa Alicia Asín han sido reconocidas por premios europeos como mujeres ejemplares en profesiones técnicas

Foto: Alicia Asín Pérez junto a los sensores que desarrollan en Libelium (Fuente: Libelium)
Alicia Asín Pérez junto a los sensores que desarrollan en Libelium (Fuente: Libelium)

“Fue un momento tipo Oscar”. Así recuerda la ingeniera informática zaragozana Alicia Asín Pérez, cofundadora y CEO de la ‘startup’ de ciudades inteligentes Libelium, cuando en la gala organizada por la Comisión Europea a finales de junio en Bruselas se enteró de que estaba entre las premiadas como mejores mujeres innovadoras de Europa de 2018. Un galardón pensado para reconocer la labor de mujeres emprendedoras y, con sus ejemplos, servir de inspiración a futuras generaciones, especialmente en el sector tecnológico, donde todavía es difícil triunfar si tu género es femenino.

Aunque en España Asín no es el únic caso. La ingeniera de caminos Sara Collado Hernández también ha recogido recientemente, en otra celebración al estilo hollywoodiense en Londres, su galardón como la mejor mujer ingeniera en los premios WICE 2018 (European Women in Construction & Engineering Awards). “Es lo más cerca que voy a estar de ganar un Oscar”, bromea con Teknautas esta ingeniera de Santander que ahora es jefa de obra para Ferrovial Agroman en Chile.

También destacan la física y fundadora de Mimetis María Pau Ginebra y la ingeniera industrial y CEO de Ingelia María Luisa Hernández Latorre, quienes fueron, junto a Asín, las tres mujeres españolas aspirantes al “EU Prize for Women Innovators 2018”. Hablamos con todas ellas para conocer los secretos del éxito, cuáles han sido las trabas que se han encontrado en el camino y cómo las han superado. Además, todas ellas madres, reivindican la importancia de mejorar la conciliación de la vida laboral y familiar.

La mejor ingeniera civil de Europa

Sara Collado estudió Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en la Universidad de Cantabria hace más de quince años. Sus primeras prácticas profesionales la llevaron a recorrer mundo: primero, en una empresa pública de aguas en Atenas y, luego, en el departamento de Ingeniería Civil y Mecánica en la Universidad McGill de Montreal. Regresó a España, acabó la carrera y pronto se cruzó en su vida Ferrovial, donde trabaja desde entonces.

Sus obras la han llevado por varias ciudades. Empezó en León, con sus prácticas de verano; luego Salamanca, donde pasó de edificación a la construcción de tramos de autopista; después Burgos, Valladolid, Zamora y vuelta a Santander para trabajar en obras municipales para el Ayuntamiento.

Sin embargo, llegó la crisis y tuvo que buscar nuevas oportunidades en el extranjero junto a su marido, que también trabaja en Ferrovial, y su primera hija. “Surgió la posibilidad de irnos a Chile, donde hay muchos proyectos grandes y todos dentro de la ciudad de Santiago”, relata. Hoy, jefa de obra (o administradora de contratos, como lo llaman en el país andino) trabaja en la conexión de la línea 1 y 3 de metro de Santiago y la ampliación de una estación. Antes se encargó de adecuar un tramo de la autopista que une Alaska con Tierra de Fuego a su paso por la capital chilena.

Sara Collado recibiendo el premio WICE (Fuente: WICE Awards)
Sara Collado recibiendo el premio WICE (Fuente: WICE Awards)

Aunque sin duda ha conseguido destacar en su profesión, una de las preocupaciones de Collado siempre ha sido compatibilizar su vida profesional y familiar. Madre de dos niños, asegura que “no es fácil conciliar dedicándose a la construcción”, lo cual cree que puede ser una de las causas de no ver a tantas mujeres a pie de obra.

Recuerda que durante su época universitaria eran pocas en clase. “Seríamos como un 15%”, calcula. Sin embargo, ese número desciende drásticamente cuando se va a las obras. “Es un sector muy exigente”, dice. “Yo lo he conseguido con mucho sacrificio personal y quizás a mis hijos, aunque yo los veo bastante, igual tenían que estar más horas conmigo”, reflexiona.

Además, lamenta la brecha salarial entre ingenieros e ingenieras y como algunos ven la maternidad como una complicación. “Cada vez que alguien se toma una baja maternal, los demás creen que has perdido el ritmo”, se queja, y apela a la necesidad de jornadas más conciliadoras.

Sara Collado, de camino a recoger su premio WICE (Fuente: WICE Awards)
Sara Collado, de camino a recoger su premio WICE (Fuente: WICE Awards)

Aún así, la ingeniería es su pasión. Ante la pregunta de qué proyecto recuerda con más cariño, dice que todos. “Las obras son como hijos, son como tuyos, las hay más pequeñas y más grandes, pero todas tienen dificultades intrínsecas y en todas aprendes algo nuevo que te enriquece”, explica. Aunque asegura que en Chile está contenta, su idea es regresar a España en unos tres años. “Ya no pido a Santander, pero espero que a España sí”, desea. Por lo pronto, su próxima visita será para las próximas vacaciones.

