"¿Cómo se hace con los abonos? A lo bestia"

Así funciona la reventa masiva de abonos del Barça en días de Champions gracias a Glovo

Hay quien utiliza este servicio para recoger el carné del socio y enviarlo al comprador. La empresa argumenta que sus 'glovers' no saben lo que transportan en la caja

Foto: Montaje: EC.
Montaje: EC.

"Tres días antes del partido, preparaban todo a tope. Se decía a los socios que pasaríamos a recoger su abono. Los llevábamos a la sala de un hotel: ahí se metían en sobres y desde esa misma sala los trasladábamos a otros hoteles y los dejábamos, a nombre de alguna persona extranjera, en recepción. Pero los socios no emitían el pedido de Glovo: era una organización".

La descripción la hace un antiguo repartidor de Glovo —ya 'desconectado' de la plataforma—, y responde al esquema de reventa masiva de entradas de fútbol, en el que la empresa participa facilitando la logística a los reventas, que en apenas tres días —de sábado o domingo, cuando se juega LaLiga, a martes o miércoles, cuando se juega la Champions— redistribuyen cientos de abonos en la ciudad.

Los compradores suelen ser visitantes extranjeros; los vendedores, socios del Barça que ceden su abono a cambio de no ir al partido y ganar dinero con él. Pero quienes estructuran el negocio son los intermediarios: los brókeres que adquieren los abonos, las webs (Stubhub, la antigua Ticketbis y Viagogo, participada por el expresidente del Barça Sandro Rosell, actualmente en prisión preventiva) que los revenden y Glovo, cuya flota de repartidores se encarga de recogerlos, entregarlos y devolvérselos a sus dueños.

La práctica está prohibida por los estatutos del club, que impiden la "cesión onerosa". Pero aprovecha un vacío legal: la ley que la regula es de 1982, prohíbe la reventa callejera y no dice nada de la que se tramita por internet.

Brókeres de reventa

Foto: Reuters.
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"¿Cómo se hace con los abonos? A lo bestia. Algunos brókeres tienen hasta 600. Consiguen bases de datos de socios, les llaman y ofrecen un dinero por la temporada. Son profesionales que viven de eso: con cinco abonos no puedes, pero con 600 sí", explica una fuente conocedora del sector. "Una entrada de Champions se vende, de media, por 400 euros. Quitando el 35% de comisión de la plataforma y lo que pagas al socio, ganas unos 200 euros por entrada. Si tienes 600 abonos, puedes llegar a facturar 120.000 euros por partido".

Un equipo como el FC Barcelona juega entre cuatro y seis partidos en casa por cada edición de Champions, a los que hay que sumar el Clásico del Camp Nou, cuyas entradas están cotizadísimas. Los socios pagan de promedio 1.000 euros por el abono de toda la temporada: revendiéndolo, pueden conseguir no solo que les salga gratis, sino además ganar algo de dinero.

El problema hasta ahora era la logística. En la reventa 'tradicional', los brókeres recogen y mandan los abonos a las oficinas de Stubhub o Viagogo. Pero a veces fallan: ponen a la venta abonos que creen que van a tener y finalmente no consiguen, con el consecuente marrón para la plataforma, que debe devolver el dinero al comprador.

Los brókeres especulaban y ponían a la venta abonos sin tener certeza de que fuesen a tenerlos

A medida que estas los revenden en su web, los envían físicamente y por correo ordinario a sus compradores. Como hay ventas de última hora, en ocasiones alquilan salas de hotel cercanas a los estadios que funcionan como puntos de recogida. "Reservan salas algunos sábados. La empresa trae azafatas y máquinas de lectura de los códigos", explica una trabajadora de un hotel próximo al Bernabéu, donde la escena es típica. "Viene gente a por sus entradas con un localizador y se las dan".

