El misterioso cadáver identificado en Zamora con una técnica científica inédita
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un número de lote en un implante dental

El misterioso cadáver identificado en Zamora con una técnica científica inédita

El caso de un cadáver sin identificar hallado en Zamora en 2016 llevó a los científicos forenses a aplicar técnicas de investigación no utilizadas anterioremente. ¿Cómo resolvieron el caso?

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Un vecino pasea por la orilla del río Duero. Estamos a las afueras de la casi siempre tranquila ciudad de Zamora y este ciudadano decide desviarse de su trayectoria habitual, se mete en una zona casi intransitable, llena de barro, y de repente lo ve: parece una persona pero no se mueve.

Cuando llega la Policía Nacional se encuentra con el cadáver de un varón de mediana edad en avanzado estado de descomposición. Ya ha perdido sus rasgos faciales, apenas tiene algo de ropa, no lleva documentación y tan sólo un reloj y dos cadenas como objetos personales. Es difícil saber cuánto tiempo puede llevar ahí, si alguien lo trasladó o si en algún momento fue arrastrado por el río. Tampoco hay denuncias ni constancia alguna de desapariciones. Nada.

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Así comienza la historia de una identificación exprés que empleó un método inédito hasta ahora en la literatura científica. “Nos llamaron y vimos que era un esqueleto en avanzadísimo estado de putrefacción, había que proceder a identificarlo, pero no teníamos datos de ningún tipo y hay quien pensó en tirar la toalla”, relata a Teknautas Esther García Sánchez, forense del Instituto de Medicina Legal de León y Zamora y principal protagonista de la investigación.

El primer análisis antropológico sorprende por el hecho de que no tenga dientes pero sí muchos implantes, un total de nueve, cinco en la parte superior y cuatro en la inferior. “Eso es muy llamativo, porque la implantología es una técnica relativamente reciente y muy cara”, apunta. “Generalmente, cuando aparece un cuerpo que nadie reclama, suelen ser individuos que consumen estupefacientes, pero ¿qué persona de este perfil se va a gastar dinero en arreglarse la boca?”, se pregunta.

Mientras tanto, la Policía comienza a indagar preguntando por desapariciones recientes en provincias limítrofes. Tienen que ir caso por caso, pero ninguno encaja. Si esa línea da algún fruto, no parece que vaya a ser inmediato, así que Esther García decide seguir la pista del único elemento diferencial de este caso.

placeholder Esther García, forense del Instituto de Medicina Legal de León y Zamora. (Foto: J. P.)
Esther García, forense del Instituto de Medicina Legal de León y Zamora. (Foto: J. P.)

Se pone en contacto con un odontólogo, que presta su tiempo y su pericia para extraer los implantes, y con la Universidad de Salamanca para poder realizar un análisis exhaustivo con la colaboración del profesor de la Facultad de Medicina Secundino Vicente González.

Al observar las piezas en el microscopio óptico, lo primero que ven es que son de la marca Straumann. Los agentes localizan a un comercial de esta compañía, quien les iba a dar una información fundamental. Resulta que sólo hay tres fabricantes de implantes que graben en cada uno de ellos el número de lote que les corresponde y ha habido suerte: ésta es una de ellas.

La diminuta inscripción

En el laboratorio del Área de Medicina Legal y Forense de la Facultad de Medicina lograron ver ese número identificativo a través del microscopio, aunque no fue tarea fácil: la diminuta inscripción está en el interior de un estrecho orificio. “No la encontrábamos”, confiesan, y cuando lo hicieron comprobaron que cada implante pertenecía a un lote distinto, lo que parecía complicar el asunto.

Finalmente, consultaron con la sede de Straumann en Suiza para analizar la distribución de sus productos. Aunque trabajan con clínicas de toda España, en el ámbito más cercano los datos sólo cuadraban con dos de Zamora y una de Valladolid. Si el cadáver no había llegado de lejos, el cerco se estaba estrechando.

placeholder Número de lote dentro de un implante. (Imagen cedida por Straumann)
Número de lote dentro de un implante. (Imagen cedida por Straumann)

Además, el análisis de los implantes aportaba otro dato: cada uno tiene sus propias medidas, la longitud y la anchura del tornillo varían, así que los investigadores los calibraron con precisión.

Con todos estos datos, ya sólo hacía falta una colaboración profesional más, la de los responsables de las clínicas. “Suelen conservar archivos muy antiguos y hoy en día con los métodos informáticos esto no supone una complicación”, afirma Secundino Vicente. En teoría no podían tener muchos pacientes con una boca tan peculiar y, en efecto, en una de las clínicas zamoranas revisaron las fichas de sus clientes y uno de los historiales cuadraba a la perfección.