Ahora el premio WICE ha sumado algo más por lo que estar orgullosa. Este galardón que también ha sido entregado a otra española, la directora de operaciones de Jacobs Susana Gonzalo en la categoría de ingeniera ferroviaria, pretende visibilizar el talento femenino.

La española más innovadora

Alicia Asín cofundó Libelium con solo 24 años. En 2006, esta ingeniera informática decidió emprender en una tecnológica junto a su socio David Gascón, actual CTO de Libelium. Entonces echaron a andar con 3.000 euros y tres personas, en la actualidad cuentan con 120 empleados, exportan a cerca de 120 países y el año pasado cerraron su facturación con 6 millones de euros. Ahora, recibir el reconocimiento de la Comisión Europea como una de las mujeres más innovadoras de Europa supone para Asín un extra de energía. Además, los 50.000 euros con los que está dotado su premio servirán para que Libelium siga convirtiendo ciudades en inteligentes gracias al diseño y desarrollo de sus redes sensoriales.

Nunca han contado con inversores externos y su crecimiento siempre ha estado basado en la generación de ingresos por el propio trabajo, algo que Asín considera clave para el éxito de Libelium. Aun así, el camino no ha sido sencillo.

Alicia Asín con su socio de Libelium (Foto: Libelium)
Alicia Asín con su socio de Libelium (Foto: Libelium)

Aunque se considera una afortunada, Asín ha tenido que enfrentarse a situaciones machistas. Por ejemplo, como nos cuenta, ir a los bancos junto a su socio y que quien les atendiera se dirigiera siempre a él por el mero hecho de ser hombre, o las tantas veces que ha tenido que capear la pregunta de si su socio y ella eran pareja. “Como si un hombre no se asociara con una mujer si no tuvieran una relación”, se queja. Las tilda de “pequeñas tonterías” que no le han afectado; sin embargo, no puede evitar preguntarse: “Yo he sobrevivido, pero qué mundo les estamos dejando a nuestras niñas”.

Asín, madre de dos niñas, también hace referencia a la presión a la que se somete a la mujer cuando se queda embarazada, incluso pidiendo que demuestren más, mientras que a los hombres no se les cuestiona nada cuando van a ser padres. También cuenta experiencias: desde clientes que te preguntan cómo lo vas a hacer o si vas a poder con todo para darles respuesta hasta casos de amigos cuyas empresas no les han permitido coger su permiso por paternidad porque “para eso ya está tu mujer y ya se encargará ella” o “no está tu madre”. Por ello, cree que “hasta que no equiparemos los permisos de maternidad y paternidad no tendremos esa verdadera igualdad”.

En Libelium también ofrecen la posibilidad de flexibilidad horaria o incluso teletrabajo a los hombres con hijos. “Pienso que cuando damos estas opciones a los hombres de mi empresa, también estamos haciendo algo por la vida profesional de sus parejas”, razona Asín.

Por otro lado, esta emprendedora lamenta la escasez de currículum de mujeres que reciben en Libelium. “Hay campañas de reclutamiento que llegamos a no recibir ninguno”, asegura. Incluso cree que está habiendo una disminución de mujeres jóvenes que estudian carreras técnicas.

Según Asín, se debe al hecho de que todavía hoy en día se promueve que el hombre pueda llegar a ser cualquier cosa mientras que la mujer no, “con una figura cada vez más hipersexualizada donde sobre todo lo que tienen que ser es perfectas físicamente, y no molestar”, critica. Además, cree que a las mujeres no apostar por profesiones técnicas las perjudica para el futuro. “Debemos asegurarnos de que las chicas tomen su decisión siendo plenamente conscientes de que hay muchas oportunidades de futuro que se les van a cerrar por no tener esas formaciones técnicas”, afirma.

Todas ellas pueden fijarse en los logros de Asín. Su empresa, nacida como una ‘spin off’ de la Universidad de Zaragoza y hoy una de las más punteras de nuestro país, diseña y desarrolla tecnología para diferentes campos: desde equipamiento sanitario capaz de atender emergencias en zonas rurales de países en desarrollo hasta sistemas para monitorizar la contaminación o alertar de inundaciones. Incluso sus sensores han viajado hasta el espacio gracias a un proyecto de la NASA para estudiar tormentas solares.

Otras reconocidas emprendedoras

La física María Pau Ginebra y la ingeniera industrial María Luisa Hernández Latorre también optaban a los premios para mujeres innovadoras de la Comisión Europea. Aunque no consiguieron alzarse con el galardón, ya estar entre las doce aspirantes a un premio al que optaban más de 120 mujeres de toda Europa supone un notable reconocimiento.

