Apple: Esto es lo más útil que he hecho con mi smartphone en 8 años: ayudar a tres ciegos
sólo necesitas la cámara

Esto es lo más útil que he hecho con mi 'smartphone' en 8 años: ayudar a tres ciegos

'Be My Eyes' es una aplicación que nació en 2015. He decidido ver qué fue de aquel proyecto para ayudar a invidentes: ahora es una interesante plataforma que cuenta ya con un millón de voluntarios

Foto: Usar tu móvil para ayudar a gente invidente, esa es la idea de Be My Eyes. (Be My Eyes)
Usar tu móvil para ayudar a gente invidente, esa es la idea de Be My Eyes. (Be My Eyes)

Nueve días después de instalarme 'Be My Eyes' sonó el teléfono. Me había olvidado de la aplicación por completo. Lleva más de tres años en el App Store. En su día le eche un vistazo cuando se empezó a hablar de su puesta en marcha pero hasta hace unas semanas no me la descargué. Fue al oír a una compañera de trabajo comentar la experiencia de un amigo suyo. Decidí ver que había sido de aquel proyecto de origen danés.

Estaba en salón de casa. Deslicé la notificación y contesté la llamada. Mejor dicho la vídeollamada. En mi pantalla apareció un baño. “Buenas tardes”, solté. Un par de segundos después me respondió. 'Buenos días”. Me llamaba desde Argentina.

"Me lie con los medicamentos"

Su voz suena joven. Es un chico ciego. Está confuso. No encuentra el medicamento que tenía que tomar. Habitualmente, me explica, los suele “tener en diferentes estancias de la casa” para saber cuál es cuál. “Pero se me mezclaron tres”. Me comenta el nombre del que tiene que tomar en ese momento. Le doy indicaciones para que encuadre bien con la cámara del móvil. Lo identificamos rápidamente y me pide una ayuda extra. Ayudarle a dejar cada uno en su sitio. Le voy indicando cuál es cada 'blister'. Se mueve con relativa soltura por su casa. Sorprende hasta que caes en que se habrá enfrentado a esa situación cientos o miles de veces. Cuando llega a la cocina deja el último.

Vista de la pantalla de 'Be My Eyes'. (Be My Eyes)
Vista de la pantalla de 'Be My Eyes'. (Be My Eyes)

- “Muchas gracias”.

- “De nada. ¿De donde eres?”.

- “De Rosario, en Argentina. Entiendo que tu de España”.

- “Sí”.

- “Casi todos los voluntarios con los que coincido son españoles”.

Me cuenta que lleva casi dos años utilizando la plataforma. Alguna duda con carteles en estado o inconvenientes en casa. “Nada grave pero 'Be my Eyes' es una herramienta fantástica. Sos de gran ayuda”, añade. “¿Novato?”, pregunta. Le contesto con un 'Sí'. “Se nota en las órdenes”, dice amablemente.

"Sé mis ojos"

Usar tu móvil para ayudar a gente invidente, esa es la idea de Be My Eyes. (Be My Eyes)
Usar tu móvil para ayudar a gente invidente, esa es la idea de Be My Eyes. (Be My Eyes)

'Be my Eyes' en español significa 'Sé mis ojos'. El objetivo de este invento es poner en contacto a través de una vídeollamada a personas con deficiencias visuales con otros usuarios de todo el mundo para poder ayudarle con contratiempos en su día a día. Todo a través de la cámara del 'smartphone'.

Alistarse es relativamente sencillo. Un clásico. Bajarse la aplicación, ingresar un mail y nombre de usuario válido y escoger los idiomas. Se puede escoger cualquiera. Desde francés, inglés o español hasta catalán, euskera o gallego. Es una plataforma global. Si dominas dos, puedes fijar una lengua principal y una secundaria.

No vas a estar todo el día con llamadas. Hay 70.000 ciegos dados de alta y un millón de voluntarios

Cuando alguien necesita ayuda empieza la rueda. Digo la rueda porque si uno de los voluntarios no puede, corta la llamada y salta al siguiente. Así de sencillo. Si has corrido a instalarte 'Be My Eyes' no esperes saciar tus ansias de ayudar al instante. Hay muchos más voluntarios que personas ciegas en la comunidad. Cuando digo muchos más son muchísimos. Los inscritos en el apartado de apoyo roza el millón mientras que los que ascienden hasta unos 70.000.

Por eso tardarás en recibir tu primera llamada. Mi debut tardó 9 días en llegar. La siguiente fue casi dos semanas después. Camino al curro. Me tocó un chico de Barcelona. Era joven. 24 años. Tenía una deficiencia visual del 80%. Tenía dudas sobre si la camisa que llevaba pegaba con el pantalón.

- “Tengo una entrevista de trabajo”.

- “Como un pincel. Perfecto”.

- “Jaja. Gracias. Deu”.

- “Adiós”.

Llamada finalizada. Coser y cantar. Nada que ver con la primera. En unos pocos segundos, tiempo alargado por mi curiosidad, estaba solucionado. Pero siempre no es tan fácil. Bien porque tienes poco tiempo, no estás en el mejor lugar para concentrarte, la tarea en la que tienes que echar una mano conlleva bastante tiempo o porque son cosas algo complicadas de hacer remotamente.

¿Cómo se organizan?

Si no puedes contestar la llamada, pasa al siguiente voluntario. (Be My Eyes)
Si no puedes contestar la llamada, pasa al siguiente voluntario. (Be My Eyes)

Si te estás preguntando cómo se organizan, cabe decir que cualquiera puede pedir asistencia en cualquier momento. Sea de día o de noche. Los voluntarios por defecto no pueden escoger franjas. Pueden recibir llamadas desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche en su huso horario. Y hay personas esperando para echar una mano por todo el globo. Está disponible tanto para Android como para Apple.

Los voluntarios no escogen franjas horarias. De 9 a a 9. Si no pueden contestar, salta al siguiente

La tercera de estas llamadas la atendí a primera hora. Acababa de llegar a la redacción. Era un hombre mexicano de mediana de edad. De un pueblo, me explica, “cercano a la frontera con los Estados Unidos”. Es la ocasión que más me ha podido frustrar. Tras 20 minutos no fuimos capaces de conseguir una solución.

Retos mayúsculos

Foto: Be My Eyes.
Foto: Be My Eyes.

Era de madrugada. Tras intentar actualizar su iPad a iOS 11.3 se le había desactivado 'Voice Over', el asistente de audio que tiene Apple para estas ocasiones. Tenía que meter el código a mano, con el reto mayúsculo que le suponía. “Los nones y el cero”, me dice cuando le pregunto la clave. No es fácil. El encuadre no es el mejor. Había que calcular todo al milímetro. Es como hundir la flota pero con teclas virtuales. Si pulsaba el 8 en vez del 7... agua. Y en ese caso iba a ser más sencillo volver a empezar que intentar borrar la secuencia. A pesar de la precaución, fallamos un par de veces. “Tranquilo”, me decía mi interlocutor cada que oía mis disculpas.

El problema fue cuando conseguíamos desbloquearlo completamente. La pantalla se puso en negro. Volvió a la de inicio unos segundos después. No estaba configurado correctamente. No tenía ni la conexión Wifi activa. Le había ayudado pero al final no sirvió de nada. “Necesitaré pedir ayuda externa, gracias por su colaboración”, dijo lamentándose antes de cortar. Esa fue mi última mi experiencia. Y aquí estoy esperando la siguiente llamada. En ocho años creo sinceramente que no he hecho algo tan útil como esto con mi 'smartphone'.

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