de las 'cárnicas' a la imprenta

Explotación y jefes tóxicos: la dura vida de los informáticos da para libro (literalmente)

‘Las sinergias de Marcio’ y ‘Memorias de un ingeniero’ relatan con mucha crudeza y poca dosis de ficción el trabajo de los ingenieros españoles

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Sueldos escasos y que no aumentan. Jornadas interminables de trabajo. Jefes tóxicos que no saben gestionar un proyecto o que piden trabajar los fines de semana. Oficinas en el extrarradio de las grandes ciudades…

¿Es el día a día de muchos informáticos españoles? Sí, pero también las tramas o los temas que tocan algunos relatos de ficción más que basados en hechos reales. Sus condiciones laborales y personales, más las experiencias que les han contado amigos y compañeros, han servido a algunos autores para publicar libros que hablan de su propio mundo e invitan a echarse unas risas… Aunque a los lectores informáticos quizá no les haga tanta gracia.

‘Dilbert’ es un buen antecedente de las novelas que han narrado las desventuras de los ingenieros. Scott Adams publica estas tiras cómicas desde 1989. En ellas seguimos el día a día en la oficina de una tecnológica en la que trabaja el bueno de Dilbert. El trato diario con los jefes, las dificultades para sacar adelante un proyecto o los plazos imposibles de cumplir son algunas de las problemáticas que se abordan en estas tiras humorísticas con las que muchos se han sentido identificados. También está presente el día a día en algunas compañías, informáticas o no, con sus reuniones interminables o las charlas entre compañeros en los pasillos.

Viñeta de ‘Dilbert’, de Scott Adams. (Imagen: Go Comics)
Viñeta de ‘Dilbert’, de Scott Adams. (Imagen: Go Comics)

‘Dilbert’ fue una de las inspiraciones de Mario Garrido (Madrid, 1972) para escribir ‘Las sinergias de Marcio’, “siete mininovelas” en forma de libro, como él mismo las describe a Teknautas, que tienen como protagonista a un tal Marcio (un nombre poco común, adrede, para alejar al libro de la realidad).

A Garrido le gusta escribir: tiene ya cinco libros publicados, aunque su profesión principal sigue siendo la de informático. La primera de las historias que conforman ‘Las sinergias de Marcio’ la mandó a una revista literaria, que la publicó. Eso le dio publicidad y el ‘feedback’ de muchos compañeros informáticos, que quedaron encantados. De ahí y de la falta de experiencias literarias sobre este sector surgió la idea de escribir el libro entero. Autopublicado, ‘Las sinergias de Marcio’ se lanzó el pasado mes de junio y ya es el más vendido de los libros del autor. “Todas las semanas tengo alguna venta” , señala Garrido.

Mario Garrido (Imagen: cedida por Mario Garrido)
Mario Garrido (Imagen: cedida por Mario Garrido)

“Dije: ‘Vamos a ver todos los aspectos de la vida de un informático’. Como lo soy y lo he vivido, quería englobar todas las sinergias por las que pasa un informático, por lo menos en España”, explica. Son situaciones “algunas muy cómicas, otras patéticas”. Aunque independientes, el personaje de Marcio evoluciona en cada una de las tramas: no es el mismo informático cuando tiene 20 años que cuando ha cumplido los 40 y “tiene una mochila atrás de vivencias, de entender la vida de otra manera”. El que un informático cambie varias veces de trabajo, de oficina o de cliente también ayudaba a construir historias independientes.

Hay algo que une todos los relatos: una palabra que se repite, una situación que recuerda a otra leída previamente, además de ese personaje llamado Marcio. En cualquier caso, hay poco de ficción y mucho de real. “Digamos que no es mi vida, ni mucho menos, pero sí que hay algunas cosas que están basadas en mi propia historia, otras que están basadas en historias que me han contado compañeros, que han vivido esas situaciones o parecidas, y no en mi empresa, sino en cualquier otra empresa informática”. Calcula que un 80 % es real y un 20 % de ficción. Pero, por si acaso, escribe: “Esto no es una venganza, solo son cuentos de hadas, como el de Caperucita; o acaso puede ser creíble algo de lo que aquí se cuenta”.

