así evitar agrandar la brecha digital

De delincuentes a 'youtubers': el plan catalán para reinsertar a cientos de presos

El proyecto AlfaDigital, que se inició hace más de una década en las prisiones de la Generalitat, convierte a los internos en blogueros que crean sus propios contenidos

Foto: Facilitar el aprendizaje tecnológico dentro de las prisiones ayuda a favorecer la reinserción social, según los expertos. (Fuente: PxHere)
Facilitar el aprendizaje tecnológico dentro de las prisiones ayuda a favorecer la reinserción social, según los expertos. (Fuente: PxHere)

Ruendi explica en un podcast de un minuto y medio cómo hacer un bacalao al pil pil. Xabi prefiere teorizar sobre el amor y todas sus variantes. Carlos, desvelar los orígenes del parchís; Carlota hablar de astrología y Margarita recitar ‘Yo sé un himno gigante y extraño’ de Gustavo Adolfo Bécquer mientras en el vídeo que ha montado con su voz se ve un estanque y se escucha una suave música. A todos ellos se les puede oír en AlfaDigital: TIC y prisión, la web que sirve de escaparate al proyecto homónimo que creó entre 2007 y 2008 la Generalitat de Cataluña para promover el uso de las TIC (tecnologías de información y comunicación) en acciones socioeducativas en prisiones.

El antropólogo Julio Zino se encarga de coordinarlo. “Es un poco la expresión de los internos en la prisión”, cuenta a Teknautas. “Verás que hay de todo: desde contenidos de observación de la realidad hasta algunos más introspectivos o de sensaciones de ellos mismos, otros que hablan de libros, recetas de cocina, poesía o gente que habla de las condiciones de vida de los centros”, explica Zino, responsable de nuevos proyectos y programas de contenido transversal en la Dirección General de Servicios Penitenciarios de la Generalitat.

Aunque no es la primera vez que este tipo de proyectos llegan a las cárceles. Entre 2006 y 2008, varios reclusos del Centro Penitenciario de Jóvenes de Barcelona (CPJB) participaron en un taller de dinamización cultural que les permitía tener sus propios blogs y actualizarlos periódicamente. Les siguieron iniciativas semejantes en las prisiones de A Lama (Pontevedra), Teixeiro (A Coruña) y Albolote (Granada). Siempre con blogs elaborados por los propios internos.

Ser bloguero intramuros

“Los internos no tienen permitido el acceso a redes informáticas por razones de seguridad. De hecho, en el interior de la prisión, los dispositivos que pudieran conectarse a internet o bien no existen, o bien su uso está controlado de manera muy estricta”, nos recuerdan desde Instituciones Penitenciarias. Sin embargo, el avance de la tecnología ha hecho que ese uso controlado cada vez les permita hacer más cosas.

En Cataluña, la revolución informática llegó a las cárceles a principios de los 2000 gracias a los Puntos Òmnia, telecentros a los que los internos podían acceder para conectarse a internet bajo supervisión. “En un principio era complicado porque quizás te encontrabas con un solo ordenador con conexión a internet por centro”, explica Zino. Así que, poco a poco, fueron ampliando los recursos. En la actualidad, en los nueve centros penitenciarios de régimen ordinario de Cataluña, con algo más de 8.000 reclusos, hay un total de 79 aulas de informática con unos 750 ordenadores, de los cuales 360 cuentan con acceso a la red.

Superado el reto del equipamiento quedaba por ver cuál sería la relación con los dispositivos. “Ellos, por ejemplo, no pueden usar correo electrónico, acceder a redes sociales ni hacer transacciones bancarias ni compras”, explica Zino, también profesor de antropología social en la Universidad de Barcelona. Así, todas las comunicaciones interactivas con el exterior quedan restringidas. Sin embargo, esto no impide que, con ayuda de los profesionales de los centros, se puedan desempeñar en internet como auténticos blogueros o ‘youtubers’.