"Si lo hacen bien, alquilan un hotel. Si lo hacen cutre, un piso", continúa la misma fuente. "Se entregan los sobres con los abonos. Y ahí hay otro problema. Al comprador le dicen: 'Si alguien te pregunta, te lo ha dejado un amigo. Y, ojo, cuando termine el partido tienes que devolverlo". Alguna gente olvida este detalle y los abonos se pierden: al socio le cae una sanción —por el primer duplicado, el club le cobra 10 euros, por el segundo, el 25% del valor del abono, y al tercero le abre un expediente disciplinario, al considerar que puede incurrir en actividades ilícitas— y al bróker que se lo ha pedido otro marrón.

No recibir los abonos o perderlos tras el partido es un freno para el negocio, así que los intermediarios necesitan métodos más eficientes de gestión. Los reventas del Barça han encontrado dos: el primero, Glovo; el segundo, reproducir el código QR del abono sobre una entrada de papel. El club investiga actualmente quién está detrás de esta idea.

La llegada de Glovo

Foto: Reuters.
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Hasta que cerró hace pocos meses, la segunda planta del Hotel NH Barcelona Centro era un punto de entrega y recogida habitual. Varios repartidores coinciden en haber llevado abonos de socios allí, en días previos a partidos de Champions, entre 2015 y 2017.

Los repartidores acudían tras pasar por varios domicilios particulares en los que recogían los carnés. "Muchos te lo daban con reticencia", explica uno. "Te decían: '¿Qué hacéis con eso?'. Yo decía: 'Solo soy repartidor'. El socio no controlaba la situación. Hacer un pedido es recoger una cosa en un sitio y llevarla a otro, pero en este caso hacías tres recogidas y finalizabas en el hotel. Y no era el socio el que decía: 'Envíen esto allá".

En el hotel —que no siempre es el NH e incluso a veces es una casa—, varios jóvenes con portátiles organizan dónde irán esos carnés. "Nos encontrábamos todos los 'glovers' allí. Al cabo de una hora, nos tocaba volver. Nos daban uno o varios abonos metidos en sobres con un número de referencia y los llevábamos a otros hoteles de Barcelona", describe. "Muchas veces los destinatarios aún no estaban hospedados: así, cuando llegaban ya tenían su abono preparado".

Sobres cedidos por los repartidores y captura de pantalla de una conversación. (Montaje: EC)
Sobres cedidos por los repartidores y captura de pantalla de una conversación. (Montaje: EC)

Lo siguiente es recoger los abonos tras el partido y devolverlos a sus dueños. "Siempre es entre semana y por la mañana", añade otro repartidor. "Vas al hotel o a una oficina, recoges los carnés y los entregas en casas. Para los mensajeros es perfecto: sabemos que durante unas horas salen muchos pedidos de ahí y monopolizamos la zona. Recoges un sobre y entregas otro. Es ideal".

Con este sistema, Glovo soluciona dos problemas: se asegura de que los abonos llegan y evita que se pierdan, porque puede recogerlos directamente en el hotel del comprador.

¿Sabe Glovo lo que hace o se lava las manos como mero intermediario? "Glovo es una plataforma tecnológica que permite hacer envíos a través de la categoría de mensajería", responden por 'e-mail' desde la compañía. "Muchas empresas utilizan esta prestación para hacer sus envíos de documentos o aquello que necesiten y quepa en la caja del repartidor".

Muchas empresas utilizan Glovo para el envío de sus documentos

La empresa no controla lo que va en las cajas de sus 'glovers', por eso sectores como el farmacéutico la han denunciado. El Colegio Oficial de Farmacia lo hizo en mayo: la ley prohíbe la venta 'online' de medicamentos si no es desde la web de una farmacia, así que la Agencia Española de Medicamentos resolvió que la 'startup' dejara de distribuirlos, como hacía hasta entonces. Glovo recurrió, sin éxito, respondiendo que los repartidores "simplemente recogen y entregan por encargo medicamentos sin prescripción".

En los envíos, cuentan los repartidores, también se cuela de vez en cuando droga. "Yo he llevado porros liados en sobres abiertos", comenta uno. "Pero si veo que algo es sospechoso, pido que cierren el sobre. Así, si el tío te dice que falta algo, puedes responder que vino cerrado y lo entregaste cerrado".

¿Quién usa Glovo para reventa?