La hora de salida varía, pero siempre es, al menos, 12 horas después que la de entrada

Una de las historias más divertidas es la que lleva a un grupo de informáticos de una consultora tecnológica española (conocidas peyorativamente en el sector como 'cárnicas') a terminar un proyecto en Praga para el que han sido contratados. El desembarco busca apaciguar los ánimos de los checos. “Nadie entiende la actitud de los jefes ni lo que pretenden conseguir, dada la desorganización, la cantidad de personas que estamos aquí apiñadas y la imposibilidad, ya a estas alturas, de llegar a cumplir ningún plazo”, explica Marcio, el narrador de la historia, en un correo electrónico a amigos y familiares y que nosotros, lectores, también recibimos.

En la ciudad están durante tres semanas (“ampliables; la fecha de vuelta aún no estaba cerrada”) y capitaneados por unos jefes españoles que no facilitan las cosas. Trabajan con mucha improvisación y se sorprenden cuando los empleados checos se niegan a acudir el fin de semana a la oficina o se van a casa puntuales a primera hora de la tarde, mientras que a ellos les quedan varias horas más en el tajo. “La hora de salida varía, pero siempre es, al menos, 12 horas después que la de entrada", escribe el protagonista. ¿Conseguirán terminar con éxito? ¿Y le pagarán a Marcio las horas extras?

Divertida es asimismo la historia en la que un grupo de compañeros duda si responder a un cuestionario voluntario sobre satisfacción en la empresa. Dudan porque no saben lo que el equipo de Recursos Humanos hará con las respuestas. Por ello, ¿ser sinceros? ¿responder con nota alta para que salga una media aceptable? Difícil decisión.

Además de las dificultades para sacar adelante el proyecto checo o para rellenar encuestas, en los relatos también se aborda el amor entre consultores: según el narrador, una relación con uno de ellos es difícil, porque tienen que cambiar de horario o lugar de trabajo constantemente. Además, los informáticos españoles “son gente que han de saber de todo. Hoy, por ejemplo, diseñan complejos sistemas documentales y mañana administran entornos sobre Linux, sin que entre medias medie, valga la redundancia, formación alguna”.

También hay tiempo para la bisoñez de los becarios: uno nuevo llega con toda su ilusión a la empresa en la que trabaja Marcio y choca con unos trabajadores ya quemados que tienen que almorzar en un comedor “deprimente, abarrotado y mal ventilado [...] de la planta menos uno del edificio de oficinas principal”, en un complejo alejado de la ciudad sin restaurantes cerca y al que se tarda “media vida” en llegar. ¿A alguien le suena?

La mayor influencia en el tono humorístico fue el de las novelas de Eduardo Mendoza

En sus libros, Garrido gusta de dar toques de realismo mágico. En el trabajo de un informático, cuenta, es difícil, pero lo hace cuando se trata de narrar la vida personal de estos. Así, uno de los relatos se llama ‘La crónica de una muerte anunciada’, como una de las novelas más conocidas de Gabriel García Márquez.

Además de ‘Dilbert’, la película ‘Trabajo basura’ fue un referente para su libro. En ella, un programador informático quiere que le despidan del trabajo y hace todo lo posible para conseguirlo, pero su actitud es interpretada como una nueva forma de operar que lo hace ascender. Aun así, la mayor influencia en el tono humorístico fue el de las novelas de Eduardo Mendoza.

Ingenieros ‘sucios’

‘Memorias de un ingeniero’ es “una mezcla de varias circunstancias”, tal y como lo define su autor, Alfredo de Hoces (Málaga, 1974), a Teknautas. “Yo siempre he sido lector compulsivo y admiro mucho a la gente que escribe. Me parece que es un trabajo bastante digno esto de plasmar emociones humanas y dejar la vida humana escrita en hojas”. Él siempre había querido escribir un libro. Trabajando como ingeniero en Málaga estaba “bastante puteado” para ponerse a ello. Pero precisamente esa situación le inspiró para su ópera prima.

“Coincidió que me harté, me piré y me largué a Irlanda. Allí tenía un poquito más de tiempo libre”. En la isla, según su relato, “el que no escribe, canta, toca algo de música…” Él decidió que era el momento de ponerse a escribir. Ya que había salido “bastante rebotado” del sector informático en España, empezó a escribir con ese tema.

