anunció un nuevo misil hace unos días

Las nuevas armas 'invencibles' de Putin: ni tan novedosas, ni imparables ni terroríficas

El presidente ruso vuelve a usar la retórica belicista para retar a Estados Unidos con un supuesto misil balístico intercontinental. Sin embargo, las evidencias no lo sustentan

Foto: Prueba de un misil SS-18 'Satán', al predecesor del Sármata.
Prueba de un misil SS-18 'Satán', al predecesor del Sármata.

Una de las claves de la política del presidente Vladimir Putin ha sido recuperar para la Federación Rusa el papel primordial en la escena internacional que tuvo en su momento la Unión Soviética desde el punto de vista diplomático y militar. Algo que no resulta sencillo hoy para un país con un PIB anual de 1,5 billones de dólares, comparable al de Corea del Sur y algo superior al de Australia o España, o visto de otro modo, con un PIB per cápita de unos 10.000 dólares que puede compararse con el de Brasil.

A pesar de las fuerzas armadas y el avanzado complejo tecnológico-militar heredado de la URSS, la tarea resulta complicada, pero es vital para la posición política del presidente ruso. Esto puede explicar anuncios como el de la semana pasada, cuando Putin avisó al mundo del despliegue de una serie de sistemas armamentísticos de alta tecnología diseñados para intimidar saltándose las posibilidades defensivas del escudo antimisiles balístico estadounidense.

En su discurso, el presidente ruso mencionó (con vídeos ilustrativos en algunos casos) hasta seis nuevos, avanzados y letales sistemas de armas que, de funcionar como se anunciaron, podrían suponer un importante cambio en el equilibrio estratégico militar mundial, y por ello en la política internacional. Ninguna de estas armas tiene nombre; varias de ellas no son tan nuevas (algunos conceptos se remontan a la Guerra Fría) y otras no está claro que estén desplegadas y en funcionamiento. Pero algunas de ellas desde luego que son originales, peligrosas y llamativas, y podrían modificar la situación estratégica, si bien las más interesantes son armas de disuasión pensadas para garantizar la destrucción del enemigo incluso tras un intercambio nuclear.

Las ya conocidas

Una de las armas anunciadas por Putin es bien conocida: se trata del misil balístico intercontinental con base en silos RS-28 Sarmat, anunciado en 2014 y que se supone entrará en funcionamiento en 2021. Apodado SS-X-30 Satan 2 por la OTAN, se trata de un misil pesado de combustible líquido con capacidad de llevar a cabo perfiles de ataque por encima de ambos polos y de transportar a gran velocidad múltiples cabezas nucleares, señuelos y otras ayudas a la reentrada para ayudar a burlar un posible sistema de misiles antibalísticos. Se ha sugerido que el Sarmat podrá llevar a cabo misiones de bombardeo de órbita fraccionada en las que las cabezas de combate entran brevemente en órbita y se camuflan antes de la reentrada, lo que complica aún más cualquier posible interceptación.

El RS-28 Sarmat podrá también desplegar cabezas de combate hipersónicas con capacidad de planeo y maniobra independiente, como el vehículo de reentrada Avangard que Putin anunció como dotación del futuro ICBM RS-26 Rubezh y cuyo efecto comparó con el de un meteorito. En la categoría de nuevas armas hipersónicas está también un misil aerolanzado denominado Kinzhal, con una velocidad máxima de Mach 10 y un alcance de más de 2.000 km.

En los vídeos promocionales aparece en un MiG-31 Foxhound y el presidente ruso destacó la velocidad y tremenda potencia del sistema; se desconoce si este misil dispone de capacidad nuclear. Algunos expertos relacionan el Kinzhal con el misil antibuque hipersónico Zircon, mientras que otros especulan con que pueda tratarse de una versión para lanzamiento aéreo del misil balístico de corto alcance Iskander.

Según Putin, unidades del Distrito Militar Sur (que incluye Ucrania y el Mar Negro) ya han desplegado este nuevo misil, que como cualquier arma hipersónica dificulta las tareas de defensa antimisil y reduce el tiempo disponible para que el enemigo evalúe el ataque, una característica desestabilizadora. En comparación, es mucho menos peligroso otro de los sistemas presentados, un cañón láser montado en un camión que puede sin embargo reflejar un importante avance táctico. Recientes ataques masivos de drones sobre bases rusas en Siria pueden haber contribuido a acelerar el despliegue de este sistema de defensa de punto, especialmente adecuado para este tipo de situaciones.

Misiles de propulsión nuclear y megatorpedos

Pero sin duda, de toda la presentación, dos fueron las armas más llamativas y que más atracción concitaron por su carácter cercano a la ciencia ficción y sus implicaciones. Una de ellas ya era conocida: el sistema de megatorpedos nucleares apodado Kanyon o Status-6, que la televisión rusa ‘filtró sin querer’ hace ya un par de años y cuya realidad había sido muy discutida. Y otra resultó ser una completa sorpresa en forma de un misil de crucero de propulsión nuclear y alcance prácticamente infinito que Putin afirmó había sido ya puesto a prueba por los rusos.