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Manuel (nombre ficticio) se dedica a la reventa en Barcelona desde hace "mucho tiempo". No vive de ello —"la mayoría de reventas tenemos otros negocios"—, pero sí tiene una base sustancial de socios que le dejan sus abonos para revenderlos. "Yo quedo personalmente con el socio y luego se lo entrego a mi cliente extranjero. Lo único que hago es poner de acuerdo al señor Antonio con el señor William. Uso Glovo a veces. Otras son los propios socios, los brókeres o las plataformas", explica. "Lo ideal sería que se regularizara: esto es como el que alquila su pisito para sacarse un extra. El socio alquila su abono para pagárselo y permitirse unas cenitas".

Por cómo funciona el sector, las fuentes consultadas apuntan que la reventa masiva en la que Glovo participa la contratan las plataformas o grandes brókeres y que, por el volumen de pedidos que genera, la empresa debe saber de sobra quién está detrás. "Sucede desde 2015, cuando Glovo era pequeña y no despuntaba. Había veces que te llamaban por teléfono para decirte dónde tenías que ir", dice un repartidor. "Y ellos tienen información y saben dónde se producen más pedidos".

Glovo niega tener acuerdos con empresas de reventa. Solo hace de intermediario

Glovo no dice si Viagogo o Stubhub son sus clientes, pero sí que no tiene acuerdos con empresas de reventa: en ese caso, solo ganaría dinero como intermediario y sin llevarse una comisión por el valor de la transacción, como hace con restaurantes. Su fundador, Óscar Pierre, contó una vez que antes de Glovo se dedicaba a la venta de tiques del Barça. Desde la empresa aseguran que esa información es falsa. El cofundador, Sacha Michaud, por su parte, dirigió Betfair, una casa de apuestas deportivas por internet.

Las referencias de compra que llevan los sobres en las imágenes de arriba —cedidas por repartidores— se parecen más a las de Viagogo (que usa referencias numéricas) que a las de Stubhub (que las usa alfanuméricas). Y en las capturas de pantalla de conversaciones entre repartidores y personas que entregan abonos aparecen referencias a Ticketbis, el antiguo nombre de Stubhub: una 'startup' española de reventa que compró eBay por 165 millones de dólares en 2016. Ninguna de las dos plataformas ha respondido, al cierre de este artículo, a nuestra solicitud de información.

Códigos QR duplicados

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Glovo resolvió los problemas de entrega. Pero alguien fue más allá: en lugar de redistribuir los abonos, copió sus códigos QR y los imprimió sobre entradas de papel. Nadie exige más que el QR para entrar, porque un estadio como el Camp Nou tiene que gestionar el ingreso y evacuación de casi 100.000 espectadores en pocas horas sin crear largas colas, así que durante un tiempo este sistema —que elimina parte de la complejidad de la reventa— funcionó. Los socios sabían que habían cedido su abono y en su mayoría no iban, así que apenas se producían duplicidades (dos personas entrando con el mismo QR) en la entrada. Es probable que las que se produjeran levantaran las sospechas del club.

El pasado 6 de mayo, se jugó el Clásico y el Barça organizó una redada que terminó con la suspensión cautelar de 2.823 socios. El lector de QR es capaz de diferenciar si el código viene de un abono o una entrada de papel, así que detectaron cuáles procedían de un papel y lo notificaron a sus dueños, interpretando que habían revendido sus abonos en ese partido. "Había sospechas", explica Josep Vives, portavoz del FC Barcelona, a este periódico. "Ya habíamos emprendido acciones contra la reventa, pero es algo en lo que tienes que pillar a la gente 'in fraganti'. Puedes tener una suposición fundada cuando viene una persona extranjera con un abono, pero si te dice que es de un amigo, no es una prueba. En esta redada pillamos entradas físicas. Es una evidencia".

"El socio dejaba el carné a algún intermediario y este, en lugar del abono, daba una entrada al extranjero de turno", cuenta Oriol Miralbell, abogado de los socios afectados. "Esto funciona así: puedes entrar con una fotocopia del carné al campo". Los socios hicieron alegaciones, el Barça levantó la medida cautelar y les dijo que si daban los nombres de los intermediarios, "aplicaría un atenuante".