“Historias cortas, un poco catárticas también”, con las que poner su propia miseria en perspectiva. Aquellas historias las publicó en un blog, cuando estos empezaban a despuntar. La gente le escribía y le decía cuánto le gustaban sus escritos, lo que lo animaba a continuar. Con el tiempo, los reunió, les dio forma de libro y los presentó a un concurso, del que fue ganador. Ese es el germen de ‘Memorias de un ingeniero’.

Alfredo de Hoces (Imagen: cedida por Alfredo de Hoces)
Alfredo de Hoces (Imagen: cedida por Alfredo de Hoces)

De Hoces es Fuckowski en las redes sociales, y Fuckowski es el nombre del protagonista de sus memorias. Con ello homenajea a uno de sus escritores favoritos: Charles Bukowski, uno de los miembros de la generación ‘beat’ y dueño de un estilo muy personal, entroncado en el realismo sucio. ‘Memorias de un ingeniero’ bebe de él para describir la precariedad informática: “Me gustaba mucho esa mezcla de miseria y lírica”. Hemingway y el realismo mágico de García Márquez también se encuentran entre sus autores predilectos.

Así, con mucha carga biográfica, el primer relato comienza cuando el protagonista termina el instituto (un instituto público de capital de provincias, el Sálvese Quien Pueda) y se matricula en Ingeniería Técnica en Pito del Sereno. Aquel verano conoce a Borja Pijoski Sáez de la Minglanilla, que veranea en su ciudad y que terminará la carrera en Londres, haciendo un máster en dirección de empresas tras el cual buscará “un puesto de director”.

¿Cómo es posible que un individuo absolutamente lego en materia de ‘software’ sea capaz de dirigir un proyecto sin que se le vea el plumero?

Sus vidas correrán paralelas pero diferentes; pronto Fuckoswki se desilusionará con la carrera, un “atracón de tizas y fotocopia” que no esperaba y que compaginará con un trabajo de programador “en una empresa líder del sector, donde me mataba a currar y cobraba una mierda”, relata. Con el tiempo, él y su amigo Pijoski se encontrarán en esa misma empresa, solo que Pijoski es el director.

El siguiente relato comienza criticando a los gestores incompetentes: “¿Cómo es posible que un individuo absolutamente lego en materia de ‘software’ sea capaz de dirigir un proyecto sin que se le vea el plumero? [...] Sin embargo, estos individuos conservan sus puestos durante largos años, normalmente hasta la quiebra de la empresa”. Porque en estas historias se critican los jefes incompetentes o las dificultades para que un proyecto salga adelante. También, con mucha guasa, cómo acudimos a los amigos informáticos para que nos echen una mano con cualquier cosa: “Parece que en el mundo es mejor ser inútil, te queda más tiempo libre”, reflexiona Fuckowski.

Portada de ‘Memorias de un ingeniero’. (Imagen: Amazon)
Portada de ‘Memorias de un ingeniero’. (Imagen: Amazon)

“Es casi todo real”, asegura De Hoces. “Conté con alguna pequeña licencia poética para que el pulso narrativo sea algo mejor”, como fusionar varios jefes incompetentes en uno. Quitando eso, “hay algunos diálogos que son casi literales”.

En su último libro, ‘Tren a la estación perdida’, De Hoces sigue escribiendo su vida, aunque no con el mismo personaje de ‘Memorias de un ingeniero’. Relata su experiencia en el extranjero, tras salir de aquel ambiente laboral español. El trabajo aparece en el nuevo libro, pero también el choque de culturas.

Muchos lectores de ‘Memorias de un ingeniero’ y ‘Las desventuras de Marcio’ coinciden en al menos una cosa: se sienten muy identificados con lo que leen. “Yo pensaba que lo que plasmaba ahí eran cosas que me pasaban por ser un tío con mala suerte, y resulta que a absolutamente todo el sector le pasaba lo mismo”, cuenta De Hoces. Y no solo al sector informático: “Me ha escrito gente que trabaja en farmacia y me han dicho que su experiencia es la misma: que hay proyectos, que hay productos, que hay cosas que están mal pero hay que vender…”.

Garrido refrenda sus palabras: “El que es informático se ve totalmente reflejado con Marcio”. Eso sí, “al informático le hace quizá menos gracia el libro que a uno que no lo sea, porque se ve reflejado, sus historias son muy parecidas o exactamente iguales a las que él vive”. Algún lector le ha dicho que le daba tristeza, porque le recordaba a su propia vida. Y es que a veces, ya se sabe, la realidad supera a la ficción.

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