Ginebra, catedrática del Departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) de Barcelona, cofundó en 2013 la ‘spin off’ Mimetis para llevar directamente al mercado nuevos biomateriales para la regeneración ósea en aplicaciones dentales, cráneo-maxilofaciales y ortopédicas. En la actualidad cuentan con una tecnología única para lograr los primeros injertos óseos biomiméticos imitando los procesos fisiológicos de formación del hueso.

Con alrededor de 100 artículos publicados, esta doctora en ciencias y presidenta de Mimetis lleva vinculada a la universidad desde 1997. Más de veinte años en los que ha visto cómo ha aumentado la representación femenina en las carreras más técnicas, “aunque muy lentamente”. Incluso considera que “a día de hoy, sigue siendo muy desigual el porcentaje de mujeres que hay a nivel de titulares y catedráticas en la universidad”.

Para Ginebra, las trabas a las mujeres no se encuentran tanto a la hora de elegir carrera y ser alumnas, sino cuando pasa el tiempo y en muchos casos se decide formar una familia. Así, esta catedrática hace referencia a la “maternidad y a la carga de trabajo y responsabilidades que asume la mujer y las que asume el hombre cuando hay hijos”.

La solución, a su juicio, “no es hacer discriminación positiva con las mujeres poniéndoselo más fácil”, sino adoptar medidas conciliadoras. “Por ejemplo, cuando una mujer ha estado de baja por maternidad, que después pueda tener un periodo en el que no tenga que dar clases y se pueda dedicar de manera intensiva a la investigación”, detalla. En su caso personal, dice no haber sufrido ninguna discriminación por ser mujer, aunque sí considera que le ha resultado más difícil llegar donde está que si hubiera sido un hombre.

En cuanto a innovación, Ginebra cree que en España hay mucho talento. “A la vista está que en el premio europeo éramos tres españolas de doce candidatas”, argumenta. Sin embargo, cuando se habla de potenciarlo a nivel público, algo falla si nos comparamos con el resto de Europa. “Nos encontramos con muchas más trabas a nivel administrativo para conseguir financiación o ayudas para la creación de este tipo de empresas”, asegura. Ahora mismo, Mimetis tiene abierta una ronda de inversión con el objetivo de conseguir en una primera etapa 120.000 euros de recaudación para seguir avanzando en la regeneración ósea.

Por su parte, María Luisa Hernández Latorre es la directora general de Ingelia, con sede en Valencia. Entre sus mayores logros está el haber patentado a nivel internacional la tecnología HTC, un innovador proceso de carbonización hidrotermal capaz de transformar restos orgánicos en biocombustibles y biomateriales. Ahora acaban de poner en marcha un reactor en Reino Unido y, como nos confirma Hernández, están firmando contratos para ochos reactores en Italia que se construirán en 2019. Además planean nuevos proyectos en Bélgica, Escandinavia y Portugal.

Así es que, para Hernández, “el nivel de esfuerzo es continuo” y explica que “cuando trabajas en innovación es todo nuevo y está todo por hacer”. A pesar de las dificultades, asegura no haber tenido problemas por trabajar rodeada de hombres, aunque también confiesa que quizá “hubiera sido más fácil si hubiera encontrado por lo menos la mitad de mujeres, porque a lo mejor ellos sí que me veían a mí como un elemento diferente”, explica.

Marisa Hernández Latorre, ante la Comisión Europea en Bruselas
Marisa Hernández Latorre, ante la Comisión Europea en Bruselas

Hernández también coincide con el resto de mujeres en que “nos falta resolver el problema de la conciliación familiar y laboral”. Aunque para ella también hay un factor clave para una mujer que quiere formar una familia y no renunciar a su carrera profesional, y es querer hacerlo. “Si tú te sientes capaz de hacer algo en esta vida por responsabilidad social con respecto a tí y a todos los demás lo tienes que hacer”, aconseja. “Porque si tú puedes hacer algo y no lo haces, eso se queda sin hacer y si todos hicieran eso de dejar pasar las oportunidades, al final no avanzaríamos”, reflexiona.

Además, para ella, a la hora de tener hijos también es fundamental la flexibilidad horaria. “Yo, por ejemplo, he estado sin vacaciones porque lo he elegido así, o trabajando menos horas durante la semana pero luego recuperándolas el fin de semana”, explica, apelando a la necesidad de tener la oportunidad de planificarse para dar lo máximo en casa y en el trabajo.

Sin duda, todas estas mujeres, ejemplos de éxito en el que se supone es un mundo de hombres, son el mejor espejo en que una joven chica podría mirarse para luchar por su carrera profesional y romper todos los techos de cristal que se proponga.

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