Kanyon/Status 6 es un minisubmarino robot o macrotorpedo automático diseñado para alcanzar grandes velocidades en inmersión por medio de una planta de propulsión nuclear. Su perfil de ataque es ideal para esquivar cualquier posible defensa, ya que se trata de una especie de ICBM submarino: lanzado desde un submarino nodriza a miles de kilómetros del blanco, se desplazaría de modo autónomo hasta sus proximidades para allí detonar una cabeza nuclear de gran potencia optimizada para causar un tsunami local. Más pequeño que un submarino convencional y mucho más rápido, su detección e interceptación serían complicadas y su modo de ataque garantizaría la destrucción de blancos como grupos de ataque de portaaviones o instalaciones costeras como bases o ciudades. Se ha llegado a especular con que la cabeza de combate sea de cobalto, diseñada para provocar una extensa y duradera contaminación radiactiva.

Se trataría por tanto de un arma de disuasión cuyo uso quedaría circunscrito a un ataque de represalia tras un intercambio nuclear de otro tipo de armas. Aunque letal, sería mucho más lento que un ICBM en alcanzar sus blancos, y su dependencia de submarinos nodriza que lo transporten y lancen lo hace más vulnerable que otros sistemas de armas. La única ventaja real sería su invulnerabilidad a las actuales o futuras defensas antimisiles balísticos, y a cambio tiene limitaciones en cuanto a blancos vulnerables y control y comunicaciones, siempre más complicadas en el entorno submarino.

La gran estrella del discurso de Putin resultó ser un misil de crucero con motor nuclear y por tanto alcance prácticamente infinito que, según Putin, lo harían invulnerable a cualquier sistema de detección o interceptación. Armado con cabezas de combate convencionales o nucleares, un misil así podría recorrer cualquier ruta hasta su blanco sin que tuviesen importancia los rodeos y optimizando la llegada desde un ángulo no protegido. En el vídeo mostrado por el presidente ruso, el misil (no está claro si una imagen real o una imagen 3D) recorre el Atlántico de norte a sur esquivando 'burbujas' defendidas para después rodear el extremo de Sudamérica e internarse en el Pacífico. Para colmo, el misil habría sido ya probado por las fuerzas rusas y estaría a punto de entrar en servicio.

Una idea no tan imposible

La idea de un motor nuclear para propulsar misiles de crucero no es imposible, y de hecho los EEUU lanzaron en los años sesenta el Proyecto Pluto para conseguir un arma de este tipo. El arma, apodada ’The Big Stick’ (la gran vara) o ‘The Flying Crowbar’ (la palanqueta voladora, por su robustez), iría propulsada por un estatorreactor nuclear que entraría en funcionamiento tras una fase de lanzamiento con cohetes de combustible convencional. Elementos radiactivos se encargarían entonces de calentar el aire para proporcionar la propulsión, que podría alcanzar velocidades muy elevadas durante tiempos extremadamente largos. Esto permitiría mantener en vuelo durante largos periodos una serie de misiles, preparados para en cualquier momento proceder a un ataque a alta velocidad desde múltiples vectores.

El Proyecto Pluto se enfrentó a grandes dificultades tecnológicas, en especial a la necesidad de desarrollar materiales con elevada resistencia a la temperatura y la radiación. A pesar de las dificultades, se llegaron a construir dos prototipos del motor nuclear, que se hicieron funcionar en pruebas, demostrando que el concepto era sólido y la idea asequible. Las dificultades, sin embargo, resultaron ser excesivas: en la fase de ataque, el misil iba a volar a apenas 100 metros de altura sobre el suelo a velocidades de Mach 3, lo que garantizaba un cono de destrucción en el suelo simplemente por la onda de choque generada por la velocidad. Además, el motor, cuyos elementos radiactivos iban encapsulados en cerámica, expulsaba fragmentos altamente contaminantes al funcionar. Esto suponía que en su camino el misil dejaría un rastro de destrucción física y radiológica, todo ello antes de lanzar sus cabezas de combate; tras descargarlas, se propuso que el aparato se dedicara a dar vueltas maximizando esta destrucción antes de estrellarse.

La posibilidad de destruir significativas porciones de países amigos durante la fase de aproximación, el hecho de que un rastro radiactivo no es difícil de detectar, la posibilidad de horrorosos accidentes y la disponibilidad de sistemas más eficaces, como los ICBM, acabaron por provocar la cancelación del Proyecto Pluto así como de otras ideas, como los aviones de propulsión nuclear. Pero es cierto que, aparte de estos inconvenientes, el potencial existe. De hecho, se ha especulado con que el anuncio por parte de Putin de que han probado un sistema de este tipo podría estar conectado con una misteriosa nube radiactiva aparecida en Europa hace unos meses cuyo origen se desconoce. No es imposible que Rusia haya resuelto los problemas tecnológicos y creado un misil así.

Pero, de haberlo conseguido, los problemas que provocaron la cancelación de Pluto siguen estando ahí: un misil fácilmente detectable que causa devastación allí por donde cruza, que en términos de efectividad no supone una mejora discernible sobre un ICBM. Espectacular en términos de tecnología y propaganda, aunque poco justificable en términos de retorno de la inversión. Lo cual quizá sea justamente el objetivo buscado con el enuncio múltiple de nuevo armamento: imagen sobre sustancia.

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