"Muchos socios hablaron", continúa Miralbell. "Dijeron nombres. De una lista de 100, algunos se repiten hasta 10 veces".

El club sospecha que, si todas las entradas se imprimieron igual, hay una única organización detrás. "Lo que sabemos hasta ahora por determinados socios es que les ha contactado gente diciendo: páseme escaneado el abono por correo electrónico". Los abogados y reventas insisten, en cambio, en que no hay ninguna trama y en que todo son pequeños intermediarios que han dado con un método más eficaz. "Son 50 jóvenes, ni mafia ni nada, que tienen sus amigos y se mueven un poco", dice Miralbell. "Hay un montón de particulares intermediarios", añade Manuel. "El club habla de mafia para darle un toque y quedarse con un montón de abonos confiscados con los que ganarán varios millones".

Todos quieren sacar tajada

Foto: FCB.
Foto: FCB.

El Barça lucha contra la reventa por varios motivos, pero principalmente porque también se lucra con ella. Su sistema 'asiento libre' ('seient lliure', en catalán) permite a los socios revender sus abonos, pero a través de su propia 'app': que los revendan por Viagogo o Stubhub equivale a dinero que el club deja de ingresar. Las cuotas de socios le suponen 18 millones anuales y, gracias a esta política de reventa de entradas liberadas, sus ingresos de taquilla no han parado de aumentar en los últimos años: en la temporada 2016-2017 se liberaron 779.243, que supusieron 65,2 millones de euros de ingresos (un 16,3% más que en el año anterior).

El club calcula que, con la reventa que escapa a su control, deja de ingresar 15 millones al año, aunque las estimaciones del sector son más optimistas (10 millones) y las de los reventas más pesimistas (entre 20 y 30 millones). Además, el 'seient lliure' se lo gestiona Ticketmaster, cuyo director en España (Eugeni Calsamiglia) es hermano de Jordi Calsamiglia, secretario de la junta directiva del club.

"El espíritu del asiento libre es que el abonado que no pueda acudir al partido tenga compensación adicional", indica Vives. El equipo paga un 65% de su valor original si el socio lo libera con antelación; el 35% si lo hace tarde. El Barça lo vende al precio que considera y sin avisar, algunas veces convirtiendo esa entrada en vip (con 'tour' y comida) y cobrando más (hasta 1.850 euros, de los que el socio apenas ve 100). "El club pone ese asiento liberado a un precio más alto, por supuesto", sentencia Vives. "El abono es muy barato: 500 euros de media. ¿Qué hace el club para que los socios sigan teniendo un abono tan barato? Liberar entradas y recuperar el dinero, porque necesitamos recursos y lo que ingresamos en concepto de abonados es un 7% del total. Pero es falso que queramos mantener el monopolio de la reventa".

A los socios afectados por la redada les queda demandar para recuperar sus abonos: de los casi 3.000 pillados, 300 se han unido para hacerlo. "Lo que decimos es que no hay pruebas suficientes de que el socio haya revendido su abono, al menos en ese partido", apunta su abogado. Alguien pudo duplicar el código QR cuando lo revendieron para otro y emitirlo nuevamente para el Clásico. "Y la reventa es legal", zanja. "Los estatutos la prevén siempre que no se haga de forma onerosa".

Mientras tanto, el club ha pasado toda la información recopilada a la Fiscalía. "Entendemos que la Fiscalía y la Policía Judicial están trabajando en ello", concluye Vives.

Si la forma de entrar al estadio es tan débil como un QR o un abono cedido, los reventas lo seguirán teniendo fácil y el club difícil para monopolizar su actividad. "La pérdida de abonos es un lío y la manera de crecer como reventa es tener más inventario. Imprimirlo sobre una entrada es buena idea", concluyen las fuentes del sector consultadas. "Y encontrar una manera eficiente de mandarlo y recogerlo, también. Antes podías hacerlo con servicios que tardaban, pero es que con Glovo te lo aseguras: en tres horas tienes la recogida y el envío hechos".

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