El cadáver había sido identificado y además en muy pocos días, tiempo récord si se tiene en cuenta el punto de partida de la investigación. Después se armaron el resto de las piezas del puzle. Según la literatura científica forense disponible en España, era la primera vez que se recurría a la identificación del número de lote en un implante para identificar un cadáver. El hombre hallado junto al río, natural de Zamora, era toxicómano y no mantenía ninguna relación con su familia, de ahí que nadie le hubiera echado de menos a pesar de que había fallecido meses atrás.

Caso resuelto

Una vez localizados sus parientes, se pudo cotejar su ADN para confirmar la identidad. Además, la policía reconstruyó lo sucedido a grandes rasgos hasta el día de su desaparición y todo apunta a que su muerte pudo ser accidental, no había ningún indicio de homicidio, lesiones ni violencia y el caso está cerrado desde el punto de vista policial y judicial. Aunque no se sabe con certeza, probablemente murió donde fue encontrado.

"No hay documentación sobre nada similar”, aseguran sus autores. Nunca se había extraído un implante para comprobar su nº de lote

Una breve nota aparecida en los medios de comunicación locales a finales de 2016 dio a conocer los hechos a la opinión pública obviando los detalles. Para el gran público no fue más que un suceso más, otro cadáver de esos que aparecen de vez en cuando en un río o en sus inmediaciones. Sin embargo, desde el punto de vista forense había inaugurado una vía de identificación inédita y por eso este caso aparece ahora en el último número de la Revista Española de Medicina Legal.

“No hemos encontrado documentación sobre nada similar”, aseguran sus autores, nunca se había extraído un implante para comprobar su número de lote. De hecho, “no es fácil que se vuelva a repetir un caso así en años, porque es bastante peculiar, pero es una llamada de atención sobre las nuevas técnicas que se usan hoy en día en odontología, porque pueden aportar mucha información que hasta ahora no se ha tenido en cuenta”, agregan.

La odontología forense, en catástrofes

En general, la identificación mediante un estudio odontológico es un método habitual. Además de estar formados por un material fuerte y resistente, los dientes –a diferencia de los huesos– pueden servir para comprobar la identidad de una persona con sólo disponer de una radiografía. Asimismo, son un “reservorio de ADN” aunque pase mucho tiempo.

placeholder Secundino Vicente y Esther García. (Foto: J. P.)
Secundino Vicente y Esther García. (Foto: J. P.)

Lo más habitual es recurrir a ellos en grandes catástrofes y situaciones en las que haya cuerpos calcinados. “Cuando hay muchas víctimas se opta por ese tipo de identificación porque es más rápida que el ADN, sobre todo si hay dispersión de restos”, señala la forense. A veces incluso se dispone de una lista de víctimas –pensemos en un desastre aéreo, por ejemplo– y es fácil acceder a las radiografías de su historial clínico dental.

Cuando los análisis de ADN no sirven

En definitiva, se utilizan para realizar una prueba comparativa, igual que los análisis de ADN, que no aportarían ninguna información si no se cotejaran con restos del propio individuo o con sus familias. En este caso, existe una base de datos en la que los parientes que están buscando a una persona desaparecida pueden incluir sus propios datos por si en algún lugar se hallan restos humanos. Sin embargo, por motivos legales de protección de datos no es posible investigar en archivos de ADN destinados a otros fines, como los que se guardan por antecedentes policiales. Por eso, cuando no hay una denuncia previa por desaparición el análisis genético no sirve de nada.

placeholder Medición de la longitud de un implante. Imagen cedida por Secundino Vicente. (Foto: J. P.)
Medición de la longitud de un implante. Imagen cedida por Secundino Vicente. (Foto: J. P.)

Los implantes pueden aportar algo aunque sea en casos tan extraños como éste. De hecho, hubo un intento en Estados Unidos de crear un sistema de reconocimiento, Implant Recognition Software (IRS), en el que los odontólogos tenían que ir subiendo radiografías y otros datos que pudieran ser identificativos. “Quisieron desarrollar una gran base de datos, pero no ha tenido mucho éxito”, indica Esther García.

Casi indestructibles

Sin embargo, una simple inscripción en la pieza dental puede ser un procedimiento más sencillo, efectivo y rápido. Fabricados con alta tecnología en titanio puro o alguna aleación de titanio, como titanio-zirconio, son casi indestructibles. “Se han hecho estudios con mandíbulas de corderos en un horno incinerador y al final quedaban los implantes y seguían siendo visibles los números de lote”, señala la forense.

Incluir ese número identificativo “sería lo ideal e incluso lo exigible”, opina Secundino Vicente. “Antiguamente se llegó a identificar cadáveres por llevar un diente de oro, hoy se puede hacer por los implantes”, asegura. Aunque este caso es extraño, añade un elemento más a la odontología forense que “puede ser importante en el futuro, ya que los implantes son cada vez más habituales”.

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