En el caso de Bloggers desde prisión, cada preso eligió un nombre y un tema y fue escribiendo contenidos ‘offline’ que los responsables del proyecto colgaban después en sus bitácoras. “De forma progresiva, algunos reclusos se habituaron a escribir usando un procesador de textos, aunque otros siguen haciéndolo con papel y bolígrafo”, nos recuerda el profesor de la Universidad de Barcelona Jorge Franganillo, quien ofreció docencia y asesoramiento para el proyecto. “Utilizaron cada vez más los diccionarios, los correctores ortográficos y los programas de retoque de imágenes, y se convirtieron en usuarios avanzados de Blogger: adquirieron habilidad para redefinir plantillas de diseño, descargar y manipular imágenes”, relata este docente de la facultad de Biblioteconomía y Documentación.

Ahora se ha dado un paso más. Los ‘podcasts’ y los vídeos, cada vez más populares fuera de los muros, también se han hecho un hueco en las cárceles. “Trabajamos mucho con la expresión oral de los internos para que aprendan a contar historias, y con esa metodología también aprendan a grabarse en el ordenador, a editar la voz o, por ejemplo, hacer una combinación de voz con otro sonido, música, efectos…”, explica Zino. Una de estas iniciativas son los dMagaZines, que se confeccionan como si fueran ‘magazines’ de radio online. “Ellos tienen encargadas secciones y, para cada tema, cada uno hace la producción, el contenido, la grabación, la edición, pero a la vez son responsables entre todos de crear un producto colectivo que tiene que estar a tiempo para publicarse”, detalla Zino.

Los internos crean vídeos a partir de fotografías o imágenes grabadas y con relatos digitales

Para ello, como si de un consejo de redacción se tratara, se reúnen (“lo suelen hacer dos veces por semana”) para poner en común los contenidos y planificarlos. Luego cada uno empieza a trabajar de forma individual, “redactan, graban con el programa Audacity, los monitores les ayudan con el tono, el ritmo… Luego editan, recortan de aquí o de allá, y cuando está todo listo se lo pasan a un interno que se encarga de unirlo todo, a veces con ayuda de un profesional, otras lo hace de forma casi autónoma”, explica. Una vez listo, algunos con una periodicidad mensual y otros bimensual, se lo pasan a Zino para que lo suba a la web y lo publique en redes sociales.

Para otras actividades, los internos crean vídeos a partir de fotografías o imágenes grabadas y con relatos digitales que se basan en cuentos inventados, experiencias reales o fragmentos de libros o poemas que les gustan.

Para este antropólogo, en todas estas iniciativas, algo a resaltar es la “interesante puerta de comunicación dentro y fuera” que se ha abierto con los comentarios que dejan los internautas. Además de servirles para ver la repercusión de lo que hacen, les permite crear “una especie de correspondencia con familiares o personas cercanas, otros centros, ya sea con internos que están haciendo actividades parecidas o profesionales que un día fueron sus tutores y ahora les felicitan por lo que hacen”, detalla Zino, quien asegura que en todos estos años nunca ha habido problemas con los comentarios de la calle ni con las respuestas de los internos.

Cómo les ayudan a la reinserción

Para Zino, acercar las nuevas tecnologías a los presos es fundamental para que no sufran, en muchos casos, un agudizamiento de la casi inevitable brecha digital. “Es importante que no se desenganchen de un proceso que va a toda velocidad en la sociedad y que una vez que salgan pueden recuperar, pero es más costoso”, analiza.

“Quien viva retenido en prisión durante un periodo largo tendrá dificultades para reincorporarse a la sociedad y comprender los cambios acontecidos en el ámbito tecnológico”, opina Franganillo, “salvo que haya tenido la oportunidad de experimentarlos y asimilarlos durante su reclusión”.

Con su pionera experiencia vio grandes avances en los internos. “El crecimiento de estos blogs fue paralelo al crecimiento personal, sociocultural y educativo de los internos”. Incluso se fue más allá y, como cuenta Franganillo, gracias a los comentarios de internautas, se observó en los internos una disminución del miedo al rechazo del mundo exterior. “Estas aportaciones provocaron un sentimiento de vínculo, de pertenencia a la sociedad, y se convirtieron en referentes positivos y normalizadores”. Y no solo beneficia a los presos. “Los internautas del exterior tuvieron la ocasión de cambiar sus ideas preconcebidas y sus estereotipos respecto de la población reclusa”, explica Franganillo.

Vista aérea del Centro Penitenciario de Puig de les Basses, uno de los centros donde se realizan estas actividades (Fuente: MolinencVolador/Wikimedia)
Vista aérea del Centro Penitenciario de Puig de les Basses, uno de los centros donde se realizan estas actividades (Fuente: MolinencVolador/Wikimedia)

Así, estos expertos ven la disponibilidad de acceso a internet como “una potente herramienta para el aprendizaje y la reinserción social”. Y los internos lo acogen como tal. “Todo lo que propongas que tenga tecnología para ellos es atractivo”, relata Zino. “Nosotros no hemos creado nada, simplemente damos respuesta a una necesidad e intentamos encauzarla a la mejora formativa dentro de ese entorno”. Además, como recuerda Franganillo, “la integración social y laboral de los reclusos en el mundo laboral exterior depende, en cierto modo, de que tengan dominio de las herramientas informáticas y capacidad para buscar información”.

Aunque el acceso a internet en prisiones está restringido, en estos momentos, para la red de reclusos de las cárceles catalanas “hay alrededor de unas 2.000 urls con sus derivaciones abiertas”, aporta Zino. Estas páginas son las que a lo largo del tiempo han solicitado los profesionales para las actividades con los presos. “Nos las solicitan, probamos que no haya ningún problema con ellas y les damos acceso”, explica. Un técnico se encarga de revisarlas periódicamente y, si no presentan ningún riesgo, continúan abiertas.

“YouTube está completamente abierto, Vimeo también, muchos medios de comunicación...” Además, cada preso se conecta con un perfil personalizado que permite monitorizar toda su actividad. “Es un sistema más abierto que el que tienen en muchos países de Europa y del que no tenemos ninguna queja de cómo está funcionando; al revés, estamos muy contentos porque creemos que es un bien para todos”.

Los contenidos que consulta cada preso en internet durante estas actividades están totalmente controlados (Fuente: PxHere)
Los contenidos que consulta cada preso en internet durante estas actividades están totalmente controlados (Fuente: PxHere)

Con muchos retos por delante

“Nada es fácil intramuros“, afirma Franganillo. Para este experto, una de las principales limitaciones a las que se enfrentan estas iniciativas es la falta de recursos. “No es algo que suela figurar en los programas electorales, quizá porque la prisión, pese a que tiene una función rehabilitadora, como así lo contempla la legislación penitenciaria, se sigue percibiendo como un instrumento meramente punitivo”, reflexiona.

Allá por 2006, cuando estaba en marcha su proyecto, recuerda que “los equipos informáticos estaban muy anticuados” y “el suministro eléctrico era tan inestable que provocó cortes frecuentes de corriente y de conexión a la red que interrumpieron el taller de blogs en muchas ocasiones”. Hoy la situación ha mejorado, aunque todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, las tabletas son casi inexistentes y alrededor de los teléfonos inteligentes, aunque sean controlados, “todavía hay mucha paranoia”, según Zino, como para meterlos en las cárceles.

Contra todo ello luchan los profesionales con ganas por crear nuevos proyectos socioeducativos que favorezcan la reinserción a través de la tecnología. Para ayudarles, desde la administración catalana organizan jornadas formativas. La última fue la novena edición de ‘Punt TIC i presó’ celebrada a principios de junio y donde se habló de gamificación, ‘apps’ de impacto social, robótica ‘maker’ y realidad virtual y sus aplicaciones al aprendizaje y la reinserción. “Antes hacíamos jornadas donde se mostraban públicamente las experiencias que hacíamos en las cárceles, pero desde hace unos años hemos decidido hacerlo al revés y proponer cosas que son un poco punteras en la calle en este momento para ver si en los centros se puede ir incorporando”, explica Zino.

Ahora el gran reto será llevarlo a las prisiones. “Nosotros siempre decimos que estamos trabajando todavía en el siglo XX”. Sin embargo, la intención es que todo cambie y se vaya al unísono tecnológico dentro y fuera de los muros. “No siempre conseguimos todos los resultados que queremos, pero siempre queda algo sembrado”, concluye.

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